martes, 21 de junio de 2011

El fin de semana de Bernhard Schlink en Sigue Leyendo


Intimidad teatralizada de la Historia por Jordi Corominas i Julián

Publicado en 15 junio 2011 por sigueleyendo


Los libros suelen gustar porque recuerdan metáforas pasadas y activan claves para el futuro. Leí El fin de semana de Bernhard Schlink a primeros de mayo, cuando el día del trabajo fue tapado por el de la madre y el 15M parecía una utopía. Aún lo es en parte, pero esa es otra cuestión a tratar en otras líneas. El autor alemán suele dotar sus textos de tensión, algo lógico si se tiene en cuenta que El lector, su obra más celebrada, cumple a rajatabla un esquema canónico. Kammerspiel suena muy bien. Interiores, concentración y diálogo. Este tipo de relato lleva consigo una lacra histórica que sobrevuela el conjunto en forma de amenaza y resolución. Se impone el ajuste de cuentas, íntimamente entrelazado con lo moral, clave que articula un pensamiento sólido que quizá, sólo quizá, peque de didactismo, clásico de un juez que dicta sentencia.

La dualidad penetra por todos los poros y gradúa escalas de interpretación y percepción de la lectura. Siempre tuve interés por el terrorismo urbano en la Europa de los setenta. Saber que el protagonista fue miembro de la Baader-Meinhof me hace abrir el libro con apetito. Resulta que Jörg asesinó a cuatro personas a lo largo de sus años de prolija actividad guerrillera de desencanto sesentayochesco, penando sus pecados en prisión. La Alemania del dos mil es un ejemplo en lo que concierne el manido tema de la memoria histórica, y buena parte de culpa es de las autoridades. El presidente del país decide indultar a nuestro protagonista. Se impone el perdón y un retorno a la normalidad que empezará en una casa de campo donde vive una amiga de esas que tanto han cambiado. Treinta años sí son y más si el aperitivo de bienvenida es un reencuentro con una serie de viejos camaradas que de lo hippie han abrazado lo yuppie hasta metamorfosearse en respetables profesionales con cincuenta primaveras a sus espaldas.


Naturalmente, un manuscrito de estas características es un puzzle donde todo debe encajar a la perfección, el genio de la dramatis personae es una mezcla explosiva para generar conflictos de distinto pelaje. Henner es un periodista de éxito, fiel desde la infancia. Christiane es la hermana, protectora, empecinada en no abandonar ni por un instante la sombra de Jörg, hastiado y esperanzado con la presencia de Ulrich, propietario de un laboratorio dental, quizá el negocio perfecto para apretar el botón de reinicio con tranquilidad. Al afamado empresario le acompañan su mujer y su hija, una adolescente que al descubrir lo que vale un peine tiene las hormonas más que desatadas, con lo cual imaginen, además de política, intrigas que emergen de la tumba y la controvertida adaptación del héroe resulta que tenemos matices sexuales que hasta pueden dar un toque cómico a la par que filosófico a la trama.

¿Quieren más? Ilse es una profesora de secundaria que quiere ser escritora, mientras Karin es una resabiada pastora protestante, la religión, a la que se añade su marido. El plato fuerte de la sesión se compone del abogado Andreas y Marko, un revolucionario del siglo XXI que pretende enrolar al ídolo para el movimiento, adaptado a la contemporaneidad transnacional con vistas al mundo árabe.

Las novelas teatralizadas tienen dos virtudes. Visualizas su contenido y lo piensas sin la velocidad de las tablas, con la paz requerida para mascarlo y asumirlo. El fin de semana nada por un simposio omnipresente, porque no sólo se basa en la mesa y transcurre a lo largo y ancho de la mansión rural, en aguas turbulentas. La esquizofrenia es múltiple y crispada. El pasado lidiando por adaptarse al presente y viceversa. La culpa y la libertad. Lo legal y lo cínico. La ingenuidad y la experiencia. Coordenadas que en su contrapunto amenizan la lectura, ágil porque los diálogos, lastrados por lo imperioso del concepto, se hilvanan y saben muy bien la dirección marcada en el guión tejido por Schlink.

El resumen de tantas moralejas es el sentido de la lucha, y no sólo desde un ámbito armado. Las dos caras de la moneda de los antisistema son la apuesta mayor al alternar sobre las transformaciones acaecidas desde la caída del muro de Berlín. El terrorista del paleolítico es testarudo en sus convicciones, alentadas por Marko, que aspira a ser el Virgilio que guie a su Dante por una senda de despreciable falseamiento de datos para pervertir el verdadero estado de la realidad histórica.

Normalmente cierro el volumen, me relajo unas horas y procedo a la crítica. En el caso que nos concierne tardé algo más de la cuenta. Tres semanas. Volví a pensar en mayo de 1968 para paragonarlo con el de 2011. Es prematuro emitir máximas. Jörg fue abducido por la derrota de pedir lo imposible. La izquierda europea perdió su hechizo y nacieron grupos extremistas que desde fábricas y universidades sembraron plomo por la frustración de la esperanza. Brigate Rosse. Baader-Meinhof. Nuestros prismáticos de Clío no tienen mucha potencia. En junio de 1968 no existió un Oráculo de Delfos que sintetizara lo venidero de la Revolución. En este sentido el protagonista de El fin de semana es un fantasma que retorna para anunciar que no se deben cometer los mismos errores de las generaciones que nos precedieron.

Este último párrafo demuestra cómo obtener un libro en un momento u otro determina seriamente la interpretación de la lectura desde lo privado. En lo público, el libro de Schlink no es sino un heredero algo disminuido, porque adolece de mordiente y sacudidas neuronales, de la venerada tradición teutona de una narrativa filosófica sobre la Historia, contemplada desde el puerto de la experiencia para ser ecuánime y no derivar en lo grotesco del panfleto.

3 comentarios:

Carlos González Peón dijo...

A este le eché el ojo hace mucho, mucho tiempo, pero o no estaba disponible o se alternaban las prioridades. Tu reseña, como siempre, me ha recordado lo que ya suponía: que debo leerlo de una vez y dejarme de chorradas.

Abrazo,

P.D. El título está mal, Jordi, has puesto Bernard y es BernHard.

Ana Inés Caldeiro dijo...

Excelente crítica y excelente blog! Llegué a él leyendo cosas sobre "El fin de semana", ya que hago recomendaciones literarias en un programa de radio y en mi blog. Muchas gracias por aportarme un punto de vista interesante y profundo (lamentablemente este medio radial en particular me limita en ese aspecto). Saludos!

Jordi dijo...

muchas gracias ana. yo tb rondo por la radio,y me chifla. A ver si en breve puedo escucharte,un beso