jueves, 24 de marzo de 2011

Mein Kampf, Historia de un libro de Antoine Vitkine en Revista de Letras


Para no olvidar: “Mein Kampf. Historia de un libro”, de Antoine Vitkine
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 21.03.11

Mein Kamp. Historia de un libro. Antoine Vitkine
Traducción de Marco Aurelio Galmarini
Anagrama (Barcelona, 2011)


“Un conglomerado de todas las anomalías tendentes a la extravagancia, propias de la pubertad. Desde un punto de vista psiquiátrico, se trata de jóvenes con complejos de inferioridad particularmente marcados, de individuos que chocan con dificultades por doquier en la vida cotidiana, no se sienten queridos, no tienen sustancia como para autoafirmarse; personas que en la vida normal son más bien tímidas, taciturnas y poco sociables y tratan de satisfacer su tan mutilado amor propio. Esta clase de gente no puede sentirse cómoda si no es incluyéndose en un multitud que se asemeje a su propia y dudosa configuración caracterológica. Solos, fracasarían de manera lamentable”.

(Texto de una revista berlinesa de izquierdas de los años veinte que describe a los partidarios del nazismo).


Alemania 1923. Todo va de mal en peor. El Tratado de Versalles ahoga la economía y la hiperinflación desata el pánico. La barra de pan cuesta tres billones de marcos y los nostálgicos del Reich, profundamente dolidos por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, van juntándose en grupúsculos de extrema derecha. Uno de ellos desarrolla sus actividades en Munich y prepara, entre demagogia y un encendido militarismo, un golpe que devuelva esplendor al país teutón. El 8 de noviembre estalla la revuelta, que fracasa al cabo de poco tiempo. Adolf Hitler es encarcelado en la prisión de Landsberg, donde vive a cuerpo de rey en una celda que su abominable régimen acabará convirtiendo en lugar de culto. Durante su reclusión desahoga su rabia dictando a su escudero Rudolf Hess un libro donde expone su programa político de antisemitismo, odio a Francia, expansión territorial, furor anticomunista y todo su credo que aplicó durante los doce funestos años en los que asoló Europa de muerte y genocidio. Mein Kampf anticipaba el trágico futuro. Pocos detectaron su peligro.



El volumen fue completado en 1928 y tuvo buenas ventas que aumentaron a partir del crack bursátil de Nueva York. El paro y la miseria de la crisis catapultaron al nazismo a un puesto privilegiado y el volumen ganó adeptos hasta convertir a su autor en millonario, por lo que pudo renunciar a su sueldo de Canciller una vez asumió el cargo el 30 de enero de 1933. Desde entonces su manifiesto de 700 páginas incrementó su proyección comercial, erigiéndose en un best-seller que, además, se regalaba en bodas e impregnaba el tejido social mediante frases, menciones y un evidente uso propagandístico que lo convirtió en la Biblia del Tercer Reich, si bien es más que probable que muchos alemanes lo poseyeran sin leerlo, como quien tiene el Quijote en su estantería y ni siquiera lo hojea.

La irrupción en el panorama mundial de una nueva Alemania levantó temor e inquietud en la mayoría de países occidentales. Hitler, consciente de los planes que desvelaba su manuscrito, fue con sumo cuidado a la hora de la distribución internacional de Mein Kampf. Muchas ediciones sufrieron recortes y en algunos países surgieron verdaderas polémicas al ser prohibida su difusión por expreso deseo de su autor. El caso más flagrante concernió a Francia. El hexágono mostró preocupación por los proyectos de su enemigo, quien apaciguaba los ánimos con puntuales entrevistas donde desmentía sus intenciones, pero su verborrea era una simple cortina de humo, pues de otro modo no se entendería la demanda que presentó contra una editorial parisina para que retirara el texto, que a nadie dejaba indiferente, de la circulación, lo que se repetiría durante los cuatro años de ocupación por voluntad del Führer.

Más allá de los acontecimientos: la visible invisibilidad del mal

Todos sabemos qué significaron los doce años de nazismo. Cincuenta y cinco millones de muertos. Campos de concentración. Territorios ocupados. Represión. Demencia extrema de la Humanidad y un sinfín de atrocidades que aunque quisiéramos no podríamos resumir en esta breve reseña. En 2008 el prestigioso canal Arte emitió el documental Mein Kampf, c’était écrit, donde el joven Antoine Vitkine acompañaba al espectador en un recorrido que traspasaba el papel y analizaba el impacto de la obra desde su gestación hasta nuestros días. Un año más tarde se publicó el libro que acaba de editar Anagrama en España. Vitkine es un investigador inteligente, de excepción. No se ciñe a lo básico, escarba y hasta construye una lírica del discurso a través de datos que alambican pasado y presente. En 1945 la guerra terminó. Muchos alemanes prefirieron enterrar Mein Kampf, como si de este modo ocultaran un tesoro con valor incalculable que no merecía ser pasto de las llamas por lo que pudiera pasar, curiosa actitud que cobra más trascendencia por su prohibición en el país teutón, veto que seguirá vigente hasta el 31 de diciembre de 2015, que es cuando vence el copyright que en estos instantes ostenta el Estado de Baviera. La cuestión es trascendente. En la actualidad es absurdo impedir que tan monstruoso documento no se pueda encontrar en las librerías porque la red facilita su difusión. El pueblo teutón ha consolidado su democracia durante seis decenios, intentando olvidar el horror de varias maneras. Primero la excusa fue el yo no sabía nada, postura que mutó hacia el desdén y finalmente, entre rebrotes de xenofobia y el advenimiento de una generación que no padeció la barbarie, a un punto de aceptación de los errores que a nivel cultural se expresa con firmes posturas que incitan el pésimo recuerdo para no repetir tanto daño. Por lo tanto, es lógico pensar que ha llegado el momento para que el libro vea la luz en ediciones críticas que expliquen sus postulados, que en modo alguno pueden ya transformar mentalidades instaladas en un espíritu crítico muy alejado del que predominaba en los años treinta del siglo XX. Si consultamos El capital no tendremos una repentina conversión comunista. Si leemos Mein Kampf y estamos suficientemente formados no nos entrarán ansias locas de invadir Polonia, más bien lo contrario. Su prosa es densa, el estilo mediocre y el batiburrillo paranoico de sus teorías es una clara advertencia que muchos de sus contemporáneos desoyeron, sólo el gran Winston Churchill y Charles de Gaulle atinaron al intuir la tempestad que se avecinaba.

Sin embargo, en otras latitudes la melodía toma otros derroteros. La Historia es caprichosa y las comparaciones odiosas. El volumen tiene muchos seguidores allá donde el nacionalismo y el antisemitismo proliferan. En India es aceptado con unanimidad y en el mundo árabe goza de una increíble aceptación fruto del odio hacia Israel y la extraña alianza que el nazismo mantuvo con la región, fascinada con la figura del dictador y su promesa de liberación colonial del yugo inglés. Lo mismo ocurre a mayor escala en Turquía, donde se situó entre los más vendidos de 2005 porque sus teorías parecen casar bien con el antiamericanismo, la urgencia por adquirir una identidad propia que distinga al antiguo Imperio Otomano de Europa y la inquina hacia el estado judío de Oriente Medio. Lo preocupante es que estos lectores toman las interpretaciones hitlerianas como bases válidas para entender el porqué el mayor aliado de USA en la región actúa como actúa, y que yo sepa tal exégesis conlleva el mayor problema en relación al manuscrito, que es manipularlo en función del contexto y de determinadas premisas e intereses. La ignorancia siempre fue muy atrevida, por eso hay que combatirla, y en este sentido la magnífica investigación de Antoine Vitkine lo consigue al doscientos por cien.