viernes, 19 de junio de 2009

Junio en Calidoscopio (www.panfletocalidoscopio.com)




Como en un Calidoscopio te ofrecemos pequeñas cuentas que satisfagan o piquen tu curiosidad. Sin el apremio de agendas culturales, pero con la vista puesta en horizontes llenos de modernidad, y con la tranquilidad de quien revisa lo pasado. Visiones caleidoscópicas de nuestra cultura, eso es lo que pretendemos mostrar.







El intransigente
Por Félix Andrada



Misterio gozoso
Por Natalia Zarco





De quinquis y borgataros
Por Jordi Corominas i Julián



Entrevista a Klaus&Kinski
Por Clara Paolini Letamendía





Giovanni Coda
Por Valentina Natale



Después de Rimbaud
Por Jordi Corominas i Julián





In Toscana
Por Ana Ciurans



Adelanto editorial:
La república de la imaginación (vv.aa) de Legados Ediciones






Alejandra y yo
Por Luciana Ferrando



Ambigua escritura de una ausencia
Por Anna Maria Iglesia






Mi máquina y yo
Por Pedro Crenes


Noticias del norte
La historia de una no existencia
Por Parisicilia





Grandes hits
Por Claudia Apablaza



Espacio inventado
poemas de Pedro Larrea

jueves, 18 de junio de 2009

Matar en Barcelona Bcn Week76


El crimen del metro
El miércoles 21 de febrero de 2007, a eso de las tres y cuarto de la tarde, David Zafra estaba en la entrada del metro de Navas cuando, de repente, un rayo de sol se posó en su reloj. El joven, que llevaba varios días durmiendo en un banco cerca de la prisión Modelo, miró al cielo y vio una nave extraterrestre de la que descendió un marciano. Tenía sus mismos rasgos. Le suplantó la personalidad, bajó al anden de la línea roja y empujó a un hombre justo cuando llegaba el tren de las 15:20 minutos. Así contó el psiquiatra de la prisión una de las versiones del crimen del subsuelo.
El miércoles 21 de febrero de 2007, a eso de las tres y veinte minutos de la tarde, David Zafra fumaba un porro en las escaleras de la estación de Navas cuando, de repente, apareció un hombre que le clavó un cuchillo en el cuello. Le obligó a ponerse una chaqueta con capucha y una mochila. Cuando el flaco con perilla y pelo corto se esfumó, llegaron varias personas corriendo. Agarraron al pobre David, aún aturdido ante la velocidad de los acontecimientos, y le señalaron por algo que, en principio, no había cometido. Ha sido ése, ha sido ése. Así comentó los hechos David Zafra en el juicio que le condenó a 15 años y seis meses de cárcel como autor del asesinato con la circunstancia agravante de disfraz y la atenuante de una anomalía psíquica. El servicio en la línea 1 se paró durante seis minutos salvo en el tramo Sagrera- Navas-Clot, donde la incidencia se solucionó a las cinco y dos minutos de la tarde.
El miércoles 21 de febrero, a eso de las tres y cuarto de la tarde, David Zafra accedió al metro de Navas. Era imposible distinguir su rostro. Una capucha moderna pero monacal lo mantenía en el anonimato. David tenía 29 años y muchos problemas. Desde que en 1998 le diagnosticaron esquizofrenia había pasado breves temporadas en hospitales de Sant Boi y Santa Coloma. El excesivo consumo de alcohol y drogas, paraísos artificiales que abren puertas del olvido, le hacía tener graves lagunas de memoria. Poco sabemos de sus pasos en la vida. Los días previos al crimen, siempre según sus propias palabras, almorzaba en un comedor social, reposaba en la calle y disponía de poco dinero en efectivo. Sus dificultades no hicieron sino acrecentarse cuando dos días antes del asesinato fue a un centro psiquiátrico. Pidió ser ingresado porque se encontraba mal. Los responsables del hospital le expulsaron acusándole de buscar un lugar donde dormir. Sin sus medicinas se sentía como un alma en pena capaz de pensar en el suicidio. La enfermedad apretaba.
Aún no ahogaba.
Una de las grandes fantasías humanas es vivir, aunque sea durante pocas horas, en el cuerpo de una persona diferente. Al no poder hacerlo, por mucho que la psiquiatría estudie los procesos mentales, entender en su complejidad la mente de un esquizofrénico es casi misión imposible.
Joaquín Argegalet tenía 52 años, una hija que quería con locura y un trabajo en la ONCE como vendedor de cupones. Era sordomudo y cada jornada hacía el mismo desde su hogar en Navas hasta la avenida Madrid, donde desarrollaba su labor. Suponemos que a las 15:20 minutos del 21 de febrero de 2007 Joaquín atendía la llegada del tren como cualquier otro pasajero. Las imágenes de las cámaras de seguridad hielan la sangre. Detrás de él, un hombre alto, más bien delgado, que oculta su faz en una capucha, se mantiene inmóvil, expectante. Cuando el vagón del conductor irrumpe en la estación pasan uno, dos segundos. El encapuchado podía tener trastornos, pero la elección de su víctima hace pensar en algo premeditado. No se conocían. La opción más probable sitúa a David intuyendo que Joaquín tenía alguna discapacidad.
Lo empujó. El tren ocupa casi todo el plano. Se oye un grito. Al instante se apagan las luces. Los usuarios del otro andén se apartan asustados. David corre como un lince. Llegó hasta el exterior del recinto, donde varios ciudadanos lo retuvieron hasta la llegada de los Mossos d’esquadra. Joaquín Argegalet murió como consecuencia de la acción de su asesino: cayó a la vía. El tren lo arroyó. Sufrió múltiples lesiones que le causaron insuficiencia respiratoria.
El crimen del metro no puede enmarcarse dentro de la normalidad de la crónica negra. Cada año suceden desgracias que el servicio metropolitano suele ocultar hasta si le preguntan directamente las estadísticas de decesos en sus instalaciones. Aún así el inconsciente colectivo del barcelonés vive, como todo el mundo occidental, hipnotizado por las imágenes audiovisuales, Biblia moderna que aumenta su poder si muestra un espacio cotidiano como es la ciudad subterránea que usan miles de personas para desarrollar sus actividades. El metro es una casa de todos, donde muchos pies han circulado por el mismo suelo. Mancillarlo con una muerte tan absurda como premeditada es herir la voz común que nos hermana en la ciudadanía.

JORDI COROMINAS I JULIÁN

Ilustración: Nil Bartolozzi

miércoles, 10 de junio de 2009

La base de una montaña y los 50000 quiquiriquis: entrevista loopoética en Com Radio




Hay varias noticias loopoéticas, pero nos gusta el arroz negro con alioli, así que desgranemos culebras.

1) En septiembre y octubre Loopoesia tendrá un buen tute barcelonés que, esperamos, se expandirá por la Península. De momento podemos confirmaros la actuación en el bar La Cigale, extraordinario garito del barrio de Gràcia, del que soy ciudadano adoptivo.

2) El dia 13 actuamos en Rubi en el Ateneu. Seguiremos con Loopoesia 2.0, pero habrá pequeñas y perceptibles novedades. Quien quiera puede vernos a partir de las 21,30 en la Calle Chile n1.

3) Ayer Llucia Ramis nos entrevistó en Com Radio. Los tiempos avanzan que es una barbaridad y el podcast es nuestro amigo: http://blocs.lamalla.cat/bloc/extraradi/post/loopesia


Declaramos nuestro amor eterno a Jean Martin du Bruit y al Anónimo toledano.

sábado, 6 de junio de 2009

Loopoesia en Culturalia



Loopoesia por Jean Martin du Bruit
En menudos jaleos me meto por leer demasiado. En verano de 2008 colaboré por vez primera en la revista digital Calidoscopio (www.panfletocalidoscopio.com) y me llamó la atención el poemario Las nocheviejas del patriarca de Jordi Corominas i Julián, suite lírica de doce composiciones que son una a través de enlaces y su surrealista unidad narrativa, delirio cargado de lógica. Los versos fluyen y el lector se transporta en un viaje onírico donde hay amapolas, epifanías, hombres que con 40 tacos de jamón aún se conservan, amantes abrazados como estatuas de piedra, funerales de morsas, parodias con transexuales a la canción del pirata y un final de civilización y frío industrial.
Ser productor musical y filólogo es muy duro, tengo muchas horas libres y me aburro. Decidí ponerme en contacto con Corominas y dio la casualidad que meditaba musicalizar sus versos al estar obsesionado con la pluralidad de la expresión artística. Al pensar sus poesía en sentido musical, basándose en parte en el concepto de Opera rock y en la cara B de Abbey Road, deseaba montar un espectáculo para traspasar las barreras literarias. Habló con su amigo Neil Higgins y comentaron cómo mezclar melodías con las nocheviejas. Neil jugó con diálogos de películas de Paco Regueiro, ¡Eyaculatio precoz!, y creó loops que se adecuaran conceptualmente al ritmo poético y a las varias temáticas del texto.
Corominas registró su voz y así Neil Higgins pudo hacer que el todo encajara a la perfección. El único problema era que una grabación no puede ser un espectáculo en directo, por lo que decidieron hacer uso de la imaginación y enriquecer aún más su idea con un show poético. Un hombre enmascarado vestido con traje morado y una camisa rosa irrumpiría en el escenario lanzando osos de goma al público. La loopoesía empezaría a sonar y entonces el misterioso personaje iniciaría un proceso de poesía automática, a lo Bob Dylan en Subterranean homesick blues pero escribiéndolo en el acto, que duraría los quince minutos del show. Asimismo estaría acompañado en el palco escénico por una persona que crearía y mezclaría loops al tiempo que modificaría el sonido a través de efectos. Este personaje también iría ataviado con una máscara. Lady Di y Audrey Hepburn formarían parte del proyecto en la espalda de los dos protagonistas, símbolo de protesta ante lo homologado y la banalidad de los símbolos contemporáneos. Todo esto, que a veces las cosas se olvidan, mientras Las nocheviejas del patriarca suenan con los loops del maestro Higgins.


Para leer la parte final del artículo: http://www.revistaculturalia.biz/

miércoles, 3 de junio de 2009

Goya/Clausewitz en Culturalia


Interrelacionando la barbarie: Goya/Clausewitz, paradigmas de la guerra absoluta.
Crisis. Sí, la palabra de moda. Vayamos a la pasarela del descontrol. Nada de eso. Reflexionemos. La humanidad conoce su significado, y pese a que intenta encontrar respuestas se escuda en negativas diatribas que ocultan cualquier atisbo de esperanza al no elaborar contenidos.
Nuestro tiempo necesitaría, aunque desde otra perspectiva, la clarividencia mental de Clausewitz y la agudeza visual de Goya para tomar conciencia del desastre. El libro de Nil Santiáñez, profesor de la Sant Louis University, interrelaciona teoría bélica y artes plásticas, unidas durante las guerras napoleónicas en un intento de enseñar al mundo las repercusiones de un nuevo tipo de conflicto destinado a cambiar la representación de la realidad: la guerra absoluta.
Antes de la irrupción del pequeño gran corso, el arte de Ares tenía un carácter limitado en varios sentidos. Los ejércitos destacaban por su inmovilidad a la espera de la batalla. Esperaban su momento en un territorio claramente circunscrito que no afectaba a los civiles, ajenos al ruido de sables. La revolución francesa y su posterior expansión por el Viejo Mundo, fundamental en sentido espacial y cultural al ser el alba de una hipotética conciencia de unión europea, dieron una dimensión desconocida a lo bélico, que desde entonces englobó a todos los cuerpos sociales. Clausewitz, militar en activo durante la contienda que inspiró sus teorías, vio en la eclosión de lo total el salto de la energía hacia su forma incontrolada. Todo era viable, nada estaba vedado en el escenario fatal de la guerra absoluta. A principios del siglo XIX el mundo se ensanchó de repente. Hombres de países lejanos desarrollaron luchas parecidas que urgían ser reflejadas por una mano certera. Goya cumplió esa función con sus Desastres de la guerra, grabados que con crueldad real y genial ironía dibujaban un universo desconocido, casi prohibido en su, y eso es lo peor, humana perversión. Una sus obras se titula No se puede mirar. Unos fusiles sin propietario apuntan al pueblo. La era que se abre es inaudita y ha despertado los peores instintos. La pesadilla terráquea se expresa con cuerpos deformes, miembros mutilados y extrañas composiciones de horror, tristeza y raciocinio, pues al pintar con tal desgarro anímico el artista de Fuendetodos mostraba hechos no pensados, imposibilidades que dejaron de serlo de la noche a la mañana.


Para leer la parte final: http://www.revistaculturalia.biz/

lunes, 1 de junio de 2009

Hombres disfrazados en Revista de Letras


Hombres disfrazados: Surrealismo laboral en el siglo XXI
Por Jordi Corominas i Julián | Portada | 27.05.09


A los siete años de edad descubrí que los reyes son los padres. Ese trauma fue decisivo. No era heredero al trono de España y Baltasar era el progenitor de mi mejor amigo. Siempre recordaré, ya entonces me parecía de lo más absurdo, el momento en que me senté en su falda, sabiendo que mi carta no tenía ningún valor. No podía confiar en un adulto disfrazado y embetunado para engañar a los niños. Lo único bueno fue que nunca más volví a levantarme a las cuatro de la mañana obsesionado por ver si se colaban en casa tres tipos anacrónicos. Los calcetines a la lavadora y los regalos por la mañana.

La siguiente visión importante sobre el tema que nos concierne acaeció y apareció en el lejano Sant Jordi de 1993. Iba por la Rambla. Se acercaron unos individuos de ojos rasgados y ropajes naranjas. Hare Krishna, hare krishna. Su vestimenta era de lujo, encomiables modernos de prédica e India. Túnica sin mangas, cabeza rapada. En esos tiempos aún iba en pantalón corto y no sabía nada de los skinheads, deleznables ideólogos del travestismo político, calvos con esvásticas, cerebros huecos. Calimocho y donetes. Los especimenes con pinta oriental me invitaron a cenar, y para convencerme me contaron historias sobre lo bien que se lo pasaban. Lo típico. Lo comenté en casa y no me dejaron ir al palacio encantado de cánticos con especias. Nunca te fíes de los hombres disfrazados.

Al año siguiente me quedé sólo y me aburría como una ostra. ¿La notte porta consiglio? Opté por la gran aventura de recorrer toda Barcelona de pies a cabeza, del Guinardó al Puerto Olímpico. La Rambla aún era como en la canción de Quimi Portet. Lo que me hacía reír en la tele me dio vértigo en la realidad. Siempre he sido muy curioso, pero en esa ocasión traspasé la frontera adecuada para mi edad. En la boca del metro Drassanes quise notar el fuego fatuo del Barrio Chino y di con un extraño personaje con pantalones de pitillo, una camiseta rojiblanca que remarcaba sus bracitos y un leve bigote rubio a juego con su melena, teñida y rizada. Me dijo algo de dos mil pesetas. Su voz masculina y cierto toque camionero revelaron su identidad. Corrí hacia Colón y el hombre vestido de mujer desapareció con la vista pegada al callejón inaugural de la demencia.

Pasaron cinco primaveras. Aún era un pardillo, pardillo y universitario. Tuve la suerte de irme un par de años a Roma, experiencia que sin duda me ayudó a entender mejor el fenómeno del trucaje. En el Coliseo varios jóvenes se lo pasaban en grande con su pertinaz asqueo al turista. Iban vestidos de legionarios, alzaban el brazo alegremente y fumaban como carreteros. El ayuntamiento capitolino decidió legalizar su situación. Quien quisiese emular a los soldados de la Ciudad Eterna tendría que opositar para ganarse tan codiciada plaza. El cambio se ha notado. El número de cohortes ha disminuido y un centurión con barba aterroriza a los caballos de Piazza di Spagna mientras su joven cadete agobia a las guapas inglesas que tiran la monedita de rigor en la Fontana di Trevi. La gloria del Imperio se difuminó con la muerte del peplum. La broma más usual entre las acosadas extranjeras es comparar a esos funcionarios municipales con actores porno de cuatro duros.

En Roma vive el Papa. ¿No lo sabían? La prensa dice que reside en el Vaticano, aunque su nombre es el favorito en los cotilleos de muchos habitantes de la Urbe. Es lo que tiene padecer sotanas durante casi dos milenios. Los italianos, pueblo que no vota a Berlusconi, creen que el Vicario de Cristo es uno de los principales culpables de su retraso histórico, conformismo de me da igual y buena publicidad de comunismo y sentimiento. Tendrían que avergonzarse por caer en la red de un viejo disfrazado, pues eso, y no otra cosa, es el máximo dignatario del catolicismo, un anciano con muy buenos cuidados médicos que no tiene pudor alguno en cachondearse de los demás por la ropa que lleva. El caso más flagrante es el de Ratzinger, adicto a la moda que, víctima de la emoción, dejó ver bajo su casulla un jersey negro de existencialista francés de los sesenta. ¿Se lo imaginan en el cónclave con su pipa y gafas a lo Sartre? Si fuera Papa saldría a la calle vestido de paisano, prescindiría de las boutiques religiosas de Via dei Cestari e iría a dar un paseo normal, aventura imposible para Juan Pablo II, al que, o eso dicen, quería todo el mundo. Cuando lo vi por vez primera comprendí la trascendencia de su atavío, pasaporte para aplausos y veneración de rockstar hacia un polaco a una cámara pegado que, a diferencia del pastor alemán, cargaba el báculo de San Pedro con extrema dificultad, angustiado y angustiante por su paso de tortuga, grandeza prefabricada, crueldad vendida a la rica humildad.

tro Papa global es Santa Claus, cuya indumentaria indica unos presupuestos estéticos de alta costura, prendas pensadas para blancas barbas lapónicas. Sin embargo, de todos es sabido que cuando llega la Navidad muchos adultos en el paro aceptan trabajar durante dos semanas para ingresar dinero en la cuenta bancaria y sobrevivir. No creemos que nadie quiera ser Papá Noel por vocación o amor al arte. Es un empleo de desesperación que contrasta con la efímera y lujuriosa alegría del consumidor, cargado de paquetes y con la tarjeta a buen recaudo en el monedero. Quien compra tiene el don de sentirse alguien al adquirir un objeto específico de su gusto, la fuerza de la falsa diferencia, y por eso supongo que el pobre y pacotillero amo del trineo con renos sufre en silencio, no las hemorroides, sino las burlas de engreídos, borrachos, adolescentes, dependientes, azafatas, vagabundos, chascarrillos, conductores y amas de casa. ¿Papá, has visto a ese señor? El padre se ríe, le pasa como a servidor con el rey negro pero con la ventaja de tener el cerebro más desarrollado. Su amigo Eugenio es el gordo del traje navideño, ambos se han reconocido y callan pese a que la risa luche por salir a la superficie. Risa y llanto unidos por el disfraz. ¿Creemos lograr algo con todos estos travestismos durante la conmemoración del navideño nacimiento de Cristo? Es como esa expresión tan manida en el fútbol. Me sabe mal que Ronaldinho no exhiba su nivel de antaño. ¿Qué dirán los niños de su actitud? ¿No es ése el tío Manolo? ¿Qué hace con esas pintas? Vámonos. ¿Qué dirían los niños?

Una máxima pedagógica para mejorar la inteligencia infantil reza que conviene hablar a los pequeños como si fueran adultos. Eso de las vocecitas es una bobada. Cuando crecemos caemos en la misma trampa. Me horrorizo cuando veo chicas vestidas de conejito con esas orejeras que no excitan ni a un burro, y menos a las cuatro de la tarde. Bien es sabido que el sexo masculino tiene tendencia a rebajar su criterio a medida que el reloj marca sus horas, lo que no es óbice para creer que la pompa y varios símbolos, el ritual cotidiano se extinguió con la televisión, logren algún efecto, como tampoco es muy comprensible observar las interminables estatuas parlantes de la Rambla, humanos que se mueven cuando dejas caer una moneda en su cofre del tesoro. Hace años uno de esos artistas, que necesitan licencia municipal para ejercer su espectáculo, iba de guerrero troyano. El hombre de la Ilíada se balanceaba en su pedestal cuando oía el ruido mágico. Pobre héroe. Exceso de peso en los hombros, visibilidad limitada en el rostro. Aun así esta actividad, emblema barcelonés, debe reportar alguna que otra satisfacción personal, recompensa económica acrecentada por aplausos y rostros estupefactos, como el mío cuando fui a por un taxi y vi a un amigo que aguantaba una enorme cabeza de loro. Pueden imaginarse el resto. El bueno de Xavi necesitaba un sueldo para pagarse la carrera y aceptó la oferta de una escuela de idiomas que para atraer clientes decidió usar su mascota como reclamo. Durante quince minutos lo acompañé en su ruta. Caminamos por el centro y todos nos miraban. Nunca más circulé con un papagayo al lado, sólo puedo asegurarles que es una buena actividad para medir el grado de estupidez humana o, seamos contradictorios, la maravilla de vivir en este planeta. La gente lo abrazaba sin motivo aparente y lo mimaba cual ídolo pagano, semidiós de lo surrealista, recuerden, exceso de realidad. El loro no repetía vocablos y remató la función con una frase lapidaria: lo mejor de esto es que cuando soy yo paso desapercibido. Nadie me hace ni puto caso, pero si voy de loro me quieren. Al loro.


Foto: Jordi Corominas i Julián
http://www.revistadeletras.net/hombres-disfrazados-surrealismo-laboral-en-el-siglo-xxi/

sábado, 30 de mayo de 2009

Pasolini/Lorca. ¿Vidas paralelas? En Calidoscopio y Pasolini.eu


Por Jordi Corominas i Julián


La reciente lectura de Lorca y el mundo gay de Ian Gibson ha reavivado en mi interior un antiguo paralelismo olvidado en el baúl de las ideas. El poeta granadino y Pier Paolo Pasolini comparten cierta trágica similitud funérea. Ambos eran seres comprometidos, poetas civiles que con su obra creaban polémicas no gratuitas, válidas y valientes para afrontar sus respectivas épocas. Su última hora está teñida por la neblina del silencio querido. Uno fusilado y torturado, el otro masacrado en una supuesta reyerta con un chapero. Supuesta. No descarten la intervención de un poder lúgubre y putrefacto que detestaba su homosexualidad y la triste alegría de quien difunde innovación para los demás y vive encerrado en un caparazón imposible de romper mientras la sociedad no evolucione, armadura que nuestros protagonistas llevaron desde ópticas similares pero divergentes.
No jugamos a las vidas paralelas de Plutarco; tenemos algunos puntos donde comparar y entrever características comunes. Quizá la infancia aborte la posibilidad de un encaje de bolillos. No lo hace desde la perspectiva del nacimiento de la atracción uránica; tanto el italiano como el español percibieron ser diferentes. Pasolini declaró que a los tres años sentía atracción por las piernas de los chicos; Lorca por su parte, y esa es la diferencia clave entre ambas trayectorias, fue percibido como una nena, un profesor lo odiaba por sus amaneramientos y sus compañeros de clase lo llamaban Federica. Esta asignación de su opción sexual mediante opiniones ajenas condiciona la actitud lorquiana. La España de la primera mitad del siglo XX, a excepción del Doctor Marañón y pequeños grupúsculos intelectuales, abominaba del amor que no puede, o no podía, decir su nombre.

Los invertidos eran una lacra, dementes contra natura que en Italia estaban marcados por el catolicismo del país y la dictadura fascista, nacida el mismo año en que Pier Paolo Pasolini vio la luz: 1922 es la fecha en que se inicia una singladura infantil-adolescente poco estable como consecuencia de los traslados militares de su padre, algo que no sufrió García Lorca, señorito andaluz traumatizado a los doce años, el decisivo 1910 de sus poemas, por abandonar el pueblo que lo vio crecer y aterrizar en Granada, amada y odiada por el niño desangelado que sin la Vega tenía Alhambra, magro consuelo para quien se ha criado acomodado en la etérea naturaleza.
La adolescencia y la primera edad adulta se convierten en el hilo que teje su destino artístico y sexual. Pasolini estudia en Bologna y la Segunda Guerra Mundial lo llevará a Casarsa delle delizie, donde resucitará el friulano y dará clases a los niños de la aldea, futuros cómplices de su academia dedicada a cultivar la lengua de su región. En sus juvenilia Amado mío y Atti impuri, inéditos hasta 1984, el director de Uccellacci e uccellini narra parte de sus vivencias en el río y sus aledaños, donde lo tupido de la maleza permitía inocentes escaramuzas sexuales entre los chavales. Esa edad, en la que el poeta ya se ha comprometido políticamente, terminará cuando una familia lo denuncie por compartir peripecias eróticas con su hijo. Pier Paolo será expulsado del PCI y emigrará a Roma, primer viaje redentor de su existencia; Federico lo tendrá cuando deje Granada y se instale en la Residencia de Estudiantes, pero antes de la genialidad se decidirá por la poesía en perjuicio de la música, escribirá textos que no verán la luz hasta 1994 y aprenderá con profesores cargados de innovación, hombres que mediante sus lecciones le permitirán viajar por España y conocer a algunos de los nombres más admirados de la cultura nacional. Uno se traslada con el beneplácito y el dinero paterno, el otro porque no tiene más remedio.

Tanto Madrid como Roma ejercen de comadronas de la toma de conciencia y estímulo para la creatividad a través del contacto con otras mentes inquietas. Pasolini malvivirá durante sus primeros años en la capital italiana; su sueldo de profesor y algunos trabajos editoriales no carentes de prestigio le darán el pan de cada día a la espera de su revelación al gran público. Lorca disfrutará de su estancia en el lugar más excepcional de la historia cultural de nuestro país. Los recuerdos y la mitología de la Residencia de Estudiantes constituyen una especie de paradigma educativo. El poeta tocaba el piano, hacía reír y lideraba un grupo de genios alocados entre los que cabe mencionar a los Buñuel, Dalí, Alberti, Pepín Bello y muchos otros insignes apellidos. Ese grupo y la diferencia de personalidades dieron al granadino goces y sombras. Goces por estar en pleno contacto con las tendencias más actuales de los años veinte, tendencias que empezaron a despertarle ansías de una mayor complejidad narrativa tanto en verso como en las tablas y le animaban a insistir en la música desde una vertiente organizativa junto al maestro Manuel de Falla. Sombras por torturas amorosas, hermandades académicas y la imborrable figura de un pintor catalán acomplejado antes del letal atrevimiento.
Por su parte, Pasolini experimentó un proceso similar cuando, triunfal con su primera novela Ragazzi di vita, entró en el mundo del celuloide como guionista y progresó hasta convertirse en director de culto que trasladó a la gran pantalla sus obras narrativas con la ingenuidad de quien nadie conoce y por ese mismo motivo desea reinventar el arte en el que se inmiscuye desde la inexperiencia. Agotada la vía borgatara el poeta de Le ceneri di Gramsci buscará un nuevo horizonte que le permita avanzar, descubriéndolo en el Tercer Mundo y en la importancia del mito. Mientras tanto encontró a Ninetto Davoli, un adolescente de barriada que se convirtió en alumno y amante hasta que el famoso ricitos, el mensajero de las películas, se enamoró de una mujer y aceptó que la estima hacia el maestro no tenía en su esencia una vertiente de atracción física, lo que quizá también le sucedió, aunque en este caso el oportunismo tiene un importante papel, a Emilio Aladrén, escultor de poca monta que vio en Federico una ayuda de primer orden para prosperar en su incipiente carrera. El poeta sufrió su abandono y sólo se resarcirá cuando conozca a su amor definitivo: Rafael Rodríguez Rapún.


El segundo viaje trascendental de García Lorca será su descubrimiento de América. Nueva York y La Habana crearán un nuevo Federico; el hombre que adquirió inmortalidad definitiva desde la tradición del Romancero gitano tomó conciencia de las infinitas posibilidades de su talento unido a la experimentación literaria. Ya nada sería igual. Poeta en Nueva York y El público serán la inicial punta de lanza del despegue hacia formas inéditas en las letras hispánicas. Ese segundo periplo decisivo también incide en su condición homosexual al liberarlo de antiguos tapujos y mostrarle más desinhibido en lo relativo al problema, tanto en sus obras como en su vida. Pasolini y Lorca tenían voracidad sexual y cuando la aplacaban se sentían más capaces para emprender su labor creativa. Amantes de las fiestas nocturnas, aunque cada uno en su contexto, fueron quitándose la careta con los años, hermanando su lucha personal con un creciente compromiso político. En el caso del español se afirma por sus declaraciones en muchas revistas de la República y por su dirección de la Barraca, con la que ayudó a difundir el teatro clásico y a culturizar a las almas olvidadas de ruralia. Cuando la Guerra Civil estalló el día de su santo era un hombre condenado, perdónenme la expresión, por rojo y maricón, pintada con la que los fascistas aún se atrevían a manchar los muros barceloneses en 1976, incapaces de entender que el cine de Pasolini no se limitaba a dos neologismos mezquinos que aún usan algunos para vergüenza de todos.
Su exaltación política, la lucha contra la injusticia con sus escritos y acciones, les condenó. La agonía de Federico García Lorca en la Vega es la del niño que sufre al saber anticipadamente el final de la pesadilla por su fatal error de abandonar Madrid. El fallo también está en Pasolini, víctima de un adolescente borgataro que ya no era como sus primeros personajes, ingenuos, cerebros incorruptos con posibilidades cristológicas transformados en monstruos homologados, aspirantes a burgueses que por frustración, al no poder alcanzar el nivel anhelado, emplean los mismos métodos criminales que sus antiguos enemigos.
La figura del hijo de Dios abrazó la trayectoria de los dos mediterráneos. Lorca se sintió identificado con la actitud de Jesús desde su adolescencia y hasta su asesinato, fusilado entre un torero y un profesor tras ser sometido a crueles burlas e infames torturas, puede recordar al del Mesías. Pasolini buscó a Jesucristo y antes de hallarlo en sentido puro lo plasmó en forma intermedia en La Ricotta (1963), cine dentro del cine en que Stracci, un pobre hombre, muere por una solar indigestión en la cruz. Al año siguiente, fallecido Juan XXIII, el maestro transalpino construirá una maravilla fílmico-filosófica con Il vangelo secondo Matteo, la mejor película sobre Jesucristo y quizá la única donde la trascendencia de su mensaje se expresa con simplicidad obsesiva hasta en la elección de los espacios. En este sentido conviene visionar Sopraluoghi in Palestina, documental donde el director viaja a Tierra Santa y comprueba con gran disgusto como ya no es posible rodar una película sobre el redentor en los lugares históricos del evangelio: la industrialización ha desnaturalizado y anulado su esencia.

Ruego disculpen lo superfluo de mi ensayo. He analizado algunos aspectos que pueden acomunar a dos grandes poetas; aún así mi búsqueda no pretende ser absoluta por las mismas dimensiones del texto que están leyendo. Sin embargo, si creo poder concluir con otra coincidencia de hermanamiento. Federico García Lorca y Pier Paolo Pasolini murieron antes de la hora acordada en el gran tablero, justo cuando ambos estaban soltando las definitivas amarras de lo clandestino para adentrarse en una sinceridad asombrosa. No sólo hablamos de Los sonetos del amor oscuro del español o de la Sodoma y Gomorra del italiano, que ya había traspasado la frontera de lo tolerable en gran parte de su producción, de la que podríamos destacar la pieza teatral Orgía o Saló, pruebas irrefutables de una deriva radical en su tratamiento de temas tabú, idea confirmada en 1992 con la publicación de la novela inacabada Petrolio, donde lo fragmentario realza lo explícito de las escenas sexuales.
Nuestro Federico, que merece reposar en paz pero con honores, fue cauto y pese a su progresiva liberación publicó a cuentagotas las obras con claras alusiones a la homosexualidad. Su excepcional Oda a Walt Whitman fue editada en México para cincuenta afortunados lectores. El San Miguel del Romancero gitano es una excepción a la que acompañan simbologías y metáforas que recorren su trayectoria poética. Durante años se evitó hablar del tema, como si fuera una especie de condena para un genio excelso, hombre deslumbrante del que no se puede entender la obra sin profundizar en una vida siempre más comprometida en lo social y despojada de miedos en lo personal, maravillas que la peor burguesía de España cortó de raíz con su habitual estilo infecto, ratas de cloaca que se reproducen en otros países. ¿O no puso Pasolini en boca de Orson Welles que la burguesía italiana era la peor y más ignorante del Viejo Mundo? Sí. España 1936. Italia 1975.


http://www.panfletocalidoscopio.com/2009/04Mayo/Letras03.html
http://pasolini.net/saggistica_Pasolini-Lorca_Corominas.htm

viernes, 29 de mayo de 2009

Hubiese llegado a matar en Panfleto Calidoscopio

Nostalgia y topografía del cine romano

Por Jordi Corominas i Julián


El lunes 28 de abril de 2008 se rompió mi adolescencia adulta e ingresé, de golpe y porrazo, en la conciencia del propio cambio. Era el día de mi vigésimo noveno cumpleaños y nada podía ir mejor. Me levanté en Trastevere, paseé entre sus adoquines soleados y al llegar a casa hablé con Annina, como siempre: risas, inteligencia y comprensión. La pérdida de Amistade, el perro de Andrea el vagabundo, sonaba a mal presagio, infausto preludio de una tragedia tejida a base de poder televisivo, sueños estúpidos y conformismo tomado por otro cantar, hediondo y repugnante.
El giro fatal llegó cuando fui a comprar tabaco al lado de la cuestura, en el Collegio romano, a escasos metros de Piazza Venezia. Un anciano resistente se lamentaba. La radio vomitaba escrutinios. Il Popolo della libertà derrotaba en las elecciones capitalinas al candidato del PD, caricatura de la que otrora fue la mayor y mejor izquierda europea. Non c’e niente da fare. Volví a Via del Beato Angelico, hice las maletas e intenté asumir lo ocurrido. La alternancia democrática suele ser positiva para el funcionamiento del sistema, pero la contienda italiana derivaba hacia problemas de cariz personal. La Italia que me dio tanto, la Roma por la que hubiese matado, divina mujer marmórea, fenecía de un plumazo por la implacable dinámica electoral del país donde nadie vota a Silvio Berlusconi y todos son muy progresistas. Sé que las calles y los rincones de la Ciudad Eterna no albergan pecado por las decisiones de sus ciudadanos, aún así hay una extraña forma metafísica que me impide volver a mi lugar de pasión, como si el pasado tuviese que permanecer inalterado en un magma ideal que no puedo romper.

Por eso escribo este texto. En la misma casa que abandoné justo hace un año pensé junto en crear rutas cinematográficas por toda Roma. Siempre he disfrutado paseándolas y me alegré cuando el anterior ayuntamiento de la Urbe puso paneles informativos en los espacios históricos del séptimo arte, pequeños puntos simbólicos que merecen ser recordados al establecer con el sujeto un vínculo nostálgico y personal, pues quien haya visto las películas creará una nueva memoria al pasar por la localización cinematográfica.
Podemos hacer mil rutas, pero la que propongo, ideal para caminantes con preparación, colma todas las expectativas. Iniciaremos nuestro recorrido por Vía Veneto, la artería central de la Roma artística de los cincuenta. Poco antes, justo después de la finalización del segundo conflicto mundial, se encontraba infestada de infantes limpiabotas deseosos de ganar cuatro perras con las fuerzas americanas para comprarse un caballo blanco y cumplir un sueño de pureza entre la miseria. Sciuscià de Vittorio De Sica comparte con La Dolce vita de Federico Fellini ser todo menos un cuento de hadas. El niño Interlenghi y Marcello Mastroianni viven dos circunstancias parecidas en eras distintas, pues ambos pueden inspirar maravilla por sus aspiraciones, derrumbadas con facilidad cuando lo real se instala en la pesadumbre de sus vivencias, cartoncitos mojados destinados a la desesperación. Ello no es extraño si asociamos Via Veneto con el éxito ramplón y la apariencia de lujo bajo una honda tortura interna de los que la pululan, sean pobres en busca de fortuna o intelectuales que ya la tienen.

Desaparece la tupida y zigzagueante arboleda al viento. El tritón de Bernini ejerce de Hércules en la encrucijada. Optamos por avanzar hacia Piazza di Spagna para embobarnos con su famosa escalinata y su batiburrillo de idas, descansos y venidas. Sí, Audrey Hepburn come un helado con Gregory Peck; Vacanze romane aúna lo cursi de los cincuenta con el poder americano y los medios de comunicación en un delirante, aunque suave, recorrido por los principales monumentos de la capital transalpina. En la misma plaza el cine ha mostrado todo tipo de padecimientos y esperanzas. En 1952 Lucia Bosé consolidó su estrellato popular con Le ragazze di Piazza di Spagna, donde interpretaba a una joven trabajadora en una sastrería. En 2005 los chicos de nuestra amada Romanzo Criminale protagonizaron un escalofriante asesinato a sangre fría en medio de la escalera más famosa del mundo, con permiso de la de Odessa, clave y arte en El acorazado Potemkin de Sergei M. Eisenstein.
Miramos el reloj y si queremos aprovechar la luz solar conviene ir hacia la Fontana di Trevi. Pasamos por la Embajada de España. El ojo adquiere blanco y negro, transportándose al principio de Roma Città aperta, con el peligro nazi desfilando antes de acechar la guarida del partisano. Volvamos al color. No, perdón. El espectáculo teatral acuífero que más espectadores recibe tiene para el celuloide toque clásico. Anita Ekberg y su juego pagano, bautizando al pobre periodista encantado–Marcello, come here!, Silvia hai ragione, stiamo sbagliando tutto– son el reverso lírico de Totò Trufa 62, film donde el cómico napolitano vende la euforia barroca de agua, mito y ventanal a un cretino americano que termina en el manicomio al reclamar sus derechos mientras los turistas tiran monedas.

Estamos en el centro. Vamos a Piazza Navona y buscamos entre pintores y faraones escultóricos, de látex, rasgos adolescentes parecidos a los de Poveri ma belli, italianos de 1956 con evidentes rasgos de americanización. Guateques, conquistas y besos a la luz de la luna. El ambiente de barriada que la zona ostentó durante décadas sólo se conserva en los edificios; sucede en todo el casco antiguo, pasto fácil de los nuevos mercaderes del temple, bestias voraces prefabricadas para hermanarse con los señores de sandalias con calcetines. Lo mismo acaece en otras plazas colindantes; las paraditas de mercado, madera gastada con glamour añejo, en Campo de’Fiori son las mismas que en la obra homónima de 1943 dirigida por Mario Bonnard, película prototípica del amor y los tópicos populares protagonizada por la mejor romana de la historia del cine: Anna Magnani. Ya no se ven mujeres como ella por esos lares. Hay pequeños atisbos de Claudia Cardinale en algunas bellezas que circulan al lado de la estatua de Giordano Bruno; no creemos que ninguna eligiera un novio como el de la diva tunecina en Un maledetto imbroglio, un joven pobre hombre detenido después de asesinar al lado del Palazzo Farnese a un acaudalado residente. Ahora el barrio, siempre lleno de carisma y alegría, se ha transformado en vaivén de cervezas y fiesta controlada por la noche, fiesta en la que, cabe mencionarlo, se escucha más inglés que italiano, idioma desplazado hacia San Lorenzo y Trastevere, lugares que han ido perdiendo su apego a lo popular en pos, sucede en la mayoría de barrios europeos con ese perfil histórico, de una invasión de artistas y diseñadores que los convierten en el chic alternativo que toda ciudad de prestigio necesita para su imagen internacional. Sin embargo, en Trastevere aún puedes sorprenderte en Santa Maria con charlas inesperadas y amistades de quita y pon que luego, increíble, vuelven. En 1962 la música se iba a otra parte, y una figura como Carmen di Trastevere, señora del barrio y sus latitudes, se antojaba ya imposible. Lo popular, entendido en un sentido casi decimonónico de originalidad que no se pervierte, cedía ante lo homologado, los romanos de toda la vida dejaron de vestir como sus abuelos y el traje-corbata se convirtió en ley. Burgueses todos...salvo una pequeña porción de romanidad resistente. Desplazados por Mussolini a la periferia, aceptaron sobrevivir en casuchas de mala muerte alejadas de sus antiguas moradas del foro romano, donde el cine nos ha dado todo tipo de escenas, si bien nosotros nos decantamos otra vez por Totò y su faceta de estafador de primera en la escena inicial de Guardie e ladri, en 1951 los americanos aún no habían mostrado su lado más voraz, y quizá por eso el cómico favorito de Italia sólo vende una falsa moneda imperial. Así que pasen diez años.

Nos hemos desviado de la cuestión. Esos romanos relegados de su espacio natural se convirtieron en marginados del primer mundo del centro urbano. Las personas de buenas costumbres los despreciaban. Sus trabajos eran miserables, y la mayoría prefería robar para tener algo que llevarse a la boca. Los dos mundos se juntaban ocasionalmente en el mercado del Porta Portese, donde el cine nos ofrece la visión del ladrón que escapa, Ladri di biciclete, la habilidad de I soliti ignoti para sacarse ases de la manga y una posibilidad hacia dos puentes. La izquierda nos depara el paseíllo de Porto di Ripa Grande, donde Nino Manfredi charla con su amigo intelectual frustrado en C’eravamo tanto amati, pilar de Ettore Scola, trayecto sentimental de evolución contrario al de la derecha, donde el Ponte Testaccio, feo e industrial por ser el último de la fila, se convierte en puerta del cielo para Acattone, muerto en su particular cruz, con la redención en el bolsillo al pasar de chulo a ladrón en un esfuerzo por mejorar dentro de la debacle humana que significaba nacer en los enormes bloques de pisos de la posguerra, campos de concentración habitacionales para el falso confort.
Accattone fallace y dice sentirse bien. Más allá del puente, hegemónica desde su fragilidad, la torre del gasómetro corona el dominio de los olvidados de la historia escrita. Esa extraña estructura aparece en muchas películas, no sólo antiguas. En Le fate ignoranti Stefano Accorsi bebe un vaso de agua y su roja camiseta brilla al compás del mágico cilindro, volátil, tierno, insólito y extravagante como la Italia que amamos y esperamos recuperar. Su libertad desde el arte y el compromiso no puede quedar ofuscada ni encarcelada por derrotas más que televisivas ante un poder insoportable, de carne quirúrgica y obsceno cinismo de camping autárquico, racista, payaso y nauseabundo. Non c’e niente da fare?




Fotos de Jordi Corominas i Julián

http://www.panfletocalidoscopio.com/2009/04Mayo/Cine01.html

lunes, 25 de mayo de 2009

Loopoesia en Inusual Project, 30 de mayo 22 horas....y más actuaciones


El proyecto Loopoesía sigue cosechando, y por el momento los frutos son excelentes. El día 30 de mayo actuaremos en Inusual Project, local situado en el barrio del Raval, justo al lado de la Paloma, ójala nuestra actuación sirva para resucitarla.

En este segundo espectáculo introduciremos muchas novedades, unas diabólicas, otras más dulces, pero vaya, el infierno nos acompañará al ritmo de mis Nocheviejas del Patriarca y la música del maestro Neill Higgins. Jean Martin du Bruit tirará gominolas, dará el toque final a su poesia automática y gritará Carmen sin piedad alguna. Se comenta que en el escenario Audrey Hepburn y Lady Di observarán atónitas el show, no me extraña.

Es un placer comunicaros que la suerte está de nuestro lado. El día 5 de junio, jueves, Loopoesía sale fuera de Barcelona y actuará en el Ateneu Popular de Rubí. Seremos la nota discordante entre rockeros, pero eso es lo divertido.

Datos del día 30 de mayo...¿no te quites el sayo?


Follon cultural 6 en Inusual Project ( C/ Paloma 5, Raval, Barcelona)

from San Francisco and elsewhere....
Moomaw (http://myspace.com/nathanmoomaw)

De Barcelona para Barcelona, baby...
Aleph Aguiar Duo (http://www.myspace.com/aguiarlopinskiduo)

Coming from Madrid con un sonido de otro planeta...
Hyperpotamus (http://www.myspace.com/hyperpotamus)

Coming from BCN pero uno via un pueblo en Montseny y el otro via Birmingham, UK...
Loopoesia (loopoesia.blogspot.com)


Visitad nuestro nuevo blog, loopoesia.blogspot.com; Carmen Ortega se encarga del diseño y lo mejora a pasos agigantados.

domingo, 24 de mayo de 2009

Reseña de Como el agua a tu cuerpo de Carmen Moreno en Revista de Letras




Como el agua a tu cuerpo
Carmen Moreno Pérez
Madrid,
Vitrubio, 2009



Las olas se funden con unas nubes hechas de

alambre; con unos cielos que acaban por

deshacerse en un océano que no es el de

siempre, que nos devuelve la Atlántida en

todo su esplendor, o nos enseña, por

primera vez, una torre vigía que otea el

mundo desde su quietud mutada por la sal.

Lo hermoso de ser humanos es que cada uno de nosotros contiene en su esencia una forma de interpretar el amor. La de Carmen Moreno (Cádiz, 1974) tiene un sutil aroma marinero que se sumerge, juguemos con el leitmotiv elegido por la brillante poeta, en las profundidades de una óptica cercana por la intimidad que transmiten sus versos, cercano recogimiento en la agridulce búsqueda, individual y compartida.

El punto de partida es terrenal, efímero y refleja una angustia existencial que es pura sinceridad de la voz poética, entregada a su pasión mirando hacia atrás sin ira, pero con la conciencia de quien conoce su recorrido y le da importancia sin contar con la Historia, hada cruel que no puede determinar una relación. El tiempo por delante está marcado por la vivencia sentimental, el corazón latiendo y la voz interior en lucha por lograr el objeto de deseo, escurridizo y presente, dura antorcha que se enciende y juega con el viento para desesperación de la enamorada, tenaz grumete con dificultades para llevar la embarcación a buen puerto.

Y, a pesar de las distancias,

de los sonidos hueros

que sobrevuelan las sábanas

qué más nos da la Historia.

Tenemos todo el tiempo por delante

Los versos de Carmen Moreno destilan la aventura de la abnegación, de la posibilidad de amar desde posiciones de quien todo lo da y espera ser correspondido. Son constantes las alusiones al desequilibrio en el intercambio sentimental, cómo si la autora esbozara una épica del padecer con tenues intervalos de paz emocional; quedan noches de verano, quedan recuerdos imborrables y piernas entrelazadas como refrendo de unión que enganchan mar hasta que las olas retoman uno de los temas fundamentales de Como el agua a tu cuerpo: el miedo a dejarse llevar, la pasión reprimida, el reverencial temor, tan típico de nuestra época, a volar sin trabas para encontrar otro yo que complemente nuestra singladura vital, de la dualidad al uno indestructible. El egoísmo alienado de la posmodernidad lo expresó mejor que nadie Michelangelo Antonioni en su célebre trilogía de los sentimientos- L’avventura, La notte, L’eclisse- donde los personajes querían amar y no podían por culpa de los tiempos, más veloces que el hombre, estable en su secular coraza de costumbres y por lo tanto, sin saberlo, extrañado ante tanta transformación a su alrededor. Algo similar, no hemos cambiado en exceso en los últimos cuarenta años, se sobreentiende en los versos de la gaditana, quien, ungida de humanidad, lamenta, protesta y chilla ante límites superables que impiden la felicidad completa, por eso el devaneo, por eso la incertidumbre como tautología y el horizonte encapotado por mucho que brille el sol.

Pese a la división de las composiciones, sus títulos esconden una unidad musical más que evidente. Carmen nos explica sin tapujos y belleza lírica, siempre me acompañará el camino de arena que jamás guardó baldosas de revolución, la evolución de un romance, con punto y final cuando las notas tropiezan con el adiós y el ansía eliminadora del recuerdo para poder seguir hacia delante y emprender nuevas rutas dentro del mismo círculo que nos acompaña hasta la muerte. En este sentido cabe destacar la estructura del poemario, dividido en dos partes que ya con sus encabezamientos indican el devenir del romance, deseo encarnizado en la primera sección, mensajes que el mar devuelve, finiquito de dos, en la segunda, triste y sublime epíteto de una obra coherente e inusual por expresarse con voz atemporal que pasa de modas y muestra auténtica personalidad sin adornos innecesarios, pureza a flor de piel para un libro de primera magnitud.

Será mejor que te pongas a salvo

de la rutina de las bocas

en un vals de ciudades

que te invito a recoger

y te enseño, si quieres,

y te regalo lo que soy

o recojo estas lágrimas

que serpean por la ventana de mi vagón

y cierro la puerta con cuidado

para no despertarte.

Carmen Moreno Pérez, Como el agua a tu cuerpo, Madrid, Vitrubio, 2009

http://www.revistadeletras.net/como-el-agua-a-tu-cuerpo/