miércoles, 27 de julio de 2011

El parteluz de Carmen Garrido en Revista de Letras


Los matices, la vida: “El parteluz”, de Carmen Garrido
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 22.07.11


El parteluz. Carmen Garrido
Diputación de Cádiz (Cádiz, 2011)

Hay ciertas zonas de la Mediterránea que impregnan la existencia de un simbolismo trágico marcado por la mujer. Al leer los primeros versos de El parteluz de Carmen Garrido me vino en mente la exquisita poesía cantada de Fabrizio de André, siempre agudo al captar con sus matices el sufrimiento de personas de carne y hueso. Más tarde, algo inevitable, acudió a mi vera Federico García Lorca. La síntesis de tanto monstruo divino se completó con las plañideras griegas y esas damas de negro que tan frecuentes eran otrora en pueblos andaluces y sículos, señoras dignas que daban al pavimento una tristeza marcada por las cartas de la existencia.

Esta poeta nacida en Córdoba ha enhebrado un libro valiente al que ha dado un título más que adecuado. La luz es una, si bien en ocasiones se fragmenta y por su misma división nos concede dones de crecimiento. Garrido ha estructurado con brillantez esta obra editada por la Diputación de Cádiz. Su prólogo es una nota de impacto con claras influencias del genio granadino que fusilaron ese agosto de 1936 y un alegato salvaje contra el maltrato al tiempo que un canto tremendo, y aquí los adjetivos no rellenan, son puñales de lirismo que saben combinar la tradición con la contundencia del surrealismo cuando es necesario y de la ternura cuando es menester. Hay una pareja, ella estéril, él violento, un coro y una resolución de muerte y resurrección para que la muerte injusta ceda su lugar al delirio por el acto brutal, justicia de funeral.

“Y dio a luz, a los siete meses…puros engendros…

hijos con patas de antílope, criaturas de Vulcano,

gemelos que abominaban de la luz del día,

fetos con raíces de tubérculos, mellizos castrados por la polio”.

Este preludio da paso al arte de las batallas, donde la opresión y un grito silencioso piden salir del infierno, emparedado, arácnido y con salida verde en Venecia, donde el volumen cobra uno de sus rasgos característicos que se vislumbrarán con más intensidad en los dos últimos segmentos. Hablamos de la capacidad de mezclar lo culto con lo rutinario desde una sensibilidad que no fuerza en absoluto el vínculo entre, para que nos entendamos, lo culto y lo familiar. Las desapariciones son homenajes, desde la narración poetizada de la muerte del autor del Romancero gitano hasta Que yo nací en un patio, con la madre a flor de piel y el corazón en un puño.

“La madre llegaba a la peluquería,

el pelo encrespado y lleno de pavesas

y estaba guapa a lo María Antonieta.

Mientras,

Yo leía la vida de la Emperatriz Isabel de Austria

En el piso de arriba, en mi camarilla,

Sudando julios.

Durante varios años,

Me persiguió la tragedia de Mayerling”.



Carmen, nadie dijo que fuera fácil convivir con opuestos, como tampoco nadie avisó de la dificultad de saberse encerrada en un nido plácido que sin embargo impide avanzar. Tú, por lo que intuyo en tus versos, descubriste que lo mejor era ver mundo y así dar con la tecla que abriera las puertas del segundo contraste lumínico. La sección Crónicas de las tres esquinas cierra el proceso de liberación. Los viajes entre la policromía magrebí, que en el caso que nos concierne asemeja a un retorno al origen, el hallazgo del amor en Buenos Aires y el camino escandinavo son itinerarios donde la tensión decae porque se ha asumido un estado de ánimo que ha relegado el anterior íncubo a un universo donde la observación de una constelación minúscula, lo que nos rodea, se funde con una alegría que no obstante tiene presente los temores de lo contemporáneo -¿Qué nos pasa a los escritores españoles que siempre mencionamos a Martin Amis en nuestras creaciones?-, temibles signos que pueden borrarse con un capirotazo si las circunstancias son propicias y viran hacia la paz de lo completo, punto donde ya sólo queda proseguir la ruta y atender que nada se trunque.

“Despacio, caminó hacia la laguna

La recibió un cisne blanco,

Fue nadándola,

hasta que el agua la envolvió en su totalidad,

cerrándole los ojos en un último

suspiro de paz

Por fin…

La paz”.

Es vida y es muerte. Es la dualidad que no ignora baches y articula un discurso donde el gris no tiene cabida. Un parteluz importante, una promesa de presente y futuro.