miércoles, 8 de diciembre de 2010

Crónica del show loopoético en el Nou Inusual Project, 7 de diciembre de 2010





2010 ha sido un año agitado. Hemos pasado por mil cambios, desde abandonar las nocheviejas del patriarca, pasando por el abandono de un componente clave hasta llegar a la triunfal misa loopoética y al show del 7 de diciembre en el Nou Inusual Project, con el que clausuramos estos intensos doce meses. Antes de nuestra actuación tuvimos la suerte de contar con el elenco de poetas sub-23 y Roser Amills Bibiloni. Las circunstancias de la noche eran curiosas. Había buena entrada, pero no controlamos con calma las cuestiones de sonido. Jean Martin estaba nervioso y atendía expectante, preocupado por altos y bajos melódicos a los que añadía su preocupación por no realizar el formato normal desde el doce de octubre, en el Elèctric. La oración inicial, con las proyecciones en marcha, fue como la seda, la gente respondió al unísono y pareció sentar una buena base para arrancar con fuerza, lo que hizo a la perfección Lola Farigola, espléndida en la intro donde, luchando por invadir con nueva música lo antiguo, mezclamos ritmos circenses con clavicémbalos y anunciamos el despegue, brusco, con Jean Martin más hiperactivo que nunca, jugando en una baldosa entre piano, piernas, nuevos iconos loopoéticos ( Winston Churchill y Carmen de Mairena) y la inseguridad de no saber si el micro funcionaba correctamente. La voz atenuada por el murmullo sonó, la aliteración sodomitas soviéticos sollozando soberanamente sobre sólidas sotanas retumbó y la locura tomó caminos muy diversos. Pese a tener buenas sensaciones retrospectivas, reconozco sin dudarlo que ayer el suelo pesaba más y había algo en la atmósfera que me limitaba, lo que no fue problema para aporrear el piano con los pies, crear feedback con las piernas de maniquí, venerar a Paul fumado, improvisar en la brevedad del paréntesis, hacer abdominales, generar interactuación con el público, torear a un guitarrista genial con mi chaqueta y superar absurdos comentarios de uno que siquiera había pagado el ticket de ingreso.
El show avanzaba, rápido aunque con alguna vacilación. Jean Martin lloró con el réquiem y se preparó para el interludio, que en esta ocasión, alargaba su tramo en cuatro minutos mediante una nueva composición experimental, música al revés y múltiples efectos en varias pistas, que irrumpía al son de Farigola, rechazada, adorada y finalmente cuidando del enmascarado, doliente con su ataque de epilepsia que le catapultó al Averno mientras la gran Lola deslumbraba una vez más, y hay que remarcarlo, porque desde que el proyecto es un dúo su energía da una fuerza positiva que ayer fue de la mano con gran parte del público. En este sentido hay que agradecer el entusiasmo de The Lady Sounds y socios. Jean Martin veía poco por la máscara. Daba igual. La simbiosis con J y sus compinches era brutal. Terminó el interludio, saltó la oración hindú, movió ficha la trompeta de Barbie Girl y la guitarra de juguete tocó el paso hacia la conclusión entre danzar la santa Espina, escuchar el poema crítico con el caos español, arrancar muñecas fascistas de la pared, decapitarlas con los huesos mermados, recibir el penúltimo aplauso, levantar una comunión de orgasmos, los gritos eran notorios, dar giros, descansar y dar las gracias con una reverencia que cierra la batería de Long, Long, Long. Otra ronda de plausos y agradecimientos en los que mencionamos que probablemente en 2011 alteremos la estructura en nuestro reto con el Negro de Banyoles. Alguien dijo vaya mierda, le comentamos que eran bonitas palabras.




Lo más divertido de escribir la crónica es testar sensaciones. Cuando Jean Martin se desnudaba pensó en cómo habían ido las cosas. No era el mejor show ni el peor, pero las premisas básicas se habían cumplido sobradamente en un clima donde surgían inexistentes adversidades. Al día siguiente repasó estas notas e intuyó que en Loopoesia hay un algo intangible, que ciertas personas nunca podrán entender, que permite captar cómo el esfuerzo siempre es positivo, insaciable y con la única divisa de mejorar siempre, lo que conseguimos y conseguiremos. El negro de Banyoles quiere abrir la puerta. Loopoesía es amor.


Otra opinión sobre el show, aquí