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martes, 14 de febrero de 2017

Diálogo con Enrique Vila-Matas en El Confidencial



El pasado viernes dialogué largo y tendido con Enrique Vila-Matas con motivo de la publicación de su última novela, Mac y su contratiempo. Si quieres puedes leer la charla clickando aquí

miércoles, 17 de febrero de 2016

Diálogo con Jesús Carrasco en El Confidencial



Ayer apareció en El Confidencial mi diálogo con Jesús Carrasco, quien acaba de publicar La tierra que pisamos en Seix Barral. Puedes leerlo aquí

lunes, 12 de octubre de 2015

Martes 13, 19:30: charla con Antonio Muñoz Molina en Animula de la mano de Nollegiu



Este martes y 13 no llamamos a la mala suerte, más bien lo contrario porque de la mano de Nollegiu el espacio de Coworking Animula contará con la presencia de Antonio Muñoz Molina, quien hablará con el público. Mi simple función será presentarlo, charlar un poco con él y propiciar el debate con los lectores. Os esperamos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Podcast del Laberint dedicado a Rafael Chirbes



Hoy hemos dedicado el Laberint al recientemente fallecido Rafael Chirbes, abordando su figura desde cuatro puntos centrales; su vida, el Chirbes viajero, sus nuevos episodios nacionales y la novela de la crisis. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 35 del enlace clickando aquí

domingo, 14 de junio de 2015

Miércoles 17, 20 horas: Charla con Antonio Muñoz Molina en torno a su libro El faro del fin del Hudson



Este miércoles 17 a las 20 horas tendré el placer de charlar con Antonio Muñoz Molina en torno a su nuevo libro El faro del fin del Hudson. El diálogo tendrá lugar en la librería madrileña La buena vida.

miércoles, 25 de marzo de 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

lunes, 9 de marzo de 2015

miércoles, 28 de enero de 2015

Diálogo con Carlos Pardo en NúmeroCero



La semana pasada apareció en Número Cero mi diálogo con Carlos Pardo en torno a su última novela, El viaje a pie de Johann Sebastian. Puedes leerla


aquí su primera parte

aquí la segunda entrega

miércoles, 19 de noviembre de 2014

jueves, 23 de octubre de 2014

Diálogo con Sergio del Molino en Número Cero



El pasado martes hablé doblemente con Sergio del Molino. Por la tarde charlamos en La Central con motivo de la presentación de "Lo que a nadie le importa", pero por la mañana la cita fue más tranquila en forma de diálogo que ahora cuelgo en esta bitácora. Puedes leerlo aquí:


Primera parte

Segunda parte

viernes, 10 de octubre de 2014

Martes 14, 19h30 minutos: Presentación de Lo que a nadie le importa, de Sergio del Molino



Este próximo martes 14 tendré el placer de presentar la última novela de Sergio del Molino, Lo que a nadie le importa. La cita será en La Central del Raval a partir de las 19h30 minutos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Diálogo con Jorge Carrión en Número Cero



La semana pasada conversé con Jorge Carrión sobre "Los huérfanos", segunda novela de la trilogía que inauguró con "Los muertos" y cerrará "Los turistas". Puedes leer la charla en los siguientes enlaces:


Primera parte

Segunda parte

lunes, 7 de julio de 2014

Diálogo con J.A. González Sainz

“SIEMPRE HE TENIDO UNA INCLINACIÓN CENTROEUROPEA”

J. Á. González Sainz | Foto: Maria Teresa Slanzi
J. A. González Sainz | Foto: Maria Teresa Slanzi
Es viernes en Barcelona y se agradecería que la ciudad adoptara el título del último libro de J.A. González Sainz, soriano y triestino a partes iguales. El viento en las hojas, editado por Anagrama, mece vidas, hace correr el reloj del tiempo, contempla la belleza desde ópticas que esconden dobleces y confirma el talento de un narrador único (Premio Herralde en 1995 por Un mundo exasperado), quizá el más infravalorado de nuestra literatura, necesitada de más contenido y menos fachada.
Por azares de la tarde empezamos a charlar poco después de la hora prevista. Nos sentamos en la sección de filosofía de La Central y mascamos silencio, como si probáramos el espacio, como si así se verificara que el sitio es idóneo y podemos empezar. Sí. Enciendo la grabadora.
¿Cuando concibes un libro de relatos lo planteas como una unidad desde el inicio o la idea surge a medida que avanzas con la escritura?Excepto en algunas ocasiones siempre pienso la unión de relatos como libro, no soy de coleccionarlos, siempre hay una idea de totalidad y de tensión con la misma que genera un mosaico desde los varios fragmentos.
Anagrama
Anagrama
El título es El viento en las hojas, e indica muchas metáforas, desde el paso del tiempo hasta otro tema que me parece fundamental: la mirada. ¿Lo enfocabas así?En principio el motivo del título es libre de interpretación, pero lo pensé desde algo inteligible. Todos los relatos son como un intento de conocimiento, a veces incluso humorístico o neurótico, como en el caso del hombre que ve a la mujer tras el escaparate. Ese intento de conocimiento es intensivo y premioso. Llega un momento donde ese artilugio de conocimiento, esa prosa, se queda en suspenso porque no puede ir más allá, como si en algún instante le hubiese fallado la cobertura al lenguaje.
Todos los relatos parten de elementos de la cotidianidad, pero luego con ellos ejerces una especie de metafísica, como con la mujer del escaparate, válida para crear un campo mental que trasciende lo vivido.Sí, intento construir un artilugio del lenguaje al que llamo razón narrativa. Se edifica a partir de la trama, pero en parte también con el desarrollo de otros elementos, engranajes como el toldo o la puerta giratoria. Intento que la historia, la propia reflexión de la prosa, los engranajes y otras cosas que resuenan vayan fluyendo hacia algún sitio. El momento de suspensión es cuando aparecen las hojas, cuando te das de bruces con lo inenarrable, con lo inefable, el punto donde no puedes ir más allá, un umbral de inteligibilidad, lo impepinable de la vida humana. Lo has dicho muy bien antes: todos los relatos están jugados sobre la idea de tiempo, aunque hay varios temas, claro.
Lo del tiempo puede verse desde muchas lecturas, pero una de ellas es que los varios personajes van desde la infancia hasta la muerte.Cada uno de los relatos aborda temas distintos: la fascinación del mal, el objeto del deseo, reflexiones sobre la libertad…La libertad según él sabe a limón.
Pero claro, desconoce el significado de la palabra, así como seguramente los adultos, nosotros, también lo ignoramos pese a tenerla siempre presente.Sí, eso es. El relato está dedicado a Fernando Savater porque lo que me llevó a escribirlo fue la lectura de un capítulo de su libro sobre la libertad. En este sentido el relato es una lectura narrativizada de lo que él trataba de explicar en ese capítulo.
El niño siempre elige el helado de limón…Pudiendo elegir cualquier otro.
Y el padre se exaspera porque sabe que el niño debe probar varios sabores para completar su aprendizaje, pero claro, el pequeño elige sólo uno porque eso es otra opción de la libertad.Exactamente. La libertad es poder hacer, pero no estar obligado a hacer lo que quieras, poder hacer según lo que más te gusta o convenga. La idea de fondo es una reflexión y luego entran otros factores como el padre o la madre.
Creo que valoras mucho el tiempo lento de las cosas, que es el que permite aprender los pequeños dimes y diretes de la cotidianidad.Difícilmente leo una página una sola vez. Me gusta leerla y volver, fijarme en párrafos y la idea de sacar cosas. La lectura tan rápida que se estila hoy saca lo que puede, poco, y en principio no soy el más indicado para dar ese tipo de alimento.
Y el alimento se tiene que digerir, como cuando te encuentras con el relato del hombre que pasea y se encuentra a un viejo que tenía delante y no había visto, esos significa que se potencia la capacidad de observación.Es el encuentro de uno con su vejez. En principio parece lejana y de repente la tienes allí. Vuelve a jugar con el elemento temporal, se encuentra su propia vejez sin previo aviso, como nos pasa a todos.
En este relato del camino te encuentras con el hecho de ver cómo él se da cuenta del otro hombre, pero en algún momento puedes imaginar que no es él, sino otro.Y todo esto surge de los detalles, como la mochila o la visera que desvelan claves, algo importante en los relatos por la condensación de texto e imágenes.
Condensar el mundo en pequeños episodios, algo que por ejemplo haces en el café, un lugar idóneo para este tipo de aspectos.
Dos relatos se producen en un café. Uno es el Comercial de la glorieta de Bilbao, interesante por la puerta giratoria y los espejos. El otro es en Gijón, no me acuerdo cómo se llama, está al lado del teatro Jovellanos. En otros casos los relatos suceden en una calle, en un camino y un puente en una carretera.
Espacios que logran sintetizar.Son espacios emblemáticos, por eso se repiten.
El café sintetiza todo, sobre todo por la puerta giratoria, donde se reúnen todas las edades del hombre.En la puerta giratoria aparecen esos niños que juegan, es un poco el tiempo heraclitiano. Los niños juegan, no les importa nada. Luego aparece la pareja de otra edad, de este modo tenemos la infancia y otra edad, de ahí las distintas reacciones.
Y luego otro personaje clave: el hombre anónimo que mira.Claro, y que mira por una parte la belleza, el anuncio del fin, la infancia y la concentración de varios mundos en un solo espacio.
Por eso te hablaba de un tiempo más sosegado, y entramos en la contradicción de mirar en nuestro tiempo. Vivimos en una sociedad de imágenes donde cada vez la mirada está más denostada a partir de una aceleración impuesta, todo pasa demasiado deprisa.La capacidad de atención, la atención como calidad de presencia en la vida, estar atento es fundamental, percibir.
En un café siempre pasan mil cosas, tienes infinitas posibilidades de captar la realidad.Vidas y conversaciones que puedes observar. La pérdida de los cafés antiguos es una de las grandes pérdidas de la civilización urbana.
Por suerte aun se mantienen algunos que mantienen la tradición y enlazan con una literatura española y sobre todo europea.El libro es un poco centroeuropeo. En España Benet, García Calvo y Ferlosio también están en esa dinámica. Siempre he tenido una inclinación más centroeuropea, algo de Kafka, esa tensión que él tiene de la idea de lo trascendente.
En tus relatos hay tensión, pero más bien hablaría de tensa calma.Tensión de conocimiento y tensión entre opuestos. Juego mucho con eso incluso en los títulos.
Juntando todos los títulos parece que se cumpla la idea de un viaje por los cinco sentidos o por las cuatro estaciones.No lo había pensado, pero me gusta la observación. Al fin y al cabo los buenos lectores complementan el sentido de lo escrito. Los libros y sus títulos tienen que dar que pensar.
Son títulos que juegan con el tiempo y lo corporal, donde se indica la observación y el avance de caminar.La idea del camino es muy importante, es un gran símbolo de muchas civilizaciones. En Ojos que no ven lo trabajé desde varios sustratos que iban desde la infancia hasta la experiencia, lo árido y otros esquemas. Por otra la idea machadiana de camino también ha sido muy importante en mi formación, así como otra idea de Heidegger sobre el camino de campo, hay muchos elementos de ese camino de campo que me interesan, como la propensión hacia una serenidad melancólica que tienen las personas que siempre hacen lo mismo. A partir de repetir lo mismo en distintas estaciones comprenden el ritmo. Tienen una propensión melancólica, pero savia.
Esto me recuerda a la anécdota de Kant con la repetición de su paseo que le permitió asumir la fachada para poder penetrar sin dificultad en el interior.De Kant me gusta que a partir de las siete de la tarde podía dejar de pensar, de darle vueltas a la cabeza.
A partir de eso de darle vueltas me viene lo que decíamos al inicio, la meditación de la unidad, la idea de relatos como un solo cuerpo.He pensado los relatos como piezas.
¿Te lleva mucho tiempo el proceso de generar esta estructura, más que el proceso de escritura?Las cosas se te van ocurriendo. Pueden pasar diez años, o seis o siete, elaboro con tiempo largo. Parto de una idea inicial y luego poco a poco salen los textos.
Pregunto a muchos autores sobre la estructura. Los jóvenes estructuran menos y los autores de tu generación la tienen más presente.Cada uno tiene su método. Marías habla de perderse con brújula. Necesito tener una estructura inicial fuerte que no es nunca la que queda al final, la cambio progresivamente pero al principio la establezco, me siento seguro. También termino por establecer una tensión entre la historia y una dimensión reflexiva.
La trama es importante, pero tú metes mucho pensamiento en tus historias.Existe la idea de una literatura que se ha desembarazado de lo patético y lo sentimental del pensamiento. Creo en lo que decía Pío Baroja de la literatura como un saco roto donde cabe todo, y en este sentido la novela creo que debe verse desde este punto de vista. Hay que tejer bien el mimbre del pensamiento, no lo puedes introducir sin más.
El relato de la mujer del escaparate cumple una función esencial en el conjunto precisamente por eso, porque ahí se articula una filosofía de la mirada.Y como la mente es lo que nos hace ver. Lo que le enamora al protagonista es una imagen, y no importa lo que sea esa imagen.
Me acordé del final del Casanova de Fellini, con Donald Sutherland bailando con un maniquí.Si una belleza nos sugiere no importa que sea estática o móvil. En función de la persona las imágenes determinan uno u otro grado de interés o fascinación, como las personas o los objetos.
Ya casi para terminar me gustaría preguntarse sobre Trieste, saber si influye en tu literatura.No lo sé. Probablemente el próximo libro sea un diario de mis años de Trieste. Si quieres saber la verdad te diré que no me gusta Joyce, creo que he vuelto a leer el Ulises para detestarlo con más fuerza. He releído a Svevo y tampoco me gusta, aunque dice cosas interesantes. En general no tengo ninguna predilección por autores de la ciudad, pese a que Stuparich es excelente y mucho menos conocido que los demás. Me parece que Trieste goza de una gran literatura, pero sus autores, ni siquiera Umberto Saba, no son de mi familia.
¿Más Soria que Trieste?Pues mira, otra de las novelas que espero poder escribir va a ser en parte en Trieste, pero a lo mejor acaba en Soria, como siempre.

martes, 1 de julio de 2014

Diálogo con J.J. Muñoz Rengel

MUÑOZ RENGEL: “CON ESTE LIBRO PUDE HACER MÁS EL GOLFO”

Juan Jacinto Muñoz Rengel | Foto: WikiMedia Commons
Juan Jacinto Muñoz Rengel | Foto: WikiMedia Commons
Es un viernes intenso. Salgo de entrevistar a Agustín Fernández Mallo, descanso media hora en un café del centro y me dirijo hacia la librería Laie, donde he quedado con Juan Jacinto Muñoz Rengel, con quien charlaré sobre El libro de los pequeños milagros, una colección de microrrelatos de la que deseo me hable en profundidad porque, pese a haberlo leído y disfrutado, mi conocimiento del género es exiguo y sé que el autor me desvelará argucias y misterios.
Al entrar en la librería coincido con su editor, Juan Casamayor, de Páginas de Espuma, con quien paso de lo virtual a lo real, y ya era hora. Al cabo de unos instantes aparece Juan Jacinto. Comentamos la jugada un rato, buscamos acomodo y nada, se demora el inicio del verdadero diálogo, el que leerán, porque en la mesa de al lado está Miqui Otero. Más que en un sitio para una entrevista parece que esté en un club social, pero resisto la tentación de establecer un cenáculo y me pongo serio. Enciendo la grabadora.
En El libro de los pequeños milagros detecto tu estilo tanto por los giros como por la forma en que enfocas las temáticas tratadas, pero más concretamente me gustaría saber cuál es tu concepción del microrrelato.Yo siempre he estado contando historias, me siento un contador de historias y por lo tanto narrador, en toda distancia y formato. He trabajado más relatos y novela. El género del microrrelato te permite otras cosas, pero sigue siendo narrativo. Lo entiendo como otra forma de contar historias, lo que no necesariamente sucede con el aforismo, o con un haiku, géneros cercanos, pero que no son lo mismo. El microrrelato cuenta historias, y su diferencia con el relato es que de verdad no sobra nada. Sería fácil pensar que la diferencia entre el relato y la novela estriba en que en el primero se liman retóricas y abundancias que destacan en la segunda, pero donde de verdad no debe sobrar nada es en el microrrelato, donde metes la tijera en las estructuras.
Páginas de Espuma
Páginas de Espuma
Y da la posibilidad de traspasar convenciones.Claro, eso me interesa mucho, es un género que demanda la experimentación. Es transgresor, subversivo y juguetón. La literatura como juego siempre me ha interesado. El microrrelato pide el cambio de formato y que el propio formato sea parte de la trama, y hasta algunos en el libro son criptogramas.
Y en algunos microrrelatos el título es parte integrante.El título es más largo y te prepara para que el microrrelato sea sólo el desenlace, como si la historia se hubiera subido arriba. Todo eso puede hacerse en el género sin que sea un exceso, mientras que en otros casos, como en la novela, el lector puede sentirlo como agresivo.
Lo que dices del lector es interesante porque el microrrelato puede invitar más a la interacción lector-narrador.Sí, y de hecho no sólo el lector no notará que es raro, sino que el propio autor se coartará menos. Hoy el autor tiene mucha conciencia de lo que hace, y eso a veces limita, y lo bueno de este género es que te da alas, y como dices eso establece otro tipo de relación con el lector, que debe ser mucho más activo. De este modo el libro se vuelve más interactivo. Los libros contemporáneos deben tener esto si los comparas con la narrativa clásica. Ahora el lector debe coger las riendas y examinar las múltiples posibilidades, y en el microrrelato más: o participa, o pensará que es una completa tomadura de pelo.
Es importante que hablemos de esto porque probablemente es el punto que genera más confusión al hablar del género.Creo que puede haber mucho lector desorientado, simplemente porque no ha leído microrrelatos, que se encuentre con el libro y de repente ve que no sabe cómo afrontarlo. Quieren leerlo del tirón o buscarle un sentido global, y eso no se da siempre. El texto y el autor tienen que aportar algo, y si eso sale bien se notará, pero al mismo tiempo el lector debe ser cómplice llenando huecos y cuadrando elipsis. Hasta al principio del libro se advierte de ello con las palabras, hay un juego de sustitución de palabras que si el lector no hace mentalmente comportará que el texto no funcione, mejor que lo deje en la librería.
Está la advertencia del principio y el bestiario del final.Ese índice es proponer una lectura alternativa, desordenada. Ahí está la idea de juego. Si el lector no entiende eso seguramente lo deje. Pero sí da el paso quizá será un lector idóneo para el género. He descubierto que lectores de novelas anteriores se descolocan con el microrrelato, pero luego me lo agradecen. Pero es verdad que al principio su reacción fue de rechazo y estupor. Luego juegan.
Tu tienes un gusto por el absurdo y creo que aquí puedes sacarlo a relucir todavía más.Con este libro pude hacer más el golfo, y se nota si lo comparas con mis novelas anteriores. Si lees El asesino hipocondríaco ves un tipo con una mirada distorsionada, sentido del humor absurdo…
Y el sentido del humor deriva de lo que envuelve al mundo de ese personaje.Pero como novela tenía unas normas y debía cumplirlas. El sueño del otro no se parece, la gente la ve más fantástica y más seria. Siempre he intentado ser fiel a mi mismo, pero notaba que faltaban piezas. Creo que con El libro de los pequeños milagros he unido el dibujo de puntos porque tenía un centenar de historias por delante y así logré una buena batida por mi imaginario, mis vicios y mis obsesiones, desde lo Pulp hasta la ciencia ficción.
En tu caso creo que es la búsqueda de la definición de tu imaginario para entenderte mejor.Eso mismo es. Buscaba las cosas que me inquietan de la realidad, las que me turban y me perturban. Traté de sacar mi mundo interior y al final es el que ha trenzado la estructura del libro. Pensé la estructura, pero salió por cómo me configuro por dentro.
¿Escribiste los relatos de forma desordenada o desde el principio les diste un orden concreto?Los comienzos del todo son naturales y espontáneos, más que nada porque debía dejarlos fluir. Al ser fiel a mi mismo salían temas que ya propiciaban la unidad. Mientras escribía los primeros dejaba otros fuera, hasta que encontré puntos en común que apuntaban a un libro. A partir de ese momento empieza un proceso más consciente, y ahí empecé a armar la obra, buscando una arquitectura de coherencia y unidad para que el todo tuviera sentido. No podía sacar un libro desordenado porque hubiera perjudica la idea de microrrelato. La estructura se forma a partir de varios juegos, por ejemplo con el paso de lo pequeño a lo grande o el pasar de lo urbano al mundo hasta llegar a otros planetas, cosa que al principio no me atrevía.
Hay como tres o cuatro microrrelatos donde muy sutilmente dejas caer pullas que muestran tu concepción de determinadas cosas, desde el mundillo hasta nuestro mundo contemporáneo.Sí, sobre todo en la primera parte hay mucho de crítica social y aparecen la crisis, la nueva tecnología, todo desde el sesgo de mi mirada, intentando que haya una historia que revele eso a los ojos del lector y que el lector tenga la última palabra. Los microrrelatos huyen de la moraleja. También, efectivamente, hay pullas literarias, pero no creo que eso interese tanto al lector, ya hay demasiado obras relativas al tema. Me interesaba más una mirada sobre el mundo actual a partir de relatos disparatados, fantásticos o distorsionantes.
Esta semana he entrevistado a una barbaridad de autores. Tanto en Miguel Serrano Larraz como en Agustín Fernández Mallo como contigo me he encontrado con una voluntad de escapar de la linealidad. En Miguel se expresa alterando el orden de la narración, en Agustín moviéndose por estados mentales y en el tuyo por una serie de factores, entre ellos que los microrrelatos se mueven por varias zonas que no respetan una cronología ordenada pese a que las partes terminan formando un todo.El microrrelato por defecto es desordenado, y por lo tanto fragmentario. Intentaba dar un orden dentro del disparate. En El asesino hipocondríaco había la voluntad de contar de una forma no lineal, cortando la narración, dando saltos temporales en la cabeza del personaje. No se lo dice al lector nada de las historias en paralelo que surgen. En El sueño del otro fui más lineal, pero porque entiendo que tampoco hay que luchar contra lo antiguo, sólo explorar, buscar fórmulas nuevas y en esa combinación jugar, tampoco creo que haya que romper totalmente con lo anterior.
¿Ves este libro como un caso aislado en tu carrera? ¿Seguirás con el género?No lo tengo muy claro. Lo que ha pasado es que como llevaba muchos años con novelas tenía una acumulación de ideas que no podía sacar, porque una novela es un compromiso, que es un solo proyecto y una sola idea que requiere tiempo. Se te acumulan ideas que no puedes sacar. Cuando llevas dos seguidas sientes una especie de olla a presión, necesitas sacar esas ideas de una maldita vez.
Y ahí el microrrelato ayuda a soltar lastre.Sí, y hacer cosas distintas, ser promiscuo, frente a la novela, que es más un compromiso. También cabe decir que en la coyuntura actual el microrrelato ha crecido en España tanto en autores como en lectores. He leído mucho microrrelato a lo largo de la última década y eso me ha dado más libertad a la hora de escribirlos. Ahora mismo estoy inmerso en una nueva novela, pero creo que no descarto volver al micro en un futuro.
Quizá ahora lo que falta en España es valorar lo que significa escribir microrrelato y el juego con el lector. Veo a nivel crítico, y me incluyo desde la ignorancia, rechazo e incomprensión.Seguro, algunos críticos creen que está de moda y me dicen que si quiero ganar dinero con ello. El micro sigue siendo un gran desconocido. Las radios y las redes lo han fomentado, pero la gente por la calle lo desconoce. Quizá el principal problema es cómo leer un libro de microrrelatos, quizá como un libro de poesía, desde luego no en el metro, pero sí desde la tranquilidad y la reflexión.
Un acto privado.Que requiere reflexión y asimilación, por lo tanto tiempo. A diferencia de la poesía cuenta historias y tiene un componente hedónico distinto.
En la poesía debes fijarte tanto en el fondo como en la forma.Sí, y quizá rompe más el esquema lineal de pensamiento, lucha más contra la racional, te arroja a lugares distintos y quiebra tu forma lógica de pensar. El micro tiene un punto lúdico donde todavía tiene el germen de una historia.
¿El micro tiene que contener humor?No, para nada.
Hay mucha gente que cree que debe ser una mera explosión.Eso lo acercaría al chiste y sería muy peligroso. Entiendo que los microrrelatos que tienen humor en este libro sólo están para dar aire. La mayoría son más reflexivos, teológicos o epistemológicos. Los humorísticos son una especie de pausa en el camino, mientras que los demás contienen la esencia del libro. El conjunto es importante y el orden también, si metes cuatro microrrelatos seguidos del mismo tipo cometes un grave error.
¿Crees que el micro corresponde a un auge de la brevedad literaria?Puede que haya lectores que se acerquen por eso, como si lo vieran como un pantallazo de Facebook o Twitter. También puede darse que muchos hayan entendido lo difícil que es escribir en breve. Otros pensaran que si su atención se ve disminuida el micro es una opción. En otros sentidos la lectura de microrrelatos sigue siendo comprensiva y requiere profundidad. No se pueden leer como quien lee en la pantalla. Todos leemos cada vez peor entre ventanas, pop-ups y todo lo que nos influye en nuestra época. Leer en libro es otra cosa. El chaval que sólo lee de la otra manera se desacostumbra a leer, disminuye su nivel de comprensión y atención, y eso ya empieza a ser incomprensible incluso con el microrrelato. La lectura hoy en día es superficial. Los tiempos corren rápido, pero la lectura del microrrelato no puede ser superficial. Veremos cómo acaba esto.
Y con el microrrelato puedes transgredir más la realidad.Me gusta transgredir los géneros, fundiéndolos, ver hasta donde se puede llegar con la mezcla. Asimismo, desde un punto de vista más amplio, me gusta transgredir la idea de realidad, el paradigma de realidad que conocemos a partir de algo ya clásico que es el fantástico, y en concreto el fantástico cotidiano que se sitúa en nuestra realidad para introducir el elemento distorsionante que provoca en el lector una reacción distinta y hace que nos preguntemos por nuestros límites de la realidad. Lo hizo Borges, más filosófico, Cortázar y también Lem. El microrrelato como esencia tiene transgredir géneros, puedes saltarte normas y por otra parte es dado a lo fantástico y a lo imaginativo. Es difícil mantener una tesis fantástica durante trescientas páginas, es complicado mantener la verosimilitud tanto tiempo, mientras que en el micro puedes cambiar el mundo entero en un párrafo.
Te lo preguntaba porque el bestiario me recordó a esos dibujos alucinantes de Max Ernst.Muchos son suyos. Está bien la comparación. Crear un compendio propio de animales alternativos, parecidos a lo nuestros pero que en realidad son seres imposibles. El micro permite todo eso. Cualquier autor de microrrelato hace fantástico. Eso no pasa con la novela. El micro lo propicia. Cuando además eres un autor que viene de ese sesgo ya sueltas todo lo que tenías guardado.
Deduzco que escribir este libro fue una especie de liberación.Sí, me he quedado tranquilo, he flotado, me he quedado con menos peso. Ahora no podría escribir otro de microrrelato. Ahora mismo me he quedado descansando, a gusto.

domingo, 29 de junio de 2014

La gota contra la primavera, de Mario de los Santos



La gota contra la primavera, de Mario de los Santos, por Jordi Corominas i Julián
Mario de los Santos, La gota contra la primavera, Edhasa, Barcelona, 2014
Se intuye desde la primera página de La gota contra la primavera una tensión trágica que, sin embargo, tarda en resolverse, y en este sentido cabe considerar que la treta urdida por su autor, Mario de los Santos, es positiva al mantener el suspense hasta los últimos compases de una novela que desde su brevedad consigue ser intensa hasta los topes.

La elección de dirigirse, parcialmente, a una interlocutora fallecida es una buena excusa para desarrollar la crónica de una historia personal que vira hacia lo colectivo a partir de una anécdota que une al conjunto y lo sitúa con concreción desde un plano geográfico y sentimental.

La efeméride se sitúa en un año bisagra donde todo el país olía a fútbol mientras empezaba a instaurarse una normalidad que se consagraría el 28 de octubre de 1982 con la victoria socialista en las legislativas. Un partido de ascenso a Regional Preferente entre el Serín y el Togur deriva en lo que se conocerá como la Campal, una batalla de dos días entre lugareños y la benemérita, episodio cargado de tintes cómicos, por absurdos y propios del Celtiberia show, que asimismo contiene una serie de claves vitales para el narrador, Manuel, quien a lo largo de ese par de jornadas de incierto resultado centrará el foco en su hermano y en una chica del pueblo rival.

El primero es un futbolista de categoría, un chico destinado a dejar el campo y a volar alto hacia la cima regional que es el Sporting. El destino le deparará más sorpresas enmarcadas en el contexto de esos salvajes años ochenta, en especial para una juventud que debía aprender a caminar por la libertad. En la misma se encontrará la adolescente que captará la atención de Manuel, muda interlocutora del manuscrito, musa perdida que además del amor simboliza el amor en sentido absoluto.

También, no nos engañemos, podría apuntar a la reconciliación entre oponentes, pues muchas son las teclas que toca Mario de los Santos. La muerte de veintidós hombres en lo dantesco de 1936 encaja con la paz de los equipos enfrentados, once jugadores en cada bando, como si la matemática activara un resorte matemático, un encaje de un rompecabezas que el resto del país no ha terminado de resolver. La unión hace la fuerza sí, pero como decíamos antes la Campal es sólo una coartada que sirve para dar pistoletazo de salida a la suma de factores que configuran una existencia. El recuerdo activa y de ahí se funden pasado y presente en un solo cuerpo compuesto por la nieta que juega al fútbol mientras crece, los hijos que buscan en su edad adulta y el mismo narrador, duro observador desde una maltrecha atalaya donde las fichas se ven pequeñas sin volverse esperpénticas al estar todas las figuras en un mismo nivel.

En este sentido, el punto de vista y la conciencia decrépita, el modo de abordar la trama me ha recordado a una buena novela española de hace cierto tiempo, El golfo de los poetas del barcelonés Fernando Clemot, donde el protagonista, alcoholizado perdido, se debate en un marasmo donde siempre se alude a la mujer que representaba la verdadera tabla de salvación, desvanecida por las circunstancias, demoledoras e incontrolables, rémoras pegadas a nuestra nave, desestabilizadoras magistrales en la partida con dados marcados.



La experiencia en La gota contra la primavera, glorioso verso de Alfonsina Storni, se erige como el cúmulo que permite la comprensión de lo pretérito desde un escondite, la sombra que hace la farola, próximo y en las antípodas de los semejantes. Lo que se nos cuenta es apasionado por la fuerza de la memoria y alicaído por ausencia y lastre, como si los familiares contemplaran a Manuel desde la triste óptica del desecho. No se percibe afecto salvo en la nieta, y este hecho fomenta aun más la amargura, sólo cancelada del territorio escrito cuando salta la Campal y la génesis de la leve alegría, dulce pájaro de juventud, paréntesis previo al encontronazo de los palos auténticos.


La brevedad de la novela exige al autor aragonés canalizar muchos pensamientos en poco espacio, jugar al retazo con ciertos personajes que podrían cobrar más importancia y pese a ello cuadrar el círculo con solvencia, pues no creo que ningún argumento quede cojo en el conjunto, bien hilvanado y con un ritmo in crescendo que termina por dispararse y explotar en su recta final, consecuente con una intención y un efecto, lúcido si se analiza forma y estructura del edificio. 

viernes, 20 de junio de 2014

Diálogo con Juan Gómez Bárcena

GÓMEZ BÁRCENA: “NO ME GUSTA EL EFECTO GALDÓS”

Juan Gómez Bárcena | Foto cedida por el autor
Juan Gómez Bárcena | Foto cedida por el autor
Es viernes y estoy en Madrid. Como con Pablo Mazo y Juan Gómez Bárcena, ambos cántabros, ambos asociados porque Pablo ha editado en Salto de Página la novela El cielo de Lima, texto con el que Juan se postula como uno de los narradores jóvenes más sólidos de nuestro país, y la afirmación no es gratuita ni propaganda de mercadillo, entre otras cosas porque en sus páginas se respira rigor, capacidad infinita de dar vueltas de tuerca y una precisión que en absoluto riñe con la capacidad de tener una voz propia e imaginativa.
Después de la comida tomamos un café en un bar cercano. Estamos animados y podríamos seguir hablando de nuestras cosas, pero además de para reír y comer nos hemos reunido para que leáis este diálogo. Nos ponemos serios, estallamos nuevamente en una sonora carcajada y enciendo la grabadora.
¿Cuál es el punto de partida de la novela?La primera vez que supe de la anécdota fue en el colegio. Me mandaron hacer un trabajo sobre Juan Ramón Jiménez y me sorprendió el engaño tragicómico al que fue sometido por los dos limeños que inventaron el personaje de Georgina Hübner. Más tarde todo fue concretándose. En 2010 estaba en México terminando Los que duermen y volví a pensar en la anécdota.
Salto de Página
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¿Y cómo se concretó?En alguna entrevista respondí que parte de mi trabajo se basa en la frontera difusa entre la realidad y la ficción. Fue entonces cuando me di cuenta que con la anécdota de Juan Ramón tenía una novela perfecta para trabajar el tema, mucho más que otra novela que había escrito centrada en temas de la realidad virtual hoy. Me di cuenta que era más interesante la efeméride, pese a su antigüedad, para explicar el juego de máscaras que se da en Internet…
Si comparas lo de Juan Ramón en 1904 con la realidad virtual hay un factor diferencial que es la espera.En este punto la idealización puede aumentar porque tardas un mes en recibir respuesta, y no es de la última carta que has enviado.
Le llegan mazos de cartas mensuales.Y eso hace que aumente la ensoñación que idealiza.
Y además 1904 nos hace pensar en la chica que espera las cartas de su enamorado en el puerto, algo que podría haber imaginado el mismo Juan Ramón.Es una imagen muy prototípica. La mujer con un vestido largo esperando en el malecón, como si fuera la única posibilidad de saber si llega el barco de las cartas, algo que no puede darse en Internet, donde las construcciones son inmediatas.
¿La lentitud de la época te ha ayudado a temperar tu novela a nivel de tiempo narrativo?Creo que sí, porque de transcurrir en un tiempo más rápido no podría haberle dado a la novela el ritmo que tiene, donde ocurren acontecimientos, pero tiene un ritmo narrativo acorde a 1904, donde todo parece un poquito más lento, desde una fotografía hasta un luto. Ese tiempo, ese sosiego, ayuda a la configuración del amor en la novela.
La anécdota inicial decía poco de los personajes, te dio juego para desarrollar la novela.La anécdota es muy mínima y de hecho pensé en un relato, pero me di cuenta que el primer capítulo me daba un ritmo lento, con exigencia de más páginas. Necesitaba configurar los personajes. De José Gálvez se sabe algo, pero de Carlos Rodríguez lo ignoramos todo. Los libros que cuentan la anécdota lo hacen con pinceladas, con poca claridad.
Así como el tiempo te permitió tratar todo con parsimonia, el no conocer a los protagonistas te permitió construirlos bien.Si se conservara la correspondencia no hubiera tenido sentido escribir la novela porque gracias a la poca información he podido desarrollar el juego creativo, lo más grato del proceso. El personaje de Carlos Rodríguez está levantado desde cero.
José para la gente del momento tiene un valor mucho más fuerte que Carlos: su familia tiene prestigio y en cambio su amigo es un nuevo rico.Me interesaba jugar con la diferencia social entre los personajes. Era imposible que entonces se entendieran un rico y un pobre, por lo que mezclar un viejo rico con prestigio con un nuevo rico era perfecto. Carlos, en una sociedad tan masculina como la peruana de principios de siglo, tiene una sensibilidad más actual por su forma de percibir la realidad.
Sí y no, por una parte a nivel de ritmo es muy de su tiempo.Sí, y su nivel de idealización es muy propio del Modernismo, pero por ejemplo su relación con las mujeres sufre porque no comparte esa trata de vírgenes y toda la prostitución que tanto gusta a los ricos.
Además es un observador finísimo, no pierde detalle. Quizá por eso acude a ese otro personaje sensible que es el escribiente.Al estar tan sometido a José es un personaje que sólo puede observar, y quizá a medida que avanza la novela va adquiriendo un cierto carácter activo.
A partir de Georgina Hübner encuentra la senda para encontrarse a sí mismo.Efectivamente, y hacia la ruptura con ese idealismo que quizá le dañaba, aunque luego dañe a otros. En ese sentido la parte de novela de Carlos es una novela de formación.
En cambio José está más dibujado a retales.Pensé en hacer un personaje más complejo, con más matices, pero quizá enturbiaba el conjunto de la novela, quería que todo estuviera visto con Carlos, por eso José tiene un pensamiento y un cuerpo más homogéneo.
Al principio de la novela el lector puede pensar que ambos serán coprotagonistas, algo que se rompe cuando llega la vuelta de tuerca. Al ser una novela larga has dado muchas para ajustar bien las piezas.Sí, porque así mantenía la tensión, y no fue nada muy pensando, más bien es la reproducción de mi propio pensamiento como autor, porque descubrí que Carlos me interesaba más mientras iba escribiendo la novela, dotándolo de más riqueza. De este modo puede decirse, aunque desde otro tiempo, que el lector descubre la trascendencia de Carlos al unísono conmigo.
No estructuraste la novela.En realidad sí, pero planifico mucho y siempre fallan mis propios esquemas. Tengo mil libretas llenas de esquemas muy pormenorizados porque no me veo con capacidad de escribir sin un plan, pero luego las cosas cambian y te sorprendes. Cuando escribo una línea necesito saber a qué conjunto pertenece.
¿Tenías claro que estructurarías la novela con capítulos cortos?Sí, eso lo tenía clarísimo. Es algo que me interesa mucho, lo mismo que los diálogos, mezclados con la voz del narrador, de este modo intentaba dar frescura a algo que de otro modo quedaría muy antigua. Por otra parte creo que eso es lo que me pedía el cuerpo, la voz que me surgió escribiendo.
Cuando piensas en como es la novela puedes llegar a verla como muy moderna porque es una novela dentro de una novela.El juego metaficcional era uno de mis propósitos, y me lo dio la práctica de la escritura, el narrador habla de 1904 pero al mismo tiempo habla del presente, mira el antes y el después con cinismo, examina esa pasión de vivir a través de la literatura de los personajes, y ellos también lo son, así como Georgina.
Tu novela es moderna, pero la que ellos quieren escribir es más que clásica.Es absolutamente clásica y ellos creen que la musa perfecta de un poeta tiene que ser la realidad, una idea pasada de moda. Su concepción de la literatura es esencialista, pero su novela, la que yo escribo, pudiera en realidad dar la idea contrario, que todo depende de la interpretación, que todo es un discurso y hasta la propia vida de los personajes.
Ellos quieren hablar de amor, pero están muy faltos de afecto.José casi es un coleccionista, mientras que Carlos tiene impotencia física y psicológica de encontrarse con una mujer real, incapacidad que a lo largo de la novela juega con la duda de si es homosexual o todo parte de un idealismo literario de la mujer.
Los dos son hijos de papá, por eso José es un seductor fácil y Carlos directamente ha de encontrar la brújula.Carlos ignora su lugar en el mundo y no le gusta el que le van a adjudicar. No sabe cómo dejar de ser ese personaje pasivo que recibe órdenes todo el tiempo.
Y poco o nada saben de la realidad.Quería hablar de la vida social de la época tal como la veían ellos, no quería hacer una novela donde diera la sensación que los obreros merecen algo. Carlos tiene un interés por la vida obrera, pero es un interés de rico, es incapaz de ver a los obreros como personas. El narrador sí puede, pero eso es parte del doble juego.
Sandoval, que introduce a Carlos en el mundo de los obreros, le da textos comunistas y anarquistas, los lee y poco le queda.No tiene las herramientas ni el interés para entender a Marx y a los demás autores que se leían por aquel entonces con afán revolucionario.
Además tanto el obrerismo como el amor entran por el puerto, que es el buzón de entrada de la época de la novela.Sí, cuando empecé a documentarme sobre el tema y comprobé lo de la huelga del muelle vi que podía incidir directamente en la trama, en este caso porque la trama social impide que su novela avance porque la huelga impide que lleguen las cartas, como cuando no te llega un capítulo de una novela folletinesca. A partir de ese punto las tramas que parecían secundarias empiezan a confluir.
Y luego lo enlazas, para mostrar lo amateur que son ellos, con el famoso manual Schnider.El famoso manual de Johannes Schneider, que por cierto es un personaje que aparece en todos mis libros, cambia de época y de registro sin perder nunca su carácter alemán. En la primera versión de la novela tenía mucho peso ese manual, hasta algún capítulo empezaba con sus frases. Pero sí, ellos son muy novatos, y al mismo tiempo sienten que están escribiendo una novela, algo que les hermana con el pensamiento posmoderno de la realidad como discurso. Schneider es su Virgilio.
¡Pero queman el manual!Sí, lo queman, y por eso a veces notan que la novela empeora e intentan recordar consejos de Schneider.
Eso tiene gracia con relación a cómo se transgrede la linealidad de la novela. Lo haces sin espectacularidad, pero la rompes todo el rato.¿En qué sentido?
En el sentido que la novela que ellos escriben sufre constantes imprevistos que rompen la linealidad de la misma.Tiene que ver con la estética de la recepción, los acontecimientos la modifican, no podían sospechar que llegaría una huelga pero la aprovechan para generar tensión. Luego aparecen más parroquianos que se apuntan a la escritura y la novela se vuelve colectiva. En cierto sentido es como una parodia de las diferentes escuelas de interpretación de un texto literario.
La vida es así, hay una evolución, no pasan las cosas como en una novela canónica.En una novela canónica desde el inicio se prevé el final y en cambio aquí están sujetos a varias cosas. Primero a lo que conteste Juan Ramón, no pueden controlar los capítulos pares, y luego está el tema de los varios autores y las propias circunstancias que van viviendo, como la huelga.
¿Pensabas a Juan Ramón como un personaje invisible que siempre está presente?Un personaje inexistente que estuviera todo el rato, Georgina, y un personaje existente que no estuviera nunca, Juan Ramón. No quería caer en la típica parodia de Juan Ramón. Con el tema de las cartas empecé a leer el epistolario de Juan Ramón para captar el tono. De haber imitado su estilo no hubiera colado, su estilo es exagerado y demasiado desgarrado, por eso opté porque fuera un personaje pasivo, casi no interviene.
En cambio sí que se construye a Georgina.No existe pero es un poco todos. Es el concepto de musa de Carlos, un poquito el que tiene José y también la proyección del deseo de Juan Ramón, que en realidad no está tan ansioso de conocerla como de inventarla en la medida de lo que él espera encontrar de una mujer, ajustarla a sí mismo, a su amor narcisista.
Hay varias trampas en las cartas, pero la fundamental es la de la foto que no llega, la espera de la imagen.Y cómo lo justifican. O lo de la hermana. En cada entrega tienen que justificar las incoherencias anteriores.
Dentro de estos dimes y diretes algo fundamental de El cielo de Lima es el trabajazo de documentación que te has pegado. Lo más importante del mismo es que apenas se nota, es sutil.Me gusta mucho que lo digas, porque lo más difícil es que ese trabajo de documentación se acople de manera natural. Es un poco como lo de la teoría del iceberg de Hemingway: saber cómo sería la vida en la época para luego contar la trama tal y como ocurría en ese mundo sin explicar los ocho novenos de información que hay detrás. No tener que explicar cada detalle, quiero que el lector lo imagine y ponerle las bases para que lo imagine en la misma dirección en que yo lo he imaginado.
Verosimilitud.Básico.
Pablo Mazo: Y eso es algo que diferencia El cielo de Lima de una novela histórica, donde se recrean en la erudición para explicarte cómo se cocinaba en la época, cosas así.
Claro.Si fuera una novela actual no explicarías cómo es un estofado. Quería que la información adicional estuviera justificada. El tema de la prostitución me interesaba mucho y lo metí en la trama, pero porque tenía un sentido. No me gusta el efecto Galdós, donde de repente el personaje llega a todos los sitios y batallas de casualidad.
Aquí todo transcurre con normalidad, sólo se fractura con las putas desnudas en la playa, pero es un episodio cotidiano, no se determina por la trama.Sí, y luego se explica el porqué, es una historia mínima.
Pablo ha hablado de novela histórica, pero esto es una ficción como una casa.Tiene Historia, pero no es la base, la trama es más importante, no explico los datos históricos para que el lector se enganche a la trama.
Y en un futuro no te vas a repetir, no puedes volver a la senda del Cielo de Lima.Siempre me ha interesado la Historia y la Filosofía, seguramente siempre escribiré sobre el tiempo y sobre choques de cosmovisiones. Seguramente el tema de mi próxima novela transcurrirá por ahí, pero vaya, no me han interesado nunca mucho las anécdotas, en ese sentido no me repetiré.
La anécdota suele ser graciosa, lo difícil es llenarla.
Claro, al final la novela no es más que un pretexto para hablar de cosas que no tienen nada que ver con la época ni la percepción del momento. Efectivamente no es el centro de lo que yo he escrito.

viernes, 13 de junio de 2014

Diálogo con Jenn Díaz en Número Cero




El pasado mes de abril tuve el placer de charlar con Jenn Díaz en torno a sus dos últimas novelas: Mujer sin hijo y Es un decir, editadas respectivamente por JotDown y Lumen. Puedes leer la entrevista en dos clicks


Primera parte


Segunda parte 

domingo, 11 de mayo de 2014

La 4arta, de Mario Crespo




La 4arta, de Mario Crespo, por Jordi Corominas i Julián
Mario Crespo, La 4arta, Lupercalia, Alicante, 2014
El pasado viernes presenté, junto a Sergi de Diego, la novela La 4arta de Mario Crespo. En estos tiempos de crisis económica y burbujas de todo tipo siempre es una buena noticia ver cómo determinadas editoriales, casi siempre pequeñas, se atreven a apostar por autores jóvenes que juegan con la literatura, seguramente porque saben que nada puede perderse con las letras, sólo arriesgar e intentar conseguir un resultado distinto por mucho que no salga en los medios generalistas, siempre más condicionados por determinadas estrategias e intereses empresariales.

Hace unos días el autor decía, no sin razón, que el bajón de reseñas en el panorama crítica español ha perjudicado hasta cierto punto la difusión de su obra. La 4arta no es una novela normal. Lo más importante es el salto dado por Crespo, quien en esta ocasión se ha atrevido a dar un doble salto mortal que parte de la estructura y se consolida en las temáticas. Estos dos puntos son los que nutren una novela donde la búsqueda se erige en protagonista a partir de ciertas claves que ordenan y matizan lo narrado.

En primer lugar la estructura gusta, desde un claro apoyo cinematográfico, del salto cronológico bien pautado. Cada tramo del texto viene determinado por un tiempo histórico concreto que el escritor intenta mostrar a partir de señales bien reconocibles. La historia empieza en los años ochenta, con la infancia del protagonista en una ciudad de provincias donde el nacionalcatolicismo aun prevalece con rasgos violentos y de maltrato a la dignidad humana. De ahí que el joven adolescente Barbosa sienta que su vida es un estrés de golpes que curten su piel para crecer. Las hostias, o eso se decía antes, sirven para entender, y aquí reciben un uso que conduce a una progresión mezclada con vías de escape basadas en la amistad y en un libro generacional. La Historia interminable se erige como conector oculto que sugiere huidas hacia adelante no exentas de riesgo, algo que comprobamos cuando saltamos hasta los noventa y de lo rural viramos a lo urbano con un Madrid instalado en la ruta nocturna del bakalao.

De la liturgia de semana santa, canónica en el libro por recorrerlo y apuntalar el constante viacrucis del protagonista, nos adentramos en un universo mafioso que huele a cine italiano y recibe la aportación popular del padrino. Ahora Barbosa es Carlos, un aspirante a hombre que lucha por medrar en cárteles pastilleros. Su experiencia avanzará hacia otro viaje, le obligará a cruzar el Océano y encajará más piezas del rompecabezas.

Estas volteretas vitales no son las de cualquier ser humano. En Nueva York asistimos a la fundación de un organismo religioso donde ya se intuye que La 4arta no es sólo la dimensión buscada por los vanguardistas, sino más bien una etiqueta de duda. Los fieles de la nueva creencia son individualistas y necesitan entender lo que nos rodea desde mecanismos comerciales que falsifican cualquier experiencia. Esta crítica se verá secundada en episodios posteriores, pues al adentrarnos en la segunda sección del manuscrito la fantasía, que en este caso es una libertad sin trabas, hará que volvamos atrás y el padre aparezca en escena, factor que corroborará la idea de quête intergeneracional desde la fascinación por elementos que contienen en su seno sendas proféticas, urnas de carisma que al desaparecer accionan la danza de los peones.



La distopía de 2046, y sería interesante cómo la cinta de Wong Kar-wai influye en el imaginario colectivo tanto en lo estético como en lo temático, es una prueba de cómo Mario encaja en una literatura española que va más allá del presente en algunos tramos para adecuar su narrativa a la trama contada. Los ejemplos recientes son abundantes, desde Jenn Díaz hasta Alberto Olmos pasando por Javier Moreno y Vicente Luis Mora. En La 4arta el trayecto hacia el futuro constituye el fragmento más fresco de la novela porque flota en un magma donde vivos y muertos se arrejuntan, un lugar donde la utopía es una celebración agridulce, porque como ya hemos dicho flota en toda la extensión de la obra un ensayo oculto que entronca con otro tema común en la prosa de los últimos años: la crisis y sus consecuencias, el lamento de la escasez y la frustración por no poder sacudirse el espanto.


Lo más importante, y así lo plasmamos en la charla en Pequod, es que se aprecia en La 4arta un paso adelante, como si el autor que ama convertir en personajes a sus ídolos hubiese desencorsetado sus ataduras para dar rienda suelta a su estilo sin miedos. Esperemos que el progreso que ha demostrado en la aventura de Carlos Barbosa se confirme en próximas entregas de su creatividad.