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martes, 24 de noviembre de 2020

Donald Trump nativo de Chamberí en Todos somos sospechosos


 

Hará cosa de dos semanas dedicamos la bio deslavazada de Todos somos sospechosos a Donald Trump, nativo de Chamberí, Puedes escucharla aquí

martes, 25 de febrero de 2014

Viernes 28, 19 horas: Loopoesía en Fnac Castellana



Tras el buen debut barcelonés Loopoesía empieza su primera parte de la gira de 2014 que llevará durante marzo el proyecto en Madrid, Murcia y Roma. El viernes 28 a las 19 horas estaremos en Fnac Castellana para ofrecer el show "Al Aire Libre". Puedes leer toda la información clickando aquí


Loopoesía es amor

sábado, 7 de diciembre de 2013

Especial Buñuel (I): Luis Buñuel, de Ian Gibson

Ian Gibson, Luis Buñuel, Aguilar, Madrid, 2013 





Hay una serie de personajes que influyen en la formación de un individuo. En mi perfil Luis Buñuel juega un papel inconsciente desde las entrañas hasta un modo de entender el arte y la cultura. Y digo inconsciente porque si bien nací en Cataluña desde pequeño he bebido Aragón a todas horas, por genes y por mi abuela, que desde Fuentes de Jiloca llegó a Barcelona por culpa de Franco y los que hundieron a este país en un largo abismo al que ahora quieren volver a precipitarnos sin ningún tipo de piedad y mucho cinismo.
Lo aragonés para muchos se entiende cómo bruto y contundente, pero hay maneras de expresarlo. Se opone, y aquí alguien puede criticarme por ir al tópico, a una cierta finura conformista y muy complaciente que detesto. En este caso más que lo dicho viro el matiz hacia un arrebato que ataca porque está harto de lo establecido y quiere transgredirlo.

Sin duda en la figura que abordará estas páginas todo ello nace de una fuerza imposible de entender sin un origen social muy holgado que permitió al cineasta una educación privilegiada y unas aventuras que otros no podían permitirse. Suerte que tuvo y tuvimos por la labor de su padre en Cuba durante treinta años, amasando dinero que en 1898 le permitió retornar al terruño como un indiano filántropo que se preocupó por sus hijos, aunque estos en su muerte, sobre todo quien nos concierne, sintieran una especie de liberación alucinógena.

Este verano devoré durante varias noches películas y documentales sobre el director de Tristana. Fueron un complemento de remembranza que dos publicaciones recientes han ampliado hasta el infinito. La primera de ellas es una magna biografía del hispanista Ian Gibson, con la que completa la trilogía de sus tres amigos. En su momento devoré la de Lorca y la de Dalí, a quien admiro en muchos aspectos y detesto en otros, no ha llegado a mis manos, pero esa da igual. Me fío del criterio del irlandés de Lavapiés, quien pese a las dificultades que le impedirán completar su proyecto ha trazado un cuadro de casi mil páginas que cubre los treinta y ocho años iniciales de su objeto de estudio, del nacimiento a la fuga, porque Buñuel siempre escapó, con destino a los Estados Unidos.



La segunda pieza recoge las conversaciones de Max Aub con el león de Calanda  en una monumental edición de Carmen Peire para Cuadernos del Vigía. El volumen, espectacular, se enriquece con amplios ensayos del español parisino sobre las vanguardias que influyeron a Buñuel. Las diferencias entre ambos textos, de Gibson a los diálogos, son lógicas y comprensibles. Uno se nutre del estudio del pasado y el otro tiene la ventaja de la presencia, del tacto, la voz y la sordera. La biografía desmenuza y las entrevistas fluyen. Por eso conviene distinguir entre las dos: parten de un mismo rompecabezas que no pueden interpretar con los mismos ojos.

De hecho Gibson debe a Aub, y lo reconoce como es natural desde la honestidad. Sin embargo su investigación sirve como introducción, como punto que debe preceder a la inmersión a la voz directa. En su tejido hallamos un orden que nos adentra de forma progresiva en un universo que, como todos, progresa a partir de una tónica de estímulos y aprendizajes.

En el Buñuel de la infancia se captan determinados aspectos que luego marcarán su trayectoria. No puede obviarse el binomio entre una Zaragoza convulsa y la placidez de Calanda con sus dimes y diretes históricos de milagros, tambores y naturaleza, tan importante para comprender al aspirante a entomólogo y determinadas imágenes que llenaron sus frescos fílmicos de un surrealismo que, como siempre, se llenaba de lo observado en la realidad. Asimismo esos veranos rurales se fusionaron con lo urbano, inevitable en esa España esquizofrénica de oscurantismo y progreso, en la gloriosa aparición de la iglesia y la afición de los disfraces de cura que dieron paso a bromas marca de la casa, una reacción bien normal en alguien que estudió en escuelas de clérigos durante su formación.



Buñuel dice no recordar en exceso, casi nada, la huelga general de agosto de 1917, donde los anarquistas jugaron tan importante papel. Ese mismo año tomó los bártulos y se fue a Madrid a estudiar a la famosa y añorada Residencia de Estudiantes de la colina de los chopos. En ese espacio idílico hizo deporte, inició alguna que otra carrera y se adentró en los círculos culturales de la capital del reino. Entre los que han permanecido en la memoria figura la tertulia de Gómez de la Serna en el café Pombo. Aturde ahora pasar por la calle Carretas y toparse con una gran multinacional ibérica de ropa para clase media a precios de saldo en el enclave de tan ilustre cenáculo, decisivo para el aragonés y tantos otros miembros de su generación, entre los que Gibson menciona con justicia a Guillermo de Torre, exiliado a Buenos Aires tras la guerra que sin hilvanar teorías propias supo dar el impulso justo a las vanguardias al estar atento a lo que acaecía fuera de nuestras fronteras, algo admirable se mire como se mire que recibió un fuerte impulso por la agitación cultural que se respiraba tanto en Barcelona como en Madrid. En esta última no sólo las publicaciones supusieron un espaldarazo para ultraístas y epígonos. Las visitas de jóvenes como Vicente Huidobro respaldaron una serie de tendencias que además se veían arropadas en la expansión intelectual por una serie de nombres que servían de referentes en la difusión de corrientes y actitudes, desde Ortega hasta Unamuno pasando por Juan Ramón.

Para Buñuel la influencia de Gómez de la Serna es impagable como veremos en la segunda entrega de esta serie. Ahora me apetece recalcar otro factor insinuado. La mezcla de generaciones, ya visible en la Barcelona dels 4 gats, ejerce en aquel Madrid una atracción de crecimiento, una efervescencia irrepetible que sigue pasos marcados en la línea del aprendizaje básico: de los mayores se aprende y una vez se han asimilado los conocimientos llega la hora de volar.

Gibson, experto en la materia, casi un inquilino de la misma, se recrea en su relación con Lorca y Dalí, obviando dentro de la formación la trascendencia de las conferencias que brindaba la Residencia a los que reposaban en sus muros. La amistad de estos tres grandes, con Pepín Bello y otros de fondo, resalta en anécdotas, noches toledanas, poemas y epístolas que, siempre desde mi humilde opinión, sólo convergerán de verdad en dos momentos muy concretos si nos ceñimos a la cronología del volumen: Un Chien andalou, donde quizá el perro era Federico, y el compromiso del poeta y el cineasta con la Segunda República española.



En 1925 otro viaje es la superación de la encrucijada. París es el cine y el estímulo de la misma existencia. El visionado de Las tres luces de Fritz Lang le decantó por el séptimo arte, donde hizo sus pinitos como figurante en películas de Jean Epstein, quien a su vez le enseño sus primeros rudimentos de técnica cinematográfica. Lo sorprendente es que al final de esta singladura de pedagogía fílmica Buñuel, en estrecha y sincopada alianza con Salvador Dalí, nos regalara  Un chien andalou y L’age d’or. Gibson dedica dos extensos capítulos a la gestación y repercusión de estas perlas surrealistas que dieron al de Calanda y al catalán su pleno ingreso en el grupo de Breton. Resulta curioso, permítanme el paréntesis, que sea un irlandés, por muy nacionalizado que esté, quien dedique un libro fundamental a un aragonés errante por las circunstancias históricas. Apunto esto porque considero que ahora que está tan de moda conmemorar resulta que de repente el legado del director de Viridiana sí que importa y muchos españoles se han empapado de su trascendencia. ¿Seguro? Desconfío por norma, más en este caso, donde la autoría de la biografía que me genera estas reflexiones sirve para demostrar un mal endémico de nuestro país, donde los más grandes quedan relegados al acopio nominal, a la exhibición de legajos para presumir de algo que no se conoce, entes extraños que provienen de las raíces de la planta, que las desaprovecha por ignorancia y porque lo efímero traga tanta tierra que produce el olvido de lo importante, relegado a la cómoda fachada de la complacencia y la palmadita en la espalda de la falsa sabiduría, antro donde se catapulta una modernidad de pacotilla que desdeña la vanguardia y la verdadera transgresión.



Un chien andalou y L’age d’or son giros copernicanos que dan al cine la pátina necesaria de ingreso en los ismos. Antes sí, hubo El nacimiento de una nación y el entretenimiento de los cómicos que también inspiraron a los surrealistas. ¿Cómo borrar del mapa a Chaplin o Buster Keaton? Las películas de Buñuel irrumpen con la insolencia de quien quiere acabar con todo y no tiene pelos en la lengua. La estructura de su cortometraje con nombre canino siempre me pareció una burla proustiana con esos saltos temporales, un desafío al clasicismo y una oda indirecta a Freud, padre de tantos detalles que de mencionarlos correríamos el peligro de metamorfosear este artículo en una tesis doctoral. El ojo cortado, la bicicleta, los burros, las nalgas, la playa y las obsesiones musicales, donde se introduce esa ironía demasiado fina para algunas orejas, son un entremés que la financiación de los vizcondes de Noialles, íntimos de Cocteau, propulsa hasta los topes en L’age d’or, donde las partes conectan dentro del absurdo con mayor naturalidad porque el metraje así lo propicia y el guión ya no se basa en el encadenamiento de una espontaneidad meramente onírica. Hoy en día pretender rodar algo similar y proyectarlo en cines comerciales sería un suicidio entre muertes infantiles, obispos esqueléticos, ¡viva los mallorquines!, y Cristos que salen de orgías. En 1930 la censura pasó por alto en primera instancia tanto delirio razonado, siempre lo es si el artista sabe lo que se hace, hasta que la tensión que anticipaba la década saltó y la extrema derecha actuó con sus armas habituales de violencia.
El filme no volvió a ser exhibido en Francia hasta 1983. Durante los años treinta Buñuel rompe con el grupo surrealista porque privilegió su afiliación comunista, que siempre ocultó pese a sus evidentes simpatías con la URSS y Stalin, ideología que desgranó a su manera, como puede verse en Las Hurdes, donde lo revolucionario en realidad fue penetrar en ese agreste territorio y montar un documental que mostrara la desolación de un modo tan crudo y salvaje con tintes tan personales, reflejados desde la primera escena de los gallos hasta la última con los niños que no lo son. El gobierno de la República no creyó conveniente exhibir la cinta. Durante ese lustro dorado de nuestra historia Buñuel fue padre por vez primera, trabajó como encargado de doblaje en la sección madrileña de la Warner y fue el hombre en la sombra de la compañía cinematográfica Filmófono de Jaime Urgoiti, que produjo cuatro películas de notable éxito para lo que era el cine español de entonces, un niño pequeño que apenas empezaba a balbucear cuatro sonoridades.



No hemos hablado de hombre en la sombra por casualidad. Los vetos comerciales a L’age d’or y Las hurdes no deprimieron el ánimo del cineasta aragonés, quien seguramente estaba convencido que sus obras iban a permanecer, por eso optó no por firmar la tetralogía de Filmófono, bien consciente de su leyenda surrealista. La Guerra le empujó, era donde mejor podía servir a la República, de nuevo a París, concretamente a la embajada española, donde fue una especie de jefe de protocolo por sus contactos. Además de tan peculiar misión también se dedicó a supervisar el pabellón español de la Exposición Universal que la ciudad de la luz organizó en 1937, espacio donde el público pudo contemplar el Guernica entre muchos otros logros de nuestra cultura.



En 1938 Buñuel, ayudado por sus amigos Rafael Sánchez Ventura y Charles Noialles, parte por segunda vez a los Estados Unidos para supervisar para el gobierno republicano dos películas que se iban a rodar sobre la Guerra Civil. Fue un adiós providencial enturbiado a posteriori por Salvador Dalí. La tragedia de los diecisiete años que van de Las hurdes a Los olvidados y la resurrección mexicana son aspectos que sí pueden leerse en el volumen de los diálogos de Max Aub.

La biografía de Gibson tiene la virtud de su ingente documentación, la característica prosa del irlandés, a veces con un cierto aire anquilosado, y el fundamental motor del estímulo, pues a través de su lectura resulta sencillo formular reflexiones que inciden en nuestra época y desde el infortunio de Buñuel vuelan al pesar por lo perdido y la situación cultural actual, donde huele a quimérico que un esfuerzo como el suyo diera sus frutos en esta tierra tan rica y tan pobre, ingrata con sus hijos, reacia a postulados que den vueltas de tuerca cuando es algo que debería llevar gravado en su sangre.




martes, 30 de octubre de 2012

Podcast de tapas entre Madrid y Barcelona en "Todos somos sospechosos" de Radio 3



Esta madrugada he pasado por el Todos somos sospechosos de Laura González para hablar de bares entre Madrid y Babilonia, bares buenos, bonitos y baratos con tapas que merezca la pena conocer. Como es normal la charla ha derivado en otros temas. Para escucharla puedes clickar aquí

jueves, 7 de abril de 2011

Poema "Plaza mayor"


Plaza mayor por Jordi Corominas y Julián


Madrid, futbol turístico,
Spiderman pasea tieso
cruzándose con Winnie de Pooh,
sueldos congelados
calamares congelados,
bocadillos cefalópodos
acaparan los chinos
los nuevos negocios,
lo comentan camareros
en la esquina
del mayor cuadrilátero, y yo
libreta en mano, lo escribo
con carnaval cubriéndome
la espalda, anunciándome
el mundo, condensado
en
piernas, fotos, escotes
loterías, adoquines bañados
para la llama de papel maché.

Fuma el hombre araña, recibo
un mensaje del extraviado
y prendo mi pelo
al sol en la postrimería
de celebraciones que el arco
anuncia como la vanguardia
de un confín donde obreros
ríen, tiran pan y las palomas
cobran la pieza, indemnes
al bullicio del mediodía,
magenta verdugo cardenalicio.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Historia de dos ciudades y sus andares en mi sección "Irse al otro barrio" de Bcn Week


Historia de dos ciudades y sus andares by Jordi Corominas i Julián

Cada vez visito más Madrid. Cuando era pequeño la odiaba, seguramente porque nuestra educación pública más que unir separa desde su absurda pátina nacionalista, y por eso es una suerte crecer y darse cuenta de lo que vale un peine. La capital del reino, que esperemos en breve sea República, tiene de todo como en botica. Cada saludo a su suelo es descubrir maravillas desconocidas que embargan mi ánimo y lo llenan de una alegría intensa que siempre depara un nuevo ingrediente. Sí, está la noche con sus alcoholes, sonrisas, abrazos, miradas, personajes, besos y desmanes, pero cuando luce el sol sé que puedo deleitarme con otras riquezas nacidas por el carácter de los habitantes de la Villa, risueños y siempre dispuestos a entablar conversación con desconocidos por la extraña conciencia de una paridad entre humanos, todo lo contrario que en Barcelona, donde pisando el Paseo de Gracia siento el horror de la velocidad y pienso en el pánico que le entraría a Baudelaire al comprobar que mis conciudadanos son huraños, carentes del suficiente ánimo para romper con las convenciones e intentar una sociabilidad que les granjearía la simpatía de los recién llegados, hombres y mujeres que suelen alegrarme el día cuando dicen aquello de no pareces catalán, expresión de hondo significado, porque cuando llegas sin nada en los bolsillos de la amistad clamas comunicación. Estas dos actitudes simbolizan las diferencias de las divas españolas, enfrentadas por la Historia en una lucha de cartón piedra que el balompié expresa para mayor regocijo de la ociosa sociedad que nos ha tocado sufrir, Barça versus Madrid para crispar ánimos y ocultar esquizofrenias que la política y el tenebroso pasado de la piel de toro enhebran en una continuidad lastimosa que aleja la máxima de los polos opuestos se atraen.


El lunes por la mañana pasee en solitario por la Calle Carretas, una de mis favoritas del centro. Observaba el ambiente y noté sin mucha dificultad como las personas charlaban de sus cosas, sí, pero siempre con ojo avizor ante lo anómalo y lo sublime, firmes en su paso, pendientes de cualquier bache del camino por la innata curiosidad humana, útil para soltar un comentario divertido e integrarse en el magma urbano. Pocas horas después aterricé en la Ciudad Condal y me citaron para una reunión. Cogí el metro y al salir a la superficie me desesperé por la lentitud de los pies, tortugas desprovistas de ojos en el cogote, mentes ensimismadas en la nada que impedían mi avance, como si con su silencioso caminar defendieran una anónima muralla que aun lucho por descrifar. De repente surgió una asociación, un símil futbolístico. El Real Madrid es un equipo que en su actual configuración se distingue por su pegada, lo que implica simplicidad en el juego y efectividad máxima, algo parecido al caminar de los madrileños, que no se andan con tonterías y van directos al grano cuando transitan por sus avenidas, todo lo contrario que los Barceloneses, directos pero, ya habéis comprobado mi desdicha, irrespetuosos por una insólita habilidad en bloquear el progreso de otros transeúntes. Quizá por eso el Barça es una escuadra espectacular que destaca por el toque rápido, como si de este modo los jugadores azulgrana evitaran el slalom que los socios de la entidad inventan cuando se topan con otros individuos en la Calle Pelayo o en las escaleras del underground, donde pese a la norma no escrita de habilitar dos carriles, uno para los estáticos y otro para los que tienen prisa, a veces resulta un drama sortear obstáculos y llegar a la cima. Por eso los chicos de Guardiola tienen a un Messi, hombre genial que tanto en Verdaguer como en las Gaunas sabe cuando colocar el regate justo que anule el previsible aburrimiento de los contrarios y los transporte a una dimensión donde la lentitud no tiene lugar, universo destinado a catapultar la magia que aniquile la mediocridad de ahorrar en zapatos, filigrana que muchos practicamos en nuestro día a día con el mismo estilo ignorando la supuesta elegancia de Cristiano Ronaldo, un tipo que, como los madrileños, te mira directamente y más o menos indica que hará en el siguiente movimiento, bailarín sincero al que le falta la sutileza de su odiado argentino, joven que con su guante blanco se hermana con Barcelona y le pide más clase para mayor comodidad del colectivo.

Ilustración: Nil Bartolozzi

sábado, 31 de julio de 2010

La ceba, la merenga i la necessitat de canvi en la revista Bagant


La ceba, la merenga i la necessitat de canvi per Jordi Corominas i Julián

Aquests darrers dies he anat a recitar amb uns amics a Madrid. Ens fem dir Delaonion, i el nom no té intenció bromista, és ben seriós, i significa entendre des de la nostra edat que hi ha una nova Catalunya que pot ser de la ceba, però des d’una realitat multicultural, on vàries llengües poden ser vehicle d’expressió dels ciutadans que habiten la nostra terra. El mateix ha de passar amb l’eterna concepció que tenim de Madrid, ciutat encantadora que no cal confondre amb el seu equip de futbol. La meva visita ha sigut la confirmació de la confirmació d’una estima recíproca basada en la possibilitat de fer coses plegats, sent ciutadans amb iniciativa i voluntad d’entesa, no com els desacreditats polítics que ens governen, persones que des d’un cinisme més que evidente manifesten a cada pas que donen no haver aprés res dels grans homes, empetitint-se mentre fan el ridícul i demostrant que convindria abandonar el conformisme i fer que la veu del poble cridés ben fort la necessitat de canvi. Aquesta es pot enfocar de moltes maneres, i una d’elles és abandonant tòpics, sempre fomentats pels mitjans de comunicació, per a centrar-se en un apropament positiu. La història de dos ciutats de Dickens ha de quedar resolta en el cas español mitjançant tonteries de pa i circ, rivalitats esportives de diumenge per la tarda, bar i patates braves.
Les dues mentalitas del Barça i del Madrid no representen exactament la mentalitat de les dues capitals. Els blaugrana també hem viscut etapes dures de despropòsits, no molt llunyanes, on algunes frases presidencials eren més que patètiques. En Guardiola, que no pas en Laporta, ha tornat uns valors al club, valors que por sort els onze jugadors han ampliat amb el seu joc artístic i contundente. La manca d’idees del Madrid es deixa veure a través del talonari, més pràctic que el pensament, vàlid per a amagar defectes que igualment salten a la llum pública per arrogància, prepotència i unes maneres xulesques que encaixen amb la dels polítics. A l’aeroport de Madrid es venen més samarretes del Barça, i m’agradaria analizar el fet com un èxit del sentit comú i l’amor que la gent sent per la feina ben feta, de la que tots hauriem de prendre exemple per a crèixer, entenent que més que les banderes els punts de vincle entre els èssers humans són les virtuts que s’apliquen i corren pletòriques de millora.

Foto: JCJ, Roma, Julio 2006