Mostrando entradas con la etiqueta Napoleón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Napoleón. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de enero de 2019

La historia de la balsa de la Medusa en El Confidencial




Ayer escribí en El Confidencial Cultura sobre la historia detrás del famoso lienzo La balsa de la Medusa, de Théodore Géricault. Si quieres puedes leerla aquí

domingo, 21 de octubre de 2018

Artistas en Vallcarca en el Laberint



Esta tarde en el Laberint nos hemos dado una vuelta por Vallcarca entre Napoleón, Cravan,Schönberg y Cirlot. Puedes escucharlo a partir del minuto 30 del enlace clickando aquí

martes, 24 de octubre de 2017

El museo del Louvre y el robo de la Mona Lisa en Todos somos sospechosos



Esta pasada madrugada Rubén Luengo y servidor dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos al Museo del Louvre para llegar al robo de la Mona Lisa y y a la supuesta implicación de Picasso y Apollinaire en el mismo. Si quieres puedes escucharlo aquí

domingo, 20 de noviembre de 2016

Frases de camiseta (y II) en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint hemos cerrado el mini ciclo dedicado a frases de camiseta. Rosa me pidió frases de autores conocidos que no lo fueran tanto como escritores, de ahí que los protagonistas del día sean Aristóteles, Julio César, Napoleón Bonaparte y Winston Churchill. Si quieres puedes escucharlo en el enlace a partir del minuto 35 clickando aquí

martes, 7 de abril de 2015

La noche de Villa Diodati en Todos somos sospechosos



Ayer por la noche en Todos somos sospechosos dimos un cambio de rumbo a la sección donde Laura González y servidor hacíamos antropología urbana. Esta primavera hablaremos de historias de la cultura y empezamos con una legendaria. En 1816 fue el año sin verano y en la Villa Diodati, cerca del Lago Lemán, Lord Byron, Percy Shelley, Mary Shelley y John Polidori decidieron paliar su aburrimiento inventándose historias de miedo. Surgieron Frankenstein y el embrión del mito de Drácula. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí

domingo, 5 de octubre de 2014

Podcast de perseguidores en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de perseguidores y perseguidos, o de esos hombres y mujeres que consiguieron seguir a sus referentes hasta inmortalizarlos. La cata se ha compuesto de las cuatro parejas esenciales: Boswell-Johnson, Les Cases-Napoleón, Eckermann-Goethe y Van Rysselberghe-Gide. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 39 del enlace clickando aquí

miércoles, 15 de agosto de 2012

El archipiélago de Friedich Hölderlin en Revista de Letras








La flor de loto en Grecia: “Der Archipelagus”, de Friedich Hölderlin,por Jordi Corominas i Julián | Destacados | 13.08.12


Der Archipelagus. Friedich Hölderlin
Edición bilingüe de Helena Cortés Gabaldón
Epílogo de Arturo Leyte
La Oficina (Madrid, 2011)



Cunde la alarma en los periódicos sobre Grecia. La más lógica deriva de su lamentable situación económica causada por los gestores del país heleno, lacayos de troikas y poderes internacionales, chantajistas que en su ineptitud parecen dar alas a una profunda rebelión que quien escribe siente como un Godot, se la espera, pero nunca llega.

La tragedia de la crisis en esas latitudes, cada vez más parecidas a las nuestras hasta el punto de confundirse, supera lo económico e incide en llagas cerebrales de olvido, desprecio e ignorancia para con su pasado fundador de una idea de Europa y Occidente. Y ahora llega cuando algunos dicen que el mundo es global. Hay que adaptarse a los tiempos y progresar abriendo otros cajones. No lo dudo. Sin embargo, el desdén por lo clásico afecta hasta la conservación de los monumentos, eternas víctimas del cambio de ciclo desde el instante en que Constantino robó la columna serpentina de Delfos para transportarla al nuevo y flamante hipódromo de la antigua Bizancio, actitud bien imitada por los ingleses siglos después con los frisos del Partenón ateniense.


A todo esto se añade en una tónica similar la amnesia por el legado estrictamente literario que vertebró nuestra tradición hasta bien entrado el siglo XIX, quizá hasta el Romanticismo y la absoluta independencia del artista tanto en temáticas como en su posterior apego a tratar la contemporaneidad desde una óptica directa. Que hoy en día muchos escritores no tengan siquiera una mínima noción de los clásicos es un pecado que asimismo produce monstruos de malinterpretación, como acaece con algunos de los artículos que han reseñado la notable edición de El Archipiélago de Friedich Hölderlin a manos de Helena Cortés y publicada por La Oficina. La misma edición, con sus fotografías que en cierto sentido pretenden actualizar el contenido del poemario, adolece de su afán renovador de unos versos que se sostienen por sí solos, aunque el esfuerzo realizado no es en absoluto criticable por varios motivos que van desde lo riguroso de la traducción respetando el uso del hexámetro empleado por el poeta germánico hasta la inusual maestría, para lo que suele darse en el panorama del siglo XXI, de la introducción, las notas y el prólogo.

Otro mérito de la traducción, e insistimos en los hexámetros, es haber mantenido la belleza de ese ritmo tan estrambótico, bien sea para el español o el alemán, que refuerza el arraigo del poeta a su amor para su admirada Hélade, que dibuja en un momento clave que da fruto a mil interpretaciones. El texto, impecable, fue escrito a principios del siglo XIX, cuando Europa se debatía en la apasionada lucha que enterraba el feudalismo y se sumergía en los vericuetos de la ilustración y su símbolo expansivo que representaba la figura de Napoleón Bonaparte, a quien Hölderlin, como Hegel y tantos otros, admiraba sobremanera. Hablo del corso porque en un primer momento pensé que los versos podían ocultar una crítica a su labor y un canto a la resistencia de ese universo disgregado que era la Germania de Principados, cortes e ideales que sólo se mostraban unificados por la cultura, pero el amor del bardo por el Emperador refutaría esta visión, por lo que el poema flota en un mar, hasta hace bien poco archipiélago era un vocablo que servía para definir el conjunto de Grecia y sus islas, que más que una crítica se dirige a una exégesis histórica del devenir de los pueblos.

El instante elegido por el rapsoda es la encrucijada del año 480 antes de Cristo, cuando Persia pudo hundir lo que conocemos como génesis de la cultura occidental. El saqueo e incendio de Atenas es la piedra dramática que anticipa la gran acción heroica, la salvación de la batalla de Salamina y la inevitable y merecida loa a Temístocles, gobernante, de ahí mi pensamiento anterior en relación a Napoleón y Alemania, que más allá de su ciudad supo comandar una flota que luchaba para la libertad de todos los hombres del territorio que Jerjes quería dominar.

“Presto ya, busca su casa, mas luego ya ruinas contempla,

tristes escombros, el hombre; solloza la esposa en su cuello,

piensa en el tálamo amigo, la alcoba nocturna, y los niños

buscan la mesa do antaño cenaban sentados en fila

bajo los ojos sonrientes del padre, la madre y los lares.

Tiendas empero levanta ya el pueblo y los viejos vecinos

vuelven a unirse y siguiendo dictados del alma no escritos,

alzan al aire livianas viviendas en riscos cercanos”.

La quema de sus hogares no supone una derrota, sino más bien un acicate para levantarse y reconstruir lo perdido. Lo que sigue abunda en el coraje de unos ciudadanos, y remarcar eso en el Ochocientos tenía el mismo valor que en 2012, que se empecinaron en erigir un templo de sabiduría mediante la renuncia a resignarse y caer en el conformismo de la ruina en el hundimiento de una civilización que tuvo por virtud ser ave Fénix y supo resistir para ser inmortal.

Lo imperecedero se intuye en ese enigmático final que da pie a muchos análisis. Deja al fin que yo por siempre en tu fondo el silencio recuerde, dice Hölderlin como una bofetada en el rostro del lector, que dos centurias más tarde cierra el libro y reflexiona sobre el devenir. ¿A qué obedece el mutismo y la memoria del mismo? ¿Voces calladas para despertar en el mañana? ¿Una advertencia de la vigencia de las palabras del poeta? Su amor por esos lejanos antepasados de todos huele a dos polos en apariencia opuestos. El primero tiene la impronta de una resistencia a la modernidad que se abría paso con la Revolución Industrial y las guerras de su época, como si le costara aceptar que las cosas estaban destinadas a acelerarse para abandonar, en un largo camino, la quietud de antaño. El segundo estriba en un recordatorio de repetición. Poco importa, y en ese sentido sí tiene lógica la inclusión de la imagen de los nazis en el Partenón, la conquista y la sumisión porque todo pueblo tiene en su seno la indudable capacidad de lamerse las heridas, levantarse y recomponer lo robado para armar lo nuevo sin olvidar lo pretérito. Y los Dioses, escondidos.