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lunes, 23 de diciembre de 2013

Entrevista en la revista Chilena 60 watts




Esta semana recién pasada nos visitó en Chile el escritor Jordi Corominas (Barcelona, 1979). Poeta, performer, crítico y narrador. Presentó su evento LOOPOESÍA en la Furia del Libro de Santiago, dictó un taller en Balmaceda Arte Joven, participó en el ciclo de lecturas Autores de noche, y en Espacio Gálvez Inc. Valparaíso, gracias a la ACCIÓN CULTURAL ESPAÑOLA y su programa de movilidad.
Hoy nos habla de su proyecto Loopoesía y de narrativa española contemporánea.
–Cuéntame qué es Loopoesía y dónde nace este proyecto.
Es un proyecto que nació en 2009 y que tiene dos objetivos fundamentales a nivel escénico que son acercar la poesía a la gente y crear nuevos formatos que alejen a los versos de una solemnidad que les perjudica mucho y que hace que la mayoría de público se aleje más de la poesía. ¿Cómo se hace esto? Se hace con un poemario que cambia cada año, se ofrece un poemario nuevo que sirve de base para armar un espectáculo que mezcla música, proyecciones audiovisuales, teatro y recitación.
–¿Hay algún referente de este tipo de proyecto en la Literatura?
Creo que no, pero si algún punto sirve de inspiración son las vanguardias de principio de siglo XX y cualquier tipo de creación que consideren que no existen los límites dentro del límite que cada uno se imponga o considere que configuran su proyecto.
–En relación a tu escritura, tienes libros publicados en catalán, en italiano y castellano. Además te mueves en diversos registros: poesía, cuento, novela, ensayo, crónica, etc. ¿Cómo te enfrentas a esta diversidad en tu proceso creativo y qué registro prima sobre el otro?
Me enfrento a esta diversidad con mucha naturalidad porque creo que todas son facetas de lo mismo. Seguramente si pienso en un futuro, creo que seguiré escribiendo mucha poesía y a nivel de prosa mucho ensayo, porque creo que son géneros que sí tengo capacidad de poder aportar ideas nuevas, mientras creo que en la novela, pese a que se publica muchísima en nuestro tiempo, está en un momento donde no creo que se exponga nada nuevo y también me interesa menos que los otros dos géneros.
–En relación a la escritura en catalán, ¿cómo ha sido tu proceso con ello? ¿Se valora más en Barcelona a los escritores que escriben en catalán o en castellano, pensando en el panorama editorial?
Empecé a escribir novelas en catalán y lo combinaba con un trabajo crítico en castellano hasta que decanté de forma casi definitiva por esta última lengua y en los últimos meses he vuelto a escribir en catalán, pero poesía, y he descubierto que si escribo en esta lengua que es la que he hablado siempre en casa, me salen poemas más íntimos que los que suelo escribir en castellano, donde prevalece un trabajo mucho más fuerte a nivel de ideas y de técnica de versificación.
Por otro lado hay una esquizofrenia de dos mundos editoriales que casi no se tocan entre ellos y no es muy normal que exista un escritor que publique tanto en catalán como en castellano y eso debería solucionarse, deberían estrecharse lazos entre ambas lenguas, pero ahora mismo creo que la política afecta demasiado a las personas para que puedan pensar con la lucidez que se requiere.
–¿Cuál es tu relación con la literatura latinoamericana? ¿Y en general el vínculo de las literaturas españolas o europeas contemporáneas con las latinoamericanas?
El futuro de la literatura española para tener proyección internacional pasa precisamente por reforzar los lazos que a partir de la lengua existen con latinoamérica porque de otro modo la literatura española quedará muy encerrada en su propio país y no tendrá ningún tipo de posibilidad de tener repercusión internacional. Y por otra parte la literatura española haría muy mal en no aprovechar la energía que ahora mismo desprende el sector literario latinoamericano.
–¿Puedes hacernos un breve panorama de la literatura española contemporánea?
El actual panorama es alentador desde la mezcla de jóvenes y vacas sagradas de mucho peso entre las que puedo mencionar a Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina, Juan Marsé, Javier Marías, Rafael Chirbes, José Ángel González Sainz o Luis y Juan Goytisolo. Entre las nuevas generaciones se deben considerar nombres de la primera mitad de los setenta como los de Ricardo Menéndez Salmón, un novelista europeo con cuerpo hispano, e Isaac Rosa, la voz más lúcida a la hora de analizar lo social desde lo narrativo. También podría mencionar desde otra óptica a Javier Calvo y Kiko Amat, con propuestas muy personales que deben mucho a la cultura anglosajona.
No se habla mucho, y es una lástima, de mi generación, que es la que va de 1975 a 1980, con escritores que tendrá una carrera más que interesante si la suerte y el mercado editorial lo permite. Hablo de Iván Repila, heterogéneo y con mucho talento, Rubén Martín Giráldez, un autor de riesgo totalmente anómalo, Sergio del Molino, Miguel Ángel Hernández o Harkaitz Cano, que merecería tener mucho más reconocimiento del que tiene en su propio país. De esta misma generación, aunque a partir de dos antologías recientes se les engloba en otro grupo, merecen destacar al barcelonés Miqui Otero y a Laura Fernández. El primero es el único autor español que sabe mezclar el pop con ideas. Ella es original porque sigue su propio camino.
De las últimas hornadas me interesan Víctor Balcells Matas, Iago Fernández, Jenn Díaz y Matías Candeira, todos ellos nacidos en los ochenta y con mucha proyección que deberán confirmar con obras.
El estado de salud de la literatura española no es malo. Lo que si debería mejorarse es el nivel de su crítica, por los suelos en el papel escrito y de escasos vuelos en el mundo digital. Un tema que aleja al país de toda modernidad y perjudica sobremanera a sus escritores.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Loopoesía en Chile



Loopoesía cruza el charco. Cuatro años después de iniciar el proyecto, y con el quinto aniversario a la vista, ir a Chile supone algo que ciertamente no puedo explicar en palabras. Lo que si puedo, mientras la prensa del país que visitaré se hace eco de futuras actividades, es anunciar la agenda del viaje, que podéis entender a partir de los carteles. El día 18 será el más cargado con un Workshop en el centro de arte joven Balmaceda. Una vez termine participaré en un recital del ciclo Autores de noche. Finalmente, aunque habrá más fechas y eventos, el día 21 de diciembre presentaré Loopoesía en La furia del Libro de Santiago. Desde aquí quiero agradecer a Acción cultural española su excelente trabajo de apoyo a la proyección de la cultura nacional en el extranjero. Sin ellos nada de esto hubiera sido posible.


Cabe decir que Loopoesía aspira a proseguir con estos viajes en un futuro, pero claro, de momento sólo pensamos en disfrutar la experiencia y crecer poco a poco, como siempre hemos hecho, sabiendo que el tiempo es nuestro mejor aliado.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Fragmento de Los lotófagos



Loopoesía 2013 cerró el pasado sábado en Zaragoza su gira española. Ahora nos queda disfrutar de cruzar el charco, presentar el proyecto en Chile y ya preparar todo el dispositivo del quinto cumpleaños y su poemario "Al aire libre". La semana pasada en la web de Versos&Reversos colgamos un fragmento inicial de Los lotófagos, suite que ha vertebrado Loopoesía a lo largo del año que va cerrando sus puertas. Puedes leer los versos clickando aquí

martes, 5 de noviembre de 2013

Sábado 9, 22 horas: Loopoesía en Zaragoza



2013 va cerrando sus puertas. En el caso de Loopoesía llega el final de nuestro tour por España. Ha sido un año muy intenso que a nivel nacional cerraremos en Zaragoza el sábado 9 acompañados de Experimentos in da notte. En diciembre, a la espera de inaugurar 2014 con el nuevo poemario "Al aire libre", nos espera Chile. De momentos os dejamos con los datos de este fin de semana.



Loopoesía+Experimentos in da notte

Sábado 9 de noviembre, 22 horas

La Ley Seca

Calle Sevilla 2, Zaragoza

Entrada 4 euros




miércoles, 4 de septiembre de 2013

Martes 10 de septiembre, 19 horas: Loopoesía 2013 en Fnac Triangle (Barcelona)



Llevo casi dos meses sin Loopoesía, pero Los lotófagos vuelven a la carga el 10 de septiembre en Fnac Triangle. El año pasado actuamos justo ese mismo día y repetir es garantía de un trabajo bien hecho, así que nos sentimos muy contentos por poder presentar, quizá por última vez en Barcelona, el show de 2013 porque después el calendario de otoño seguirá por Sevilla y Zaragoza antes de culminar este gran año en Santiago de Chile y Valparaíso.


Loopoesía 2013 en Fnac Triangle

Martes 10 de septiembre, 19 horas

Plaça de Catalunya 4

Entrada gratuita



Loopoesía es amor




jueves, 29 de agosto de 2013

Los Lotófagos en Culturamas



Loopoesía se prepara para volver tras el descanso veraniego. Lo hará el 10 de septiembre en Fnac Triangle de Barcelona. Por eso, aunque siempre lo es, nos parece genial que Sonia Aldama haya escrito para Culturamas una nota sobre el proyecto y Los lotófagos. Puedes leer el artículo clickando aquí

jueves, 11 de julio de 2013

Entrevista para Revista de Letras

Jordi Corominas: “La paciencia es una seña de identidad que estamos perdiendo”

Por  | Portada | 10.07.13
Desconozco si en la genética de Jordi Corominas hay incrustados resabios de algún antepasado funambulista, como en la de Nick Wallenda, sucesor de una estirpe de equilibristas. Wallenda cruzó hace un año las cataratas del Niágara, de una forma elegante y serena: debajo el vacío y el fantasma amarillo flúor de Marilyn. Hay en torno al creador de Loopoesía una coyuntura semejante a la del baile con el viento que supone caminar sobre un cable de acero: un vacío de novedad en la poesía española actual, la enorme carencia del deseo de romper normas en los versos y la necesidad de llegar a otra orilla, más lejana, más honesta, más contemporánea con los tiempos actuales. Probablemente, en la mente del creador catalán estos objetivos no existieran a priori y fueron naciendo en buena ley y lenta cochura, pero sí le rondaba desde el principio la idea de mostrar, transgredir  y, quizá, romper unos cuantos decimonónicos versos o, tal vez, tirar al agua un minimalismo poético que nada dice, vacuo, gaseoso.
A mediados del XIX, Blodin cruzó también estas columnas de agua en los Grandes Lagos, parándose en medio de la hazaña a cocinar y comerse una tortilla. Algo muy “Corominas”. Sólo que él prepararía unos spaghetti al pesto, una saltimboca alla romanay un espresso fuerte de postre, uno de los almuerzos trasteverinos del personaje José García en su novela homónima. En persona, Jordi es como un buen café romano: enérgico, arrollador, apasionado, mediterráneo. Él deja sus huellas, sus versos-río dejan su legado. Éstos no caen en catarata, fluyen gota a gota en un poema largo donde los protagonistas vuelan, alados, a través de escenarios históricos y de los mapas sentimentales del autor. El libro, cuyas líneas declama en su performancemultidisciplinar de Loopoesía, lleva por título, en este 2013, Los lotófagos (ed. Versos y Reversos). El espléndido poemario comienza con ese Duty Free del olvido patriota que es un aeropuerto, vía de escape de las tragedias cotidianas, lugar de alienación para seguir siendo borrego, espacio para mentirse y dorarse el soy “ciudadano del mundo”.
Jordi Corominas en pleno éxtasis Loopoético
Jordi Corominas en pleno éxtasis Loopoético
Su poemario empieza con un tránsito vacacional: los pasajeros de los vuelos low cost se convierten en los compañeros de Odiseo, ansiando comer flor de Loto para olvidar la rueda de hámster en la que se mueven. Para olvidarla apenas un par de días. ¿Está tan escaso de sueños el hombre de hoy que cree que su libertad reside en las escapadas del fin de semana o en los bajos precios de Ryanair?
El poemario empieza en el aeropuerto porque es un paradigma del “no lugar” contemporáneo con aliño de velocidad, despersonalización, anonimato y consumismo. Además, es un espacio de tránsito y supuesto disfrute, como ocurre con otros “no lugares”, como por ejemplo los centros comerciales. Dentro de su carcasa, se alternan la cárcel y la vía de escape, resumen de la ciudad contemporánea. Esa carcasa contiene en su interior el simbolismo de demasiados elementos de la posmodernidad.
El hombre de hoy día es menos lúcido de lo que parece y sigue la pauta del rebaño desde una supuesta victoria de su individualismo. Todos quieren ser diferentes pero todos son iguales. Y en medio, en una sala privada del aeropuerto, los lotófagos olvidan, como la mayoría de la gente, que viven en la perpetuación de un fast food mental y cultural.
¿La revolución española, la Spanish Revolution consiste en asegurarse la jarra de cerveza del viernes para los 50 años que nos quedan de vida y convertirse en un lotófago para olvidar la precariedad de los empleos?
La revolución española no ha tenido lugar, aunque hay algunos elementos para la esperanza. Siempre nos preguntamos qué ocurre para que no salga todo el mundo a la calle. De todos modos, la gente debería leer más Historia y entender que una revolución es un proceso de años, no consiste en tomar el Palacio de Invierno y ya está. Echo de menos un verdadero papel de la gente de la Cultura en todo el proceso que debería iniciarse para regenerar el país. Y no hablo de gritar en la calle y lucir palmito: hablo de construir, de proponer, de unirse para intentar cambiar las cosas apresurándonos lentamente.
Libro LotófagosLe propongo que me responda a citas de Los lotófagos. Habla de tener un sello exótico en el pasaporte como victoria y de las visitas a la comisaría como celebración de la juventud. ¿Ése es el retrato de parte de la generación nacida en los 90 hoy día? ¿Ése podría ser el retrato de parte de nuestros noveles escritores?
El verso no habla de jóvenes escritores, más bien de la futilidad del viaje, que ha perdido su trascendencia y ha adquirido la banalidad de lo previsible, con fotos desde la comisaría. Si la pregunta es en relación a un cierto postureo de la juventud literaria española pues puede ser, pero de todo hay en la Viña del Señor. Creo que es una generación, la de los veinte a los treinta, diferente a la nuestra en el sentido de interacción cibernética, a través de las redes sociales, con lo que suponen a nivel de promoción y contactos. Yo, con veintitrés años, esperaba poder publicar algún día, pero desde la paciencia, una seña de identidad que quizá estemos perdiendo.
Para usted el viaje es una Odisea, el viaje cambia al viajero. Si no se viaja no se vive. En cambio, los viajes de ahora sirven para llenar el ego y el Instagram. ¿Qué viaje no olvida Jordi Corominas? ¿Qué viaje le gustaría realizar? ¿A qué época viajaría?
Me fascina viajar y cuando no puedo hacerlo me gusta perderme por Barcelona porque desde lo ignoto llego a un cierto tipo de conocimiento. Soy un escritor que trabaja mientras pasea. No olvido mi estancia en Roma durante dos años porque me abrió una serie de perspectivas e influencias que, en un momento inicial, me dieron mucha vida y aún flotan en mi inconsciente. Me enamoré de la ciudad, es un amor incondicional. Me gustaría perderme varios meses por América Latina. No creo ser capaz de elegir una época a la que viajar, eso casi depende del día. Me gustaría conocer a Giacomo Casanova y acompañarle en sus andanzas, así que vayamos al siglo XVIII en su compañía.
Siguiente verso que le sugiero comentemos: “Somos una cíclica guadaña”. ¿Debería existir una guadaña en la Literatura/Poesía que olvidara a determinados clásicos demasiado manidos a fin de renovarse?
La Poesía, a veces, parece un arte que se ha quedado anclado en un punto indeterminado del pasado, tanto por temas como por su forma de presentarse al público. Me aburre observar la repetición de repetición y esa solemnidad que la gente asocia con algo cansino. ¿Tanto cuesta intentar acercar los versos y renovar tanto su contenido como su continente? El mundo es una fuente inagotable de la que bebemos muy poco. Por otra parte sí, somos una cíclica guadaña, que mata, y en muchas ocasiones intenta decapitar aquello que puede resultar peligroso para el orden del conformismo, así es.
En ese juego suyo con La Parca y su instrumento de trabajo habla de que “somos una locomotora que para avanzar requiere anular motas/ echamos cianuro a las reminiscencias/ reseteamos el time line para abarcar felicidades estériles” ¿El ciudadano de a pie usa demasiado la “cíclica guadaña” de la que hablábamos antes para olvidarse de lo que debería hacer, de lo que debería recordar mientras está tranquilamente dormido en su camita?
En esa primerísima parte del poemario comprobamos que las personas que pueblan el aeropuerto parecen autómatas. En la sala de los lotófagos éstos fuman y caen en el olvido del pasado, pero también del presente. Su memoria ha sufrido una modificación letal, la metamorfosis que extermina cualquier posibilidad de recuerdo, se ha cancelado la memoria y con ella la posibilidad de la libertad que le corresponde al ciudadano.
¿Andan muchos jóvenes poetas hoy día “gimiendo risueños en la ausencia/ afortunados en su letargo de mirar a un techo” mientras flirtean con los clásicos, casi remendando lo ya hecho por otros?
Creo que en España hay buenos poetas, jóvenes y no tan jóvenes. Opino, asimismo, que las redes sociales y la democratización que supone Internet dan una falsa expectativa a muchas personas que aman escribir. Amar la escritura no implica tener calidad. Lo clásico debe ser asumido, mascado y digerido para poder alcanzar otros límites. De otro modo no tiene sentido dedicarse a juntar letras.
Jordi Corominas en FNAC Callao, el pasado 17 de mayo, en pleno show Loopoético (foto: Carmen Garrido)
Jordi Corominas en FNAC-Callao, el pasado 17 de mayo, en pleno show Loopoético (foto: Carmen Garrido)
En el poemario, lo bueno, lo clásico y lo que debe permanecer en nuestra memoria se exilia en Pandataria. ¿A qué o a quiénes de tiempos antiguos rescataría Jordi Corominas de esa isla? Y… ¿a qué o a quién exiliaría?
¿Qué es lo antiguo? ¡Si para mí T. S. Eliot,PoundCocteau o Joan Salvat-Papasseit son más modernos que muchos de mis contemporáneos! Exiliaría, en primer lugar, a los que obligan a muchos a emprender el camino del exilio por falta de oportunidades. En realidad, mandaría al destierro de Pandataria a muchos indeseables, un elenco grandioso. Creo que la mayor perversión a la que se ve sometida nuestra época es la perversión del lenguaje. Tiraría por ahí, falta en España un Karl Kraus.
¿Quién sería hoy ese crupier que todo lo maneja del que habla en Los lotófagos: Bárcenas, Coelho, el FMI, el Club Bilderberg, Planeta, Ahmadineyad y Netanyahu, Merkel, los psiquiatras, las clínicas de estética?
En realidad, el crupier universal de Los lotófagos tiene un sentido positivo ya que su misión es recuperar la memoria de los viajeros. Es una especie de dios bastante masón, desea cambiar el olvido para que los humanos no se empecinen en cometer siempre los mismos errores. Si hablamos del mundo actual el crupier, el que mueve los dados con soltura, no es uno, son muchos. Todos, dañinos e invisibles.
¿La máxima estupidez a la que puede llegar un hombre es la de creerse un salvapatrias, empuñando el fusil en nombre de tiranos que andan por los despachos, léase Stalin, léase Franco, léase Hitler, ya sea a la orden de los camisas pardas o de los ivanes?
En el poemario la Historia tiene un lugar muy importante y en él se recorre sobre todo la del siglo XX europeo. Quien me conoce sabe que Europa es una de mis obsesiones fundamentales porque ante todo me considero un ciudadano de este continente y creo que mi cerebro se ha alimentado y se alimentará de los nombres que forjaron una idea del Viejo Mundo. La pasada centuria es un catálogo de errores y horrores que sigue condicionándonos. Muere el siglo XX con lentitud y nos cuesta aceptarlo, sólo lograremos enterrarlo si formulamos nuestro propio paradigma.
Varias veces he hablado con usted de Hitler y aquella Alemania (“Un país vendido/ a la ilusión del lunático genocida y su amor a la obediencia/ a jerarquías, pasos de oca y cruces de hierro subastadas”). ¿El Führer fue la prueba viviente de que alguien con tintes mesiánicos puede llegar al poder si tiene la coyuntura apropiada?
En el poemario, Hitler aparece porque uno de los lotófagos, que habla mucho del Maresme y que fue oficial del ejército soviético, estuvo en la batalla de Berlín; fue fotógrafo de los líderes (amparado en el anonimato de quien construye con una cámara la iconografía oficial); y retrató el horror de los campos de concentración. La presencia de Hitler, la obsesión por hablar de su persona, corresponde a la fascinación por el mal absoluto y planificado que consiguió desde un orden impecable, lo que siempre es una advertencia. La época nazi fue excepcional en sentido negativo, no creo que vuelva a repetirse. La gente, pese a lo que creen los políticos, no me parece tan tonta. Una buena prueba de ello, sin que ambas figuras sean comparables, la tenemos en Artur Mas y su voluntat d’un poble. Nos puso de los nervios durante dos meses, dale que te pego con sus ideas, pero se llevó un batacazo espectacular porque engañarnos no creo que sea tan sencillo.
Siempre hay alguien, un cronista, un fotógrafo, que estampa una imagen para la Historia, que “inmortaliza a los que copan el vértice de la pirámide/ y abrazan la almohada con delirios de custodiar museos/ de cera mientras brincan con saña para despedazar a la base”. Y logra que esos “estampados” se sientan “los reyes del mundo”. Antes, “los reyes del mundo” eran los Acuerdos de Yalta, de Potsdam, Churchill, Stalin, el Che. Hoy los retratados son Olivia Palermo o Justin Bieber. ¿Los mitos van degenerando?
Más que esos nuevos mitos, que son fenómenos pasajeros de una época que fomenta el olvido con noticias que duran menos que nada y nombres que son un “si te he visto no me acuerdo”, creo que nuestra era es especialista en vaciar de contenido a los mitos pasados, y sobran los ejemplos. El más lógico es el Che, otro sería Morrison y uno muy mascado que acentúa la banalidad actual es Baudelaire. Al igual que Rimbaud creo que es muy mencionado pero poco leído, la lectura de Baudelaire corre el peligro de ser un postureo. Y es una lástima.
En el poemario hay un pequeño máster sobre las atrocidades políticas y el cretinismo de algunos poderes. Luego, ellos y sus hechos quedan inmortalizados en los Museos de Cera, donde “los gobernantes buenos se equiparan a los mediocres por mor de las estatuas” ¿Deberíamos cerrar esos lugares de los horrores estéticos ya que las estatuas equiparan a Marco Aurelio, a Espartero, a la Moreneta y a Urdangarín? ¿Quién sería la primera personalidad a la que pondría para inaugurar un nuevo Museo de Cera?
El poder siempre se ha servido del ritual y de una iconografía determinada. Antes de la era de la imagen, mucho antes, era normal que se potenciara con la omnipresencia de bustos o pinturas que hacían notar al pueblo que quien mandaba siempre estaba presente pese a ser casi invisible, porque nunca lo veían en público. Ese pasaje va un poco por ahí. Curiosamente para el nuevo poemario de Loopoesía la idea del Museo de Cera aparecerá. Ahora una condena es que te eliminen de ese lugar. No sé a quién elegiría para mi particular Museo de Cera. Quizá al negro de Banyoles porque es dadaísta, simbólico y dice mucho de lo absurda que es nuestra sociedad.
Otra instantánea de "Loopoesía 2013: Los lotófagos" en FNAC-Callao (foto: Carmen Garrido)
Otra instantánea de “Loopoesía 2013: Los lotófagos” en FNAC-Callao (foto: Carmen Garrido)
Confiesa que le obsesiona la idea de Europa, un continente “expulsado de su supremacía en vidrios traslúcidos del resquicio y posos de prepotencia estrangulados en la vitrina” ¿La idea de Europa o de la Europa del Bienestar se ha convertido ahora en la orquesta del Titanic?
En el verso que me propones, el texto ya está avanzado y se ha producido en el poemario una agnosia visual que ha fundido los clichés de uno de los lotófagos. Europa ha perdido la brújula, y parte de culpa la tiene haber olvidado la esencia de su pasado. Se recuerda desde una óptica museística que no ayuda a que la gente escarbe en el pasado, no interesa recordarlo. Ocurre lo de siempre: el poder malo prefiere a individuos sin educación porque son más controlables. Su relato de la cultura es vacuo, manido de tópicos y sin ninguna verdadera vocación pedagógica. Al fin y al cabo Los lotófagos es una suitepoética que desde la crítica expone mi visión de una problemática central de nuestro tiempo, pues desde el olvido los versos se bifurcan en muchos caminos que, creo, convergen en una unidad que va más allá de lo formal.
A lo largo del poemario recorremos su mapa sentimental, en él aparece Lavapiés como una epifanía. Un barrio donde “las corralas son paraísos, inmigrantes y ventanas con atisbos optimistas del progreso del yo” ¿Qué tiene ese barrio? ¿Viene a ser el Raval de Madrid?
A mí Lavapiés me parece una mezcla de Gràcia y el Raval, sí. Le tengo mucho cariño por circunstancias personales y porque sus terrazas me hacen sentir como en casa. El verso preludia un momento del poemario que ocurrió en realidad. Estaba un domingo en la que por entonces era mi casa, puse A Day in the Life de The Beatles y los vecinos de enfrente le dieron al play con Love Me Do. De repente The Beatles sonaban simultáneamente, eran los mismos y, a la vez, eran diferentes. Su obra de 1967 se superponía con sus inicios, con esa inocencia del primer disco. Eso son progresos del yo, mutamos y evolucionamos, somos el mismo sin serlo.
Critica en sus versos “las tabula rasa de las tendencias” barruntando el momento en que “amanecerá la jornada donde esos chinches sean pasto de insecticidas”. ¿Del postureofranquista de la mantilla se ha pasado al postureo de influencia anglosajona de loshipsters, los gafapastas o los mods?
El postureo hipster es otra deriva más del predominio de la tendencia y de la vacuidad. ¿Qué sentido tiene que unos españoles del siglo XXI imiten un modelo norteamericano de hace décadas y lo vistan de supuesta novedad?
¿Seguirá existiendo Loopoesía mientras haya algo que denunciar?
Loopoesía existirá mientras tenga fuerzas para seguir con un proyecto que, desde un nacimiento festivo, ha pasado a ser algo muy ambicioso. Lo primero es el texto y de ahí parte todo lo que forma el espectáculo: mezclas musicales, imágenes, actuación, escenografía y recital. Todos los elementos se engarzan por y para los versos, que, con este formato, creo que logran acercarse más al público. La exigencia es fuerte, porque cada año debe ser mejor que el anterior. Este año, Los lotófagos han dado un salto en relación a 2012, y en 2014, con el quinto aniversario del proyecto, la ilusión es máxima. Loopoesía denuncia, es verdad, pero, sobre todo, ya lo dice su lema, es amor. Siempre que termino elshow digo que es un espectáculo, y no es algo que diga para quedar bien, se hace para la gente, porque sin ellos no tendría sentido. No creo en la poesía onanista, sí creo en su función social a la manera  eliotiana.
¿Loopoesía es, además de amor, una respuesta a los convencionalismos de los versificadores?
En este caso, más que la Loopoesía en sí misma creo que el anticonvencionalismo que manifiesta está en el ADN de su creador, así que mientras viva existirá Loopoesía, que ahora es un proyecto multidisciplinar poético, pero que más que nada es un estado de ánimo y una forma de entender la literatura y lo que me rodea.
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Paralela a la actualidad, crítica y contestataria forma de poética existencia, me pregunto cómo será la próxima edición Loopoética, teniendo en cuenta el movidito calendario 2013. Corrupción y sobresueldos; desahucios y suicidios; banqueros en la cárcel; Infantas imputadas; renuncias de Papas y Reinas; muertes de Thatcher y de Gandolfini; tríada de indignación en Egipto, Turquía, Brasil; amenazas del gordito rabioso de Kim Jong-un; grotescos juicios pantojiles; escándalos de espionaje masivo. Y el domingo pasado, una “pérdida irreparable”: la de la hegemonía española sobre el fútbol mundial. ¿Cruzará nuestro funambulista estas aguas más propias de Costa da Morte que del Mare Nostrum en sus próximos versos? A buen seguro, ya está quitándose el arnés e invocando al espíritu protector de Lennon mientras tararea Give peace a chance.

sábado, 6 de julio de 2013

Jueves 11 de julio, 19horas 30 minutos: Loopoesía en el Jardín del Olokuti



Este jueves 11 de Julio Loopoesía vuelve con Los lotófagos al Jardín del Olokuti, en el número 38 de la calle Astúries, cerca del metro de Fontana. Será nuestra última actuación de esta primera parte de 2013, y nos gusta realizarla en un sitio que es especial para el proyecto, que volverá en septiembre con la segunda parte de su gira entre España y Latinoamérica.



viernes, 28 de junio de 2013

Entrevista en Sigueleyendo



Diálogo con Jordi Corominas i Julián, Por Santiago García Tirado
Hablar con Jordi Corominas i Julián (Barcelona, 1979) es un ejercicio recomendable a media tarde. Tonifica el cerebro, genera endorfinas. Excita el deseo de lanzarse a leer alguno de los libros de los que habla continuamente. Eso sí: requiere nervio estar a su altura. Uno llega medio atolondrado por la baja presión atmosférica (va a llover, creo) y tiene que tomarse un café de urgencia para poder estar al nivel de su hiperactividad. Se ríe cuando le comento que últimamente no doy de mí para mantenerme al día de su frenesí vital, que ni siquiera Facebook me sirve para saber todo lo que lleva entre manos. Luego, una vez acabada la entrevista, me reconocerá cierto mérito cuando me diga que, por suerte, los dos hablamos muy deprisa. Pero no. El que vuela con las palabras es él. Está de gira con su proyecto Loopoesía del que este año ha publicado Los lotófagos (Ed. Versos y Reversos), y ha representado su función loopoética catorce veces, incluida una versión en plena calle Ferlandina, en el Raval. 
Le van los retos. Y conste que hablamos de poesía. 
Son las cinco en la terraza de La Central, calle Mallorca.
Santiago G.T.: Que digo que he intentado seguirte la agenda últimamente, y me ha resultado tarea imposible.
Jordi Corominas: Y hay muchas cosas que la gente no sabe, además…
SGT: No, no te desnudes todavía.
JC: Dime, pregunta, dispara.
SGT: Empecemos por tu gira 2013 con Loopoesía. La experiencia ha sido brutal. ¿Tenías calculado a dónde iba a llegar la experiencia?
JC: Yo empecé el proyecto en 2009. Al principio había un músico que hacía mezclas, yo me encargaba de las escenografías, los diseños para las proyecciones. Entonces todo era más surrealista, más desordenado. Desde el año pasado, el proyecto se convierte en papel gracias a la editorial Versos y Reversos que edita El gladiador silenciado [primer libro dentro del proyecto Loopoesía]; este año ha sido Los lotófagos. Todo adopta ahora una estructura más ordenada, porque yo me he sentido respaldado. Este año sí quería hacer una gira, no conformarme con presentar en Barcelona y Madrid. Y he tenido suerte: me han invitado a La Coruña, a Salamanca, he actuado en las FNAC de Madrid, en Sevilla, Palma, Bilbao… Siete ciudades en total, contando Barcelona, en un total de 14 espectáculos. En BCN ha sido 6 veces. Y en cuatro ocasiones he actuado ante más de 100 personas.
SGT: Repítemelo: ¿100 personas? ¿En un recital de poesía?
JC: Sí, ya tengo asumido que puede haber días así. También otros, como en Sevilal y Palma, con menos de quince personas. Es una cosa bonita y estaba muy tranquilo cuando sucedió. Lo que no podía esperar era terminar yendo a Latinoamérica, como ha sido el caso.
SGT: Uno empieza y ya no ve forma de parar. Y las puertas se siguen abriendo.
JC: Sí, y lo de Latinoamérica es importante porque el proyecto es muy arriesgado, está muy ordenado, muy estructurado y me siento más que contento de cruzar el charco. Me parece un salto de gigante.
SGT: Tu propuesta saca a la poesía del papel y la lleva al público convertida en espectáculo. Pongamos que tienes que elegir: ¿Poesía silenciosa o poesía performativa?
JC: Loopoesía ofrece la poesía performativa, para luego pasar a la poesía silenciosa. Yo ofrezco toda la mezcla (recito el poemario y cada pieza ―la música, las proyecciones y los disfraces― está relacionada con el poemario). El resultado deja entre el público una acumulación que no permite seguir todos los versos. Posteriormente, el público puede adquirir el poemario y volver a acercarse al poema en el silencio de su casa.
SGT: Eso te permite llegar al gran público. ¿Es un peligro que la poesía se abra al gran público?
JC: El peligro es considerar la poesía elitista. Una vez me dijo Agustín Fdez. Mallo: “¿Cómo no voy a experimentar en poesía, si la poesía la leen cuatro gatos?” El formato en que lo planteo lo acerca al público aunque, de manera paradójica, alguien lo puede considerar elitista. Hay gente que opina que es vanguardista.
SGT: Y lo es.
JC: Sí, pero lo sea o no lo sea, no soy yo quien debe decirlo. Mi idea es acercarlo a la gente, haciéndole ver que además puede ser divertido. Puede ser divertido porque la gente tiene unos tópicos mentales establecidos sobre la poesía (de micrófono, atril, amor, muerte, temas muy manidos) y concibe eso como algo muy aburrido. Para que algo sea interesante tienes que lograr desterrar la imagen antigua. Y es complicado, porque el mundo de la poesía está muy cerrado, se estructura en capillitas que producen efecto de coraza. Es un mundo endogámico que no quiere salir de sí mismo, y en ese sentido, al intentar ir por libre, yo creo que me alejo un poco de eso.

SGT: Hablemos de tus temas. Parece, por la materia que escoges, que huyes de ti mismo: no hablas de amor, de estremecimientos internos; es como si huyeras de los grandes tópicos de la poesía. Pero hablas de crisis, de derrumbe social…
JC: Sí, pero por encima de todo hablo del amor. El proyecto es: Loopoesía es amor, y hablo del amor por acercar la poesía al público y ofrecerme de la manera que me ofrezco. Eso me lleva mucho trabajo, me encanta hacerlo, y en ese sentido es amor. Pero bueno, tampoco es poesía de crisis, aunque sí, me interesa la política, la historia. Yo estudié Humanidades porque me fascina la historia. Creo que la poesía tiene que transmitir un mensaje y pisar la calle. Si yo piso la calle, veo lo que ocurre. Yo de lo íntimo puedo pasar a lo general. Se trata de un intimismo diferente. Mi poesía nace muchas veces del paseo. A mí me salen las ideas paseando, mis personajes siempre están moviéndose. Aunque sí que rehuyo los temas clásicos. Soy incapaz de escribir poemas de amor, que ya se han escrito durante más de 3000 años. No tiene sentido que haga un nuevo poema de amor. No aportaré nada nuevo. Me aburriría. ¡Ya están en las estanterías!
SGT: Esa forma tuya de rehuir lo íntimo, ¿es una forma de protegerse?
JC: Yo me subo en el escenario, y me muestro, pero nadie tiene por qué saber nada de mi vida privada. Mi vida privada es mía. El tipo de exhibición que yo hago no es gratuita porque ofrece algo al espectador. Pero no me gusta la exhibición de la gente que se hace fotografías y casi ve la poesía como una pasarela. Ni en las redes sociales hablo de mi vida privada. Las uso como herramienta de trabajo, no como plataforma de exhibición.
SGT: Hay autores y autoras que sí lo hacen: posan, se presentan como autores a los veinte años; son los nuevos Rimbauds.
JC: Me parece que estamos en una época que propicia eso. La gente no se está dando cuenta de que probablemente todo lo que se proyecte ahora en esa forma efímera no va a permanecer. Y entonces se olvida algo importante, que es el hecho de tener una constancia y de trabajar para crecer. Quien no haga eso, seguramente desaparecerá como lágrimas en la lluvia.
(Jordi Corominas se ríe mucho, ¿lo he dicho ya? Cuando le sale el lado canalla debería haber siempre un fotógrafo para plasmar el momento. Solo hay unas chicas en la mesa de al lado que nos miran, pero no llevan cámara. Lástima. Sería un buen documento para el Facebook).
SGT: Uno mira para atrás en el tiempo y ve un turbamulta de gente que fue encumbrada en su día como grandes nombres de la literatura futura; ahora nadie los recuerda.
JC: Sí, termina sucediendo. La poesía es un mundo muy peligroso. La poesía se considera a sí misma y a lo que la envuelve muy importante, y en el fondo nadie le hace caso. Lo mejor que puedes hacer es partir de tu insignificancia para crecer.


SGT: Parece que hay un grupo importante de gente joven en la poesía con demasiada prisa por exhibirse. ¿Hacia dónde crees que camina la poesía, y hacia dónde te gustaría que fuera?
JC: A mí lo que me gusta de la poesía es que adopta una variedad de registros muy grande, y seguramente algunas personas permanecerán. En mi caso, me interesa ahora el poema-río, el poema-encadenado. Los Lotófagos tiene 600 versos. Voy a seguir en esta senda un tiempo, experimentando. En cuanto a la poesía en general, creo que tiene que ser coherente el contenido con la forma, uno tiene que intentar ser contemporáneo sin que ello implique gratuidad; y uno tiene que ser coherente con su tiempo.
SGT: Porque no hay forma de sustraerse a sus coordenadas.
JC: Sí. De otro modo sería mera retórica. Y la poesía tiene que tener un mensaje.
SGT: Es verdad, las capillitas existen: ¿Te identificas con alguna?
JC: No.
SGT:¿Odias alguna?
JC: Tampoco. No odio, no odio a nadie.
SGT: Olvídate de las capillitas actuales, piensa en los poetas de cualquier época: ¿de quién serías socio?
JC: Sería socio de Jean Cocteau, de Eliot, Joan Salvat-Papasseit, no sé de quién más… quizá de Apollinaire, no sé, gente así. Siempre sería más bien socio de gente que ha ido por libre. Siempre he sido así, y es algo que a muchos no les gusta de mí. Que no me caso con nadie. Y creo que es necesario para mantener la individualidad. Permanecer en capillitas para lo único que sirve es para que la gente se chupe la polla, los unos a los otros, y no me interesa.
SGT: Es un ejercicio entretenido. Y hay momentos en que un escritor lo necesita.
(Obviamente, el fotógrafo sigue sin aparecer, pero reímos igual).
JC: Yo quiero que me lea gente que yo no conozco, no quiero que me lea el que da la palmadita en la espalda. Para estar una noche bebiendo cerveza, ya quedo con mis amigos a las nueve en un bar.
SGT:¿Cómo combinas narrrativa y poesía? ¿Eres eso que se llama un monógamo en cadena?
JC: Combino ambas. Por ejemplo, mi siguiente proyecto ya lo tengo acabado (y está siendo muy difícil de mover en editoriales): consiste en una compilación de todas mis entrevistas para encerrar tres generaciones de literatura en un libro de diálogos que incluye autores españoles y latinoamericanos. Iría desde Jenn Díaz a Juan Marsé, desde alguien de 25 años hasta alguien que tiene 80. Estamos hablando de entre 35-40 autores.
SGT: Pon a alguno de ellos de relieve. Alguien que en el momento de la conversación te diera una impresión fuera de lo común.
JC: Vila-Matas, por supuesto. No sé, con él hay una especie de sintonía.
SGT: Es intimidante.
JC: Claro, pero es muy tímido también. [Ya digo, hay que estar audaz con Jordi C.] Y yo lo soy, más de lo que parece. [Bueno, si se ríe es posible relajarse. No se puede estar en guardia todo el tiempo de la entrevista]. Es una cuestión de que, cuando empecé a interesarme por la literatura, fue el primer autor de nuestro tiempo que me deslumbró. Hablando con él, aprendes. Y además es muy receptivo a hablar de sus cosas, si tú le preguntas bien.
SGT: Hay un momento en que se crea un clima de honestidad evidente.
JC: Sí, pero el hecho de que él sea un autor que me haya epatado no quiere decir que yo, cuando escribo prosa, siga su estilo.
SGT: Vila-Matas es inimitable. ¿Qué te parece que no suene normalmente en las quinielas por los grandes premios (Príncipe de Asturias, Cervantes)?
JC: Ya llegará y se le hará justicia.
SGT: ¡En Espania!
JC: ¡En Espania! Ya llegará. Muñoz Molina, por ejemplo, es un premio merecidísimo. Y por cierto, es otra persona muy impresionante cuando se le entrevista. Es un señor consecuente.


SGT: Da juego
JC: Es consecuente, es ético, no escribe gratuitamente. A mí me gustan los autores que no son gratuitos, que no practican fuegos de artificio, que lo que escriben en cada línea tiene una justificación. Estos dos me parecen muy coherentes (y está apareciendo mucho esa palabra en esta entrevista: coherente).
SGT: Señal de que te persigue. Y ya que estamos en la coherencia, hablemos de tu faceta como narrador. Tu última experiencia es José García (Ed. Barataria, 2012).
JC: José García ha levantado diversas reacciones. Hay quien ha dicho que es una vuelta al realismo (y tiene algo de realismo, claro; la verdad es que todo lo que hago es muy realista; Loopoesía es muy realista). Hay quien dice que es una forma de escribir nueva, y no creo yo eso tampoco. La experiencia de la novela es positiva, pero llevo tiempo sin escribir en esa línea. Este verano pienso volver a la narrativa: tengo una idea de una novela, pero también otra de un ensayo acerca de una mujer de aquí, de Barcelona, que es Enriqueta Martí. Era la secuestradora de niños de 1912, de la que se han dicho muchas mentiras (como que les sacaba el tuétano para hacerles a los ricos cataplasmas para la tuberculosis). La han querido vender como un Jack el Destripador de Barcelona, pero he estado investigando y no es cierto. Estoy viendo que, como la documentación es muy inconcreta (hace dos años que voy acumulando información), voy a llamar al texto La imposibilidad de un ensayo. Y voy a escribir en función de cómo yo he ido evolucionando con este ensayo, cómo me iban saliendo las ideas, como avanzaban las pesquisas…
SGT: Lo barcelonés puebla tu obra.
JC: La novela (de la que de momento solo tengo la idea) también será barcelonesa. José García ocurre en cinco calles del barrio de Gracia.
El año que viene es el 5º aniversario de Loopoesía, y quiero acabar también el nuevo poemario este otoño. Lo que hago durante todo el año es ir pensando en las partes, en las ideas del poemario, voy apuntando… como los asesinos o los detectives, que tienen la pizarra y…
SGT: Y vas vomitando ideas.
JC: voy vomitando ahí. Al final le doy un orden, y me sale bastante rápido.
SGT: Sale rápido porque ha habido una reflexión en el tiempo.
JC: Es como un parto. He estado nueve meses pensando en las ideas del poemario. Sé que se va a llamarEl hombre del traje amarillo.
SGT: Like you!
JC: En ese caso soy yo, obviamente. Va a ser el 5º aniversario, y va a ser especial. Va a ser una mezcla entre soledades y paseos.
[Si no he perdido la cuenta, son cuatro los proyectos que Jordi Corominas trae entre manos. Y no deja de reír. Mmmmm.]
Leo mucho. La crítica me permite ordenar, a partir del pensamiento de los demás, mi propio pensamiento. En ese sentido, la crítica, cuando la ves de forma ordenada, te permite hacer la biografía de quien hace esa crítica. Porque te muestra el estado de ánimo, cómo fluye, qué intereses tiene en cada momento.


SGT: Es una forma de creatividad.
JC: La crítica es un género en sí mismo, lo dice Eliot. No se reseña por reseñar. Toda reseña tiene que ser ejemplar. Pero habrá un momento en que yo deje de hacer crítica y me ponga a hacer ensayos largos.
SGT: Esta es la entrevista de Jordi Corominas con 34. Cuando la hagamos a Jordi Corominas con 44…
JC: Siendo poeta es más fácil hacer reseñas, creo yo. Si en algún momento estoy más metido en la prosa, aun siendo honesto, me podrían poner a parir. Porque España es muy de amiguismos, yo ya estoy harto de esto.
La chica de al lado no ha dejado de levantarse durante la entrevista para pedirle el mechero. Tres veces ha repetido el movimiento. A mí no me ha hecho ni caso. Como castigo, le propongo que nos haga la foto final (por desgracia, ahora no hay risas).
Y la chica la hace. En las librerías solo puede haber gente buena, dicen.


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