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martes, 17 de septiembre de 2013

Ha vuelto, de Timur Vermes



Los límites del juego: Ha vuelto de Timur Vermes, por Jordi Corominas i Julián
Timur Vernes, Ha vuelto, Barcelona, Seix Barral, 2013
Traducción de Carmen Gauger

Madrugada de sábado. Me llaman varios libros. Descarto los más sesudos y me decanto por el de la cubierta más simple y atractiva. Ha vuelto, y por la composición gráfica es fácil deducir que se trata de Adolf Hitler. No soy un lector inocente. Sabía de antemano del éxito cosechado en Alemania por la novela, polémica por ir al límite en el tratamiento del personaje, una provocación que la mayoría de habitantes del país germánico aceptaron de buen grado, sobre todo porque desde hace décadas, seguramente desde la unificación del país, se educa a la población en un espíritu crítico que ha cancelado, si es que eso es posible, las heridas del pasado mediante modelos educativos, propuestas pedagógicas y una oferta cultural, del Hundimiento a Hijos del Tercer Reich, brillante que ya me gustaría hallar en nuestro territorio, donde muchos problemas surgen por la ignorancia del ciudadano para con el pasado.

Vayamos al libro. Adolf Hitler se despierta en 2011, y nada, abre los ojos plenamente recuperado del sinfín de achaques físicos y mentales que padecía cuando se pegó un tiro el 30 de abril de 1945. Para el Führer no pasan los años, y hasta su uniforme está limpio e impoluto, pero claro, lo que antaño era moda ahora es burla y rareza. Berlín se ha vuelto la meca de la modernidad de fachada y su antiguo amo y señor desentona por completo.

Un quiosquero será su tabla de salvación. El bueno de Adolf sufre en silencio, y no piensen en anuncios televisivos. Imaginen volver al Planeta tras un largo sueño de más de seis décadas. Las preguntas saturan el cerebro del genocida, intrigado por tanta metamorfosis imprevista. Su nula empatía dificulta todavía más las cosas. Es incapaz de cambiar el chip y ponerse en situación. Si acude a una tintorería relámpago y ve a un turco lo juzga extraño. Si le prestan ropa contemporánea protesta por lo anómalo. ¿Qué suerte podía depararle el futuro? El hombre de los periódicos se divierte con su cháchara política, tan perfecta en léxico y gesticulaciones. Sí, usted es el doble perfecto del nazi, no se preocupe, hablaré con unos de la tele, ya verá…


Y nada, como pueden comprender aquí tenemos la base para el disparate y el delirio. Una productora decide contar con Adolf Hitler como colaborador en un programa humorístico y su número rebasa las expectativas hasta convertirse en un fenómeno nacional. Las observaciones del cómico que se toma todo demasiado en serio, y por eso sus protectores admiran su supuesta capacidad de improvisación, oscilan entre la cantinela nacionalsocialista sin modificaciones y el fino análisis de fenómenos actuales que van desde la homologación hasta ciertos absurdos imposibles durante la primera mitad del siglo XX.

El Hitler del siglo XXI, con un cutis perfecto, tiene despacho propio y se preocupa por los que le han contratado y trabajan con él. Su secretaria le enseña a navegar por Internet y a manejar el móvil. Su magnetismo y los pingues beneficios que aporta a la empresa hacen que se le salude muchas veces brazo en alto en el ambiente privado, donde le advierten que el único tema tabú son los judíos.

Por otra parte está el problema de su identidad. Si le preguntan cuál es su nombre responde, con pasmosa naturalidad, Adolf Hitler. Necesita documentos para desarrollar su existencia en el siglo XXI.

Poco más avanzaremos. El Fúhrer de Vermes es un narrador maravilloso que engancha con sus explicaciones y desgrana sus múltiples dudas. Acepta que los platós han cambiado el ritual del discurso, que es su principal preocupación en su nuevo oficio. Si antes hablaba para grandes multitudes que se concentraban en un mismo espacio ahora lo hace para un público más numeroso que se congrega alrededor de una caja de donde salen imágenes, escaparate del que parten más iniciativas idóneas para explotar su encanto con las masas, trucos mágicos que Goebbels no hubiera imaginado ni en sus mejores sueños.



Sus objetivos son los de volver al poder, pero claro, el desfase del dictador en la era de Angela Merkel asegura las risas en un santiamén. El absurdo de las respuestas, las vueltas de tuerca y la troupe de fieles de Hitler hacen el resto. Es fácil comprender los motivos de la repercusión de la novela en Alemania, donde también cabe decir que la crítica la juzgó desde elementos que enmarcan mejor la sátira, siempre útil para desenmascarar la realidad presente en sus taras y costumbres que damos por demasiado asumidas.


Los medios de comunicación se llevan el gran tortazo por su cinismo y capacidad de usar cualquier oportunidad para lucrarse. Las comparaciones son odiosas y en todas partes cuecen habas. El filón nazi de la productora se da con otros totalitarismos en España con tertulias imbéciles y presentadores que faltan al respeto del televidente, enganchado a mediocridades casi por imperativos del espíritu del tiempo, algo que Ha vuelto refleja sin cortarse un pelo aunque sin ser tan excesivo como alguno podrá esperar. Se ajusta al exceso tolerado, lo dinamita en ocasiones y consigue nuestro beneplácito mediante una prosa inteligente y una carcajada en ocasiones irrefrenable.