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jueves, 29 de octubre de 2015

Viernes 30, Coloquio sobre la Mentira que siempre dice la verdad, de Jean Cocteau, en el Espacio LEER



Este viernes en el espacio LEER de la calle Argumosa 37 de Madrid participaré junto a Maica Rivera y Pablo Mazo en un coloquio sobre la poesía de Jean Cocteau con motivo de la publicación de La Mentira que siempre dice la verdad, la antología con los versos del francés que preparé para la editorial Salto de Página. La cita será a las siete de la tarde.

lunes, 5 de enero de 2015

Martes 13 de enero, 19 horas: Presentación en La Central de Callao de Barcelona 1912: el caso Enriqueta Martí


"El caso Enriqueta Martí", de Jordi Corominas

Silex

Martes 13 de enero, 19hLa Central de Callao
A finales de febrero de 1912 Barcelona se vio agitada por una historia más que sensacional. La desaparición de la niña Teresita Guitart descubrió la figura de Enriqueta Martí, una pobre mujer que de la noche a la mañana se convirtió en un monstruo criminal de primera magnitud que según la prensa asesinó a un sinfín de niños, comerciaba con las grandes familias de la ciudad y fabricaba potingues con sangre y vísceras que guardaba en una misteriosa habitación que quizá también servía para otro tipo de tratos. La bomba saltó y nació un mito que ha llegado hasta nuestros días para perpetuar una leyenda negra que murió en la cárcel y sobrevivió en la imaginación colectiva.


Jordi Corominas i Julián nació en Barcelona el 28 de abril de 1979. Es escritor y crítico literario. Ha publicado más de una decena de libros de varios géneros literarios. En novela destaca José Garcia (Barataria, 2012), en teatro ha publicado El teclado (Excodra, 2014), mientras que en poesía se le conoce por el proyecto Loopoesía, que desde 2009 intenta acercar la poesía al público desde un proyecto multidisciplinar donde el verso es la clave como demuestran poemarios  El gladiador silenciadoLos lotófagos o Al Aire Libre, todos ellos editados por la editorial Versos&Reversos. Es colaborador de Radio Nacional y El Diario. Barcelona 1912: El caso Enriqueta Martíes su tercer ensayo.
 

Presenta el acto Pablo Mazo


Evento en Facebook

viernes, 20 de junio de 2014

Diálogo con Juan Gómez Bárcena

GÓMEZ BÁRCENA: “NO ME GUSTA EL EFECTO GALDÓS”

Juan Gómez Bárcena | Foto cedida por el autor
Juan Gómez Bárcena | Foto cedida por el autor
Es viernes y estoy en Madrid. Como con Pablo Mazo y Juan Gómez Bárcena, ambos cántabros, ambos asociados porque Pablo ha editado en Salto de Página la novela El cielo de Lima, texto con el que Juan se postula como uno de los narradores jóvenes más sólidos de nuestro país, y la afirmación no es gratuita ni propaganda de mercadillo, entre otras cosas porque en sus páginas se respira rigor, capacidad infinita de dar vueltas de tuerca y una precisión que en absoluto riñe con la capacidad de tener una voz propia e imaginativa.
Después de la comida tomamos un café en un bar cercano. Estamos animados y podríamos seguir hablando de nuestras cosas, pero además de para reír y comer nos hemos reunido para que leáis este diálogo. Nos ponemos serios, estallamos nuevamente en una sonora carcajada y enciendo la grabadora.
¿Cuál es el punto de partida de la novela?La primera vez que supe de la anécdota fue en el colegio. Me mandaron hacer un trabajo sobre Juan Ramón Jiménez y me sorprendió el engaño tragicómico al que fue sometido por los dos limeños que inventaron el personaje de Georgina Hübner. Más tarde todo fue concretándose. En 2010 estaba en México terminando Los que duermen y volví a pensar en la anécdota.
Salto de Página
Salto de Página
¿Y cómo se concretó?En alguna entrevista respondí que parte de mi trabajo se basa en la frontera difusa entre la realidad y la ficción. Fue entonces cuando me di cuenta que con la anécdota de Juan Ramón tenía una novela perfecta para trabajar el tema, mucho más que otra novela que había escrito centrada en temas de la realidad virtual hoy. Me di cuenta que era más interesante la efeméride, pese a su antigüedad, para explicar el juego de máscaras que se da en Internet…
Si comparas lo de Juan Ramón en 1904 con la realidad virtual hay un factor diferencial que es la espera.En este punto la idealización puede aumentar porque tardas un mes en recibir respuesta, y no es de la última carta que has enviado.
Le llegan mazos de cartas mensuales.Y eso hace que aumente la ensoñación que idealiza.
Y además 1904 nos hace pensar en la chica que espera las cartas de su enamorado en el puerto, algo que podría haber imaginado el mismo Juan Ramón.Es una imagen muy prototípica. La mujer con un vestido largo esperando en el malecón, como si fuera la única posibilidad de saber si llega el barco de las cartas, algo que no puede darse en Internet, donde las construcciones son inmediatas.
¿La lentitud de la época te ha ayudado a temperar tu novela a nivel de tiempo narrativo?Creo que sí, porque de transcurrir en un tiempo más rápido no podría haberle dado a la novela el ritmo que tiene, donde ocurren acontecimientos, pero tiene un ritmo narrativo acorde a 1904, donde todo parece un poquito más lento, desde una fotografía hasta un luto. Ese tiempo, ese sosiego, ayuda a la configuración del amor en la novela.
La anécdota inicial decía poco de los personajes, te dio juego para desarrollar la novela.La anécdota es muy mínima y de hecho pensé en un relato, pero me di cuenta que el primer capítulo me daba un ritmo lento, con exigencia de más páginas. Necesitaba configurar los personajes. De José Gálvez se sabe algo, pero de Carlos Rodríguez lo ignoramos todo. Los libros que cuentan la anécdota lo hacen con pinceladas, con poca claridad.
Así como el tiempo te permitió tratar todo con parsimonia, el no conocer a los protagonistas te permitió construirlos bien.Si se conservara la correspondencia no hubiera tenido sentido escribir la novela porque gracias a la poca información he podido desarrollar el juego creativo, lo más grato del proceso. El personaje de Carlos Rodríguez está levantado desde cero.
José para la gente del momento tiene un valor mucho más fuerte que Carlos: su familia tiene prestigio y en cambio su amigo es un nuevo rico.Me interesaba jugar con la diferencia social entre los personajes. Era imposible que entonces se entendieran un rico y un pobre, por lo que mezclar un viejo rico con prestigio con un nuevo rico era perfecto. Carlos, en una sociedad tan masculina como la peruana de principios de siglo, tiene una sensibilidad más actual por su forma de percibir la realidad.
Sí y no, por una parte a nivel de ritmo es muy de su tiempo.Sí, y su nivel de idealización es muy propio del Modernismo, pero por ejemplo su relación con las mujeres sufre porque no comparte esa trata de vírgenes y toda la prostitución que tanto gusta a los ricos.
Además es un observador finísimo, no pierde detalle. Quizá por eso acude a ese otro personaje sensible que es el escribiente.Al estar tan sometido a José es un personaje que sólo puede observar, y quizá a medida que avanza la novela va adquiriendo un cierto carácter activo.
A partir de Georgina Hübner encuentra la senda para encontrarse a sí mismo.Efectivamente, y hacia la ruptura con ese idealismo que quizá le dañaba, aunque luego dañe a otros. En ese sentido la parte de novela de Carlos es una novela de formación.
En cambio José está más dibujado a retales.Pensé en hacer un personaje más complejo, con más matices, pero quizá enturbiaba el conjunto de la novela, quería que todo estuviera visto con Carlos, por eso José tiene un pensamiento y un cuerpo más homogéneo.
Al principio de la novela el lector puede pensar que ambos serán coprotagonistas, algo que se rompe cuando llega la vuelta de tuerca. Al ser una novela larga has dado muchas para ajustar bien las piezas.Sí, porque así mantenía la tensión, y no fue nada muy pensando, más bien es la reproducción de mi propio pensamiento como autor, porque descubrí que Carlos me interesaba más mientras iba escribiendo la novela, dotándolo de más riqueza. De este modo puede decirse, aunque desde otro tiempo, que el lector descubre la trascendencia de Carlos al unísono conmigo.
No estructuraste la novela.En realidad sí, pero planifico mucho y siempre fallan mis propios esquemas. Tengo mil libretas llenas de esquemas muy pormenorizados porque no me veo con capacidad de escribir sin un plan, pero luego las cosas cambian y te sorprendes. Cuando escribo una línea necesito saber a qué conjunto pertenece.
¿Tenías claro que estructurarías la novela con capítulos cortos?Sí, eso lo tenía clarísimo. Es algo que me interesa mucho, lo mismo que los diálogos, mezclados con la voz del narrador, de este modo intentaba dar frescura a algo que de otro modo quedaría muy antigua. Por otra parte creo que eso es lo que me pedía el cuerpo, la voz que me surgió escribiendo.
Cuando piensas en como es la novela puedes llegar a verla como muy moderna porque es una novela dentro de una novela.El juego metaficcional era uno de mis propósitos, y me lo dio la práctica de la escritura, el narrador habla de 1904 pero al mismo tiempo habla del presente, mira el antes y el después con cinismo, examina esa pasión de vivir a través de la literatura de los personajes, y ellos también lo son, así como Georgina.
Tu novela es moderna, pero la que ellos quieren escribir es más que clásica.Es absolutamente clásica y ellos creen que la musa perfecta de un poeta tiene que ser la realidad, una idea pasada de moda. Su concepción de la literatura es esencialista, pero su novela, la que yo escribo, pudiera en realidad dar la idea contrario, que todo depende de la interpretación, que todo es un discurso y hasta la propia vida de los personajes.
Ellos quieren hablar de amor, pero están muy faltos de afecto.José casi es un coleccionista, mientras que Carlos tiene impotencia física y psicológica de encontrarse con una mujer real, incapacidad que a lo largo de la novela juega con la duda de si es homosexual o todo parte de un idealismo literario de la mujer.
Los dos son hijos de papá, por eso José es un seductor fácil y Carlos directamente ha de encontrar la brújula.Carlos ignora su lugar en el mundo y no le gusta el que le van a adjudicar. No sabe cómo dejar de ser ese personaje pasivo que recibe órdenes todo el tiempo.
Y poco o nada saben de la realidad.Quería hablar de la vida social de la época tal como la veían ellos, no quería hacer una novela donde diera la sensación que los obreros merecen algo. Carlos tiene un interés por la vida obrera, pero es un interés de rico, es incapaz de ver a los obreros como personas. El narrador sí puede, pero eso es parte del doble juego.
Sandoval, que introduce a Carlos en el mundo de los obreros, le da textos comunistas y anarquistas, los lee y poco le queda.No tiene las herramientas ni el interés para entender a Marx y a los demás autores que se leían por aquel entonces con afán revolucionario.
Además tanto el obrerismo como el amor entran por el puerto, que es el buzón de entrada de la época de la novela.Sí, cuando empecé a documentarme sobre el tema y comprobé lo de la huelga del muelle vi que podía incidir directamente en la trama, en este caso porque la trama social impide que su novela avance porque la huelga impide que lleguen las cartas, como cuando no te llega un capítulo de una novela folletinesca. A partir de ese punto las tramas que parecían secundarias empiezan a confluir.
Y luego lo enlazas, para mostrar lo amateur que son ellos, con el famoso manual Schnider.El famoso manual de Johannes Schneider, que por cierto es un personaje que aparece en todos mis libros, cambia de época y de registro sin perder nunca su carácter alemán. En la primera versión de la novela tenía mucho peso ese manual, hasta algún capítulo empezaba con sus frases. Pero sí, ellos son muy novatos, y al mismo tiempo sienten que están escribiendo una novela, algo que les hermana con el pensamiento posmoderno de la realidad como discurso. Schneider es su Virgilio.
¡Pero queman el manual!Sí, lo queman, y por eso a veces notan que la novela empeora e intentan recordar consejos de Schneider.
Eso tiene gracia con relación a cómo se transgrede la linealidad de la novela. Lo haces sin espectacularidad, pero la rompes todo el rato.¿En qué sentido?
En el sentido que la novela que ellos escriben sufre constantes imprevistos que rompen la linealidad de la misma.Tiene que ver con la estética de la recepción, los acontecimientos la modifican, no podían sospechar que llegaría una huelga pero la aprovechan para generar tensión. Luego aparecen más parroquianos que se apuntan a la escritura y la novela se vuelve colectiva. En cierto sentido es como una parodia de las diferentes escuelas de interpretación de un texto literario.
La vida es así, hay una evolución, no pasan las cosas como en una novela canónica.En una novela canónica desde el inicio se prevé el final y en cambio aquí están sujetos a varias cosas. Primero a lo que conteste Juan Ramón, no pueden controlar los capítulos pares, y luego está el tema de los varios autores y las propias circunstancias que van viviendo, como la huelga.
¿Pensabas a Juan Ramón como un personaje invisible que siempre está presente?Un personaje inexistente que estuviera todo el rato, Georgina, y un personaje existente que no estuviera nunca, Juan Ramón. No quería caer en la típica parodia de Juan Ramón. Con el tema de las cartas empecé a leer el epistolario de Juan Ramón para captar el tono. De haber imitado su estilo no hubiera colado, su estilo es exagerado y demasiado desgarrado, por eso opté porque fuera un personaje pasivo, casi no interviene.
En cambio sí que se construye a Georgina.No existe pero es un poco todos. Es el concepto de musa de Carlos, un poquito el que tiene José y también la proyección del deseo de Juan Ramón, que en realidad no está tan ansioso de conocerla como de inventarla en la medida de lo que él espera encontrar de una mujer, ajustarla a sí mismo, a su amor narcisista.
Hay varias trampas en las cartas, pero la fundamental es la de la foto que no llega, la espera de la imagen.Y cómo lo justifican. O lo de la hermana. En cada entrega tienen que justificar las incoherencias anteriores.
Dentro de estos dimes y diretes algo fundamental de El cielo de Lima es el trabajazo de documentación que te has pegado. Lo más importante del mismo es que apenas se nota, es sutil.Me gusta mucho que lo digas, porque lo más difícil es que ese trabajo de documentación se acople de manera natural. Es un poco como lo de la teoría del iceberg de Hemingway: saber cómo sería la vida en la época para luego contar la trama tal y como ocurría en ese mundo sin explicar los ocho novenos de información que hay detrás. No tener que explicar cada detalle, quiero que el lector lo imagine y ponerle las bases para que lo imagine en la misma dirección en que yo lo he imaginado.
Verosimilitud.Básico.
Pablo Mazo: Y eso es algo que diferencia El cielo de Lima de una novela histórica, donde se recrean en la erudición para explicarte cómo se cocinaba en la época, cosas así.
Claro.Si fuera una novela actual no explicarías cómo es un estofado. Quería que la información adicional estuviera justificada. El tema de la prostitución me interesaba mucho y lo metí en la trama, pero porque tenía un sentido. No me gusta el efecto Galdós, donde de repente el personaje llega a todos los sitios y batallas de casualidad.
Aquí todo transcurre con normalidad, sólo se fractura con las putas desnudas en la playa, pero es un episodio cotidiano, no se determina por la trama.Sí, y luego se explica el porqué, es una historia mínima.
Pablo ha hablado de novela histórica, pero esto es una ficción como una casa.Tiene Historia, pero no es la base, la trama es más importante, no explico los datos históricos para que el lector se enganche a la trama.
Y en un futuro no te vas a repetir, no puedes volver a la senda del Cielo de Lima.Siempre me ha interesado la Historia y la Filosofía, seguramente siempre escribiré sobre el tiempo y sobre choques de cosmovisiones. Seguramente el tema de mi próxima novela transcurrirá por ahí, pero vaya, no me han interesado nunca mucho las anécdotas, en ese sentido no me repetiré.
La anécdota suele ser graciosa, lo difícil es llenarla.
Claro, al final la novela no es más que un pretexto para hablar de cosas que no tienen nada que ver con la época ni la percepción del momento. Efectivamente no es el centro de lo que yo he escrito.

viernes, 21 de marzo de 2014

Diálogo con Recaredo Veredas, en Revista de Letras

DISPARAR CON BALA

Recaredo Veredas y Jordi Corominas | Foto: Marina Sanmartín
Recaredo Veredas y Jordi Corominas | Foto: Marina Sanmartín
No está bien llegar tarde a las entrevistas, pero tengo la suerte de tener buenos amigos en Madrid que entienden el cansancio del día después de una performance. Eso y la paciencia, que es un don prodigioso. Paciencia tiene Recaredo Veredas en todo lo que hace, y creo que eso con el tiempo ha repercutido a su favor en lo literario. Tras años sin publicar ha dado un salto de calidad en varios géneros que ha alcanzado su máxima expresión en Deudas vencidas, novela editada por Salto de Página que narra las desventuras de Osmundo, un abogado cobrador de morosos que topa con la crisis que a todos nos concierne y con otras de carácter más personal. La obra, que se estructura en forma de diario, no deja títere con cabeza y luce por la fluidez con que todo se encadena, desde los grupúsculos de izquierda hasta las opiniones políticas, exprimidas desde una sutileza dura pero suave que además, la guinda de un más que sabroso pastel, se mezcla con el humor, siempre necesario y tan poco usado en la reciente literatura nacional.
Tras mover la cita a otro bar para facilitar el contacto alcanzo la glorieta de Bilbao y diviso el establecimiento. Me esperan el autor y nuestra intrépida fotógrafa para la ocasión, Marina Sanmartín. Nos saludamos, comentamos la jugada del día anterior, pedimos bebidas y procedemos a iniciar la charla. Enciendo la grabadora.
Nosotros somos muy amigos de Catalunya.
Gran frase para empezar la entrevista.Y obviamente me refiero a mi querida amiga Marina y a mí mismo, no lo digo en plan Julio César.
Ni como el Papa.Eso es.
Vayamos al grano, que de otro modo pensarán que estamos locos. ¿Por qué el libro tiene estructura diarística?Me lo plantee como un libro en primera persona, que normalmente debe tener un narratario, aunque puede dirigirse al lector. En un primer momento la novela se llamaba Querido psiquiatra. El protagonista escribía un diario que le mandaba su terapeuta, hasta que entre una cosa y otra eliminé la figura del psiquiatra. El diario te permite que no haya filtros en la voz del personaje.
Potencia la idea de confesión.De confesión y de libertad, el filtro social que mantenemos en toda conversación se elimina. El diario se supone que solo lo leerá el protagonista, que de este modo se libera totalmente.
Supongo que la ausencia de este tipo de filtros te pareció fundamental desde el principio.Efectivamente. Es la manera que tiene de confesar todas sus vilezas y bondades, tiene pocas, pero alguna tiene.
Sí que tiene bondades, pero al terminar el libro recuerdas más sus esfuerzos por caer en el vicio.Cae en el vicio por su situación personal, tampoco es un vicioso crónico. Sale un poco por ahí, se mete alguna raya de coca pero vaya, tampoco es para tanto.
Salto de Página
Salto de Página
Es importante que digas lo fundamental de su situación personal. El diario empieza in media res y desde el principio percibimos que su situación no es precisamente halagüeña.Está muy presionado por su conciencia, por el declive de la relación con su mujer y también por su trabajo, motivo que le impulsa a contratar al matón. El hombre está en una situación un poco límite y llega un momento en que dice basta. Ordena todo de modo drástico, pero en su mundo las normas éticas tampoco están muy definidas.
Cuenta todo con desapasionamiento. Entiendes que tiene varios malestares fundamentales, pero Osmundo no lo cuenta cómo si se acabara la vida, tiene una cierta calma en el modo de narrar sus quehaceres.Es que en eso también influye la convención literaria. Es necesario establecer un poco de distancia entre los hechos, aunque hables en primera persona, y el personaje, de otro modo el tema se mete en un batiburrillo entre su pasión, sus sentimientos y lo inevitable de contar una historia.
Pero él es muy analítico.Lo es, pero porque la novela así lo necesita. El texto no se basa solo en las pajas mentales de este tío, es también una historia que va progresando, por lo que me pareció fundamental establecer una frontera para combinar tanto las divagaciones como la historia. Si a Osmundo se le fuera la olla demasiado la trama hubiera perdido fuerza: el todo es un rompecabezas muy difícil de montar.
Es difícil de montar pero uno de sus grandes méritos es que la estructura diarística permite que sea un texto muy ordenado.Sin duda, pero tuve que hacer una labor de poda muy importante en la que me han ayudado mi editor Pablo Mazo y otros amigos. Así establecí orden y el debido contraste entre las peripecias y las divagaciones del tipo.
Él cuenta su historia y al mismo tiempo mediante las divagaciones va dejando caer buenas perlas.Claro que las deja caer, porque alrededor de la historia hay un contexto, muy duro, un contexto de crisis y derrumbe de un país que se ha vuelto loco, que se pilló una borrachera con todo tipo de sustancias y ahora está de resaca.
Y él por profesión es una especie de notario de la resaca.Bien visto, porque en realidad no se ve perjudicado por la crisis. Sí se ve perjudicado cuando su carrera empieza a verse tocada por otros beneficiarios de la crisis que le quitan el trabajo. Entonces decide ganar en efectividad y contratar al matón.
En 2010 un hombre contrató en Barcelona a un sicario para matar a su jefe.Aquí más que contratar a un sicario estamos ante un deseo de eficacia, de tener a alguien expeditivo que acojone a los clientes.
Y puede contratar al ruso porque vive muy por encima de la media del español normal.Y su mujer también.
Y mucho de lo que gana lo destina a los vicios de la mujer.Desde la ropa de marca hasta lo de sufragar al colectivo, al grupo izquierdista al que pertenecen para vacilar.
Ya entramos en dos temas clave. El papel de la mujer, además de ser una especie de catalizadora de muchas cosas, es básico porque es un palo a partir del que van surgiendo historias.Puede ser, sí.
¿La concebiste como un punto que desencadenaba peripecias?Salió solo, mientras escribía la novela. La mujer desencadena el episodio final y más grave de la obra y también es quien le fuerza a llevar un ritmo de gasto descomunal y le introduce en el colectivo. Está sinceramente enamorado de su mujer, y no la deja.
El no sentirse correspondido condiciona todo su comportamiento.Efectivamente. También la necesidad de mantener su nivel de vida.
A partir del desafecto se va de putas, contrata al sicario, se implica en el colectivo…Sin sentir ningún interés, solo le parece un grupo interesante porque cree que así podrá publicar su novela. Aspira a conseguir influencias para ello, e incluso deja pasar episodios graves de su vida provocados por miembros del colectivo, y los deja pasar por encima, para no perder relación con quienes él cree que pueden ayudarle.
¿Qué querías reflejar con el colectivo?Ese colectivo está basado en una serie de personas que conocí tiempo atrás. No voy a nombrarles, me acojo a la quinta enmienda. Me llamaban mucho la atención, divagaban mucho sobre filosofía, lo que me parece estupendo, y se tomaban muy en serio. Gente muy cercana a mi tuvo relación con ellos, y les tenía bastante admiración. En eso está apoyado.
¿Era un grupo de tertulia?Era un grupo de tertulia que querían exponer su visión del mundo, fundamentalmente a Lavapiés, un barrio que mezcla lo canalla y lo hipster, una especie de Raval madrileño.
El grupo encaja en el contexto de crisis, porque van de revolucionarios y su toque diferencial es que hay señores de mucha pasta que van de súper izquierdistas.Ser aristócrata e ir de progre me parece fantástico, la gauche divine era maravillosa, hicieron cosas que aún perviven.
Pero no ibas por la gauche divine.Para nada, serían esnobs, pero fueron un revulsivo. Una de mis novelas favoritas es Últimas tardes con Teresa, de Marsé.
Pero realmente no podemos comparar a tu colectivo con la gauche divine, les falta gusto.Les falta de todo.
Lo más jodido es que Osmundo es inteligente, tanto como para ser consciente de todas las debilidades que tiene.Lo es hasta cierto punto, si lo fuera completamente sería divino. Tiene debilidades que no controla, sobre todo la vanidad, es egoísta y bastante inmoral en muchos aspectos. Su inmoralidad me sirve para reflejar un contexto de inmoralidad general, propia de la crisis.
Narra todo con mucha naturalidad.Él vive en un ambiente de absoluta inmoralidad en el cual los seres humanos son meros dígitos. Se ha impregnado de ese contexto, o quizá le venía de fábrica, y por eso se convierte en un auténtico relativista, un relativista absoluto.
Será así, pero tiene más moral que su amigo Marcial, el prototipo del tiburón de nuestra época.Tiene más compromiso y sabe mejor cómo se mueve. Da una serie de pasos que Marcial no da, y que tampoco su amigo puede dar, no tiene la oportunidad.
Pero cuando él queda con Marcial sabe que es la persona perfecta para ir de putas.Hay personas más adecuadas para ir de ciertas cosas.
Como si Marcial fuera ideal para cumplir ciertas perversiones.Es su compañero para eso, pero cada vez creo que es menos frecuente en el mundo de los negocios una comilona que termine en una casa de putas, aunque sí que fue normal, mira En la orilla de Chirbes.
Pero Valencia tiene más ese ambiente pútrido.¿Y Madrid, no?
Sí, pero en Valencia el pelotazo ha sido salvaje.Y se ha destruido una zona maravillosa sin piedad alguna.
Tú cuentas lo de las putas y lo plasmas desde la normalidad del protagonista, eso es lo que pasma, la naturalidad de lo que sucede, no hay pizca de fuego artificial porque lo cuentas sin gravedad.Porque para él no lo es. Los chuletones y las putas forman parte del hábitat de su crisis, o de su parte previa.
Al leer esas escenas pensaba en una especie de asador donostiarra.Es que es un sitio de ese estilo.
Y luego está el sitio donde queda el colectivo, un lugar diametralmente opuesto.Donde se siente incómodo, porque no le va pagar todas las fiestas del colectivo. Es el que gana más dinero, y como el colectivo supuestamente es justo e igualitario él paga más que los demás. Su hábitat es el del asador. Solo está en el colectivo por su mujer y para medrar en el mundillo literario, inútilmente, como por otra parte le pasa a mucha gente.
Y estar en ese mundillo literario es su máxima aspiración.Para él publicar y estar en el mundillo es fundamental.
Y ahí entra el personaje de Ortiz de Echagüe.Al que detesta e idolatra a partes iguales, es su antagonista y es el tipo al que le gustaría parecerse.
¿Ortiz de Echagüe es un apellido real?Creo que sí, pero no conozco a nadie así, me suena a consejero del BBVA, espero que no me demande.
Me lo imaginaba como Muñoz Escasi.También tiene un punto hipster.
Un pijales en un círculo de izquierdas que adora a Toni Negri.Que tiene una obra y un bagaje.
Y Ortiz de Echagüe querría ser Toni Negri.Podría ser, pero ya está contento tal como le va. Es clase alta de toda la vida, no tiene contradicciones internas, da todo por asumido, no se plantea ningún tipo de conflicto, pero sí que aprecia el conflicto en los demás. Aplican sin plantearse una doble moral absoluta.
Para él la mujer de Osmundo es un entretenimiento.Absolutamente, y eso lo ve con claridad el narrador.
Y marca las distancias entre lo que es el narrador y lo que es Ortiz de Echagüe.Sí, y la diferencia también entre lo que es la mujer del narrador, hija de un hombre hecho a sí mismo, y Ortiz de Echagüe, con una familia que lleva muchos siglos en el poder.
Y Osmundo se siente fascinado por el poder de Ortiz de Echagüe.Lo dicho, le encantaría ser su antagonista.
Ortiz de Echagüe es otro catalizador.Es interesante para él, le obsesiona porque está metido en el microcosmos que le interesa. Cuando te metes en uno lo magnificas, dejas de lado la realidad donde habitan la mayoría de los humanos o los españoles, y eso ocurre también en mundos como el literario, donde los cenáculos cotillean cada dos por tres.
¿Querías criticar todo esto a partir del colectivo?Un poco sí, pero sin cebarme. El mundo literario está lleno de gente respetable como editores que se lo curran mucho para publicar una obra y no tienen subvenciones. También hay otros con dinero de casa, que es lo mejor si quieres ser editor.
¿Definirías al colectivo como una parodia del mundillo literario?Algo de eso tiene, es una mezcla entre lo que contemplé con mis propios ojos y el mundillo literario.
En la presentación barcelonesa dijiste, y estoy de acuerdo hasta cierto punto, que la literatura española goza de relativa buena salud, pero en el grupúsculo pasa como en la literatura española: se miran demasiado al ombligo.Claro, se miran demasiado al ombligo y valoran demasiado la palabra de determinadas personas que en realidad tienen una repercusión muy reducida.
Su repercusión es nula y hacen como en los grupos literarios, grandes comunicados a los que nadie hace caso.Supongo que esto ha ocurrido siempre en cualquier mundo literario o artístico. La magnificación y el darse palmaditas. Ahora existe internet, y ahora todo esto se magnífica.
Como Gran Hermano.Adictos al me gusta.
Curiosamente no mencionas las redes sociales en la novela.No son importantes para el protagonista.
Casi parecen un grupúsculo de izquierdas de los setenta.Es cierto, como también lo es que no se mencionen casi nada las redes sociales, no son importantes en su trabajo, ni en el derecho ni en el mundo bancario. Para el grupúsculo serían importantes, pero no las usan.
Lo que demuestra lo anquilosados que están.Sí, pero lo hacen todo presencial, hay gente que en redes lanza mil comunicados que no llegan a ninguna parte.
Y bueno, lo que pasa en las redes en ellas se queda.Puedes tener tres mil me gusta y luego vender una miseria. Las redes son útiles para mover contenidos, como pasa con revistas y reseñas.
Mira, va bien que menciones lo de la revista (Recaredo Veredas es director de laMicrorevista) porque así puedo saber hasta que extremo es autobiográfica la novela.No he contratado a un matón en mi vida, eso me interesa remarcarlo. Soy abogado, he tenido contacto con diversidad de clientes, y eso sí que lo es.
¿Y la manera de pensar de Osmundo es autobiográfico?Algo habrá, pero el personaje es una parodia de mi mismo, de ciertas cuestiones que pueden pasar por mi cabeza, pero que nunca he llegado a ejecutar.
Y al ser una parodia puedes apuntillar pensamientos que como Recaredo Veredas nunca confesarías en una entrevista.No, hay pensamientos que no son míos, por supuesto que no, no tendría esa impasibilidad ante un crimen, ni lo provocaría.
Decía lo de la parodia por lo que comentaba antes: disparas con bala.Antes de esta escribí dos novelas que afortunadamente no publiqué. Con esta decidí ir a saco, en las anteriores el tono era demasiado frío, muy distantes. Me impliqué en el personaje, y para eso ayudó la estructura diarística.
¿Mientras escribías Deudas vencidas notabas que estabas dando un salto en tu trayectoria literaria?No era consciente de ese cambio. He publicado en una editorial estupenda como Salto de Página, con un editor tan adorable como Pablo Mazo, al que amo.
Yo también.Amamos a Pablo Mazo. Si era consciente de que me quedaba mejor.
Es una novela donde se percibe una evolución, hay una pura ausencia de titubeos que antes eran visibles y ahora han desaparecido. Todo va más fluido.Y es porque es una novela que siento mucho más. Después he escrito un poemario y ahora preparo una novela sobre acoso infantil y venganza.
Lo que deriva en los complejos del personaje, que tiene muchas inseguridades.Lo que más le molesta de Ortiz de Echagüe no es que se vaya con su mujer. Salta definitivamente cuando le llama gordo.
Nos fastidian más las pequeñas cosas, desde gordo hasta feo o cenutrio, que no otros factores presumiblemente más importantes.Mucho peor que te digan gordo que cabrón. En el mundo de Osmundo está bien visto que te digan cabrón, es peor que te llamen pringado.
Quizá esta pequeñez es lo que mejor define nuestra era. Si te dicen que escribes como Pablo Neruda es una banalidad, pero si te dicen fofo te afecta profundamente.Hombre, si mi madre me dice que escribo como Neruda la mandaré a paseo, pero si me lo dice Pablo Mazo, Marina Sanmartín o Jordi Corominas es un subidón.
Pero me refiero a que el pequeño detalle de la vulgaridad marca, estamos en una época de tontificación.Sí, estamos en una época de tontificación absoluta que tiene mucho que ver con la decadencia de la literatura, donde casi ya nadie aguanta textos complejos ni obras de largo recorrido: la palabra escrita se está convirtiendo en algo fragmentario y cada vez más breve.