sábado, 13 de agosto de 2011

Rescates veraniegos (IV); La absoluta perfección del crimen de Tanguy Viel en Quimera (Abril de 2004)



Literatura cinéfila para una nueva generación de autores franceses: Tanguy Viel y La absoluta perfección del crimen, por Jordi Corominas i Julián

Hay que saber valorar a las nuevas realidades de la literatura francesa. Después de Beigbeder, Houellebecq y Nothomb, de los cuales se podría escribir mucho y muy variado, llega a nuestras librerías Tanguy Viel (Brest, 1973), autor que en el país vecino goza de un merecido prestigio después del éxito y gran personalidad literaria de sus tres primeras novelas: Le Black Note, Cinema y L’absolue perfection du crime, todas ellas publicadas en Francia por Les editions de Minuit, editorial puntera siempre a la búsqueda de nuevos talentos, entre los que podemos destacar también, dado que su último libro ha irrumpido recientemente en España, a Christian Gailly, autor de Una noche en el club( Anagrama, 2004).

La historia de la absoluta perfección del crimen no sorprende en exceso porque es la eterna búsqueda del golpe ideal, en este caso el robo de un casino durante nochevieja, tema que sobretodo ha sido tratado por el cine en múltiples ocasiones, siendo la última muestra de ello Ocean’s Eleven( Steven Sodebergh, 2001), salvable remake de la cuadrilla de los once de Sinatra y su Rat Pack.. Ello, en relación con el autor, no es nada casual. Viel ha visto mucho séptimo arte y las influencias se notan en su estilo, sobretodo en lo que concierne a un cierto tipo de cine francés, el de Jean Pierre Melville con clásicos como Le Doulos (1962) y Le Samurai (1967) que se puede equiparar al estilo narrativo de la novela, síntesis renovadora de elementos clásicos del género negro, novela de silencios, gestos y nocturnidad que no hacen sino aumentar la atmósfera de lenta espera, de construcción de un crimen fallido, sueño del nuevo cabecilla- Marin, sustituto del tío, antiguo padrino- de un clan familiar mafioso de provincia que basa la existencia en los principios de fidelidad, hermandad y precisión. Cuando estos se rompen, la historia cobra una nueva intensidad y ésta es una de las virtudes de la novela, pues lo que podría ser la repetición de la repetición del clásico hold up adquiere un nuevo brío en la segunda parte del texto, sabia decisión del autor que así demuestra un excepcional dominio de los tempos narrativos. Primero suspense, luego acción con suspense con una técnica narrativa particular, que privilegia imágenes más sugerentes que descriptivas sin perder en ningún momento, como si la cámara persiguiera a los personajes al estilo Nouvelle Vague, la lucidez visual que encuadra las acciones de manera precisa y concreta.
Los que quieran tachar a Viel de falso original se equivocan. El mismo escritor dijo en una ocasión que la originalidad es un mito moderno heredado del romanticismo. Entonces, una vez el Nouveau Roman intentó agotar todas las posibilidades narrativas llegando a disolver al mismo personaje, sólo nos queda recuperar las formas novelescas, reinventarlas para darles nuevo vigor. La apuesta de Tanguy Viel es clara y firme: quiere despojar la vida de sus signos pesados, demasiado pesados, y llegar a la desnudez literaria. Y lo logra porque evoca y dice al mismo tiempo, curiosa virtud que va adentrando al lector en los recovecos de la trama, bien elaborada a partir de supuestos convencionalismos y artificios narrativos que le dan soltura y lógica, porque el frío análisis del texto después de una primera lectura nos indica que sí, que la novela se estructura según unos indiscutibles parámetros lógicos, propios de un nuevo realismo, que convierte a la novela en una anomalía dentro del género negro, quizá porque no pertenezca a él y sea simplemente la tercera novela de esta realidad de la nueva literatura francesa.

Viel conoce demasiado bien la tradición, no puede equivocarse porque sabe que con el reciclaje, con el cambio, innova . En el género negro es inevitable hablar de A girl and a gun. La absoluta perfección del crimen tiene ambos ingredientes y los aúna sin caer en tópicos estériles. Jeanne, mujer del nuevo capo que nos recuerda a la Moreau por asociaciones del inconsciente, tiene la capacidad de romper con la frialdad del clan y convertirse en clave, en punto que enlaza las dos partes de la novela para hacernos entender que estamos ante relaciones hilvanadas de amor y odio que por mucho que sean destructivas se rigen por principios primarios inherentes a la naturaleza humana.

La absoluta perfección del crimen tiene el mérito de reinventar a partir de lo conocido la típica historia de gàngsters. Y lo logra sabiendo sintetizar sin ser simple, mostrando sin mostrar para llegar a una totalidad que sólo podemos calificar de beneficiosa si entendemos que la literatura es un caudal que siempre necesita regenerarse para sobrevivir y avanzar.

JORDI COROMINAS I JULIÁN.

TANGUY VIEL, La absoluta perfección del crimen, Ed. Anagrama, Barcelona, 2004, 160 pp.