martes, 29 de marzo de 2011

Loopoesia inaugura el Blog "No intente hacer esto en su casa"




Y en breve este blog coordinado por Daniel Jándula y Albert Folk presentará un vídeo del show de 2011. De momento me pidieron un texto para abrir apetitos...



Cuando me preguntan qué es Loopoesia suelo simplificar el asunto. Es amor, pero claro, tamaña palabra que implica una amalgama de sensaciones que nosotros expresamos con lo que mejor sabemos hacer. Normalmente encajan el show en la polipoesía. Maticemos. El proyecto nació en 2009 con una idea muy vaga. Quería musicar una suite poética, pedí ayuda a un amigo y aderezamos la cosa con máscaras, gominotas, un poco de atrezzo y voluntad escénica. El paso de las actuaciones maduró el contenido y la llegada de Laura Fillola terminó de perfilar las cosas. Hoy en día quien quiera asistir a Loopoesía debe saber que desde la mezcla buscamos la unidad; ¿Cómo? ¿Qué? Una suite poética grabada y musicada. 350 imágenes acompañan la performance. Lola Farigola danza con su cuerpo los versos. Jean Martin du Bruit desafía las tablas vestido con una camisa amarilla y explica la historia del negro de Banyoles, eje temático de 2011. Teatro. Tensión. Mucha energía. Los elementos, desde una muñeca verde hasta un balón de fútbol hacen el resto. ¿Ya? No. Es imposible resumir lo que hacemos en pocas líneas. Somos una experiencia y queremos que antes, durante y después surja la reflexión. El arte no es un vehículo para imitar el fast food. Loopoesía es amor.



La penúltima humillación

liendre que en determinadas latitudes
se obceca en torpes maniobras carcamales
empacándome en camiones de mercancías,
emparedado en soeces maderas, vigor de ataúdes,
atávicos asfaltos temblorosos, erróneo suelo
irregular, Sagrera, rueda pinchada, dos porteadores
aupándome, tránsito de subsuelo, escaleras descendentes,
cuchicheos, máquinas expendedoras, próxima estación,
ladridos, vacua seguridad, eximio vagón,
no fumis al metro, malos humos, colectivo individualizado,
quiebra en la mediocridad del circo urbano
por la verborrea de un disminuido psíquico
que en el tubo vislumbró la inmensidad del amor
retenido en un reducto de su prehistoria que captó
el único instante, sala de mapas vaticana
en la insignificancia del desdén con doble moral.