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viernes, 10 de abril de 2015

Diálogo con Gonzalo Suárez en Revista de Letras

SUÁREZ: “ME GUSTA VER LOS TRASFONDOS”

No es la primera vez que quedo con Gonzalo Suárez. La primera vez hablábamos y una mujer resbaló junto a su maleta. La levantamos y proseguimos la charla. Esta vez llego al hotel de turno y está sentado protegido de un inexistente sol entre unas sombrillas que desentonan con la carpetovetónica decoración. Sin embargo este detalle es bueno porque su novela Con el cielo a cuestas tiene determinados elementos que casan con el surrealismo y se entremezclan con el género negro en una ambientación años cincuenta, nada que ver con ese primer piso sí, pero algo habrá en esas sombrillas, un indicio, un toque para poder fluir y cobijarnos de una normalidad que el ovetense siempre ha rechazado desde una absoluta independencia que ha acrecentado con la edad. Nos sentamos y enciendo la grabadora.
Creo que desde el principio de la novela se nota que una de tus intenciones era generar un juego de espejos.De espejos entre pasados y un presente porque esta novela data de otra novela que escribí nada más llegar a Barcelona y rechazó la censura. Luego la recuperé y la usé como si fuera un paisaje, París y detalles autobiográficos. La reflexión de la novela se produce en la ficción, que es una manera de abordar la realidad. Bajo el señuelo de la ficción cuenta cosas que en directo no podría contar sin involucrar a personas. Por otra parte me permite la libertad de la imaginación, que siempre es un ejercicio saludable.
En algunos momentos de la novela apareces como narrador que confiesa este espejo de la ficción con la realidad, como ocurre con el argelino, que desenmascaras.No sé parece, es que se llamaba así. Me gusta poner las cartas encima la mesa. La realidad del libro es que es un libro, y lo mismo pasa con las películas. Eso que algunos hacen de que los artefactos de ficción intenten ser reales como la vida mismo es algo que no me gusta, es un proceso de falsificación. Eso son mis principios.
Y si no me gustan seguro que tienes otros.Claro.
Todos los personajes tienen una cierta duplicidad, desde rasgos, nombres o pasados.La levedad del ser es la levedad del acontecer. Con los espejos hay reminiscencias de Joan Brossa, que admiraba mucho a Fregoli, y esta idea del transformismo, aunque se ha extrapolado a la ficción, me ha arraigado bastante de los tiempos de Dau al Set.
Yo era vecino de Brossa y de pequeño me fascinaba.Donde se mató.
Con ese suelo lleno de papeles.Un desastre maravilloso.
La idea del transformismo en Con el cielo a cuestas se comenta con el travesti bellísimo que aparece ya en el inicio.Me gusta ver los trasfondos. De las últimas es la novela más arraigada en la realidad. Siempre me ha gustado jugar con la idea de sorprenderme a mí mismo con rigor, no con la fantasía por la fantasía.
¿Más arraigada a la realidad en que sentido? Porque también hay fantasía.Ese París si se parece mucho al de finales de los cincuenta. Los personajes que danzan en el escenario ya es otra cosa.
Uno va leyendo y la escritura es muy visual.Sí, pero muy elaborada con las palabras, no es descriptiva de imágenes externas.
Los que no vivimos ese tiempo nos imaginamos toda la trama desde el cine, con, por ejemplo, Las diabólicas de Clouzot.Andan por ahí, sin duda, también Hitchcock que tiene su punto. Uno forma parte del conglomerado de cosas que se le pasan por la cabeza.
Massani, el protagonista, tiene algo de los perdedores de Marsé, pero también de los clásicos personajes del noir francés.Sí, de noir francés porque Massani si data de finales de los cincuenta, y sin ser una persona que existiera real sí tiene una combinación entre un actor francés de la época y el Sterling Hayden deLa jungla de asfalto.
¿Visualizas los personajes?No, ellos mismos se presentan. Massani apareció y no era exactamente yo en mis experiencias parisinas, no, es un personaje que pensaba que se sentaba a mi lado y me perseguía. Luego le di la patada y lo reencontré cincuenta años después. Tenía volumen y presencia como espíritu encarnado.
El interior del personaje es el que iba contigo, Sterling Hayden era la carcasa.Es más Yves Montand, no lo veo como Lino Ventura.
Te lo imaginas un tipo duro, curtido, como el actor del Ladrón de bicicletas.Exacto, es una tipología muy de la época.
Literatura Mondadori
Literatura Mondadori
También es muy de la época todo el tema de la casa de huéspedes y en ese sentido Massani es arquetípico de ese París.La rue de la gare de Reuilly, que menciono, era un callejón sin salida que ya no existe. No sé si funciona la gare de Reuilly, pero entonces existió, viví ahí, era un apartamento lleno de muebles, con la cerradura rota, cualquiera podría entrar dando una patada. Una vez, en plena noche, me levanté y alguien con la cara muy pálida se pegó a la pared. Le dije, apuntándole con el dedo, salga o disparo. Y se fue.
Las dos mujeres también se adaptan a ese contexto. Frederica tiene lo del travestismo y Nora tiene algo de femme fatale de los cincuenta, casi una Jeanne Moreau de Ascensor para el cadalso.Incluso sin llegar al cadalso he conocido una así. En esa mescolanza, inevitable, se produce un juego donde la ficción y la realidad bailan claque. Es un libro que deberé leer, porque cuando lo termino lo rehago tantas veces que lo doy por leído.
De repente aparece Claudio López Lamadrid y Gonzalo lo compara con un pistolero. Comentamos que quería saludarnos para aparecer en la entrevista. Al final la conclusión es que hoy se asemeja a un juez de Western, el juez de la horca.
¿Antes de escribir estructuras o tal com raja, como decimos aquí?Sí tal com raja. No sé lo que voy a escribir, de otro modo me aburro. Aquí empecé con aliteraciones, como un pianista que toca jazz, a ver cuando arranca el tema. Lo hice para calentarme y así consigo avanzar. Aquí tenía el principio porque me basaba en otra novela, pero no quería quedarme atrapado. De este modo entré en calor con esa mujer en la roca con un pene enorme, masturbándose. Ya entonces empecé la andadura.
En lo que te he leído el inicio de las novelas siempre está envuelto de un misterio donde presentas las piezas y luego las aclaras.Claro, porque no sé donde voy. Hay dos cosas que me decepcionan del momento actual. La primera es que al lector le gusta leer lo que ya sabe, me sorprende más en las películas, donde ha quedado superado el chiste ese del acomodador que te dice que el asesino es el mayordomo. Ahora se sabe todo. Si hay alteraciones se desconciertan y la gente deja de entender. No hay nada que entender, cada vez se exige más que los cromos encajen en el álbum previamente.
Quizá porque hoy en día muchas narrativas son más convencionales, con las piezas muy hilvanadas, por lo que resulta fácil deducir lo que ocurrirá.Sí, y eso a la gente le gusta, pero prefiero que vivan como yo, el que hace el truco. Que se confíen y se diviertan con mi misma diversión y sufran como lo hice yo.
Cada personaje tiene unos rasgos muy definidos y luego haces que a partir de unas casualidades que son las que pasan en la vida se muevan, algo que no acaece en muchas novelas donde notas esa impostura programada, esa secuencia lógica de eventos.Muchos escritores están para amueblarnos la realidad, y a mi más bien me parece como una cárcel de la que quiero escapar, pero como no puedo aspiro a ver al otro lado de la pared. Son distintos conceptos.
Además de Frederica y Nora el gran misterio es el del cuadro.Eso es curioso porque es la temática de los objetos perdidos. El hilo de Ariadna de la novela son objetos perdidos, y empiezan con la cazadora.
El mismo Massani lo es.Sí, y el anillo también, fíjate que no lo había pensado, es un encadenamiento de objetos perdidos esta película, perdón, la novela.
Una novela que sería una buena película.Supongo que sí, son influencias recíprocas.
Antes el cine se alimentaba más de la literatura, y ahora quizá es más al revés.El cine no ha dejado de alimentarse de la literatura, toda película puede ser contada. Lo que me gustaría es encontrar en el cine la misma evolución, porque una cosa que no se he pensado es que yo en realidad siempre he usado la anécdota, que a veces es sospechosa, pero para mi es como el estilo, como el montaje, y ahí sí que hay una influencia clara desde mis primeras novelas.
Pero la anécdota genera un mundo.Pero está utilizada como para avanzar a retazos, le falta el canto de un duro para ser como una frase.
La anécdota puede generar muchos contenidos, que sé yo, como Rashomon.Película que me encantaría hacer cambiando cosas. Quería decir que aquí hay anécdota, pero no hay tema. El tema es el marco del cuadro. Aquí tenemos cuadros sin marco que incluso tienen finales indefinidos, pero no hay tema, aunque se puede extraer. Fíjate, aquí me gustaría equipararme a Shakespeare, ya puestos a elegir.
El cine y la literatura cuentan historias.Y con eso espero no aburrir, si desconcierta quizá se salen los lectores del cuadro, pero eso no es culpa mía. A veces escribo, veo que me aburro y doy un bandazo. Aparece el asesino y te apuñala.
Hay muchos momentos del libro en que se habla de Massani y tanto Arlette como el narrador le buscan parecidos, como Albert Camus. En otro momento se habla de Françoise Sagan. La presencia de Camus nos puede llevar al presente porque él sería muy necesario, como si lo observaras desde una cierta nostalgia.Es curioso porque tenía un aspecto de actor, me hubiera gustado verle en una película. Parecía noble, hay una cierta seducción por Camus.
Humprey Bogart como Camus.Humprey Bogart como actor, pese a ser mítico, lo veo demasiado iconográfico, no como un buen intérprete. Pero vaya, es interesante porque en su época se podía mitificar a los actores. Ahora son buenísimos, pero duran dos telediarios.
Modiano habla mucho de París, sobre todo del de su primera adolescencia, y tanto en él como aquí se percibe que todo es acelerado, pero lo lees en 2015 y te das cuenta que todo era más lento.Y es verdad, el tiempo nos la ha jugado, ahora es rápido y confuso, antes había tiempo para pensar, ahora es el cúmulo y la confluencia global de comunicaciones simultáneas que no puedes atender, la realidad estaba más circunscrita.
Otra cosa que se remarca en la novela es el concepto de la casualidad.O la casualidad.
De cómo a partir de moverte por determinados lugares y eventos se terminan cruzando personas o circunstancias que uno no espera encontrar.Ese es el entramado de la realidad.
Sí, si no puedo estar más de acuerdo, lo digo porque ahora está todo muy marcado y tiene coordenadas fijas, a veces la gente te olvida que eso pueda existir.Yo no lo olvido, y por eso me siento francamente confuso. Espero que pase algo bueno, y eso crea tensión. No cedo al aburrimiento y creo, así evito caer en esas enfermedades.
¿Crees que estamos abocados al aburrimiento?Pues sí. (carcajada compartida).

lunes, 16 de agosto de 2010

Recuperando pasados en verano: Los muertos, representación y presencia del crimen en cine y literatura ( Calidoscopio, mayo de 2007)



Los muertos, representación y presencia del crimen en cine y literatura por Jordi Corominas i Julián

Las palabras que leerán a continuación son fruto del delirio de esa estúpida jornada de cambio horario e inmerecidas ojeras. Nacen de paseos y no pretenden sentar cátedra, pero quizá si avisar a partir de ciertos límites del lenguaje narrativo.
Una historia: En la Roma de 1988 un hombre estaba muy cansado de un antiguo boxeador. Había buscado su amistad encontrándose con mofas perversas. Piero De Negri recordaba y quiso vengarse. Tiempo atrás él y Ricci, ese era el apellido del púgil, se enfrascaron en un fallido golpe. Quisieron robar una tienda de ropa y les salió el tiro por la culata. De Negri pasó diez meses en la cárcel y guardó silencio para encubrir a su cómplice. Cuando vio otra vez la luz de la libertad se encontró con que su amigo le tomaba el pelo cruelmente. Llegó a pegarle delante su querida hija y le robó un equipo de música, su gran pasión. Necesitaba vengarse de esas afrentas. No toleraba la escasa caballerosidad del joven Ricci. Por ello lo convocó a su negocio de lavado canino, contándole una mentira para embaucarlo. En pocos minutos, eso dijo De Negri, llegaría un camello con mucha cocaína. Ricci tenía que esperarlo, darle una buena paliza y coger la mercancía, acompañada de una jugosa cantidad de dinero.


Para que el plan saliera bien tenía que esconderse en la jaula de los perros y esperar. Una vez lo hizo De Negri, quien a partir de ahora llamaremos er Canaro por fidelidad a la historia real, cerró esa falsa prisión y empezó a torturar al engañado. Primero le tiró gasolina. Un preludio. El espectáculo macabro que siguió a la lluvia de fuel constituye una de las pruebas más atroces del salvajismo humano. Er canaro empezó a esnifar como un poseso para dar fuerza a su fuerza destructiva. Los gritos del púgil se desvanecieron con un tajo neto de la lengua. Los dedos se convirtieron en unidades separadas del cuerpo. Er Canaro se fue a buscar a su hijita al colegio. Quería descansar de la sangre y aumentar el sufrimiento de Ricci. Cuando volvió llegó lo peor. El gran desgraciado vio, sin poder protestar ni actuar, cómo la señora de la guadaña se acercaba mediante formas anómalas. Su miembro viril fue amputado y los dedos bailaron sadismo al introducirse en partes del cuerpo que provocaron el fatal ahogamiento, culminado con un lavado de cerebro, previa abertura del mismo a martillazos, con champú para perros. Er Canaro dejó el cuerpo en un descampado y al cabo de unos días su horror fue descubierto. Ya cuerdo, si es que alguna vez lo estuvo, dijo que repetiría el crimen paso por paso.

Posibilidades: He contado la Historia sin ser preciso. He escatimado detalles. En el siglo XVII los dramaturgos franceses ahorraban al espectador la visión de la muerte y el sexo. En el siglo XXI los códigos sexuales y de violencia han sufrido muchas alteraciones. Hay bastante permisividad y la violencia vende. Pero no todo es representable. La literatura puede contar la muerte de Antonio Ricci con pelos y señales, pese al riesgo de una vomitona por la animalada del Canaro, porque las palabras tienen la virtud y el matiz de la descripción, sirven para precisar y apuntalar detalles contados en función del estilo del narrador. ¿Podría el cine contar una historia como la del crimen de la lavandería canina? No. La historia puede resultar apasionante, pero existe una ética de lo visual que imposibilita narrar determinadas cosas. No me imagino a ningún director tan valiente como para coger la cámara y mostrar paso a paso las varias amputaciones, la ira del cocainómano asesino y su paz por la obra perpetrada. La idea exigiría dosis de coraje y una minuciosa trama narrativa basada en la alternancia entre planos cortos y otros más largos donde se mostrara el sufrimiento de la víctima –con su cuerpo despedazándose al ritmo del verdugo– y la ira del monstruo de la Magliana. Escribir que er Canaro introdujo los dedos de su enemigo en la boca del mismo para ahogarle es una frase. Visualmente es una atrocidad que nos remitiría al cine gore.



Significados: Con ello llegamos al quid de la cuestión. Según mi modesto parecer un buen escritor puede lograr generar ideas con una narración cargada de sangre. La moraleja de la historia contada en este artículo, más siendo verdadera, es constatar como un ser normal puede convertirse en un monstruo humano. En el cine el significado sería el mismo, pero se acusaría al director de obsceno y otras cosas aún más graves, mientras que el escritor gozaría del beneplácito de la crítica al tener la brillante idea de plasmar a nuestra sociedad enferma mediante la acción de un ser normal y corriente, un hombre cómo tú, yo, el vecino y esa chica que tanto te gusta y que ves cada día en el autobús. ¿Injusticias de la estética? Sí y no. El camino se mueve más hacia la diferencia del lenguaje –como es, como se usa- en distintas formas narrativas. Cuando lees ves lo que tu imaginación produce según el son de los vocablos. En el cine la imagen surge sola, y si bien puede insinuar en determinados casos como el explicado tiene que ser directa porque sino las claves de la trama quedarán debilitadas. ¿Cómo sería una película sobre el crimen de er Canaro sin la representación del mismo? Un imposible.

Misterios: Quizá todo este texto sea una perfecta puesta en escena de mi condición europea. Un americano no pensaría así. Aplicaría determinados mecanismos, sin más. La historia saldría, la polémica nacería y el dinero correría a raudales, como ocurrió, ¡vean la diferencia!, con La pasión de Cristo de Mel Gibson, texto fílmico que en su versión literaria, amén, es el libro más leído de la Historia de la Humanidad y uno de los tres pilares fundadores de nuestra civilización occidental.
Personalismos y límites de la imagen: Si la obra de Gibson es polémica y diametralmente opuesta, aunque parecida, al libro de libros es por la visión personal del autor, algo importante si diferenciamos límites entre cine y literatura. Truman Capote pudo contar el aniquilamiento de una familia en A sangre fría, mientras que las películas que han centrado su atención en el tema cuentan el hecho, pero no lo muestran directamente. Diferencias de estilo y ética.

Ética: El otro día constaté que en mis escritos sólo hay muertes naturales. En breve escribiré sobre un crimen. ¿Significa un cambio en mi personalidad literaria? ¿Hay diferencias entre los autores que matan y los que prefieren el simple paseo de la vida? Sí, aunque algo me dice que la línea es muy fina. Como he dicho anteriormente, olvidándonos por un día de la estructura técnica, todo depende de qué quiera contarse y, sobre todo, pero todo son opiniones, de las ideas que el texto quiera verter en la testa del lector. Un muerto puede ser un mero cadáver o una teoría filosófica.