viernes, 21 de septiembre de 2012
Podcast de una ruta de bares antiguos en Todos somos sospechosos de Rne3
La madrugada del pasado jueves debuté en Rne3 de la mano de Laura González y su programa Todos somos sospechosos. Hicimos una ruta por bares antiguos de Barcelona, desde el emblemático Marsella hasta las bodegas de Gràcia, y claro mientras paseábamos nos movimos por otras cuestiones. Puedes escuchar el podcast clickando aquí
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Todos somos sospechosos
Ente loopoético en FnacShot
Los chicos de Fnac me mandaron un cuestionario más bien curioso que respondí como buenamente pude. Puedes consultar la entrevista clickando aquí
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Jordi Corominas,
Loopoesia
Viernes 21, Recital para Casa Macedonia
Desde la Casa de Macedonia en Barcelona han tenido la extraña idea de invitarme al evento de hoy. Recitaré Las nocheviejas del patriarca con el nuevo audio que preparé a finales de 2011.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Podcast del Laberint sobre fugas literarias
Ayer en el Laberint de Wonderland hablamos de fugas literarias, moviéndonos con Giacomo Casanova, pasando por El Conde de Montecristo y aterrizando al final con Las uvas de la ira de Steinbeck y Correr de Echenoz. Para escuchar la sección puedes escuchar el audio del enlace a partir del minuto 40 clickando aquí
martes, 18 de septiembre de 2012
Miércoles 19: "Fugas" en El Laberint de Wonderland
Si la semana pasada hablábamos de retornos, este miércoles damos una vuelta de turca y nos centraremos en varias fugas literarias de distinto pelaje.
1.- La fuga dei Piombi de Casanova y su modernidad en 1755.
2.- El Conde de Montecristo, inevitable
3.- Fugarse para sobrevivir con Las uvas de la ira de Steinbeck
4.- Emile Zatopek y el Correr de Jean Echenoz
Cada miércoles a partir de las 15h
Radio Nacional- Rne4
100.8 fm Barcelona
En directo:Rne4
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fugas literarias
lunes, 17 de septiembre de 2012
Medusa de Ricardo Menéndez Salmón en Revista de Letras
Tras una estela europea: “Medusa”, de Ricardo Menéndez Salmón,por Jordi Corominas i Julián | Destacados | 17.09.12
Medusa. Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral (Barcelona, 2012)
“Ensuciar el velo levemente para transparentar lo que el velo oculta”.
Pierre Michon y Ricardo Menéndez Salmón riman, y además consiguen que tras leer sus novelas acuda como un tonto al buscador de Google para intentar dilucidar si sus personajes son reales o imaginarios, tal es la potencia de lo narrado y el impacto de su invención, capaz de confundir la Historia con la ficción porque funden ambas coordenadas con pasmosa naturalidad y unos mecanismos que no sólo muestran habilidad para con las palabras: van más allá porque aspiran a la reflexión del contenido para dar a la literatura una categoría crítica que nunca debió perder.
Prohaska. Aproximadamente 352.000 resultados en 0,29 segundos. Abro el primer enlace. Herbert Prohaska nació el ocho de agosto de 1955 en Viena y es un ex futbolista austríaco. Tiene Wikipedia en castellano e inglés, pero como entenderán nada tiene que ver con Medusa, última obra del escritor asturiano que vuelve a sumergirse en los vericuetos del siglo XX para intentar comprenderlo mediante pequeños e importantes detalles.
El Prohaska del autor de La ofensa puede que parta de Jan Van Eick y su matrimonio Arnolfini. Así deberíamos entenderlo a partir de la secuencia inicial que nos sitúa en una obsesiva quete del horror por parte del narrador, quien visiona un breve filme de matemáticas y despiadadas ejecuciones en el campo de concentración de Kovno. Al final del silencioso metraje aparece la rúbrica Prohaska me fecit. Del Jan Van Eick fuit hic 1434 a la eficacia de la muerte industrial nazi median quinientos años de evolución capitalista. El refinamiento de querer ser reconocido como pintor del retrato de una familia emergente de pioneros flamencos ha cedido el paso a una fría coda notarial que desencadena las páginas que leeremos, puzle biográfico que recorre el Novecientos a través de un solo hombre que captó su demencial dimensión.
Uno de los aciertos de la última pieza de Menéndez Salmón, que debe leerse como un continuum en relación a sus anteriores volúmenes, es la ubicación espacial y cronológica de su principal protagonista. La primera parte de la vida de Prohaska transcurre entre 1914 y 1945, años de la guerra civil europea alentada por Alemania. El chico del norte padece desde su más tierna infancia la palpable amenaza de la guadaña. Su padre fallece en la Primera Guerra Mundial y su madre es una especie de sombra maldita que le desprecia. Esto produce un proceso de interiorización con leves destellos que anticipan el futuro con el ajedrez y el interés hacia las artes plásticas. Llega Versalles, transcurre Weimar y en 1929 el adolescente se traslada a Berlín, como si su aterrizaje a la capital, y por supuesto es así, conllevara renacer en la era precipitada por el crack bursátil de Nueva York y el ascenso del nazismo.
En 1933 las tornas cambian desde Clío y en lo personal. Prohaska es reclutado por un miembro de la intelligentsia del NSDAP y se integra en la cadena fundamental. Al mismo tiempo su inserción en el panorama histórico con mayúsculas se entremezcla con un flechazo amoroso absoluto y el surgimiento de su única amistad: Jacob Stelenski, judío y preservador del legado del genio de cámaras, lienzos y celuloide.
Es interesante remarcar un aspecto. El protagonista recorrerá la atrocidad a lo largo y ancho de Europa. Presenciará la Guerra Civil Española, captará el inicio de la expansión nacionalsocialista y retratará a sus allegados mientras gira la rueda y la muerte, personal y colectiva, va infiltrándose en su cuerpo de manera simbólica, dejando heridas imperecederas. Sin embargo, su principal apuesta será de una coherencia que lo enmarca en una contradicción irresoluble. Será el mejor testigo de la hecatombe y cumplirá una premisa consistente en ser un hombre sin rostro, inasible para los mismos aparatos que usa para expresarse, lo que plantea la duda de si su actitud es la de un ser ético o simplemente la de un señor que no quiere salpicarse con la sangre que ha cimentado su prestigio. Sería ingenuo contemplar al pintor de la vida moderna como un individuo sin ideologías porque precisamente sus decisiones están determinadas por una avalancha de las mismas, nada anómalo para su tiempo.
Cada vez tengo más claro que las novelas de Ricardo Menéndez Salmón, y lo mismo ocurre con el ya mencionado Pierre Michon o los monumentos de Sebald, son ensayos encubiertos, más ágiles porque la prosa articula una trama, pero ensayos al fin y al cabo que reflexionan en voz alta y ofrecen una serie de ideas fuertes que se plasman a través de una poética de la imagen filtrada por los vocablos. Prohaska es más un estado mental que un ente físico. Sus trabajos y días soportan parones que son terapias para rehacerse del azar y la objetividad que aplica en su arte desde la pertenencia al engranaje del terror. Eso y saber sin plena conciencia, porque su acción acaece en un mundo fluctuante que genera incomprensión entre los que lo habitan, incapaces de dar en el diccionario con términos válidos para definir lo que padecen en sus propias carnes.
Aquí entra la velocidad contemporánea y el aprovechamiento de recursos hasta sus últimas consecuencias. Puede que Prohaska, como la misma centuria, lo intuyera, lo único irrefutable es que el artista del ojo es un huérfano perpetuo, un nómada que no puede morar tranquilo en la tierra donde presenció, como primer aviso, un masivo suicidio de arenques en el silencio del mar. Su periplo por el planeta que burla el elogio tradicional de la belleza, hundido a finales del siglo XIX por el avance tecnológico y refrendado con las vanguardias, y se sumerge en otras profundidades es una magnífica metáfora sobre lo cíclico del mal, que vuela por el globo sin fijarse en razas ni banderas porque sabe de su indestructible potencia.
Llegará un día, ya lo observa el propio narrador de Medusa, donde toda la extensión del planeta será fotografiada, y entonces la plaga, arquitectura pura y dura del hombre, habrá completado su labor porque no existirá el resquicio de la vía de escape. Si Prohaska se mueve, en un ligero indicio vilamatiano, es para desaparecer y no caer en lo estable que agudice sufrir desde la lentitud acelerada de lo cotidiano, cruento en lo exterior y devastador en lo mental.
domingo, 16 de septiembre de 2012
El buit de l'autobús en la Revista Bagant
El buit de l’autobús, per Jordi Corominas i Julián
La veritat és que aquest mes tenia molts dubtes al voltant del meu article. Ha sigut un estiu on ens han continuat enganyant amb notícies irrellevants. La premsa parlava de la calor com si fos una anomalia, com si tots fóssim rucs i de cop i volta haguéssim oblidat que ens trobàvem en ple estiu. Deixant de banda aquestes foteses us comunico que la motivació del meu text ha sorgit avui. És primer de setembre i sempre recordo aquesta data perquè començà la Segona Guerra Mundial, però tranquils, no patiu, no em mouré per conflictes armats, sinó més aviat per un que em sembla de sentit comú.
Estic empadronat a Palautordera i per motius laborals pujo i baixo constantment, de Barcelona al poble i sant tornem-hi. M’agrada que l’estació es trobi fora del nucli urbà perquè d’aquesta manera preservem la seva bellesa, envoltada de natura i d’un cert punt especial que es ben difícil de trobar a altres indrets. Mantenir aquesta atmosfera implica que per arribar a Santa Maria cal tenir cotxe o esperar el petit autobús que enllaça els serveis ferroviaris amb la localitat. No tinc cap queixa ni dels conductors ni de les parades. Sempre arribo puntual i sóc a casa en un tres i no res, però el cap de setmana hi ha una taca que no sé si depèn de la companyia o de l’Ajuntament, doncs no sé qui gestiona el transport.
De dotze a cinc no para cap autobús a l’estació, i em sembla surrealista, doncs és en aquells instants quan arriba més gent. Aquest interval sense vehicle motoritzat comporta que els viatgers hagin de fer veritables esforços d’inventiva, com si de cop i volta durant un breu lapse de temps tornéssim a un passat gairebé prehistòric. En el meu cas concret solc caminar el tram que va del Rodalies al poble, i us juro que tot és molt bonic i que em distrec amb la bellesa dels camps i el progrés de la collita. Podria fer un cant a les meravelles del món rural i dels indubtables beneficis de passejar entre les pujades i baixades de l’asfalt. Arribo a casa i els pulmons respiren, sóc un home nou que ha malgastat mitja hora de la seva existència per culpa d’una administració deficient que desitja que renovem el noble art de l’autostop i la saludable afició a moure les cames i reforçar-les.
No crec que sigui gaire complicat omplir un horari necessari per a moltes persones que no tenen la sort de disposar de familiars amb automòbil. Tot milloraria i no hauria d’escriure articles de caire social destinats a no servir malgrat protestar sigui comprensible i lògics perquè les circumstàncies són ridícules. Fer esport és una decisió personal, traslladar-me on visc un imperatiu. Oi que m’enteneu?
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Santa Maria de Palautordera,
TMB
viernes, 14 de septiembre de 2012
Servicios públicos en "Peligro de extinción" de Bcn Mes
Servicios públicos, by Jordi Corominas i Julián
He pasado todo el verano alejado de Barcelona, lo que me ha permitido pensar mucho en el tema de esta columna. En principio pensaba dedicarla a la incompetencia manifiesta de Artur Mas, rey del cinismo al alentar al pueblo a manifestarse en pos de la independencia, bonita palabra demasiado manoseada por el Molt Honorable, un caradura capaz de incitar a la rebelión contra España mientras arruina a base de recortes un bienestar que siempre parece más lejano.
Otra opción era explicaros la progresiva desaparición del charnego clásico, pero ya tendremos tiempo para tan concienzudo análisis. Al final he optado por abordar una problemática que sufrí en primera persona hace algunos años, lo que con toda probabilidad la convierte en más querida, una especie de eterno caballo de batalla por el que lucharé mientras mis fuerzas resistan y mi vejiga campe a altas horas de madrugada por Babilonia, siempre más puta y diseñada para crear un efecto al extranjero por eso de la fachada y el dinero fácil.
Pues bien, os cuento. El pasado miércoles salí a tomar algo por el Raval, más que nada para cambiar y sentirme integrado en el recinto urbano tras las vacaciones veraniegas. Pasé seis horas en la terraza de un Kebab regentado por unos chinos que hablaban castellano a las mil maravillas, indudable presagio de futuro que se vio acompañado por una intensa lluvia de la que me protegí a base de buenas charlas y una ingesta masiva de cerveza. Cuando la tormenta arreció me encaminé con el resto de la comitiva a la calle Hospital, donde seguimos con el amor al zumo de cebada hasta que la dueña del local nos instó a abandonarlo.
Fue entonces cuando sucedió lo que motiva mi artículo. No está demostrada científicamente, aunque muchos son los que comentan la imperiosa necesidad miccionadora de las mujeres si consumen la rubia favorita por niños y adultos. Los hombres podemos aguantar algo más el líquido, y curiosamente solemos soltarlo en el momento menos oportuno, es decir, cuando los bares han cerrado y no se atisba un lavabo público por ninguna parte, hecho común en la capital catalana, donde el interés por recaudar euros a costa del ciudadano, transformado en súbdito, roza lo escandaloso desde que se promulgó la ordenanza de civismo para vender la moto con la habitual soltura que caracteriza a las autoridades municipales.
Dejo de enrollarme. Llegamos a la Plaça de Sant Agustí con su imponente iglesia, una de las obras arquitectónicas más desdeñadas del centro. Me entraron ganas de mear y comprobé que un callejón al lado de la Boquería era el lugar ideal para perpetrar mi delito. El enclave tenía algo simbólico por todo el jaleo de hace dos septiembres con las prostitutas y esas fotos que derivaron en una valla que protege el famoso mercado del sexo. Mi intención no era erótico- festiva. Medité un poco antes de cruzar la acera y encaminarme al rinconcito de mi alivio, más que nada porque la filosofía de quien infringe la ley en este sentido es clara: si puedes busca una cloaca o un árbol para sentirte mejor y menos culpable al no ensuciar el pavimento.
Iba tan contento hacia mi objetivo cuando, de repente, el portero de un hotel me dijo que observara un poco, que tenía a escasos metros un magnífico lavabo público gratuito. Empezaron a sonar campanas y la gente salió a celebrar la buena nueva, un milagro posmoderno de dimensiones estratosféricas. Seguí a rajatabla el consejo y abrí la puerta de la estructura rectangular. Su interior era sucio y desprendía un hedor horroroso. Sin embargo, lo que más llamó mi atención era la enormidad de su espacio. A la izquierda se situaba el inodoro, y el resto era pura fiesta con capacidad para cuatro o cinco personas, quizá por ese rasgo progre barcelonés de querer montar eventos donde no toca y potenciar anomalías. Visualicé una orgia, y hasta contemplé la posibilidad de llevar una minicadena y montar un chill out en miniatura. Era tarde y mi cerebro, abotagado por tanto alcohol, no supo sacar petróleo del hallazgo. Me tomé mi gran descubrimiento con mucha guasa y llamé a un taxi para volver a casa.
El peligro de extinción en el asunto que nos concierne es una falta de respeto al colectivo, condenado a empapar con líquidos corporales el suelo que pisa por culpa de unos dirigentes que sólo colocan urinarios en fiestas y obras sin reflexionar sobre su utilidad en el día a día, factor que demuestra que las políticas actuales se dirigen al beneficio de una casta en perjuicio de la mayoría, y así nos va.
foto: JCJ
jueves, 13 de septiembre de 2012
Reseña de José García en el Blog Sake Literario
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miércoles, 12 de septiembre de 2012
Podcast del Laberint dedicado al Retorno
Hoy inauguramos temporada en el Laberint de Wonderland hablando del retorno en literatura, por lo que hemos coincidido con el hijo pródigo, Ulises y su Odisea, el Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh y La tregua de Primo Levi. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 40 clickando aquí
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