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jueves, 14 de noviembre de 2013
Balance del año loopoético en la web de V&R
Tras el cierre de la gira española, y justo antes de ir a Chile, mi editor Daniel Ramos ha escrito en la web de Versos&Reversos un pequeño balance del año que casi termina, excelente para Loopoesía en todos los sentidos. Puedes leerlo aquí
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lunes, 11 de noviembre de 2013
Fragmento de Los lotófagos
Loopoesía 2013 cerró el pasado sábado en Zaragoza su gira española. Ahora nos queda disfrutar de cruzar el charco, presentar el proyecto en Chile y ya preparar todo el dispositivo del quinto cumpleaños y su poemario "Al aire libre". La semana pasada en la web de Versos&Reversos colgamos un fragmento inicial de Los lotófagos, suite que ha vertebrado Loopoesía a lo largo del año que va cerrando sus puertas. Puedes leer los versos clickando aquí
martes, 5 de noviembre de 2013
Sábado 9, 22 horas: Loopoesía en Zaragoza
2013 va cerrando sus puertas. En el caso de Loopoesía llega el final de nuestro tour por España. Ha sido un año muy intenso que a nivel nacional cerraremos en Zaragoza el sábado 9 acompañados de Experimentos in da notte. En diciembre, a la espera de inaugurar 2014 con el nuevo poemario "Al aire libre", nos espera Chile. De momentos os dejamos con los datos de este fin de semana.
Loopoesía+Experimentos in da notte
Sábado 9 de noviembre, 22 horas
La Ley Seca
Calle Sevilla 2, Zaragoza
Entrada 4 euros
lunes, 21 de octubre de 2013
Sábado 26, 21h30: Loopoesía en La Mercería de Sevilla
Hemos descansado un mes que nos ha ayudado a preparar 2014, pero Los lotófagos aún siguen en marcha, el año no ha terminado y este sábado 26 Loopoesía vuelve al ruedo en Sevilla, ciudad que ya visitamos en junio. Como no queremos quitar público al clásico hemos optado por actuar a partir de las 21h30 minutos en La Mercería, donde desplegaremos nuestro show de 2013 por penúltima vez en España. Deseamos que venga mucha gente. Aquí tenéis los datos:
Loopoesía 2013 en La mercería
Sábado 26 de octubre, 21h 30 minutos
c/ Regina 10
41003 Sevilla ( Cerca de la Alameda de Hércules)
Entrada gratuita
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
Martes 10 de septiembre, 19 horas: Loopoesía 2013 en Fnac Triangle (Barcelona)
Llevo casi dos meses sin Loopoesía, pero Los lotófagos vuelven a la carga el 10 de septiembre en Fnac Triangle. El año pasado actuamos justo ese mismo día y repetir es garantía de un trabajo bien hecho, así que nos sentimos muy contentos por poder presentar, quizá por última vez en Barcelona, el show de 2013 porque después el calendario de otoño seguirá por Sevilla y Zaragoza antes de culminar este gran año en Santiago de Chile y Valparaíso.
Loopoesía 2013 en Fnac Triangle
Martes 10 de septiembre, 19 horas
Plaça de Catalunya 4
Entrada gratuita
Loopoesía es amor
jueves, 29 de agosto de 2013
Los Lotófagos en Culturamas
Loopoesía se prepara para volver tras el descanso veraniego. Lo hará el 10 de septiembre en Fnac Triangle de Barcelona. Por eso, aunque siempre lo es, nos parece genial que Sonia Aldama haya escrito para Culturamas una nota sobre el proyecto y Los lotófagos. Puedes leer el artículo clickando aquí
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jueves, 11 de julio de 2013
Entrevista para Revista de Letras
Jordi Corominas: “La paciencia es una seña de identidad que estamos perdiendo”
Por Carmen Garrido | Portada | 10.07.13
Desconozco si en la genética de Jordi Corominas hay incrustados resabios de algún antepasado funambulista, como en la de Nick Wallenda, sucesor de una estirpe de equilibristas. Wallenda cruzó hace un año las cataratas del Niágara, de una forma elegante y serena: debajo el vacío y el fantasma amarillo flúor de Marilyn. Hay en torno al creador de Loopoesía una coyuntura semejante a la del baile con el viento que supone caminar sobre un cable de acero: un vacío de novedad en la poesía española actual, la enorme carencia del deseo de romper normas en los versos y la necesidad de llegar a otra orilla, más lejana, más honesta, más contemporánea con los tiempos actuales. Probablemente, en la mente del creador catalán estos objetivos no existieran a priori y fueron naciendo en buena ley y lenta cochura, pero sí le rondaba desde el principio la idea de mostrar, transgredir y, quizá, romper unos cuantos decimonónicos versos o, tal vez, tirar al agua un minimalismo poético que nada dice, vacuo, gaseoso.
A mediados del XIX, Blodin cruzó también estas columnas de agua en los Grandes Lagos, parándose en medio de la hazaña a cocinar y comerse una tortilla. Algo muy “Corominas”. Sólo que él prepararía unos spaghetti al pesto, una saltimboca alla romanay un espresso fuerte de postre, uno de los almuerzos trasteverinos del personaje José García en su novela homónima. En persona, Jordi es como un buen café romano: enérgico, arrollador, apasionado, mediterráneo. Él deja sus huellas, sus versos-río dejan su legado. Éstos no caen en catarata, fluyen gota a gota en un poema largo donde los protagonistas vuelan, alados, a través de escenarios históricos y de los mapas sentimentales del autor. El libro, cuyas líneas declama en su performancemultidisciplinar de Loopoesía, lleva por título, en este 2013, Los lotófagos (ed. Versos y Reversos). El espléndido poemario comienza con ese Duty Free del olvido patriota que es un aeropuerto, vía de escape de las tragedias cotidianas, lugar de alienación para seguir siendo borrego, espacio para mentirse y dorarse el soy “ciudadano del mundo”.
Su poemario empieza con un tránsito vacacional: los pasajeros de los vuelos low cost se convierten en los compañeros de Odiseo, ansiando comer flor de Loto para olvidar la rueda de hámster en la que se mueven. Para olvidarla apenas un par de días. ¿Está tan escaso de sueños el hombre de hoy que cree que su libertad reside en las escapadas del fin de semana o en los bajos precios de Ryanair?
El poemario empieza en el aeropuerto porque es un paradigma del “no lugar” contemporáneo con aliño de velocidad, despersonalización, anonimato y consumismo. Además, es un espacio de tránsito y supuesto disfrute, como ocurre con otros “no lugares”, como por ejemplo los centros comerciales. Dentro de su carcasa, se alternan la cárcel y la vía de escape, resumen de la ciudad contemporánea. Esa carcasa contiene en su interior el simbolismo de demasiados elementos de la posmodernidad.
El hombre de hoy día es menos lúcido de lo que parece y sigue la pauta del rebaño desde una supuesta victoria de su individualismo. Todos quieren ser diferentes pero todos son iguales. Y en medio, en una sala privada del aeropuerto, los lotófagos olvidan, como la mayoría de la gente, que viven en la perpetuación de un fast food mental y cultural.
¿La revolución española, la Spanish Revolution consiste en asegurarse la jarra de cerveza del viernes para los 50 años que nos quedan de vida y convertirse en un lotófago para olvidar la precariedad de los empleos?
La revolución española no ha tenido lugar, aunque hay algunos elementos para la esperanza. Siempre nos preguntamos qué ocurre para que no salga todo el mundo a la calle. De todos modos, la gente debería leer más Historia y entender que una revolución es un proceso de años, no consiste en tomar el Palacio de Invierno y ya está. Echo de menos un verdadero papel de la gente de la Cultura en todo el proceso que debería iniciarse para regenerar el país. Y no hablo de gritar en la calle y lucir palmito: hablo de construir, de proponer, de unirse para intentar cambiar las cosas apresurándonos lentamente.
El verso no habla de jóvenes escritores, más bien de la futilidad del viaje, que ha perdido su trascendencia y ha adquirido la banalidad de lo previsible, con fotos desde la comisaría. Si la pregunta es en relación a un cierto postureo de la juventud literaria española pues puede ser, pero de todo hay en la Viña del Señor. Creo que es una generación, la de los veinte a los treinta, diferente a la nuestra en el sentido de interacción cibernética, a través de las redes sociales, con lo que suponen a nivel de promoción y contactos. Yo, con veintitrés años, esperaba poder publicar algún día, pero desde la paciencia, una seña de identidad que quizá estemos perdiendo.
Para usted el viaje es una Odisea, el viaje cambia al viajero. Si no se viaja no se vive. En cambio, los viajes de ahora sirven para llenar el ego y el Instagram. ¿Qué viaje no olvida Jordi Corominas? ¿Qué viaje le gustaría realizar? ¿A qué época viajaría?
Me fascina viajar y cuando no puedo hacerlo me gusta perderme por Barcelona porque desde lo ignoto llego a un cierto tipo de conocimiento. Soy un escritor que trabaja mientras pasea. No olvido mi estancia en Roma durante dos años porque me abrió una serie de perspectivas e influencias que, en un momento inicial, me dieron mucha vida y aún flotan en mi inconsciente. Me enamoré de la ciudad, es un amor incondicional. Me gustaría perderme varios meses por América Latina. No creo ser capaz de elegir una época a la que viajar, eso casi depende del día. Me gustaría conocer a Giacomo Casanova y acompañarle en sus andanzas, así que vayamos al siglo XVIII en su compañía.
Siguiente verso que le sugiero comentemos: “Somos una cíclica guadaña”. ¿Debería existir una guadaña en la Literatura/Poesía que olvidara a determinados clásicos demasiado manidos a fin de renovarse?
La Poesía, a veces, parece un arte que se ha quedado anclado en un punto indeterminado del pasado, tanto por temas como por su forma de presentarse al público. Me aburre observar la repetición de repetición y esa solemnidad que la gente asocia con algo cansino. ¿Tanto cuesta intentar acercar los versos y renovar tanto su contenido como su continente? El mundo es una fuente inagotable de la que bebemos muy poco. Por otra parte sí, somos una cíclica guadaña, que mata, y en muchas ocasiones intenta decapitar aquello que puede resultar peligroso para el orden del conformismo, así es.
En ese juego suyo con La Parca y su instrumento de trabajo habla de que “somos una locomotora que para avanzar requiere anular motas/ echamos cianuro a las reminiscencias/ reseteamos el time line para abarcar felicidades estériles” ¿El ciudadano de a pie usa demasiado la “cíclica guadaña” de la que hablábamos antes para olvidarse de lo que debería hacer, de lo que debería recordar mientras está tranquilamente dormido en su camita?
En esa primerísima parte del poemario comprobamos que las personas que pueblan el aeropuerto parecen autómatas. En la sala de los lotófagos éstos fuman y caen en el olvido del pasado, pero también del presente. Su memoria ha sufrido una modificación letal, la metamorfosis que extermina cualquier posibilidad de recuerdo, se ha cancelado la memoria y con ella la posibilidad de la libertad que le corresponde al ciudadano.
¿Andan muchos jóvenes poetas hoy día “gimiendo risueños en la ausencia/ afortunados en su letargo de mirar a un techo” mientras flirtean con los clásicos, casi remendando lo ya hecho por otros?
Creo que en España hay buenos poetas, jóvenes y no tan jóvenes. Opino, asimismo, que las redes sociales y la democratización que supone Internet dan una falsa expectativa a muchas personas que aman escribir. Amar la escritura no implica tener calidad. Lo clásico debe ser asumido, mascado y digerido para poder alcanzar otros límites. De otro modo no tiene sentido dedicarse a juntar letras.
Jordi Corominas en FNAC-Callao, el pasado 17 de mayo, en pleno show Loopoético (foto: Carmen Garrido)
En el poemario, lo bueno, lo clásico y lo que debe permanecer en nuestra memoria se exilia en Pandataria. ¿A qué o a quiénes de tiempos antiguos rescataría Jordi Corominas de esa isla? Y… ¿a qué o a quién exiliaría?
¿Qué es lo antiguo? ¡Si para mí T. S. Eliot,Pound, Cocteau o Joan Salvat-Papasseit son más modernos que muchos de mis contemporáneos! Exiliaría, en primer lugar, a los que obligan a muchos a emprender el camino del exilio por falta de oportunidades. En realidad, mandaría al destierro de Pandataria a muchos indeseables, un elenco grandioso. Creo que la mayor perversión a la que se ve sometida nuestra época es la perversión del lenguaje. Tiraría por ahí, falta en España un Karl Kraus.
¿Quién sería hoy ese crupier que todo lo maneja del que habla en Los lotófagos: Bárcenas, Coelho, el FMI, el Club Bilderberg, Planeta, Ahmadineyad y Netanyahu, Merkel, los psiquiatras, las clínicas de estética?
En realidad, el crupier universal de Los lotófagos tiene un sentido positivo ya que su misión es recuperar la memoria de los viajeros. Es una especie de dios bastante masón, desea cambiar el olvido para que los humanos no se empecinen en cometer siempre los mismos errores. Si hablamos del mundo actual el crupier, el que mueve los dados con soltura, no es uno, son muchos. Todos, dañinos e invisibles.
¿La máxima estupidez a la que puede llegar un hombre es la de creerse un salvapatrias, empuñando el fusil en nombre de tiranos que andan por los despachos, léase Stalin, léase Franco, léase Hitler, ya sea a la orden de los camisas pardas o de los ivanes?
En el poemario la Historia tiene un lugar muy importante y en él se recorre sobre todo la del siglo XX europeo. Quien me conoce sabe que Europa es una de mis obsesiones fundamentales porque ante todo me considero un ciudadano de este continente y creo que mi cerebro se ha alimentado y se alimentará de los nombres que forjaron una idea del Viejo Mundo. La pasada centuria es un catálogo de errores y horrores que sigue condicionándonos. Muere el siglo XX con lentitud y nos cuesta aceptarlo, sólo lograremos enterrarlo si formulamos nuestro propio paradigma.
Varias veces he hablado con usted de Hitler y aquella Alemania (“Un país vendido/ a la ilusión del lunático genocida y su amor a la obediencia/ a jerarquías, pasos de oca y cruces de hierro subastadas”). ¿El Führer fue la prueba viviente de que alguien con tintes mesiánicos puede llegar al poder si tiene la coyuntura apropiada?
En el poemario, Hitler aparece porque uno de los lotófagos, que habla mucho del Maresme y que fue oficial del ejército soviético, estuvo en la batalla de Berlín; fue fotógrafo de los líderes (amparado en el anonimato de quien construye con una cámara la iconografía oficial); y retrató el horror de los campos de concentración. La presencia de Hitler, la obsesión por hablar de su persona, corresponde a la fascinación por el mal absoluto y planificado que consiguió desde un orden impecable, lo que siempre es una advertencia. La época nazi fue excepcional en sentido negativo, no creo que vuelva a repetirse. La gente, pese a lo que creen los políticos, no me parece tan tonta. Una buena prueba de ello, sin que ambas figuras sean comparables, la tenemos en Artur Mas y su voluntat d’un poble. Nos puso de los nervios durante dos meses, dale que te pego con sus ideas, pero se llevó un batacazo espectacular porque engañarnos no creo que sea tan sencillo.
Siempre hay alguien, un cronista, un fotógrafo, que estampa una imagen para la Historia, que “inmortaliza a los que copan el vértice de la pirámide/ y abrazan la almohada con delirios de custodiar museos/ de cera mientras brincan con saña para despedazar a la base”. Y logra que esos “estampados” se sientan “los reyes del mundo”. Antes, “los reyes del mundo” eran los Acuerdos de Yalta, de Potsdam, Churchill, Stalin, el Che. Hoy los retratados son Olivia Palermo o Justin Bieber. ¿Los mitos van degenerando?
Más que esos nuevos mitos, que son fenómenos pasajeros de una época que fomenta el olvido con noticias que duran menos que nada y nombres que son un “si te he visto no me acuerdo”, creo que nuestra era es especialista en vaciar de contenido a los mitos pasados, y sobran los ejemplos. El más lógico es el Che, otro sería Morrison y uno muy mascado que acentúa la banalidad actual es Baudelaire. Al igual que Rimbaud creo que es muy mencionado pero poco leído, la lectura de Baudelaire corre el peligro de ser un postureo. Y es una lástima.
En el poemario hay un pequeño máster sobre las atrocidades políticas y el cretinismo de algunos poderes. Luego, ellos y sus hechos quedan inmortalizados en los Museos de Cera, donde “los gobernantes buenos se equiparan a los mediocres por mor de las estatuas” ¿Deberíamos cerrar esos lugares de los horrores estéticos ya que las estatuas equiparan a Marco Aurelio, a Espartero, a la Moreneta y a Urdangarín? ¿Quién sería la primera personalidad a la que pondría para inaugurar un nuevo Museo de Cera?
El poder siempre se ha servido del ritual y de una iconografía determinada. Antes de la era de la imagen, mucho antes, era normal que se potenciara con la omnipresencia de bustos o pinturas que hacían notar al pueblo que quien mandaba siempre estaba presente pese a ser casi invisible, porque nunca lo veían en público. Ese pasaje va un poco por ahí. Curiosamente para el nuevo poemario de Loopoesía la idea del Museo de Cera aparecerá. Ahora una condena es que te eliminen de ese lugar. No sé a quién elegiría para mi particular Museo de Cera. Quizá al negro de Banyoles porque es dadaísta, simbólico y dice mucho de lo absurda que es nuestra sociedad.
Confiesa que le obsesiona la idea de Europa, un continente “expulsado de su supremacía en vidrios traslúcidos del resquicio y posos de prepotencia estrangulados en la vitrina” ¿La idea de Europa o de la Europa del Bienestar se ha convertido ahora en la orquesta del Titanic?
En el verso que me propones, el texto ya está avanzado y se ha producido en el poemario una agnosia visual que ha fundido los clichés de uno de los lotófagos. Europa ha perdido la brújula, y parte de culpa la tiene haber olvidado la esencia de su pasado. Se recuerda desde una óptica museística que no ayuda a que la gente escarbe en el pasado, no interesa recordarlo. Ocurre lo de siempre: el poder malo prefiere a individuos sin educación porque son más controlables. Su relato de la cultura es vacuo, manido de tópicos y sin ninguna verdadera vocación pedagógica. Al fin y al cabo Los lotófagos es una suitepoética que desde la crítica expone mi visión de una problemática central de nuestro tiempo, pues desde el olvido los versos se bifurcan en muchos caminos que, creo, convergen en una unidad que va más allá de lo formal.
A lo largo del poemario recorremos su mapa sentimental, en él aparece Lavapiés como una epifanía. Un barrio donde “las corralas son paraísos, inmigrantes y ventanas con atisbos optimistas del progreso del yo” ¿Qué tiene ese barrio? ¿Viene a ser el Raval de Madrid?
A mí Lavapiés me parece una mezcla de Gràcia y el Raval, sí. Le tengo mucho cariño por circunstancias personales y porque sus terrazas me hacen sentir como en casa. El verso preludia un momento del poemario que ocurrió en realidad. Estaba un domingo en la que por entonces era mi casa, puse A Day in the Life de The Beatles y los vecinos de enfrente le dieron al play con Love Me Do. De repente The Beatles sonaban simultáneamente, eran los mismos y, a la vez, eran diferentes. Su obra de 1967 se superponía con sus inicios, con esa inocencia del primer disco. Eso son progresos del yo, mutamos y evolucionamos, somos el mismo sin serlo.
Critica en sus versos “las tabula rasa de las tendencias” barruntando el momento en que “amanecerá la jornada donde esos chinches sean pasto de insecticidas”. ¿Del postureofranquista de la mantilla se ha pasado al postureo de influencia anglosajona de loshipsters, los gafapastas o los mods?
El postureo hipster es otra deriva más del predominio de la tendencia y de la vacuidad. ¿Qué sentido tiene que unos españoles del siglo XXI imiten un modelo norteamericano de hace décadas y lo vistan de supuesta novedad?
¿Seguirá existiendo Loopoesía mientras haya algo que denunciar?
Loopoesía existirá mientras tenga fuerzas para seguir con un proyecto que, desde un nacimiento festivo, ha pasado a ser algo muy ambicioso. Lo primero es el texto y de ahí parte todo lo que forma el espectáculo: mezclas musicales, imágenes, actuación, escenografía y recital. Todos los elementos se engarzan por y para los versos, que, con este formato, creo que logran acercarse más al público. La exigencia es fuerte, porque cada año debe ser mejor que el anterior. Este año, Los lotófagos han dado un salto en relación a 2012, y en 2014, con el quinto aniversario del proyecto, la ilusión es máxima. Loopoesía denuncia, es verdad, pero, sobre todo, ya lo dice su lema, es amor. Siempre que termino elshow digo que es un espectáculo, y no es algo que diga para quedar bien, se hace para la gente, porque sin ellos no tendría sentido. No creo en la poesía onanista, sí creo en su función social a la manera eliotiana.
¿Loopoesía es, además de amor, una respuesta a los convencionalismos de los versificadores?
En este caso, más que la Loopoesía en sí misma creo que el anticonvencionalismo que manifiesta está en el ADN de su creador, así que mientras viva existirá Loopoesía, que ahora es un proyecto multidisciplinar poético, pero que más que nada es un estado de ánimo y una forma de entender la literatura y lo que me rodea.
*******************************
Paralela a la actualidad, crítica y contestataria forma de poética existencia, me pregunto cómo será la próxima edición Loopoética, teniendo en cuenta el movidito calendario 2013. Corrupción y sobresueldos; desahucios y suicidios; banqueros en la cárcel; Infantas imputadas; renuncias de Papas y Reinas; muertes de Thatcher y de Gandolfini; tríada de indignación en Egipto, Turquía, Brasil; amenazas del gordito rabioso de Kim Jong-un; grotescos juicios pantojiles; escándalos de espionaje masivo. Y el domingo pasado, una “pérdida irreparable”: la de la hegemonía española sobre el fútbol mundial. ¿Cruzará nuestro funambulista estas aguas más propias de Costa da Morte que del Mare Nostrum en sus próximos versos? A buen seguro, ya está quitándose el arnés e invocando al espíritu protector de Lennon mientras tararea Give peace a chance.
domingo, 2 de junio de 2013
8 de junio 22,30 minutos: Loopoesía en el Festival FACYL, patio de la casa de las conchas (Salamanca)
El próximo sábado 8 de junio Loopoesía 2013 actuará en el festival FACYL de Castilla León. La cita nos parece excepcional por el lugar donde presentaremos Los lotófagos: el patio de la casa de las conchas de Salamanca. El sitio es impresionante y ese día a las 22,30 minutos prometemos ofrecer un show a la altura de las circunstancias. La motivación es máxima, así que todo tiene que salir de maravilla.
Loopoesía es amor
domingo, 19 de mayo de 2013
23 de mayo, 21 horas: Loopoesía en La sala Kalian Hkg de Bilbao
Tras arrasar en Madrid, con una estupenda acogida en Fnac Callao, Loopoesía sigue su gira española en Bilbao antes de recalar en Salamanca y Sevilla. La ocasión se presentará el jueves 23 a partir de las 21 horas en la Sala Kalian. Os esperamos.
Loopoesía es amor
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jueves, 16 de mayo de 2013
Gritos loopoéticos
Este 2013 el show de Loopoesía culmina, o casi, con un grito. Aquí, no tenemos tantos recursos, no salen los de cada actuación, pero mi editor Daniel Ramos ha grabado algunos. Fuera de su contexto pueden parecer excéntricos, pero encajan en una idea concreta del espectáculo relacionada con el poemario. Se grita por un motivo que se puede entender mediante la lectura de Los lotófagos o la asistencia a uno de nuestros bolos, como el viernes 17 en Fnac Callao. Os dejamos con estas pequeñas explosiones, terapias de aterrizaje.
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miércoles, 1 de mayo de 2013
Viernes 3 de mayo, 19 horas: Loopoesía 2013 en el Jardín del Olokuti
Este viernes Loopoesía vuelve a uno de sus lugares de predilección, el Jardín del Olokuti en el barcelonés barrio de Gracia. Hemos actuado dos veces y en ambas la energía del lugar nos ha dado un plus. Después de actuar en la calle esta continuidad al aire libre es un alivio en el que queremos daros todo lo mejor, aquí os dejamos con los datos de la cita, que también puedes ver aquí
Loopoesía 2013 en el Jardín del Olokuti
Viernes 3 de mayo, 19 horas
Carrer d'Asturies 38 (Metro Fontana)
Entrada gratuita
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lunes, 29 de abril de 2013
Willy Uribe habla del Loopoesía de Sant Jordi en su blog
Foto: Mon Carrera
El escritor y fotógrafo Willy Uribe asistió el pasado martes 23 de abril a una de las mejores explosiones loopoéticas del año: actuar en la calle, entre Sant Vicenç y Ferlandina en pleno Raval. Pensábamos salir derrotados por culpa del Barça, pero al final acudió mucha gente y fue un show Lotófago totalmente diferente, con mucha energía por la calle, las personas, un borracho inesperado y las ganas que teníamos de liarla muy bestia. Willy ha escrito en su blog de la jornada, no sin ofrecer unas fotos rápidas como esos 47 minutos que tardaremos en olvidar. Puedes leer y ver las imágenes aquí
El escritor y fotógrafo Willy Uribe asistió el pasado martes 23 de abril a una de las mejores explosiones loopoéticas del año: actuar en la calle, entre Sant Vicenç y Ferlandina en pleno Raval. Pensábamos salir derrotados por culpa del Barça, pero al final acudió mucha gente y fue un show Lotófago totalmente diferente, con mucha energía por la calle, las personas, un borracho inesperado y las ganas que teníamos de liarla muy bestia. Willy ha escrito en su blog de la jornada, no sin ofrecer unas fotos rápidas como esos 47 minutos que tardaremos en olvidar. Puedes leer y ver las imágenes aquí
lunes, 15 de abril de 2013
Ana Rodríguez Callealta reseña Los lotófagos en Sigueleyendo
Crear literatura
es ordenar palabras para crear –a su vez- estructuras cuya combinación final de
como resultado un texto inédito. Y para que un texto sea arte, el artista sólo
tiene que emitir el mensaje y establecer un contrato implícito con el destinatario
potencial que diga: Esto es arte. Una vez aceptado por el receptor, el
cuadro de la comunicación –habiendo entrado ya en juego, lógicamente, las
funciones del lenguaje-, queda completo. Así, lo primero que le viene dado al
lector es una estructura ya hecha en la que entra como variable y actor, entre
otras cosas, el nivel sintáctico de la lengua, del que derivará lo semántico en
un sentido oracional y textual, porque el nivel semántico, en sí mismo, es
transversal, esto es, irreductible.
Al abrir Los
Lotófagos de Jordi Corominas, lo primero con lo que se encuentra el lector
es con un juego sintáctico. Un juego sintáctico evidente y claro, de pura raza.
Esto viene a decir que en un primer nivel, el poemario se presenta como un
tablero de juego que a su vez debe ser construido por el lector a partir de lo
ya dado: las reglas, las figuras. Con todo lo que eso comporta. Es decir, debe
dotar a un poemario que es un solo poema sin pausas (a excepción de las comas),
de un sentido único a partir de un ejercicio de des-encriptación. En resumidas
cuentas, se trata de un poemario encriptado de múltiples lecturas: tantas como
lecto-jugadores. Así, una vez buscadas y re-buscadas las pausas, los sujetos
oracionales, los hilos temáticos, las subordinaciones, las jerarquías, etc., el
lector entra en el libro, lo desencripta y forma parte de él más allá de la
empatía, porque es algo suyo y Los Lotófagos lo ha convertido en
jugador, esto es, en participante.
Si es o no
adecuada la lectura que propongo, no lo sé. Pero he entrado en Los
Lotófagos. Y se me ha permitido jugar. Con eso me basta.
Después de todo
este ejercicio sintáctico, en el que he atravesado el poemario sin pausas ni
cortes, estableciendo sujetos y núcleos de acción, Los Lotófagos se me
ha presentado como un juego de cajas contenidas las unas en las otras cuyo
final será por siempre infinito. De esta forma, me he permitido jerarquizar el
poemario en núcleos temáticos de la siguiente forma:
Lo primero es
que el desembarque en la isla de los Lotófagos necesita, lógicamente, de una
travesía que nos lleve hasta él. Y yo me pregunto, entonces, si una vez
desembarcados en la isla, Jordi Corominas no habrá tenido miedo de perder la
memoria, y no habrá corrido, por eso, a imprimir en letra escrita esta crónica
–aparentemente surrealista- de la sociedad contemporánea. Crónica y críticas
nada surreales. La escritura automática es tan sólo el efecto.
Empieza así: Desarmamos
rampas y cross-check, hartazgo/ de tanta nouvelle vague,/ serán azafatas de una
compañía low cost, sí / agua a dos euros y medio
Y ya intuimos
donde vamos a estar: un aeropuerto sicodélico, el engranaje en espiral de la
locura. Mientras tanto, el yo se
entrecruza entre el anonimato y la impersonalidad rápida y voraz en las que
estamos imbuidos: y le puedo ofrecer una tarjeta oro gratuita, cada / minuto
sintiéndome / un péndulo de puente aéreo con las maletas en / la mirilla de la
desdicha, / bestia observación anónima entre sudores de / semejantes que
ignoran / al hombre sin rasgos que aspavienta brazos / rogando compasión en no
lugares / diseñados para histerizar a doña normalidad / con ínfulas impresas en
un papel
Y aquí la clave
de lo contemporáneo que, un poco más adelante, será pasado histórico proyectado
en presente: en la mentira de un lujo extinto, mantis / religiosas del siglo
XXI
El marco se
convierte en espectáculo (no quiero que termine el / espectáculo, abran la
puerta). Pero el espectáculo no termina aquí, en este aeropuerto de la
histeria, sino que empieza aquí: sean bienvenidos / a la isla amnésica de
los lotófagos. ¿Y cómo es la isla? abismo privado de objetos perdidos, /
escondite de la náusea fugaz que a todos representa. En la isla de los
lotófagos, cada itinerario es una mudanza que acrecienta recuerdos (verso
magistral). Avanzar en ella, es perder la memoria: magma de efemérides
destinado a / sepultar en su cementerio / lastres que en ocasiones lamentamos
abandonar / y en otras agradecemos / depositar en la espiral de una selección
natural / de la omisión consentida
Todo el poemario
es un itinerario por la falacia del pacto con el olvido en el que estamos
inmersos cíclicamente: la sociedad, cárcel querida. Y la mentira no es
superficial, es una flecha de doble punta que va, simultáneamente, hacia el
exterior (somos una cíclica guadaña / que acciona sus mecanismos para dar /
tranquilidad a las fachadas creyentes / de una cotidianidad sin mácula) y
hacia el interior (en la / alcoba prefieren hedonismo / de humareda
reclinados en el mutismo, (…) maná / glorioso de quienes optaron por esputar /
cianuro a la reminiscencia). El hedonismo absurdo de la mentira
complaciente. Así, Jordi Corominas va recreando esa atmósfera donde el
diálogo es utopía. La descripción es buenísima: yacen, gimen risueños en
la ausencia, / afortunados en su letargo / de mirar un techo, cazar ficticias
mariposas y / filtrear con lo clásico / en la cima de una modernidad ajenos al
apestoso / ruido de la terminal. Porque la terminal les daría un bofetón
con la verdad sin amnesia.
Y el juego entra
en el juego, el meta-juego de Los Lotófagos: las fichas útiles del
tablero (…) el croupier / universal da brío a su ruleta atildado de / dandismo
redentor, / sabe latín de las profundidades (…) fulares y un toque divino con
su bastón de la / esperanza. La figura de este croupier se erige
como la del dios omnipotente que tiene la llave de las tragaperras mentales.
Estamos ya recorriendo una ludopatía existencial mediante la cual,
el ser humano se convierte en ceguera, en hueca carne, en ruina interior.
A partir de
aquí, el poemario se transforma en una regresión por las filas de la memoria
histórica: y la religiosidad catalana, asustada con David / Bowie / y el
comunismo de pa sucat amb oli de los / setenta. Estos versos son una
genialidad: acatamos la copla de acordes fijos / lamiéndonos / las heridas
en cuevas adaptadas a menesteres / básicos, / contentándonos con limosnas que
justifiquen el / ideal / y burdas blasfemias planfetarias de regímenes / que
son un scrabble global, perlas del / abecedario / de la infamia. Es un
paseo por la batalla de Berlín en el que desfilan por subversión del símbolo,
cánones de la historia, de la literatura, de la sociedad, de la cultura: Dante,
Wagner, Virgilio. El pasado es la base de proyección de la crítica sagaz del
presente, en tanto que su cimiento real e histórico: escombros de champagne
revolvían el viento / del raudal explosivo, y en los despachos de la / derrota
/ se traducía en fornicaciones de secretarias con / militares / extraños al
reglamento y Wagner en la radio del / frente. Y estamos de golpe en la
Alemania nazi, escaparate / de la vergüenza del irraciocinio postrado ante /
la revolución. Sublime.
Y en medio del
genocidio, el hombre y la masa. El hombre como individuo. La paradoja: cómo
puede ser el anonimato la sangre de la muchedumbre que es el todo al que
pretende dirigir y controlar la autoridad: y la lente del fotógrafo de los /
paladines, / etéreo notario a sueldo de mandamases, / su identidad tiene un
rostro / que es el de cualquier compañero / en su misma tesitura. El
anonimato frente al rostro de la autoridad: porque la rúbrica no cuenta en
cuarteles / de maniáticos gerifaltes, / dueños de cetro / y tiara en la milonga
del reconocimiento / por y para la masa. El eterno retorno: trucados
según la centuria. Y se me viene a la cabeza –fíjense-, Jorge Manrique: en
su inopia atrofian jergas detectivescas, / borrando pistas / que les darían
chispas para aprehender que su / condición es idéntica / al plebeyo del
trípode. El siervo, el esclavo, a merced de las dictaduras, cuyos
gobernantes, sólo quieren una foto de su cara en un despacho, porque el rey,
no es nada desnudo sin propaganda.
Y cambia el
escenario: ahora vemos al artista de / corte / en un parque municipal dando
alpiste a las / palomas, / a su alrededor la Sagrada Familia es un pastel / que
los turistas devoran con sus baratijas de / cuatro duros. Entonces el
poemario se hace estampa
(in)costumbrista: una chica recoge los excrementos de su chucho (…)
ve salir a los pasajeros de la boca del metro, y / llora la intuición / de un
color sin significante ni significado. Maravilloso: niña, mi vocabulario
se desvaneció en el / incendio / de mis neuronas, desde entonces acumulo /
bolsillos aserrinados de la razón y el laberinto / devino en agujero negro,
sopa de letras / disuelta en polvo que flota vano y viudo / por mi cabeza. Metaliteratura.
Y vemos desfilar a Van Gogh por las remozadas zozobras finiseculares en
confines / surcados por la orquesta del Titanic en la playa / del entresuelo
con velos decimonónicos.
Y luego, desde
una ventana de Lavapiés, el fútbol y The Beatles, cadencias entrelazadas con
un punto sarcástico inevitable: a posteriori dialogamos en un / restaurante
indio / de la avenida principal, pedimos una jarra de / líquido / elemental del
grifo por eso de ahorrar con la / crisis / y sentirnos astutos en el elogio de
la calidad, / pero recaudaron lo mismo con el plus del / picante. Y entra
en juego una liturgia sacra; lo sacro por la inversión de los símbolos y las
figuras de la mitología romana: tira el cáliz del / burdel de la Almudena /
y asume de una puñetera vez que si estás / conmigo es por inclemencias / del
cálido invierno en que te travestiste de / Caronte en la oficina, /
prometiéndome franquear el Leteo en sentido / inverso. Y también otras
historias (la del traslado del / profesor a Cracovia / por motivos docentes
al campo de / concentración). Otras historias, pretéritos / rescoldos
como alegorías de lo que fue y no volverá, que a Jordi Corominas le sirven
para enlazar con una crítica brutal a la opinión pública, al snobismo ilustrado
y a la crítica literaria actuales. Resumo: adiestrada / retórica que
comentan con aspavientos / en el / mugriento / bar Manolo dos filólogos noveles
(…) estiloso flequillo / peinado al milímetro y una serie de iconos / vintage a
tono con la vanguardia del presente (…) críticos literarios (…) arremeten con
el lacón / untándolo con clásicos grecolatinos del / cochambroso / e impoluto
desván del farmacéutico. Y cómo no, también lo que se conoce como Justicia
Poética: amanecerá / la jornada donde esas chinches sean pasto del /
insecticida (…) mientras tanto sé Cristo / con los mercaderes / del templo, te
lo ruego, aviva tu potestad. Imposible sobrevivir al adocenamiento
ferial de las / gafas de pasta.
Y por fin,
Hiroshima, 1945: dos gemelos / vestidos de pingüino castizo / en guateques
tardofranquistas entretenían con / sus guitarras (…) autopsia / sinfónica que
apuntalaban con las sobras de su / natalicio / recolectadas en hemerotecas
falangistas y / televisiones forasteras. El franquismo: pan blanco de /
estraperlo / en tu cartilla de racionamiento (…) ¿dónde / están los
embajadores? (…) golpe de Estado en el / ensanche / del desierto (…) España y
la danza macabra del / monopolio / del macho cabrío, terrateniente, marcial y
bajo / palio. Y la posguerra: nunca / Hamelín con pezuñas desenfrenó /
su fertilidad con tan virulenta mansedumbre.
En
definitiva, en cuanto a su significado, Los Lotófagos se constituye como
una revisión histórica proyectada en presente. Crítica diacrónica, sincrónica,
sagaz y necesaria. Testimonio de la máscara y de la mentira, de los absurdos cauces
del progreso y de su pose. Magistral.
domingo, 14 de abril de 2013
Los Lotófagos donde tú quieras
La distribución de los libros de poesía en este país suele ser algo tirando a horrible. Nosotros permitimos adquirir Los lotófagos, poemario de Loopoesía 2013, en shows y también lo distribuimos en bastantes librerías, pero si en la de tu confianza no lo tienen siempre puedes adquirirlo en Agapea, que tiene una forma de distribución que permite hacer llegar el libro donde tú los digas. Si estás interesado sólo tienes que clickar aquí y así podrás adquirir tu ejemplar de Los lotófagos.
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viernes, 22 de marzo de 2013
Sábado 23, 22 horas: Loopoesía 2013 en el Festival Coruña Mayúscula
Estos días en el festival Coruña Mayúscula están siendo alucinantes. Buena compañía, calidad espectacular de todo y oportunidades magníficas. Ayer recité en compañía de excelentes poetas como Kepa Murua, Carmen Camacho, Dores Brines o, entre otros, Gonzalo Escarpa, hoy hice una pequeña parte de Loopoesía 2012 para 500 chavales y mañana, 23 de marzo, toca el reto tremendo de presentar Los lotófagos en el ágora . Para quien quiera más info, tiene pinta de ser una noche tremenda os dejo un link con el programa aquí
miércoles, 20 de febrero de 2013
Los lotófagos en Revista de Letras
“Los lotófagos”, la lúcida embriaguez de los versos
Por Anna Maria Iglesia | Destacados | 18.02.13“¿Una flor, el romero oel Lilio, vale, esté viva o muerta,la caca de un pájaro marino?¿o el lamento de una vela?
Ni a los lilios, ni al romeros, solamente a la flor de loto, aquella que embriagaba a los habitantes de la homérica isla, recurre Jordi Corominas para convertirse en un lotófago, para convertir sus versos en la verbórrica expresión de una lúcida locura. No hay preguntas que valgan para Corominas, que, a través de sus versos, parece querer apostillar aquellos que en su día escribió Arthur Rimbaud, el poeta que versificaba interrogantes:
“¡Nuestro siglo es un Siglo de infierno!”, escribía el poeta francés, “Los postes y los hilos telegráficos lucirán, lira de cantos férreos por tus omóplatos mágicos”. Con su poemario Los lotófagos, Jordi Corominas regresa a ese infierno secular, a ese lugar del cual Rimbaud se hizo orador; el infierno versificado por Corominas, sin embargo, se esconde tras una onírica imagen producida por el loto, por esas flores cuya embriaguez, a diferencia de aquella que cegó a los marineros de Ulises, no atenúa la lucidez de la voz poética. La mirada lúcida del poeta es la de quien reside en los “invisibles aposentos del manicomio de la cordura”, en los que la cordura es el reconocimiento de la locura, es el reconocimiento de los lugares habitados una vez convertidos –ai lass!- en manicomio. Ya no se trata de aquella ciudad, de aquellas calles parisinas fragmentadas y plurales, aquella Rue Christine que recorría Apollinare un lunes por la mañana donde la historia urbana, todavía mostrándose, se desvanecía frente a la imperante modernidad de cemento y hierro.
París cambiaba ante la mirada del poeta, ahora, sin embargo, ante la mirada del poeta Corominas, la ciudad ya ha cambiado, ya se ha convertido es ese espacio ajeno, en ese no-lugar teorizado por la postmodernidad porque, como canta el poeta, “el telón era propiedad de la Historia y su caída estaba anunciada en la cartelera”. La historia ha caído, ya lo dicen las palabras de Carlo Levi con las que Jordi Corominas introduce su poemario; han pasado muchos años de aquello a lo que solíamos llamar historia, ahora, más allá de las etiquetas, la cotidianidad ha perdido su mácula y nosotros “atropellamos residuos”, mientras que la locomotora, con ruedas de “caucho maloliente”, “para avanzar requiere anular motas de polvo, polillas personales”. El individuo se anula en el escenario recorrido con pulsión escópica por una voz que rescata los fragmentos de un escenario venido a menos, el escenario de una debacle donde los exiliados comparten espacio con los psicólogos de suculentas tarifas en busca de los yos perdidos, donde en las plazas los artistas de corte dan alpiste a las palomas mientras los turistas llenan sus bolsas de baratijas. En el escenario de Corominas, en ese manicomino donde la cordura todavía es posible para el poeta, el bar Manolo comparte acera con el frutero Mod, las patatas bravas siguen sirviéndose en las mesas, mientras en la barra un chino espera. Los cambios son veloces, el lugar se ha convertido en otro, en la hibridez de una realidad irreconocible, el poeta escucha los ecos de un pasado que, desde el generalizado olvido, regresa tras la imagen de un crepúsculo que, teñido de azul, evoca, casi en un acto involuntario, a ese “atardecer francés de 1914”. El humo brotando de las chimeneas vuelve a describir imágenes pretéritas, tiempos pasados y, sin embargo, cercanos, todavía visible para este poeta que, a pesar de que todo ya ha cambiado, de ser un extranjero en un lugar que no ha dejado de pertenecerle. Parece imposible apropiarse de ese lugar transformado en negación de sí mismo, una vez cruzado el Leteo ya no hay regreso, la mirada de Orfeo se pierde en ese camino al que ya no se puede regresar. A pesar de esto, en esa mirada a la que Blanchot dedicó una de sus páginas más bellas está la poesía, en esa mirada Jordi Corominas encuentra la manera de hacer poesía hoy, de versificar el convulso presente. No hay pausa, no hay límites, ni siquiera un final, pues el poema termina como debería empezar: con una bienvenida a este manicomino de la locura, donde las lenguas se mezclan babélicamente, donde el pa sucat amb oli sobrevive como aquella burguesía catalana que un día se escandalizó con David Bowie, ¿de quién se escandalizará hoy?
En un verborréico retorno, Jordi Corominas no hace de su poesía un programa poético, no hace de sus versos propaganda de ninguna escuela ni de ninguna moda; la grandeza de los Los lotófagos reside en ser poesía, simplemente, y afortunadamente, poesía. En sus versos Corominas evoca la cultura clásica, los grandes nombres del canon, la alta cultura representada por Wagner, la cultura pop con rostro de David Bowie, los Beatles -¿qué sería de Corominas sin las letras del grupo de Liverpool?- las patatas bravas, la historia olvidada demasiado presente, las chimeneas, la propaganda y la empobrecida ética que trata de empapar a una opinión pública golpeada por la angustia. No es un pastiche, no es un mero ejercicio de estilo, la obra de Jordi Corominas es la irónica versificación de un escenario demasiado real y, a la vez, demasiado onírico, un manicomio del cual no poder salir, una pesadilla dulcificada por aquellas flores de loto que, como en el país de los lotófagos, nos hacen permanecer, seguir haciendo poesía tras haber irremediablemente cruzado el río Leteo.
Anna Maria Iglesia
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viernes, 15 de febrero de 2013
Sábado 16, Loopoesía 2013 en Porta4
Este sábado 16 Loopoesía realiza su segunda función del año en Porta 4. Para adquirir tus entradas con descuento puedes clickar aquí. Si el sábado pasado fue bien, en este prometemos superarnos.
Loopoesía es amor
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martes, 5 de febrero de 2013
Ya a la venta Los Lotófagos
Faltan pocos días para estrenar temporada loopoética, que dará sus primeros pasos en el teatro Porta4 de Barcelona los sábados 9, 16 y 23 de febrero. Hoy la buena nueva es que el poemario que artícula Loopoesía 2013 ya puede adquirirse online en la tienda de Versos&Reversos clickando aquí
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