viernes, 9 de noviembre de 2012
Diálogo con Andrés Neuman en Revista de Letras
Diálogo con Andrés Neuman, por Jordi Corominas i Julián| Portada | 7.11.12
Es miércoles y mi cita con Andrés Neuman para charlar sobre su Hablar solos (Alfaguara) es un hotel de Ronda Sant Antoni. Tengo un catarro de esos horribles. Mi tos es peor que la de Carmen de Mairena en sus mejores momentos, lo que no impide que para ser puntual y matar el tiempo merodee durante más de veinte minutos por los aledaños del lugar de la cita para contemplar los claroscuros de una avenida que en otros tiempos fue muy lumpen y que, en realidad, sigue siéndolo pese a tanto maquillaje de mercadillo.
Suenan las cinco, llamo a un timbre y en la sala está Andrés con Jordi Nopca. No paran de debatir desde la cercanía, su diálogo parece apasionante. Desirée se preocupa por mi precaria salud y me da un botellín de agua. Tengo veinte minutos de entrevista para intentar saber más de Hablar solos, un libro frío como lo que cuenta a través de esos vasos comunicantes que a veces se rompen de un padre, una madre y un hijo.
Finalmente llega mi turno. Nos trasladamos a otra sala y ambos sabemos que lo que toca es una especie de carrera de Fórmula 1 de palabras, un toma y daca veloz para aprovechar el reloj. Fondo blanco, silencio radical. Enciendo la grabadora. Pocas veces veinte minutos dieron para tanto.
Finalmente llega mi turno. Nos trasladamos a otra sala y ambos sabemos que lo que toca es una especie de
Me ha sorprendido observar que pese a lo breve de la novela su proceso creativo ha sido muy largo.
De tres años y pico. No sé escribir de otra forma. Más que rápido soy constante. En realidad no escribo mucho. Lo hago todos los días, pero no más de una o dos páginas al día. Sería incapaz de escribir una novela en pocos meses.
¿Ni en el caso de un encargo para un premio?
Eso es una leyenda urbana. No le pasa a casi nadie. Además, eso de escribir pensando en un plazo es una cosa para la que me siento incapaz y que por otra parte me parece mal.
¿Tienes una metodología adquirida, un hábito de tiempo?
No es una metodología, es más bien una paciencia. Otra cosa es que, una vez el libro esté listo, trates de sacarle el mejor rendimiento, te presentes a un premio y te alegres si ganas. Al fin y al cabo por mi trayectoria, si lo piensas, he publicado más poemarios y libros de relatos que novelas.
De todos modos me interesa mucho el tema del proceso creativo de Hablar solos, la brevedad del texto y la duración de su gestación apuntan a una especie de labor de orfebrería.
Hay una carta donde Marx dice a Engels: Perdóname por haberte escrito una carta tan larga, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta. El primer manuscrito de Hablar solos tenía más de doscientas páginas. A lo largo del último año no hice más que quitar, siempre fue más breve…
Querías austeridad narrativa.
Sí, quería contención, no la quería lacrimógena y sobre todo, como me parecía que la historia habla de cosas críticas, fuertes en términos emocionales, pensé que seria más eficaz desde la intensidad, como si cada voz fuesen hachazos, y en ese sentido cortarlas daba más fuerza a la alternancia de las voces.
El personaje femenino, en relación a los demás, se exprime más. Sus soliloquios son mucho más largos.
Sí. Ella se fue comiendo la novela. Todo empezó por mi curiosidad por el rol de Penélope. ¿En que líos se mete Penélope cuando Ulises está de viaje?
¿Partiste de ese punto?
La road movie es un género patriarcal, muy masculino, salvo Thelma & Louise que fue una anomalía, que a todo el mundo le encantó. Road movie es igual a experiencia masculina. ¿Y ellas qué? Esa pregunta empezó a volverse el eje de la novela, y en cuanto le empecé a dar voz a ella se apropió bestialmente de la trama y descubrí que su parte era la más interesante.
¿Al principio pensabas más en el hijo?
No, al principio pensé en la simetría, que es algo que siempre sale mal, una muleta que sirve para pensar que no te vas a caer y echar a andar sin miedo. Una vez lo haces te das cuenta que la muleta no era necesaria. Pensaba en tres voces que ocupasen más o menos un espacio equivalente, y tener la multiperspectiva, es decir, el punto de vista del niño, el padre y la madre, con sus respectivos conflictos, voces y personalidades.
Pero poco a poco Elena fue ganando terreno…
Fue ganando terreno, sobre todo su conflicto, el conflicto de lo omitido: en un viaje la que espera, y en una enfermedad la que cuida.
Una doble espera.
Exactamente. La doble espera, y por lo tanto la doble periferia. De repente pensé que la historia más interesante e inexplorada de un viaje es la de los que se quedan, bien por echar de menos a los ausentes, bien por celebrar que se han ido, siempre esperando. En las enfermedades el factor de los seres queridos que nos cuidan es la enfermedad más larga del proceso, una verdadera agonía.
Hablamos de un viaje, pero bien sea a partir de los soliloquios, bien sea a partir de la situación que plantea la novela, más que en movimiento nos encontramos ante estados mentales, que son siempre estáticos en lo físico.
Son dos puntos de vista complementarios. El viaje por carretera, que es dinámico, y el viaje interior. Quien se distancia de sí yendo lo más lejos posible, y quien lo hace haciendo lo que nunca antes había hecho y nunca se había atrevido a probar. Tanto él como ella tienen una aventura y emprenden un viaje, pero en direcciones opuestas.
Y dentro de esta situación trágica se percibe, sobre todo en ella, desesperación, pero al mismo tiempo es como si existiera una especie de calma. El acontecimiento es tan inevitable que los protagonistas parecen haber asumido su destino.
El sentimiento de Elena es contradictorio, entre asumir la fatalidad y rebelarse ante ella, de hecho una enfermedad grave consiste en esa contradicción, en saber lo inevitable y no poder creerlo. Y todo su comportamiento está plagado de esas contradicciones, pues su personaje es un poco una especie de análisis de la figura del cuidador. Por un lado sabe lo que va a pasar y no quiere creerlo. Por otra parte que su misión es cuidar lo mejor posible a sus seres queridos, y por la otra piensa que quizá lo mejor sería que muriera para dejar de sufrir. Por un lado quiere que la pesadilla termine, y por el otro le aterra la idea porque tiene miedo a quedarse sola. Por una parte siente que sólo puede sobrevivir a la desgracia siendo una mujer infiel con una experiencia sexual radical, salvándose mediante el placer, y por la otra eso le parece atroz y condenable.
Tiene un conflicto enorme entre su responsabilidad para con la familia y su independencia individual. Con la relación sexual sólo quiere encontrarse a sí misma.
Y ese rol, esa batalla es, si cabe, social e ideológicamente peor en el caso de la mujer, puesto que los roles familiares están más impuestos. A una mujer se le enseña por la general, siempre hay excepciones, a cuidar, a ser más abnegada…
Pero ella es lúcida y moderna.
Lo es, pero no por ello deja de cumplir el rol que lo corresponde, mientras lo detesta y trata de escapar de él. En este sentido una mujer bien contada es un personaje psicológicamente más interesante que un hombre. Padece más su rol de género. Toda mujer es un poco extranjera. Nace en un mundo narrado por hombres. Ojalá que dentro de medio siglo esto sea anacrónico, pero hasta el momento las mujeres tratan de desarrollarse como personaje femenino en un mundo de hombres.
Bien sea por el patriarcado, bien por nuestro catolicismo inconsciente…
Todas las ideologías, incluyendo las políticas de izquierda, coinciden en la opresión de la mujer. El fracaso de la izquierda tradicional fue que no hizo la revolución de puertas adentro, no la empezó por la familia, y lo mismo sucedió con la Revolución francesa, si devino en terror fue porque los Derechos del Hombre fueron los derechos de los hombres, y eso también termina por oprimir al género masculino, porque imponer a las mujeres cierto tipo de roles es vedarle a los hombres determinadas posibilidades.
Es limitar y delimitar demasiado todo.
Los hombres nacemos en un mundo que determina siempre nuestro género. Hay vías de escape, pero el mainstream del reparto de roles hace que un hombre desde su nacimiento reciba un discurso que confirma su identidad masculina, y por tanto lo inhabilita para ponerse en el lugar de la mujer, y esto luego nos convierte en peores escritores porque no sabemos narrar a las mujeres. Por eso me parecía interesante que ella hablara.
Meterte en su psicología…
Hacer que hablarse. Para la otro ya está Flaubert. Quería que hablara, y quizá por eso su voz empezó a comerse la novela.
Una de los fragmentos que más me ha impactado, porque no se piensa hasta que ocurre, es el instante en que ella llama a los periódicos, encarga esquelas, etc…
Puede que ese fragmento se vea como genuinamente femenino, como si nosotros no tuviéramos esa capacidad organizativa, pero el caso es que ese fragmento está inspirado parcialmente en mi propia experiencia. Tuve que dictar las esquelas de mi madre y comprarle el ataúd, porque mi hermano era más pequeño y mi padre estaba delicado de salud. Fue uno de los momentos de mayor perplejidad de mi vida. Tener que dictar en tercera persona, y en pasado, la muerte que acababa de suceder me pareció el ejercicio literario más inconcebible del mundo. El personaje de ese fragmento tenía que ser mujer porque en general tienen más exigencias familiares en lo que concierne a la protección. ¿Y a ellas quién las protege?
¿Y con el hijo ya pensaste desde un principio en dejarlo en esa especie de limbo de sé las cosas pero no las sé?
Las voces de la novela juegan a poner en palabras experiencias que en teoría no se pueden transmitir. Yo como adulto volver a ser niño y pensar como él, yo como joven, hasta ahora saludable hasta que el médico me contradiga, ponerme en el lugar del moribundo y, por último, ponerme en el lugar de una mujer. Tres cosas biológicamente imposibles que son volver a la infancia, cambiar de sexo e imaginar la muerte. Me atraía ponerle voz a esas experiencias que nunca tendré, o que cuando lleguen no tendré fuerzas para narrar.
La fascinación de entrar en una senda desconocida.
Exactamente. Eso es. Cada una de esas voces son tres modalidades del habla. El pensamiento en el niño, el habla oral en el padre que graba una cinta para su hijo y el habla escrita, en silencio, que es Elena y el diario que escribe. Cada una de esas tres voces tenían su dificultad, y la del niño radicaba en hasta que punto podía saber. Necesitaba narrativamente que el niño refrescara las otras partes y diera juego, alegría e inocencia, pero al mismo tiempo sé que los niños no son tan inocentes ni gilipollas. En caso de no comprender intuyen, y si desconocen perciben. Busqué que la edad del niño fuese indeterminada. A los diez años ya no eres todo candor, pero todavía no eres una conciencia adulta, estás en los umbrales de la pubertad, estás a punto de perder la infancia sin que eso se haya consumado. Me costó y dudé mucho respecto hasta qué punto el niño sabe que su padre lo está engañando. El niño cree que es el primer viaje, pero el padre sabe a la perfección que es el último, por lo que le miente para salir del paso. Traté de medir mucho que el niño detectara que el padre le está mintiendo pero sin que supiera muy bien porqué, y lo mismo con la enfermedad.
Lo intuye sin concretarlo.
Tengo mucho miedo de meter la pata mientras escribo. Una vez termino pienso que me he equivocado por todas partes. Busqué lectores específicos que tuvieran que ver con esas experiencias que yo no he tenido, por ejemplo una amiga mía, madre soltera que es una excelente lectora. Le pregunté si los pensamientos de Elena con respecto a su hijo eran verosímiles.
Y en el caso del niño adaptar la infancia a su contexto moderno.
Para ese punto le mandé a un amigo mío, gran novelista de niños, que tiene tres críos de distintas mujeres, el texto para que me radiografiara la novela y me confirmara hasta qué punto un niño sabe y no. Me insistió en que le quitara inocencia al niño. No quería caer en el arquetipo de La vida es bella.
Eso ya no es posible, si es que alguna vez lo fue.
Eso está muy bien como diagrama, pero moral y emocionalmente no es posible, es una gran mentira.
Y en el caso de Hablar solos la economía narrativa del texto debe conjugarse con la manera de mostrar las emociones, deben ser concretas y fuertes.
Claro, y esa es la función que cumple la metáfora del clima. En el viaje de ida el niño cree que lo controla, tiene la ligera sospecha mágica que a través del cristal del camión, que es como una pantalla de cine, el clima cambia a su antojo. Como circulan por paisajes diversos el niño se fascina por tanto cambio, y en el viaje de vuelta entiende y sospecha que su deseo no manipula a su antojo la realidad, por lo que empieza a darse cuenta del sentido real de la existencia.
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Hablar solos
jueves, 8 de noviembre de 2012
Podcast de tapas y bares en Todos somos sospechosos de Rne3
Ayer por la noche seguimos en Todos somos sospechosos nuestra particular ruta por Bares de tapeo en Madrid y Barcelona. Nos perdimos por la zona alta y la periferia de ambas ciudades, entre la estafa, el low cost y descubrimientos varios. Puedes escuchar la charla clickando aquí
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Montaje audiovisual de la Sacra Ceremonia Votiva
El pasado 31 de octubre, con motivo de la inauguración de la sección Palabras del festival Weart, se organizó en el Freedonia la Sacra Ceremonia Votiva, una performance que se concebió como una misa con toque de Western y evidentes connotaciones eróticas, pues ese, y no otro, era el tema del certamen.
Cristina Fallarás y Ainhoa Rebolledo leyeron textos desde sus poltronas, Josele Sanguesa deslumbro con su música y servidor hizo de cura del Oeste hablando de las oportunidades perdidas de la cotidianidad sexual entre calle, ojos, locura y estadísticas. Además realicé la proyección audiovisual que en todo momento acompañó la acción. Aquí os la dejo
Podcast de mujeres Nobel de literatura en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado, brevemente, de algunas mujeres Premio Nobel de literatura. Hemos hablado de Grazia Deledda, premiada en 1926, de la gran Gabriela Mistral, galardonada en 1945, Toni Morrison, que recibió el honor en 1993, y finalmente de Elfriede Jelinek, quien no asistió a la ceremonia de 2004 por fobia social. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 40 del Podcast clickando aquí
martes, 6 de noviembre de 2012
Miércoles 7, Mujeres de Nobel en el Laberint de Wonderland
Tras una semana dedicada a lo macabro volvemos con el tema femenino, en esta ocasión hablando de algunas mujeres que ganaron el Nobel de Literatura. Hay más, pero para el programa hemos apostado por:
1.- Grazia Deledda
2.- Gabriela Mistral
3.- Tony Morrison
4.- Elfriede Jelinek
Cada miércoles a partir de las 15h
Radio Nacional- Rne4
100.8 fm Barcelona
En directo:Rne4
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lunes, 5 de noviembre de 2012
Diálogo con Giorgio Faletti en Revista de letras
Diálogo con Giorgio Faletti, por Jordi Corominas i Julián | Portada | 29.10.12
Leí Apuntes de un vendedor de mujeres de Giorgio Faletti entre un avión del puente aéreo y dos sentadas en las que el tiempo pasó volando. El poliédrico autor transalpino me sorprendió por su capacidad para mantener el suspense y su buena navegación por temas históricos, los años de plomo y el secuestro de Aldo Moro, capaces de tumbar a más de uno y mostrarle el camino de dedicarse a otra cosa. Al mismo tiempo su construcción de los personajes encaja con el plúmbeo ambiente de la Milán de los setenta. Todos y cada uno de los roles de la novela juegan a la metamorfosis por necesidad de supervivencia, nada es lo que parece, y sí, ya sabemos que esa es una frase muy manida, pero es que la época y la ciudad descritas por Faletti se prestaban sobremanera a un juego de máscaras y dudas.
Giorgio no conoce la palabra “tocayo”, aunque al saber de nuestra coincidencia nominal y del vocablo se emociona y me pide que se lo escriba en un papel. Entramos en el Instituto Italiano de Barcelona, charlamos un rato con el bibliotecario y nos sentamos en una mesa donde enciendo la grabadora. Media hora más tarde me percataré de su inminente defunción temporal por escasez de pilas. El registro del diálogo se salvará por los pelos. Os dejo con las palabras.
¿Crees los años de plomo italianos se parecen a nuestra época? ¿Te parece válido el símil?
Creo que en ese período Italia tenía figuras políticas con un peso muy superior a las de la actualidad. Sí, después también cayeron en el descrédito con Mani Pulite, pero hoy en día es complicado encontrar hombres con ese talento e inteligencia. Sé que puede ser polémico, pero uno de ellos fue Andreotti, pese a lo podrido de su biografía, que sólo con la frase “El poder desgasta a quien no lo tiene” ya muestra la diferencia que existe entre ayer y hoy.
Es una máxima casi universal.
Exacto. Y eso ya dice mucho.
¿Cómo es que decides escribir un libro sobre los setenta italianos cuando hasta Apuntes de un vendedor de mujeres eras conocido a nivel literario por ser un escritor que ambientaba sus novelas en los Estados Unidos de América?
La historia de lo que me preguntas es larga y extraña. Un crítico italiano se aficionó a destruir mis obras, hasta que en el cuarto libro ya cambió su opinión y afirmó que le gustaría leer una novela de Faletti ambientada en Italia. La idea ya me rondaba por la cabeza y el crítico me dio el impulso. La elección del tema fue sencilla, pues en la novela hablo de la época de mi llegada a Milán desde Asti, los sitios y las situaciones son las que conocí en los setenta, hasta el Bistecca es un personaje real, que existió y me contó cosas que aparecen en el libro.
¿Todos los personajes del libro son reales, existieron de verdad?
Algunos sí, y otros, que son fruto de mi imaginación, los creé a partir de los parámetros del ambiente donde crecí en Milán. El libro tiene algo de necesidad de enmendar, pedir excusas porque nosotros, un grupo de personas desconocidas que luego alcanzamos la fama, vivimos esa época como patos en el estanque, éramos impermeables. De noche hacíamos espectáculo y de día dormíamos. Buscábamos constantemente formas para lograr la risa mientras en el exterior el país vivía unos años bañados de sangre.
Seguramente la risa era una vía que usabais para escapar de la realidad.
Sí, indudablemente. De todos modos debes pensar que el trabajo de cómico es durísimo, has de aprender a saber generar la risa aunque tengas un día de perros. Lo mismo pasa con el escritor. Ni musa ni tonterías. Debes cumplir con tu oficio a las duras y las maduras. Luego, volviendo a la novela, pensé en un personaje atípico, Bravo…
¿Te exigió mucho trabajo de investigación? Es un personaje oscuro, que ya sólo por su condición de castrado se revela especial.
Una de las cosas que más me gusta de mi faceta de escritor es la posibilidad de investigar, de informarme, lo que normalmente se consigue viajando. Para preparar otras novelas viajé por Vietnam, Arizona y otros lugares, pero para Apuntes de un vendedor de mujeres el viaje fue mental a través de un viejo camarero que yo había olvidado. Su memoria histórica fue de gran ayuda para dar forma a Bravo y los demás personajes de la novela.
Háblame más de la construcción de Bravo.
Hace años participaba en Milán en una película sobre las Brigadas Rojas. De repente me dio por pensar qué hacía yo en 1977, y aparecieron Bravo y sus circunstancias.
Es un personaje poliédrico. Lees el libro y entiendes que es de esos roles que te atrapan. Piensas en su condición, pero al mismo tiempo al estar castrado ves que eso condiciona sus opiniones, momentos y hasta cambios durante la trama.
Bravo detesta a todo el mundo. Le gustan las mujeres, pero no puede darles nada. Los hombres lo odian porque convive con mujeres extraordinarias, y sobre ellas tiene un poder absoluto porque les proporciona contactos importantes. Son prostitutas de lujo, ni más ni menos.
Me costó meterme en la piel de Bravo. Muchas veces cuando escribo un personaje también busco interpretarlo, es decir, pienso en cómo lo ejecutaría a nivel actoral.
Pese a su poder, Bravo tiene un punto de contención muy fuerte, sobre todo al principio de la novela, y sorprende, porque tiene un poder casi absoluto sobre personas fundamentales de la sociedad, sabe todo de todos.
Él ha aceptado vivir en la penumbra, también porque le va bien así. Seguramente no será feliz nunca. Al empezar la novela vive un momento de calma. El problema llega cuando lo ponen en duda personas de su entorno. Al fin y al cabo el conflicto radica en que él quiere seguir como siempre, pero los demás le niegan esa posibilidad de manera rotunda.
Y de repente su existencia adquiere tonos de tragedia griega, las cosas se acumulan negativamente y llegan de repente, sin previo aviso.
Sí. Todos los personajes que me interesan tienen un hándicap. En este caso es físico y es muy explícito. En mi próxima novela es psicológico y se centra en un hombre que ha cometido errores en la existencia que afectan a los demás. Me apasiona mucho romper equilibrios porque creo que siempre son precarios, frágiles.
Lo que suele suceder por errores de cálculo.
Y se rompen desde fuera cuando uno menos se lo espera. La inteligencia, que a nivel evolutivo ha creado la supervivencia de la especie, se mide en función de cómo nos adaptamos a los cambios. Quien se adapta con más velocidad tiene más posibilidades de resistir al diluvio. Bravo sufre convulsiones brutales y sabe afrontarlas.
Bravo parece impermeable, pero cuando todo explota nota desde el primer momento que está inmerso dentro del caos italiano de los años de plomo.
Sí, y además desde fuera aparece la cosa, algo que ningún hombre puede controlar. No olvidemos que mi novela es un giallo, pero también una historia de amor. Bravo es absolutamente frío, esa es su fuerza, y sabe soportar a las personas que tiene cerca con un odio enmascarado que es hastío. Su frialdad hace que no se implique con los demás. Trafica con mujeres. Al principio de la novela una de sus chicas le dice que ha sido maltratada, y él sólo se preocupa que no le hayan desfigurado el rostro.
Porque podrá tener relación con ellas, pero al fin y al cabo son la base de su negocio, de su empresa.
Sí, pero ya sabemos que el universo femenino es imprevisible. Bravo encuentra una mujer que trastoca sus planes, la ve con otros ojos y ese elemento que uso como comodín genera que la estabilidad desaparezca en esta historia de personas que quieren matar enfrentadas a otras que quieren librarse de la muerte. La implicación amorosa altera el mapa.
Conocer a Carla para Bravo tiene connotaciones epifánicas.
Sí, piensa que él vive permanentemente en el engaño, y cuando le engañan eso aumenta su consideración y admiración por la chica e incrementa la implicación amorosa.
Bravo es el centro de la historia, pero a lo largo de la novela la mayoría de personajes tienen connotaciones simbólicas. Lucio, el vecino, es ciego, aunque después descubrimos que la apariencia no es la realidad.
El juego del autor de thrillers o noirs es buscar golpes de escena, jugar a las apariencias y crear culpables que sean plausibles. Aún no me he enfrentado a una historia en la que el culpable sea evidente desde el principio. Sería divertido declararle al lector quien es el culpable desde la página uno.
Una estructura totalmente diferente a la de Apuntes de un vendedor de mujeres.
Existe un triángulo narrativo en el que uno de los tres no sabe lo que ocurre. En comedía seria la señora que está con el amante, llega el marido y lo esconde en el armario. El marido no lo sabe, el público sí. A partir de eso se crea el juego. Si el público ignorara que el amante está en el armario arruinaríamos el plan, no habría suspense. Todas las veces que escribo determinadas cosas, tengo presentes estos parámetros. Es una norma que si la analizas verás que es importante, dejar un elemento de desconocimiento que aumenta la tensión.
Cambiando de tercio… no sabría decirte si es porque me interesan mucho los años de plomo, pero da la sensación que en la novela la atmósfera es completamente gris, y que nada puede cambiar esa idea de tiempo congelado.
Los años de plomo eran así. En Milán teníamos miedo. La derrota del terrorismo en los ochenta hizo que naciera un período de extremo bienestar que se conoce como la Milano da bere, lema que nació a partir de una publicidad. Fue entonces cuando mi generación explotó con todo su potencial artístico desde la mezcla entre cultura y lo chic. Los años de plomo fueron la antesala. Ahora tengo la tentación de escribir de la época buena, que se pareció a los años sesenta con su boom económico con toneladas de dinero, el surgimiento de muchos canales de televisión y un nuevo mundo cargado de creatividad fundamental para el Made in Italy.
Antes de ese momento todo tenia un aire muy contenido, puede que por el miedo que alcanza su máxima expresión con el caso del secuestro de Aldo Moro, que sobrevuela la trama de la novela…
Me servía para establecer el contexto histórico, para hacer comprender al lector la atmósfera de esos años. El secuestro de Moro fue un suceso global, un momento italiano central en la historia, pero que no quería establecer como tema central.
Todos los ambientes, desde el arte a la política, hasta traficar con prostitutas, se unen, cada una jugaba su función pero estaban en el mismo cesto.
Cuando se escribe un thriller, que siempre es una historia que se lee entre líneas, hay una cierta libertad para que la realidad se adapte a la trama. En mi caso la novela tiene algo de histórico, y la necesidad y una honestidad de creador me impusieron adaptar la trama a la Historia.
La historia de estos años en Italia tiene una tradición cultural importante. En Roma la novela, a posteriori adaptada al cine, sería Romanzo Criminale, que muestra muy bien la intersección de todos los tejidos que se mezclaron durante los setenta italianos. Creo que has completado una operación similar, pero en clave milanesa.
Si he logrado eso sería maravilloso. Hace años un amigo americano vino a Milán y lo acompañé a ver los sitios de la novela. Es inevitable que la literatura aporte sentido a la Historia, a su importancia en la vida de todos nosotros.
domingo, 4 de noviembre de 2012
La ciencia ficción y el artificio: Barcelona 1957 en Sigueleyendo
La ciencia ficción y el artificio: Barcelona 1957, por Jordi Corominas i Julián
La historia de las fotos que acabo de contemplar en la Fundación Foto Colectania nos transporta a la Barcelona de Teresa y el Pijoaparte. Un editor muy valiente propone a un joven fotógrafo que dejaría su estela permanente en la ciudad que la fotografíe y haga un libro que muestre todos sus matices. Es la época de los grandes genios de un cierto realismo poético catalán en las imágenes. Català Roca, Miserachs, Colom y otros recorren las calles en busca de la mejor instantánea. Su oficio, limitado como toda narración por unas medidas, se aprende a base de observación que deriva en técnica. Los encuadres surgen como por arte de magia de la experiencia. El resultado es siempre un blanco y negro que congela el momento.
Quien encarga el volumen no es otro que Carlos Barral. El artista elegido es Leopoldo Pomés, a quien muchos recordarán por el emblema, enfrente del Giardinetto, que supone el flash flash, ese local de tortillas que más que a Barcelona recuerda al Swinging London o a la película Blow Up, en la que coincide por los flashes y la evocación de una época. Pomés hizo su trabajo, cumplió con el encargo, lo presentó y Víctor Seix, el otro socio del tándem, se negó a publicarlo porque creía que las capturas del joven daban un aire muy poco noble a la capital catalana.
Este punto es el primero que supone una esquizofrenia entre la realidad y la ficción en este asunto. Al negarse a la apuesta de un volumen tan rotundo, Seix aceptaba la construcción oficial fascista que rechaza la fealdad de lo palpable porque su relato debe ser de cuento de hadas. Así como Mussolini vetó los artículos de crónica negra, en el régimen franquista debía prevalecer el estereotipo emanado por las autoridades, lo que cancelaba la irrupción de lo cotidiano en la representación de España que se vendía. Podríamos salvar toros y flamencos, pero esa minucia se ceñía estrictamente al ocio y al turismo. Lo demás quedaba relegado para paliar incomodidades.
En 2011 Juan Manuel Bonet visitó al fotógrafo en su estudio del barrio de Gracia. Charlaron, consultaron viejos documentos y aquellos negativos de 1957 resucitaron de su ostracismo hasta configurar una exposición de un mundo desaparecido, de una Barcelona que sólo se insinúa de escondidas en el presente mediante vestigios que la modernidad aún no ha cancelado de su faz.
Uno de los epicentros de la muestra es la Rambla, arteria que por aquel entonces aún era transitable para los habitantes de la urbe, sin sombreros mexicanos ni la sensación de poner los pies en un parque temático. Las personas que la transitan son las de la vida antes de las Olimpiadas con una dosis extra de pobreza que no excluye belleza. Los carteles de bares y negocios sobrevuelan la singladura de una fauna que compila el universo entre limpia botas, marines de la sexta flota, inmigrantes, autobuses, guapas, mirones, modelos y el decorado, sin el que seria imposible entender el cambio y la melancolía que produce el itinerario a un puesto que feneció sin avisar. El voyeurismo sobrevivirá por los siglos de los siglos. En los años cincuenta el girar la cabeza para observar a las viandantes apareció en películas italianas, el episodio de Lattuada en L’amore in città, y miles de fotografías, entre las que desde ahora merecen ocupar un lugar de honor las de Pomés. Si Miserachs muestra ese gesto tan típico en plena Via Laietana, nuestro protagonista lo exprime en la otrora arteria principal de Barcelona, y lo hace con guante de cazador, certero en el disparo y despistado, como si formara parte del paisaje, al ser cazado por sus presas, divertidas de desconfianza por ver que el objetivo las desea.
En mi historia personal hay un único paseo por la Rambla con la impronta de esas imágenes. Corría 1994, tenía quince años y una noche salí de casa y me adentré en la jungla. Iba solo por lugares silenciosos, el Paseo de Gracia estaba vacío y en Plaza Catalunya unos guiris jugaban al fútbol. Llovía, y en la Rambla topé con bigotudos vestidos de mujer y una especie de resaca del sonido, con la avenida inmóvil bailoteando con su magma de agitación.
En sus zonas adyacentes los mitos se desvanecían. Cerraban bares, se imponía el diseño y la atmósfera, pese a su resistencia, primigenia se esfumaba entre falaces neones y tendencias de quita y pon con la inflación desbocada.
Lo mismo ha acaecido con la periferia. Una de las fotos más impactantes de la selección es Un homenaje a De Chirico, dekiriko, ubicado en el Paseo Verdún en Nou Barris. Hace poco hablaba con mi amigo Pepe Luis que por esa zona de la ciudad, y en la misma década de la instantánea, asesinaron al Facerías. Lo comentábamos mientras la tele de un chiringuito chino expulsaba de sus entrañas American Psycho en la lengua de Jacint Verdaguer. Eso también era metafísico, aunque sin alcanzar los niveles de la imagen de barriada con un niño y una madre en el horizonte, un desnivel con grano como escalafón y unas casas que parecen de pueblo dando el toque perfecto a la composición que, en efecto, guarda mucho parecido con los famosos cuadros del pintor italiano, que por algún extraño motivo vuelve siempre a Babilonia. Su última aparición se registra en la composición espacial que generan las edificaciones de la Plaza del MACBA, donde es fácil imaginar al fondo los muñecos que dibujaba el hermano de Alberto Savinio.
La diferencia entre la naturalidad de la obra de los cincuenta y el artificio del museo de los skaters es una ecuación de saldo negativo que ha destruido lo auténtico para regodearse en las loas a la marca y a la corona de barro de capitostes del vender humo en lo cool. Tunear la metafísica es un atentado que se inserta en las sutilezas de la manipulación actual. Lo patético de las barreras de las playas de la Barceloneta radica en su visibilidad que es oprobio y ridículo. Ahora las zanjas son invisibles.
La monotonía de una cuadricula no deja de ser un imposible. El lamento del artículo puede caer de su pedestal si se camina con voluntad de abrazar lo inédito. A veces para lograrlo bastará con saborear la lentitud y mirar hacia arriba. Si quieren triunfar en tan noble cometido deben primero aprender que las fronteras urbanas son quimeras. Demasiadas son las veces en que limitamos nuestra mirilla por conformismo de ruta, que aún así nunca se sentirá saciada por nosotros, incompletos en el afán de completar el mapa, una quimera que desde su aceptación propicia un errar que cosecha la totalidad en pedacitos, como esa Barcelona 1957 que se fue y pervive en segundos secuestrados en una cámara.
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sábado, 3 de noviembre de 2012
Reseña de José García en Literaturas.com
José García, de Jordi Corominas i Julián, por Luis García
¿Se acuerdan ustedes de la novela de Mario Vargas Llosa Quien mató a Palomino Molero?. Bien. Pues, de alguna forma, la primera imagen que me ha traído la lectura del primer capitulo de José García, esta singular e iconoclasta novela de Jordi Corominas, novelista, poeta, periodista, critico literario, agitador cultural…., ha sido dicha obra, o mejor dicho para ser mas exactos y correctos, dicho titulo, ya que los personajes de ambas no se parece en nada, ni en la forma de vivir, ni en la de morir. Pero el por qué de la asociación, van a tener que descubrirlo ustedes, lectores, agudizando los sentidos y leyendo las trepidantes primeras 24 paginas de la novela José Garcia. Lo cierto es que no coincido con el criterio general de que se trata de una novela negra. Aceptaría que estamos ante una novela de corte urbana con reminiscencias surrealistas que recuerdan al mejor Perec, en la que no tenemos un solo personaje: ya que José García, son uno y muchos a la vez. Somos todos. Y desde su bienamado barrio de Gracia iniciará un viaje al lado mas oscuro pero también mas hermoso de su propio ser, a la Italia de su juventud cuando se mezcló con unas Brigadas Rojas en plena efervescencia política-militar que acababan de asesinar al primer ministro Aldo Moro, cuando se paseaba por la Plaza de San Pedro y tomaba helado sentado en sus terrazas. Un sueño. En realidad acababa de morir. ¿Pero quien acababa de morir?. Un hombre llamado Jose García, bueno, dos. Pero hay muchos más, ya que todos somos Jose García. Todos paseamos por el Paseo de Gracia camino de Camp Nou y a todos nos gusta el futbol. Y desde una sucesión de monólogos interiores que a veces resulta difícil seguir, Corominas va construyendo la historia de un hombre corriente, con un nombre corriente y un apellido corriente, que un buen día recibe la llamada de su hija para que no se entretenga y vaya pronto a casa a recibir una noticia importante y que nunca llegará, porque siempre hay un José García que muere atropellado por una moto, o asesinado por un delincuente. Y es que Jose García, efectivamente, somos todos. ¿Todos?. No. Porque harto de tan pueril nombre y apellido un buen día decide rebautizarse en un vuelo entre Madrid y Berlín por Manolo López. Manolo López. ¿Cuántos José García y Manolo López hay en la guía telefónica?. Cientos, miles. ¿Cuántos seres anónimos?. Cientos, miles. Y así, paseando por el Barrio de Gracia, Corominas no se olvida de sus referentes literarios, Vila Matas y su Bartleby y compañía, Martin Amis….porque como dice Miqui Otero, “no se confíe: usted también podría ser José García”. ¿O Manolo López?.
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viernes, 2 de noviembre de 2012
Vídeo de la Sacra Ceremonia votiva del Palabras del Weart Festival
Este miércoles nos juntamos en el Freedonia Cristina Fallarás, Ainhoa Rebolledo, Josele Sanguesa y servidor para ofreceros la Sacra Ceremonia Votiva dentro del Festival Weart. Quien quiera puede verla en el enlace y comprobar el delirio que generamos en cuarenta minutos
jueves, 1 de noviembre de 2012
Podcast de lo macabro en el Laberint de Wonderland
Ayer en el Laberint de Wonderland hablamos de cosas macabras. No tuvimos mucho tiempo por la huelga de metro,pero explicamos poquitas cosas de la cripta de los capuchinos de Roma, los esqueletos de la semana trágica de 1909 en Barcelona y también hablamos de los cuatro jinetes del apocalipsis de Blasco Ibáñez y del asesinato de Pier Paolo Pasolini. Puedes escuchar el podcast a partir del minuto 40 clickando aquí
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