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viernes, 10 de abril de 2015

Diálogo con Gonzalo Suárez en Revista de Letras

SUÁREZ: “ME GUSTA VER LOS TRASFONDOS”

No es la primera vez que quedo con Gonzalo Suárez. La primera vez hablábamos y una mujer resbaló junto a su maleta. La levantamos y proseguimos la charla. Esta vez llego al hotel de turno y está sentado protegido de un inexistente sol entre unas sombrillas que desentonan con la carpetovetónica decoración. Sin embargo este detalle es bueno porque su novela Con el cielo a cuestas tiene determinados elementos que casan con el surrealismo y se entremezclan con el género negro en una ambientación años cincuenta, nada que ver con ese primer piso sí, pero algo habrá en esas sombrillas, un indicio, un toque para poder fluir y cobijarnos de una normalidad que el ovetense siempre ha rechazado desde una absoluta independencia que ha acrecentado con la edad. Nos sentamos y enciendo la grabadora.
Creo que desde el principio de la novela se nota que una de tus intenciones era generar un juego de espejos.De espejos entre pasados y un presente porque esta novela data de otra novela que escribí nada más llegar a Barcelona y rechazó la censura. Luego la recuperé y la usé como si fuera un paisaje, París y detalles autobiográficos. La reflexión de la novela se produce en la ficción, que es una manera de abordar la realidad. Bajo el señuelo de la ficción cuenta cosas que en directo no podría contar sin involucrar a personas. Por otra parte me permite la libertad de la imaginación, que siempre es un ejercicio saludable.
En algunos momentos de la novela apareces como narrador que confiesa este espejo de la ficción con la realidad, como ocurre con el argelino, que desenmascaras.No sé parece, es que se llamaba así. Me gusta poner las cartas encima la mesa. La realidad del libro es que es un libro, y lo mismo pasa con las películas. Eso que algunos hacen de que los artefactos de ficción intenten ser reales como la vida mismo es algo que no me gusta, es un proceso de falsificación. Eso son mis principios.
Y si no me gustan seguro que tienes otros.Claro.
Todos los personajes tienen una cierta duplicidad, desde rasgos, nombres o pasados.La levedad del ser es la levedad del acontecer. Con los espejos hay reminiscencias de Joan Brossa, que admiraba mucho a Fregoli, y esta idea del transformismo, aunque se ha extrapolado a la ficción, me ha arraigado bastante de los tiempos de Dau al Set.
Yo era vecino de Brossa y de pequeño me fascinaba.Donde se mató.
Con ese suelo lleno de papeles.Un desastre maravilloso.
La idea del transformismo en Con el cielo a cuestas se comenta con el travesti bellísimo que aparece ya en el inicio.Me gusta ver los trasfondos. De las últimas es la novela más arraigada en la realidad. Siempre me ha gustado jugar con la idea de sorprenderme a mí mismo con rigor, no con la fantasía por la fantasía.
¿Más arraigada a la realidad en que sentido? Porque también hay fantasía.Ese París si se parece mucho al de finales de los cincuenta. Los personajes que danzan en el escenario ya es otra cosa.
Uno va leyendo y la escritura es muy visual.Sí, pero muy elaborada con las palabras, no es descriptiva de imágenes externas.
Los que no vivimos ese tiempo nos imaginamos toda la trama desde el cine, con, por ejemplo, Las diabólicas de Clouzot.Andan por ahí, sin duda, también Hitchcock que tiene su punto. Uno forma parte del conglomerado de cosas que se le pasan por la cabeza.
Massani, el protagonista, tiene algo de los perdedores de Marsé, pero también de los clásicos personajes del noir francés.Sí, de noir francés porque Massani si data de finales de los cincuenta, y sin ser una persona que existiera real sí tiene una combinación entre un actor francés de la época y el Sterling Hayden deLa jungla de asfalto.
¿Visualizas los personajes?No, ellos mismos se presentan. Massani apareció y no era exactamente yo en mis experiencias parisinas, no, es un personaje que pensaba que se sentaba a mi lado y me perseguía. Luego le di la patada y lo reencontré cincuenta años después. Tenía volumen y presencia como espíritu encarnado.
El interior del personaje es el que iba contigo, Sterling Hayden era la carcasa.Es más Yves Montand, no lo veo como Lino Ventura.
Te lo imaginas un tipo duro, curtido, como el actor del Ladrón de bicicletas.Exacto, es una tipología muy de la época.
Literatura Mondadori
Literatura Mondadori
También es muy de la época todo el tema de la casa de huéspedes y en ese sentido Massani es arquetípico de ese París.La rue de la gare de Reuilly, que menciono, era un callejón sin salida que ya no existe. No sé si funciona la gare de Reuilly, pero entonces existió, viví ahí, era un apartamento lleno de muebles, con la cerradura rota, cualquiera podría entrar dando una patada. Una vez, en plena noche, me levanté y alguien con la cara muy pálida se pegó a la pared. Le dije, apuntándole con el dedo, salga o disparo. Y se fue.
Las dos mujeres también se adaptan a ese contexto. Frederica tiene lo del travestismo y Nora tiene algo de femme fatale de los cincuenta, casi una Jeanne Moreau de Ascensor para el cadalso.Incluso sin llegar al cadalso he conocido una así. En esa mescolanza, inevitable, se produce un juego donde la ficción y la realidad bailan claque. Es un libro que deberé leer, porque cuando lo termino lo rehago tantas veces que lo doy por leído.
De repente aparece Claudio López Lamadrid y Gonzalo lo compara con un pistolero. Comentamos que quería saludarnos para aparecer en la entrevista. Al final la conclusión es que hoy se asemeja a un juez de Western, el juez de la horca.
¿Antes de escribir estructuras o tal com raja, como decimos aquí?Sí tal com raja. No sé lo que voy a escribir, de otro modo me aburro. Aquí empecé con aliteraciones, como un pianista que toca jazz, a ver cuando arranca el tema. Lo hice para calentarme y así consigo avanzar. Aquí tenía el principio porque me basaba en otra novela, pero no quería quedarme atrapado. De este modo entré en calor con esa mujer en la roca con un pene enorme, masturbándose. Ya entonces empecé la andadura.
En lo que te he leído el inicio de las novelas siempre está envuelto de un misterio donde presentas las piezas y luego las aclaras.Claro, porque no sé donde voy. Hay dos cosas que me decepcionan del momento actual. La primera es que al lector le gusta leer lo que ya sabe, me sorprende más en las películas, donde ha quedado superado el chiste ese del acomodador que te dice que el asesino es el mayordomo. Ahora se sabe todo. Si hay alteraciones se desconciertan y la gente deja de entender. No hay nada que entender, cada vez se exige más que los cromos encajen en el álbum previamente.
Quizá porque hoy en día muchas narrativas son más convencionales, con las piezas muy hilvanadas, por lo que resulta fácil deducir lo que ocurrirá.Sí, y eso a la gente le gusta, pero prefiero que vivan como yo, el que hace el truco. Que se confíen y se diviertan con mi misma diversión y sufran como lo hice yo.
Cada personaje tiene unos rasgos muy definidos y luego haces que a partir de unas casualidades que son las que pasan en la vida se muevan, algo que no acaece en muchas novelas donde notas esa impostura programada, esa secuencia lógica de eventos.Muchos escritores están para amueblarnos la realidad, y a mi más bien me parece como una cárcel de la que quiero escapar, pero como no puedo aspiro a ver al otro lado de la pared. Son distintos conceptos.
Además de Frederica y Nora el gran misterio es el del cuadro.Eso es curioso porque es la temática de los objetos perdidos. El hilo de Ariadna de la novela son objetos perdidos, y empiezan con la cazadora.
El mismo Massani lo es.Sí, y el anillo también, fíjate que no lo había pensado, es un encadenamiento de objetos perdidos esta película, perdón, la novela.
Una novela que sería una buena película.Supongo que sí, son influencias recíprocas.
Antes el cine se alimentaba más de la literatura, y ahora quizá es más al revés.El cine no ha dejado de alimentarse de la literatura, toda película puede ser contada. Lo que me gustaría es encontrar en el cine la misma evolución, porque una cosa que no se he pensado es que yo en realidad siempre he usado la anécdota, que a veces es sospechosa, pero para mi es como el estilo, como el montaje, y ahí sí que hay una influencia clara desde mis primeras novelas.
Pero la anécdota genera un mundo.Pero está utilizada como para avanzar a retazos, le falta el canto de un duro para ser como una frase.
La anécdota puede generar muchos contenidos, que sé yo, como Rashomon.Película que me encantaría hacer cambiando cosas. Quería decir que aquí hay anécdota, pero no hay tema. El tema es el marco del cuadro. Aquí tenemos cuadros sin marco que incluso tienen finales indefinidos, pero no hay tema, aunque se puede extraer. Fíjate, aquí me gustaría equipararme a Shakespeare, ya puestos a elegir.
El cine y la literatura cuentan historias.Y con eso espero no aburrir, si desconcierta quizá se salen los lectores del cuadro, pero eso no es culpa mía. A veces escribo, veo que me aburro y doy un bandazo. Aparece el asesino y te apuñala.
Hay muchos momentos del libro en que se habla de Massani y tanto Arlette como el narrador le buscan parecidos, como Albert Camus. En otro momento se habla de Françoise Sagan. La presencia de Camus nos puede llevar al presente porque él sería muy necesario, como si lo observaras desde una cierta nostalgia.Es curioso porque tenía un aspecto de actor, me hubiera gustado verle en una película. Parecía noble, hay una cierta seducción por Camus.
Humprey Bogart como Camus.Humprey Bogart como actor, pese a ser mítico, lo veo demasiado iconográfico, no como un buen intérprete. Pero vaya, es interesante porque en su época se podía mitificar a los actores. Ahora son buenísimos, pero duran dos telediarios.
Modiano habla mucho de París, sobre todo del de su primera adolescencia, y tanto en él como aquí se percibe que todo es acelerado, pero lo lees en 2015 y te das cuenta que todo era más lento.Y es verdad, el tiempo nos la ha jugado, ahora es rápido y confuso, antes había tiempo para pensar, ahora es el cúmulo y la confluencia global de comunicaciones simultáneas que no puedes atender, la realidad estaba más circunscrita.
Otra cosa que se remarca en la novela es el concepto de la casualidad.O la casualidad.
De cómo a partir de moverte por determinados lugares y eventos se terminan cruzando personas o circunstancias que uno no espera encontrar.Ese es el entramado de la realidad.
Sí, si no puedo estar más de acuerdo, lo digo porque ahora está todo muy marcado y tiene coordenadas fijas, a veces la gente te olvida que eso pueda existir.Yo no lo olvido, y por eso me siento francamente confuso. Espero que pase algo bueno, y eso crea tensión. No cedo al aburrimiento y creo, así evito caer en esas enfermedades.
¿Crees que estamos abocados al aburrimiento?Pues sí. (carcajada compartida).

sábado, 31 de mayo de 2014

Diálogo con Edward St. Aubyn

ST. AUBYN: “TODO SE PUEDE CONVERTIR EN UNA CONTRADICCIÓN”

Edward St. Aubyn | Timothy Allen
Edward St. Aubyn | Timothy Allen
En 2008 la editorial Anagrama publicó en España una novela que, sorprendentemente, pasó más que desapercibida, tanto que hasta una revista digital rechazó publicar la reseña que hice deLeche materna, obra con la que Edward St. Aubyn debía darse a conocer en nuestro país. Un lustro después, con más coherencia, Mondadori decide resucitar esa vieja aspiración con una edición que junta las tres primeras novelas de la serie dedicada a Patrick Melrose, hijo de una nobleza que lo maltrató desde su más tierna infancia hasta el punto de convertirlo en un amasijo de drogas andante que se transformó con el tiempo en un proyecto de redención para retornar al orden.
Esta, a grandes, rasgos sería la síntesis de Da Igual, Malas noticias y Alguna esperanza, títulos muy significativos tanto en su fondo como en su forma que he leído en un volumen titulado El padre, figura fundamental para entender la evolución de Patrick Melrose, de quien esperamos tener más noticias en un futuro cercano. Sin más prolegómenos enciendo la grabadora.
Mondadori
Mondadori
Han pasado veinte años desde que escribiste esta trilogía. ¿Qué recuerdos conservas del proceso de escritura?Recuerdo perfectamente que Da igual fue lo más difícil que escribí jamás, nunca he vuelto a encontrarme con tamañas dificultades literarias. Conseguí escribirla gracias a mi novia de por aquel entonces, Anna Corberó, una barcelonesa que me alentó a escribir el libro. Yo tenía las ideas, pero no era capaz de releer la novela y tampoco me sentía fuerte como para pasar las páginas a máquina, lo que ella hacía en una sala contigua. Escuchaba como lo hacía y me daba la sensación que todo iba hacia delante. Sin su apoyo hubiera sido absolutamente imposible terminar el proceso. Tuve ataques de pánico que dificultaron aún más la tarea.
¿Mejoraron las cosas en la redacción de Malas noticias?Sí, fue un poco más fácil porque había dejado de tomar drogas, si bien tenía muy presentes las sensaciones de la adicción, estaban muy vivas. Escribía durante la noche y después daba largos paseos para tranquilizarme.
¿Y en Alguna esperanza?Fue más fácil desde el punto de vista emocional, pero desde el técnico fue la más complicada.
¿Tenías claro desde el principio que querías escribir una trilogía?Sí. Lo tenía clarísimo, sobre todo la estructura en tres partes: la crisis, las consecuencias y la resolución del conflicto. No podía desarrollarse de otra manera.
Además supongo que es importante considerar que cada una de las novelas de la trilogía sean cortas: eso confiere intensidad al conjunto.La intensidad precisamente era fundamental para mí, pero también la simplicidad, porque la vida psicológica y emocional de los personajes era absolutamente muy potente, la situación moral más que explosiva. Necesitaba algo simple y elegante. Esta estructura en tres partes, cada una de ellas en un día y un lugar, era ideal para mi concepción. Necesitaba esa unidad para que el bloque no se desintegrara. En la mitad de la segunda parte Patrick, que escucha cuarenta voces, está a punto de sucumbir y su mismo esquema vital está a punto de sucumbir. Por eso, entre otros motivos, era básico estructurar el todo con mucha coherencia.
Por otra parte sí, la intensidad es una palabra clave que me remite a cuestiones estilísticas. Me gusta escribir centrando mucho el foco y mostrarlo con el menor número de palabras posible.
En la primera novela Patrick aparece muy poco. En la segunda es el protagonista absoluto, pero está fuera del mundo, algo que ya no sucede en la tercera, donde creo que se sintetiza tu método de conocimiento del personaje, centrado en dar a conocer sus características a partir de los elementos y caracteres que rodean su persona.La primera parte tiene forma de rombo, algo que ya apuntabas, y la segunda parte es narcisista y obsesiva, como la misma drogadicción, donde los otros personajes no tienen cabida. En cambio, la tercera parte es la de la resolución y parte de la misma pasa por Patrick dentro de un contexto social, donde es clave escuchar bien lo que dicen todos los personajes para abordar la serie de temas claves de la novela: la crueldad, el mal uso del poder, la libertad, cómo construimos nuestra propia identidad, el papel que desempeña la clase social o la importancia de los padres en nuestra existencia. La idea es que todos los personajes de la fiesta toquen esos distintos temas, que no sólo forman parte de un contexto general. En este último libro Patrick entra en juego cuando a través de esa vida social puede resolver su pasado. Henry James decía que el diálogo son los personajes debatiendo sobre el argumento, y creo que idealmente esto es bastante cierto.
Patrick asciende a lo largo de las tres novelas, algo que contrasta con la decadencia ética y moral de la clase social a la que pertenece.Sí, pero es importante remarcar que el libro no pretende ser un comentario sociológico, no son novelas sobre la aristocracia, donde por otra parte hay gente muy generosa y agradable. Quería dar una pátina de unidad a mi trabajo y por eso lo centré en ese grupo social, pero también hay espacio para otras personas éticamente correctas, desde la americana Ann que es quien da una visión externa hasta George, que anuncia a Patrick la muerte de su padre y simboliza el rostro amable de la aristocracia, un hombre patriarcal y muy amable.
Patrick está acostumbrado, desde su origen aristocrático, a moverse por unos espacios muy concretos, sitios por donde debería saber desenvolverse a la perfección aunque luego no lo haga porque es un outsider.Salvo en los clubes neoyorquinos de Malas noticias, que son cualquier cosa menos aristocráticos. Patrick no sabe desenvolverse bien en casi ningún aspecto o faceta. Rechaza todo lo que está vinculado con su padre. Tras su muerte cree que ha llegado a un punto de inflexión, pero en realidad no es así porque debe liberarse de la mochila que carga por la presencia de su padre. En Malas noticias no sabe cómo hacerlo, sólo sabe cómo experimentar con la intoxicación y la desintegración. Finalmente en Alguna esperanza acude a la fiesta y se encuentra con determinadas personas que le hablan bien de su padre y empieza a ser consciente de que su progenitor era muchas otras cosas, no solo la figura que él odió. De este modo es capaz de entender que su padre fue el resultado de una serie de fuerzas negativas y así comprende el espacio de muchos elementos que interactúan y determinan la personalidad.
En Malas noticias se produce el momento de mayor tranquilidad de la relación entre padre e hijo justo cuando Patrick transporta las cenizas por la ciudad de Nueva York.Es el momento donde pasan más tiempo sin peleas ni discusiones. El silencio para Patrick es una guerra civil interior. En cualquier situación traumática de este estilo hay dos partes bien definidas. Patrick es la víctima del agresor y al mismo tiempo es el personaje que quiere identificarse con el mismo. Es un ciclo psicológico de manual consistente en identificarse con el agresor al creer que de este modo cesarán las agresiones. Sin embargo, tras la muerte del padre, Patrick vive una gran tensión sin saber qué herramientas debe usar para encontrar su libertad, para sacudirse la pesadilla de su cuerpo.
Hay dos puntos de conflicto muy importantes dentro de Patrick. Por una parte cuando estás tan drogado no puedes pensar fuera de ti. Por la otra creo que él intuye que se parece más a su padre de lo que piensa.Absolutamente. Si intentas liberarte de un montón de cosas que no soportas pero estas cosas son las mismas que usas para liberarte de ellas, como por ejemplo el desprecio, la agresión, la rabia y una actitud desdeñosa verás que es imposible escapar porque el todo se convierte en una contradicción intolerable. Al final la única válvula de escape es un botón que te lleva al espacio.
Está fuera del mundo durante mucho tiempo y el punto álgido del proceso es la novelaMalas noticias. ¿Hasta qué punto es autobiográfica? Creo que el modo en que se refleja el proceso de la adicción es impresionante.He tomado drogas más de un día, pero no es una novela estrictamente autobiográfica.
¿Hasta qué punto Patrick es Edward?Soy distinto de Patrick. Hay una diferencia considerable entre el autor y el narrador y luego otra entre el narrador y los personajes. El libro es una historia en la cual sólo hay algunos aspectos de mi vida. Patrick es una exageración de lo que sería un retrato de mis partes más oscuras. Sus frases, escritas y revisadas infinitas veces, lo hacen más ordenado y articulado de lo que yo nunca pueda ser. Sí es cierto que hay elementos verdaderos, como mis preocupaciones y el hecho que compartimos una infancia difícil y una relación tormentosa con las drogas, pero mi objetivo siempre ha sido escribir novelas, y a medida que avanzaba en la trilogía cada vez hay menos parte real o experimentada y más creada que se hilvana con las anteriores partes. Cuando más avanzas es más complicado resolver lo que escribes con las partes anteriores, por eso en la última sección inventé casi todo de manera muy natural.
¿Cuáles son las partes más basadas en la realidad?Sin duda alguna la relación de Patrick con sus padres, pero los demás personajes son, o bien una combinación de personas que he conocido o bien tienen rasgos inventados. Nicholas Pratt evoluciona y cambia desde la primera hasta la última novela de la serie. Tiene una voz muy personal, sin modelo propio, que cambia a lo largo del recorrido narrativo.
La clave es que siempre quise ser escritor, desde los doce años, cuando hice mi primer intento. Quería escribir una novela y usé el material que tenía a mano, no para escribir mi vida.
Toda novela inevitablemente tiene cosas autobiográficas, pero creo que la explicación resume muy bien la cuestión.No te pasas cinco años encerrado en una habitación para escribir sólo sobre uno mismo, no tendría sentido, la literatura tiene más alicientes.
En algún momento has hablado de la voz de Nicholas Pratt, y resulta interesante porque en la trilogía los cuerpos son muy importantes, sobre todo el de Patrick y su padre, pero podría imaginarme el texto sólo con voces, como en Las olas de Virginia Woolf.El capítulo 7 de Malas noticias es muy potente y lo escribí mucho más largo, me costó mucho cerrarlo, podría ser una obra de teatro, pero por cuestiones editoriales tuve que cortarlo, fue un ejercicio de contención, pero mi idea en ese delirio de voces se asemejaba a lo que apuntas, una narrativa desprovista de cuerpos donde las palabras apuntalaban toda la descripción y acción de los personajes, aunque en ese caso concreto todo está en el interior de Patrick.
Ya que hablas de Malas noticias me parece que esa novela, vista con la perspectiva que da el paso del tiempo, muestra el Nueva York de los ochenta desde su presente, algo donde coincide con obras del calado de La trilogía de Nueva York de Paul Auster,American Psycho de Bret Easton Ellis o Money de Martin Amis.No he leído nunca a Paul Auster, pero recuerdo muy bien la lectura de Money de Martin Amis, aunque no creo que tuviera una influencia directa en mis novelas. Ese Nueva York era muy fascinante y eléctrico, terminó por la tolerancia cero y fue una lástima porque era la ciudad, el lugar donde cualquier cosa podía pasar, y sí, en realidad los ochenta fueron una época impresionante que puedo valorarse tanto por la movida de clubbing hasta por el ambiente que se respiraba en sus calles. No deja de ser curioso que Patrick transcurra en Nueva York la parte intermedia de la trilogía, como si su drogadicción fuera un paréntesis entre el inicio y el final.

lunes, 11 de febrero de 2013

Diálogo con Patricio Pron en Sigueleyendo





Diálogo con Patricio Pron, por Jordi Corominas i Julián

La vida interior de las plantas de interior es el título del último libro del escritor argentino Patricio Pron. Llego a la sede de Random House en Barcelona, enseño mi documentación, subo hasta el séptimo piso y sí, me encuentro al autor de El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia casi recibiéndome junto a Eva, la jefa de prensa. Nos saludamos, intercambiamos cuatro palabras y nos dirigen a una sala tranquila para que charlemos sin ruido, que llega por el camino cuando Patricio choca con un archivador mal colocado en una estantería y se masca la tragedia. Por suerte, nada pasó, pero aún nos esperaba el colofón del absurdo. Al llegar a la habitación nos sentamos. Preparé mis cosas, deposité la grabadora en la mesa y Eva nos dio un par de botellas de agua. Al abrir la mía me percaté demasiado tarde de que ya estaba abierta, por lo que la mesa se convirtió en un Pollock líquido improvisado.

Tanto golpe y desastre de la nada preludiaba una serie de catastróficas desdichas que, al final, no aparecieron. Antes de darle al play, Patricio y un servidor calentamos motores intercambiando pareceres sobre el estado actual de la crítica literaria. Ese, y ningún otro, es el motivo por el que el diálogo se inicia in media res. ON.

Jordi Corominas: A veces ves mucho tipo de crítica joven que deriva hacia una cierta banalización.

Patricio Pron: Tengo la impresión que ese tipo de crítica tiene su validez y su espacio. Desde luego debemos estar atentos a ella. Se ha desplazo del ámbito de los libros a otro de tipo más generalista, de crítica cultural. Desde luego esto no es malo…

Pero tampoco creo que, en muchas ocasiones, alcance el nivel de crítica cultural.

No, no alcanza si no se tiene una formación literaria. En los últimos tiempos aquello que se reclama a un crítico literario excede el ámbito de los libros, y existe esta percepción en jóvenes críticos, que desplazan su atención de los libros a otros ámbitos. Puede que ahí haya algo, a mi me cuesta mucho verlo, pero creo que en cualquier caso estos esbozos de crítica provenientes de autores muy jóvenes tienen su sitio y, como todas las señales de algo que está comenzando, no pueden ser juzgadas objetivamente. En algún momento cristalizará en una producción muy valiosa y de la que aprenderemos mucho, pero ahora mismo sacar conclusiones sería prematuro. A menudo me fijo en los índices de las antologías periódicas en las que colaboraba cuando empecé.

Hasta sale en un relato del libro, el del escritor vivo. 

Estos índices dan miedo, y mucha pena, porque muestran de qué forma aquellos escritores que empezaron muy bien quedaron atrás, o sencillamente están produciendo en silencio. Y te preguntas mucho qué hicieron, y también me pregunto qué hice yo para que no me haya sucedido esto a mí.

Una mezcla entre constancia, adquirir un estilo propio…

Sí, es posible. También hay otros factores. Factores principalmente personales como no tener hijos, no tener que cargar con una familia…

Es curioso porque En la vida interior de las plantas de interior hay una ligera obsesión del hijo de escritor como desgaste.

Sí, pero mi actitud es un poco más ambigua. Ahora mismo no tengo hijos, quizás algún día los tenga, no lo sé, pero el hecho es que estoy rodeado de escritores con niños y he visto cambiar su actitud, no sólo para con su existencia, sino más bien en relación a su oficio literario desde que son padres.

Una cuestión de prioridades.

Les ha hecho bien tener niños, puso las cosas en su lugar. Creo que pienso en las listas de jóvenes promesas porque en los últimos tiempos ya no me ven así, ni como un autor que comienza.

¿Y cómo crees que te ven?

Bueno, al menos cierto sector de la crítica me considera un valor establecido de alguna forma. Es algo muy reconfortante, la demostración de que algunas cosas han salido bien contra todo pronóstico pero, sin embargo, y esta es una de las razones por las que he pensado en ello, no me veo muy diferente a como era cuando comencé. Me considero comenzando de forma más o menos permanente.

Cada libro es una evolución del anterior. 

Sí, y cada uno es la oportunidad de enmendar tus errores pasados y hacerlo bien por primera vez. Para un autor que huye de su propio pasado, como yo, no existe nada que podamos llamar la sensación de estar consagrado.

En tu caso el cuerpo narrativo de tu obra no puede entenderse sin tu discurso teórico, y eso te da unas tablas que quizás otros escritores de tu generación no poseen. 

Dedico buena parte de mi tiempo útil a leer y escribir, lo que inevitablemente deja algún tipo de poso. No sé si los demás lo hacen. En mi caso no existe una gran diferencia entre el tipo de producción crítica y la de ficciones.

Son vasos comunicantes.

Provienen de una misma subjetividad y son el resultado de que, cuando me siento a escribir ficciones, casi siempre pregunto con una pregunta de alguna índole. En la vida interior de las plantas de interior el interrogante era si podía escribir un relato con personajes muy distantes, geográfica y temporalmente, que estuvieran vinculados por el uso de un objeto pueril. ¿Qué nos dicen estos vínculos en relación a lo que denominamos literatura realista?



En este sentido pensé en Perec y Vila-Matas por aquellos intentos de agotar un lugar. En tu caso no agotas el lugar pero a partir de las concatenaciones lógicas agotas el origen de un objeto cotidiano. 

No lo había pensado así, pero creo que tienes razón. Hay un intento de hablar de ciertas cuestiones de las que se habla mucho y constituyen los temas principales de la literatura. Mi intención es no caer en lo convencional, ensayar maneras de hablar de estas cuestiones de forma que se puedan producir nuevas significaciones. Creo que hay, tanto en Perec como en algunos de mis libros, un intento de pensar y trascender la soledad de los personajes o incluso de ir más allá de una cierta visión rutinaria de la literatura que presente a los personajes más bien aislados. En el caso de Perec demuestra que una enorme cantidad de personas, que no tienen vínculos entre ellos, comparten un mismo espacio. En mi caso los personajes comparten una determinada cantidad de objetos. Supongo que hay una propuesta de vuelta de tuerca a la cuestión de la literatura social.

Y dar la vuelta de tuerca a cómo percibimos en literatura la velocidad de los espacios. A principios de siglo XX Manhattan Tranfer, Ulises o la película Berlín sinfonía de una ciudad mostraban a los ciudadanos ocupando espacios, pero la ciudad era la verdadera protagonista. En cambio ahora la ciudad ha perdido su importancia por la misma globalización, y tú lo expresas en los relatos. Un objeto nace en Brasil o China, pasa por un proceso en otro continente y termina en tus manos en Madrid o Barcelona.

Estaba en Santiago de Chile y me pilló una chica que tiene un blog de moda, un fenómeno en ebullición en esas latitudes. Ella me pidió una foto. Le dije que sí, y me pidió que completara una ficha con el origen de la ropa. Al enumerar la procedencia de las prendas tomé conciencia que ninguna de ellas había sido producida ni donde me encontraba ni donde vivo habitualmente.

Es una experiencia directa que luego plasmas en los relatos del libro. 

Sí, pero también hay una pregunta posterior vinculada con cómo narrar el presente histórico, que es particularmente turbulento y del que se nos ofrecen dos versiones diferentes y en consecuencia complementarias.

Mezclar lo grande con lo pequeño, algo que siempre ha hecho la literatura, pero creo que ahora mismo, al menos en Europa, tiene problemas para conjugar ambas cosas.

Es un presente relativamente novedoso en Europa. No porque no existieran crisis en el pasado, más bien que las anteriores se encuentran alejadas en el tiempo como para que las formas de narración hayan sido olvidadas. Estas dos maneras complementarias de narrar el presente histórico no dan cuenta realmente del hecho que la imbricación de los fenómenos colectivos e individuales es mucho mayor de lo que suponemos. De manera que algunos de los relatos de La vida interior de las plantas de interior estaban pensados para sostener esta pequeña hipótesis personal. Comenzando por El cerco, que comienza con una anécdota banal, y va de lo microscópico, las larvas que están en el interior del perro, y luego accede a una instancia donde hay una visión global.

Es una forma de mostrar, no la crisis, sino más bien las crisis del presente. Aquí en España se habla mucho de la novela de crisis, y  parece que tengamos que privilegiar la narración de la económica, que es una instancia superior a nosotros. En cambio creo que con los relatos reflejas lo que denomino las crisis de la crisis: la moral, ética, banalidades con un poso de profundidad detrás…

En España se cree con demasiada frecuencia, por una razón o por otra, que existe una escisión entre la sociedad y los sujetos individuales, soslayando que son los sujetos individuales los que conforman la sociedad. Esta escisión es muy notable, y peligrosa. Además, afecta a las novelas de la crisis, un fenómeno muy reciente que me parece singular por aplicarle un adjetivo bondadoso, entre otras cosas porque si la crisis es de la magnitud que se nos dice que es, y tengo la impresión que la alcanza y eventualmente la supera, esta permeará todos los productos literarios que se realicen en este período histórico, incluyendo la lista de la compra que es el primero de los textos afectados por la crisis. Me parece que hay una visión bienintencionada pero errónea de la sociedad, que o bien oculta una cierta ignorancia de los procesos sociales por parte de sus autores, o bien una especulación de índole comercial, como si ahora que se habla tanto de eso algunos escritores se volcaran a escribir sobre ello porque toca.

Algo que no me parece que sea tu motivación a la hora de escribir.

Sin embargo creo que algunos de los relatos del libro tienen un carácter contemporáneo y una dimensión política.

Lo cotidiano es político, es una premisa fundamental que olvidamos con demasiada frecuencia. 

Una parte de estos relatos hablan de los vínculos que se establecen entre personas, los cuales en sustancia son muy políticos, pero también dan cuenta de momentos donde estos personajes se ven impedidos a ejercer el juicio moral.

Callan muchas veces, piensan en lo obvio, pero sólo lo piensan, no lo plasman.

Todos buscan una especie de salvación, entendido esto como la posibilidad de dejar atrás hechos trágicos de su pasado. Y lo buscan en diferentes sitios, algunos de ellos en la religión, y este, de alguna manera es un libro muy religioso.

El relato Un jodido día perfecto sobre la tierra es muy simbólico en el sentido que mencionabas, con el narrador subiendo unas escaleras a la espera de llegar a una nueva puerta, en ese sentido sí que existe una salvación. En cambio, muchos otros personajes, se quedan en un punto de no retorno, un abismo donde no hay esperanza.

Posiblemente el relato de la actriz porno, Nuevo orden en la última lluvia, es el único en el cual no hay salvación posible. Sin embargo, creo que en los otros los personajes acceden a una instancia donde aquello de lo que huían parece dejar de producir efectos en su presente, ya no los alcanza.

Como cambiar nuestros yoes, algo que hacemos permanentemente.

Algunos personajes recurren a operaciones que pueden estar enmarcadas en cierta magia animista del tipo querer vivir otra vida, lo que les conduce a apropiarse de objetos de una persona con otra vida y a partir de ese objeto quieren construir la ficción de otra existencia.



Eso es claro en el relato del bloguero que se apropia de la identidad virtual del escritor que admira. Además ese relato es central porque se enlaza con los otros relatos literarios que tejen uno de los temas centrales de La vida interior de las plantas de interior, libro que por otra parte recorre de manera sutil varias temáticas. 

Me alegra que digas que está claro, sin embargo nunca está claro para mí. Los autores somos pésimos críticos de nosotros mismos, y la percepción de nuestro trabajo está absolutamente viciada por la proximidad. De modo que, cuando se presenta la posibilidad de armar un libro de relatos te das cuento de afinidades, vínculos y obsesiones que no creías que recorriesen una producción bastante diversa y muy extendida en el tiempo. El hilo conductor de los relatos que hablan de literatura se me escapaba, no lo percibí mientras trabajaba.


Todos estos relatos no nacen con una idea de unidad entre ellos, pero al ver el ensamblaje, notas relaciones, desde los perros a las mujeres, pasando por el porno y hasta llegar a la literatura. Además todo vira de lo pequeño a lo grande. 

En buena medida sí. Son minúsculas y muy triviales sorpresas que se producen cuando conformas el libro, y que muy posiblemente otros autores procuren reprimir. Por mi parte no lo hice con la expectativa de que esto que era sorprendente para mí lo fuese también para algunos lectores. El tipo de cosas que me interesan son cosas que son el resultado de una disociación entre los propósitos iniciales y su realización. Si en aquello que media entre lo que pretende hacer y lo que hago finalmente no se produce una sorpresa o desviación doy mi esfuerzo por malogrado.

Buscas epifanías dentro de un  proceso.

Y sobre todo procuro que la literatura que escribo produzca en mí el mismo tipo de impresiones que provocan otros textos que han sido relevantes. Que lo que escribo me alce por encima de mi modesta altura y me conduzca a un sitio que no conocía. Si no es así siento que he fallado, que no lo he hecho bien, que he reducido el marco de posibilidades.

Una negación del conformismo. 

Claro. Hay autores que admiro mucho que son estilistas y escriben una vez tras otra el mismo libro.

Ayer hablaba con Matías Néspolo de poesía y hablábamos que con el transcurso de los libros perdemos la inocencia. Sin embargo, coincidíamos que el objetivo de todo literato debería consistir en franquear umbrales, no repetirse y crecer. 

Me gusta que lo digas porque a veces me siento bastante solitario al sostener este tipo de ideas. También es legítima la labor de aquellos autores que se consideran estilistas y quieren aproximarse una vez tras otra a un libro ideal que sería todo lo que tienen que decir acerca de la literatura y de la vida. En otras circunstancias le negaría todo valor a ese tipo de propuestas, pero son muy legítimas y han llegado a producir monumentos como A la búsqueda del tiempo perdido.

La suerte de la literatura es que hay muchas literaturas. ¿Usas más los relatos como campo de pruebas? Me refiero a si usas los relatos para afianzar descubrimientos que luego explotas más en las novelas. 

También lo practico en las novelas. Si has leído El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia habrás observado que hay al menos un intento de ensayar y echar por tierra buena parte de los géneros que se utilizan para narrar cierto tipo de acontecimientos. Podemos discutir si el intento es fallido o logrado, pero también hay un intento por probar nuevas cosas.

Se desarrollan de manera distinta. 

Una novela te permite ensayar una voz narrativa y profundizar en ella durante un cierto período de tiempo. Por el contrario, los libros de relato te ofrecen la oportunidad de ensayar, de jugar con muchas voces narrativas que, por su naturaleza, deben desplegarse en un espacio reducido de tiempo. Ambas formas requieren habilidades diferentes por parte del autor y ofrecen satisfacciones distintas. Desde luego es mucho más conveniente ensayar una voz narrativa en un relato breve, pues si el experimento falla has perdido menos tiempo. De todos modos si ello sucediera creo que me negaría de plano a admitirlo.

Hay muchos relatos que lees y tienes la sensación de hallar en su seno una futura novela. En tu caso creo que, por estilo y técnica, los cierras. No son apuntes para una futura novela.

Tenemos muy poco tiempo. Tengo poco tiempo, estoy enfermo y no puedo disponer del tiempo que querría para desarrollar lo que pretendo, de ahí una perentoriedad y urgencia. Por otra parte prefiero que los crédulos lectores que se toman el trabajo de leer mis libros piensen que los relatos daban para novelas y no que las novelas no daban más que para un relato.








miércoles, 29 de junio de 2011

Habladles de Batallas, reyes y elefantes en Sigueleyendo


Del estilo, el artefacto y la Historia

Publicado en 28 junio 2011 por sigueleyendo



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JORDI COROMINAS I JULIÁN


Dos fueron los pensamientos recurrentes mientras leía Habladles de batallas, de reyes y elefantes de Mathias Enard. El primero está relacionado con una anécdota de hace años en un bar con las paredes naranja, color que incita a beber a lo bruto, como bien hice esa misma noche. Hablaba con un amigo y nos enfrascamos en una charla surrealista sobre la vida de Vincent Van Gogh y sus múltiples desventuras. La conversación degeneró y terminamos comentando la posibilidad de una falsa muerte. Quizá el pintor no falleció y decidió adoptar la personalidad de su hermano para cimentar su éxito futuro en el mercado y triunfar para vengarse de tanta burla y desdén.

El segundo elemento que apareció una y otra vez mientras devoraba las páginas del escritor galo fue la de una visita a la Biblioteca Feltrinelli de Roma, templo del consumo a gran escala en mis años transcurridos en la Ciudad Eterna, antes del berlusconismo. Una tarde bajé al entresuelo y topé con El tormento y el éxtasis de Irving Stone. Siempre me fascinó la figura de Michelangelo, y la novela no hizo sino incrementar esa pasión que me llevó a la mayoría de lugares donde el genio florentino dejó su impronta, desde Santa Maria Sopra Minerva hasta la magnífica tumba de Lorenzo II.

Las dos ideas se asocian por lógica. Enard es michoniano, y la génesis de su última novela parte indudablemente de la influencia de su maestro, lo que se nota hasta en la cita de Kypling que constituye el punto de partida de una experiencia basada en la bestia que dominó todas las artes plásticas durante más de medio siglo. El autor de Zona parte de una efeméride recogida por Vasari y centra todo su relato en imaginar el supuesto viaje del florentino a la bárbara Estambul de 1506 para cumplir el encargo de la Sublime Puerta consistente en construir un puente que uniera el Cuerno de Oro con el barrio de Pera. Este proyecto tan ambicioso fue aceptado con anterioridad por Leonardo Da Vinci. Su diseño se conserva en el Museo de la Ciencia de Milán y fue rechazado por el Sultán, quien por lo que parece estaba dispuesto a ofrecer el oro y el moro a los más grandes artistas de su época con tal de ver cumplido su sueño.

Michelangelo no fue a Estambul, pero el siglo XXI entiende poco de verdades y prefiere imaginar ficciones, y no sólo en lo literario. Son legión los historiadores que en algún momento han usado la historia virtual, la que no existió, para lanzar osadas hipótesis. A todos, es algo comprensible en el ser humano, nos encanta elucubrar sobre el que hubiese sucedido si, es un juego que tanto sirve para nuestras propias experiencias como para los vericuetos de la musa Clío. En narrativa este tipo de argamasa goza de cierto prestigio al activar teclas filosóficas que dan al texto un aire reflexivo, excusa perfecta para inmiscuirse en eras pretéritas que de este modo pueden ser noveladas con un buen amasijo documental que justifique el esfuerzo y le confiera un mínimo de sentido.

Enard salva bien la papeleta por varios motivos. Sus vastos conocimientos sobre Oriente dan credibilidad al relato, siendo fundamental, contrapunto entre dos formas de entender la existencia, la presencia del poeta Mesihi de Prístina. Este personaje condensa en su interior las partículas hacia la ensoñación y la geografía de la capital otomana, pues sin él Buonarroti no frecuentaría tugurios de mala muerte en los barrios bajos ni caería en la andrógina tentación estética del baile y los efluvios que emanan del Bósforo.

Otro acierto que aumenta la complejidad psicológica de la trama es la fecha de los acontecimientos. La pérdida de la segunda Roma, acaecida el 29 de mayo de 1453, aún escocía en el ánimo de la cristiandad, por lo que la apuesta del artista era una auténtica afrenta a Julio II, uno de sus principales protectores, mal pagador pero henchido por la magna ambición de redecorar el Vaticano y magnificar su propio recuerdo con una tumba que finalmente recibió acomodo en San Pietro in Vincoli. La diatriba de la eterna lucha entre dos culturas se exalta a partir de detalles que más que generar incomprensión fascinan a Michelangelo, compleja personalidad que percibimos en minucias que van desde su innata curiosidad hasta su despreocupada atención a la higiene y, como es natural en este tipo de artificios, en la mezcla entre las virtudes del genio y las banales características de un hombre que siente, padece, ama y goza con las preocupaciones del día a día, si bien en el caso que nos concierne son excepcionales, por lo que el lector se dejará transportar por el mito y enfocará las páginas del volumen con otra mirada más sugerente que se incrementa con el uso del presente, treta perfecta para sumergirnos en la historia, veloz por sus capítulos cortos y el suspense de una anómala normalidad de la que intuimos el final aún desconociéndolo.

Ignoramos cómo valorará el futuro Habladles de batallas, de reyes y elefantes. Si optamos por la mala leche positiva calificaremos el intento desde una vertiente popular que puede acercar ilustres biografías a personas que sin este acicate quizá no osarían penetrar en estos universos otrora tan exclusivos por académicos. Desde una óptica más culta cabrá convenir que el fenómeno se extiende con muchas variantes. Ricardo Menéndez Salmón sería su exponente patrio con La luz es más antigua que el amor, donde la madurez del narrador reluce por su habilidad al combinar factores, roles y períodos de una larga cronología europea que encajan con naturalidad desde una intención bien diferente a la de Enard. El autor de La ofensa exhibe una complejidad narrativa que le da un toque diferencial. Su unidad parte de la diversidad, mientras su colega francés sigue los pasos de Pierre Michon a pies juntillas haciéndonos disfrutar e instalándolos en la benéfica duda de si hemos devorado un producto destinado al entretenimiento o un mero ejercicio de estilo. Que el tiempo, más sabio que todos nosotros, dicte sentencia.

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HABLADLES DE BATALLAS, DE REYES Y ELEFANTES

Mathias Enard

MONDADORI

jueves, 10 de diciembre de 2009

Nueve lunas de Gabriela Wiener en Literaturas.com


Vivir un embarazo en el siglo XXI y no morir en el intento por Jordi Corominas i Julián

La medicina actual ha desmontado pieza por pieza uno de los grandes misterios de la Humanidad: el embarazo. El proceso anterior a la luz fue durante milenios un surtido de enigmas. La fuente de vida, las cigüeñas y París han cedido su testigo a cremas, ecografías y partos naturales. Ignoramos mucho de la maternidad en el siglo XXI y Gabriela Wiener ha optado por desvelarnos en primera persona todo el recorrido que media desde la lucha de los espermatozoides por llegar al óvulo hasta el abandono de la clínica con el recién nacido en brazos, y lo hace desde su estilo característico, mezcla simétrica entre sentimentalismo reprimido y dureza atenuada narrada desde el acontecer diario.

La estructura del texto está configurada desde dos puntos biográficos de tragedia y happy end. El inicial padecer de la protagonista por una serie de circunstancias negativas entre dos continentes se diluye con el estado de buena esperanza y el descubrimiento de un horizonte inédito, un microcosmos de la mujer encinta que se parece a experimentar una nueva existencia dentro de la existencia, un cambio de piel en nueve meses que sirve a la autora para ofrecernos pequeños retales, fragmentos de un ensayo incompleto sobre las novedades en la materia y el gran bazar de posibilidades que permite nuestra aborrecible sociedad de consumo e internet.

Lo autobiográfico en Nueve Lunas tiene interés porque permite diferenciar y ubicar a la narradora, una inmigrante peruana privilegiada al cursar estudios y dedicarse a lo suyo en la agreste Barcelona, una mujer que abortó tres veces en el pasado y mantuvo una difícil relación con sus padres, experiencias resucitadas por la situación que dibujan una dualidad entre la pobre América, dulce en otros aspectos más amigables, y la opulenta Europa de hospitales públicos donde parir se convierte en un master con cursos y asistencia individual con médicos imbuidos de extraño léxico y normal antipatía que ayudan a la parturienta a comprender mejor su propia feminidad antes de la hora P.

La situación es compleja y genera una absoluta necesidad de recabar información. Gabriela Wiener husmea en libros y en Internet. La red es el mercado soñado con contenidos de todo tipo, iglesia de fanáticos del porno con embarazadas y catedral de consejos prácticos. La dinámica de estas búsquedas aporta pinceladas ensayísticas ciertamente idóneas para un amplio reportaje periodístico, no así para un libro donde quedan diluidas por exceso de crónica autobiográfica, válido en Sexografías al tener esa obra las coordenadas precisas para emprender un relato de ese tipo al penetrar en espacios inusuales. ¿Lo es la gestación? Sí, sin duda, aunque quizá sea más útil leer un volumen científico que explique al pormenor los pasos que siguen las madres del mañana en sus 300 jornadas de convivencia interna con el feto sin necesidad de profundizar en la frivolidad del vestido que no cabe al tercer mes e impide ir a una fiesta literaria. Hay visiones y visiones del gonzo. En mi modesta opinión es un género imprescindible para plasmar recovecos inauditos, rincones marginados y situaciones que pese a estar insertadas en nuestro devenir se encubren como si fueran pecados letales . La idea de hacerlo sobre un tema universal es atrevida, si bien como experimento no funciona porque al hablar de un fenómeno por todos conocido lo explosivo se pierde y se empantana en lo previsible.


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