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lunes, 16 de mayo de 2016

El banco expropiado de Gràcia en F5 de El Mundo



Este domingo, con motivo del quinto aniversario del 15M, publiqué en El Mundo un artículo sobre el banco expropiado del barcelonés barrio de Gracia. Si quieres puedes leerlo aquí

lunes, 8 de junio de 2015

Diálogo con Carlos Granés en Revista de Letras

GRANÉS: “LA VANGUARDIA Y EL CAPITALISMO ERAN ENEMIGOS A MUERTE”

Carlos Granés | Fiorella Battistini
Carlos Granés | Foto: Fiorella Battistini
Un lunes por la tarda llegó un paquete urgente a casa. Lo abrí y encontré La invención del paraíso, ensayo de Carlos Granés sobre la epopeya del Living Theatre, una experiencia cultural que desde el riesgo plantó unos cimientos de acción políticos que más tarde, como acaeció con parte de los movimientos de los años sesenta, engulló el capitalismo para su propio beneficio.
Como performer el libro me interesó desde el principio. Salir al escenario, involucrar a personas y hacerlas pensar es muy complicado y suele acarrear alegrías y frustraciones a partes iguales. En el libro del escritor colombiano la labor de Julian Beck y Judith Malina se disecciona enfocándola en el contexto de su época para comprenderla sin grietas y una envidiable precisión. Tras pedir un par de cafés nos ponemos manos a la obra. Enciendo la grabadora.
Mientras leía el libro notaba que junto al rigor incluías una parte emocional en la escritura. ¿Cómo te decidiste por abordar el tema del Living Theatre?Fue casual. En el libro previo que escribí, un seguimiento de las vanguardias del siglo XX, me crucé con el teatro de guerrillas. Eran descendientes del dadaísmo y tenían mucha influencia Beat. Escarbé un poco y me sorprendió ignorar tanto quienes habían sido Julian Beck y Judith Malina. Fueron importantísimos y eso me intrigó, sobre todo saber porque el Living Theatre había pasado al olvido tras estar durante dos décadas en la primera línea de los debates culturales de la época.
¿Y por qué crees que cayeron en el olvido?Tengo una sospecha. En 1968 y 1969, cuando hacen Paradise Now, la contracultura vive un momento de división muy claro. Unos dejan de creer en el arte como un instrumento de cambio y se inclinan por la violencia. Los niños de las flores tienen que sacar espinas, hasta que la sociedad no sienta lo que siente un campesino rociado por napalm no habrá un cambio de conciencia. Por otra parte hubo otro sector que se desentendió de la política y adoptó actitudes más pop: hedonismo, experimentación con drogas, psicodelia y placer sexual. El Living se quedó en la mitad. Eran pacifistas radicales pero estaban en contra del uso de la violencia.
Taurus
Taurus
En este sentido me parece muy interesante su rechazo a Broadway. Al negar ese templo se apartan del círculo de reconocimiento.Totalmente. Paradise Now era la versión hardcore de Hair, la versión light del estilo hippy. Hasta el día de hoy se pone en escena. Se empaquetó en un producto de fácil acceso muy seductor que aún deslumbra. En cambio Julian y Judith hicieron un espectáculo desafiante, agresivo para algunos donde las pasiones se desbordaban y lo que pasaba en el teatro era caótico y azaroso, impredecible, algo mucho más difícil de digerir.
Para ellos cada obra tiene un componente ritual muy fuerte y pese a partir del mismo objetivo cada representación era diferente.Introducían muchos cambios en cada obra. No había un guión, estaban escritos los parlamentos, pero pese a la existencia de ciertos rituales, visiones y convenciones las acomodaban al lugar donde actuaban.
Y hablan con personas y entidades de los lugares donde actuaban para contrastar problemáticas.Sí, porque de este modo ponían esas problemáticas en escena para provocar al público e implicarlo en la representación. Una vez actuaron en un recinto judío y pusieron en escena el conflicto palestino. Siempre era distinto. Dependiendo del público podía ser un ritual dionisíaco o un gran aburrimiento.
Eso es normal, porque dependiendo del público y del lugar las reacciones son distintas a partir de las costumbres del sitio y la formación cultural del espectador.Intentaban actuar en universidades para dar con público joven. En sus obras querían promover una experiencia tan intensa que permitiera cambiar las conciencias. Al final de las obras el espectador debía ser capaz de decir no porque había visto la verdad y no aguantaba más la mentira de la vida capitalista.
Todo acto cultural tiene una potencialidad muy fuerte de ser un acto político.Y eso ellos lo sacan de Brecht, Piscator y Artaud. Para ellos el teatro tenía que ser político. El arte importaba poco, lo fundamental era el mensaje y el efecto político. A veces lograban esa politización. El problema es si el efecto era duradero. La sensación de fracaso que tuvieron fue por los efectos en el tiempo de su obra.
Se frustran.Mucho. Los estudiantes iban de forma masiva a sus espectáculos, pero a la larga no abandonaban la universidad, no dejaban el sistema y terminaban graduándose hasta convertirse en profesionales exitosos con otra escala de valores. Ese fue su triunfo, la sociedad cambió para bien después de los sesenta, el mundo se volvió más flexible.
La conquista de lo Cool habla de esta transformación. Los mecanismos de lo hippie son adoptados por la sociedad burguesa y devienen factores inofensivos porque se banalizan.Eso es, y hasta la palabra revolución se vuelve un gancho comercial. Desde principios de los sesenta si un publicista no quería hacer una revolución no valía ni vendía nada. ¿Por qué? La modernidad cultural del siglo XX tuvo dos fuerzas muy visibles: el arte de vanguardia y el capitalismo. Eran enemigos a muerte, pero lo eran porque se negaban a ver que tenían espacios muy similares como apostar por lo nuevo y romper con el pasado.
Las vanguardias quisieron ser legitimadas. Después de 1918 Picasso deja de ser un paria, surgen compradores ricos de sus obras y es aceptado por el Mercado.Dalí es quien lo hace de forma más evidente. Los empresarios querían hacer lo mismo que los vanguardistas. Todo lo que heredas no sirve, necesitas algo nuevo, por eso la vanguardia funcionó mientras estaba enemistada con el capitalismo. Breton prohibía a sus seguidores vivir de su arte porque debían permanecer puros. Dalí es quien provoca que los caminos de estas dos antípodas se crucen.
El Living conoce todos estos matices. Son amigos de Dalí y de gente de la contracultura, pero a diferencia de muchos pecan de ingenuidad por idealismo.Siempre fueron estrictamente fieles a sus ideas y postulados por una ingenuidad que los hacía puros. Nunca entraron al Mercado con sus obras de teatro. Al final, por desesperación, entraron en Hollywood e hicieron ciertos papelitos bastante cutres para evitar la quiebra. Julian Beck actuó en Poltergeist, justo un año antes de morir, como reverendo satánico.
Al ver en el libro que Jim Morrison fue de los únicos que los apoyó pensé en cómo compartían postulados, pues una vez una compañía automovilística propuso al grupo usar una canción y sólo él rechazó la propuesta, no quería venderse.Él vio en L.A. varias obras del Living. Se quedó fascinado con Paradise Now y en un concierto en Miami decidió imitarlos. Hizo un happening y eso le costó su carrera.
En el escenario Morrison tenía un punto de performer chamánico. En cambio Bowie sabía que toda su performance escénica estaba planificada como objeto de consumo. Entre ambas vertientes medían tres años, que son los que van de Paradise Now al fracaso brasileño del Living, de la apoteosis del 68 a la asunción capitalista de los valores hippies.Y eso es vital. Judith y Julian lo ven muy claro. Todo el arte en que creyeron ha pasado a fortalecer el sistema, que se nutre de los mensajes de rebelión juvenil, espontaneidad y hedonismo. Los tratan como objetos de consumo. Las nuevas generaciones quieren vivir con lo mejor de los dos mundos, con trabajo burgués más placeres y aventuras hippies.
Y ellos llegan a plantearse con el tiempo si su gira de Paradise Now tuvo sentido porque el público universitario era burgués.Y la platea, el teatro, también lo era. Los dueños de los mismos son el capital o el Estado. Si querían que la gente saliera a la calle a hacer la revolución no tenía sentido empezar en el teatro, en cambio sí lo tenía partir de la misma calle. Cuando se van a Brasil no tienen ni idea de nada, no conocen la situación política, no saben qué el país está regido por una dictadura, pero sí tienen claro que actuarán en la calle, en las favelas y entre los pobres.
Pasolini hablaba de la periferia de las ciudades como el tercer mundo del primer mundo y ama a esas gentes porque cree que aún no se han corrompido al mantener la pureza. Contempla a esos marginados como entes donde el mensaje social podrá cuajar mejor. ¿Lo del Living en Brasil se enmarca en esta perspectiva?Una vez se frustran con el estudiante como clase revolucionaria van en busca de los pobres y los oprimidos del tercer mundo. Es una experiencia quijotesca. Pretenden liberar a la gente de una dictadura latinoamericana con obras de teatro. Es el sueño más absurda. No tenían ni idea de lo que era una dictadura latinoamericana. Ellos, como Ginsberg en Howl, pensaban que Estados Unidos era Moloch, un monstruo autoritario y represor que devoraba a sus hijos. Cuando llegan a Brasil y descubren una realidad mucho más cruenta desde la amenaza continua alucinan.
Y sin que ellos supieran nada desde su superioridad occidental en Brasil se creó un caldo de cultivo vanguardista interesante en teatro y música que usaba sus armas de forma eficaz.La vanguardia brasileña es fantástica. Su mito fundacional fue la semana moderna de 1922. Dinamizaron las capitales hasta que Getulio Vargas las sepultó por un nuevo nacionalismo. José Celso Martínez lleva al Living a Brasil mientras rescata al poeta Oswald de Andrade. El vanguardista por excelencia. Al mismo tiempo surgen los músicos de Tropicalia, los poeta concretos o el Cinema Novo. De 1964 a 1968 la dictadura no persiguió a los músicos. Después sí, con el quinto acto institucional, el golpe dentro del golpe, radicaliza la dictadura, elimina la fachada democrática y provoca una cerrazón espantosa donde los artistas son perseguidos.
Ellos van a Brasil como liberadores. Durante el Franquismo muchos exiliados pensaban desbaratar la dictadura desde fuera, pero fueron los de dentro quienes lograron abrirle grietas porque conocían mejor los mecanismos.Ellos no tenían ni idea de Brasil ni de la dictadura, ni de su arbitrariedad ni de las torturas policiales. Con sus obras se exponían, pero pasaban desapercibidos porque para los militares ver a unos hippies hacer rituales entre los pobres les importaba un pepino, no les resultaba una amenaza. Si les preocupa que abran una casa en Ouro Preto, un pueblo pequeño, que se convierta en centro de peregrinaje hippie, un fermento de libertad que imponga un guión moral distinto al de la iglesia y los militares. Temen el contagio.
El poder sabe parar estos contagios y así se produce la expulsión de esa quimera.La experiencia del Living demuestra cómo ante el poder sin bridas el arte tiene muy poco que hacer, siempre va a ser sofocado. Una obra de teatro no cambiará la Constitución ni detendrá un tanque, pero sí preparar un estado de ánimo, un tipo de aspiraciones que en función de cómo se ablande el poder pueda manifestarse. La lucha de los artistas de vanguardia en Brasil preparó cierto estado de ánimo, cierto nivel de aspiración libertaria que cuando el sistema da un espacio de libertad lo aprovechan. De ese modo hubo una manifestación masiva para pedir elecciones, un ataque directo a la dictadura para restablecer la democracia. Eso tardó, pero llegó, y en parte fue posible por la semilla plantada por los artistas.
Ahora en muchas manifestaciones se introduce ese componente teatral callejero, desde pequeñas perfos hasta batucadas, elementos que pese a estar insertados en un acto político parece que se quiera privilegiar su aspecto estético, lo que elimina su teórico nivel transgresor.Los herederos no han sabido asimilar el mensaje. Las manifestaciones y las revueltas se han convertido en eventos lúdicos que reeditan el mensaje del 68 desde las consignas hasta las pintadas ingeniosas. Su efecto público es limitado, quizá sea distinto a nivel privado hasta dar lugar a transformaciones personales de quien participa y empieza a vislumbrar caminos distintos a los dictados por la sociedad, que es bastante resistente a estas metamorfosis.
La interacción que el Living plantea se anula cada vez más porque el capitalismo no quiere ir al colectivo y tiene al individuo como presa.En los sesenta los situacionistas denunciaron el espectáculo. Nos habíamos convertido en consumidores pasivos de objetos artísticos que comprábamos, veíamos y servían para entretenernos sacándonos del mundo. En vez de convertirnos en agentes políticos deveníamos tonto viendo cosas que no vivíamos. La aventura debía vivirse más allá de la pantalla, esa fue la lucha situacionista. Ahora nuestro repertorio vital es mucho más amplio que el de las personas de 1950. Hay más variedad, y esto se ve hasta en las relaciones sexuales, donde los tríos no escandalizan a nadie y nadie debe meterse contigo si optas por relaciones distintas. En eso el Living contribuyó.
Hoy lo de los tontos que no viven cosas mientras las miran puede aplicarse a Facebook, donde se da me gusta a un botón sin actuar de verdad en la transformación social o artística. Pero vayamos terminando. El Living es un canto del cisne de la posibilidad del arte como factor revolucionario.Con ellos el arte vive una de sus últimos intentos de querer ser revolucionario. No derrocarán gobiernos, pero el arte puede aspirar a cambiar valores. Eso es un cambio puntual que operará en individuos muy concretos. Los cambios del arte en la sociedad son lentos. La vanguardia empezó con poco público y no logró ser masiva hasta al cabo de mucho tiempo. Su contagio y persuasión fue a paso de tortuga.
Su legado estético se banaliza. El capitalismo lo invade y lo vuelve inofensivo, se ve en publicidad, en redes sociales o en cualquier aspecto estético y visual de nuestro tiempo.Eric Hobsbawm era muy crítico con la vanguardia, decía que sólo había dejado estrategias de marketing, como promocionar una idea a través del escándalo y la rebelión. En eso tenía razón. Marinetti y otros mediante la transgresión y la autopromoción lograban llamar la atención. Pero lo importante es el cambio en la escala de valores que convierte la vanguardia en una fuerza cultural de cambio social no inmediato. Todas las vanguardias, del dadaísmo al Living, fracasaron, pero en conjunto la guerra que dieron durante décadas sí logró movilizar la sociedad. La prueba somos nosotros. Judith protestó contra las pruebas nucleares y la metieron en un sanatorio. Ahora eso es o debería ser imposible.

viernes, 20 de marzo de 2015

Diálogo con Julián Casanova en El Diario


La semana pasada entrevisté a Julián Casanova con motivo de la publicación de 40 años con Franco, libro editado por Crítica que el profesor de la CEI y la Universidad de Zaragoza coordina. Puedes leer la charla


aquí en catalán
aquí en castellano

viernes, 20 de julio de 2012

El nomenclátor, la Canadenca y la closca pelada dels cretins en Bcn Mes






El nomenclátor, la Canadenca y la closca pelada dels cretins, by Jordi Corominas i Julián


Hace dos semanas quedé en la Plaza del Molino con un grupo de señoras interesadas en conocer la historia del Paralelo, una arteria desaprovechada desde que se apagaron los focos de los teatros y cabarets que la convirtieron en un gran centro de ocio popular durante gran parte del siglo XX. El tiempo y el cambio en las diversiones han alterado su aspecto físico, tanto que para quien no conozca nada de antigua fama puede resultar sorprendente saber que, además de un templo del liguero y la picaresca, fue un importante enclave obrero.


Entre los números 64 y 80 de la avenida se acumulaban bares proletarios sin puertas ante la inexistencia de horarios. El más célebre fue el café La tranquilidad, irónico nombre para un negocio por donde desfilaron, entre otros, Lluís Companys, Francesc Layret o Salvador Seguí, políticos que pisaban la calle y hablaban con las personas, seres transparentes para los que mentir era una blasfemia.


La tranquilidad, para más INRI, estaba en el número 69, al lado del Teatro Victoria. Un poco más abajo, mientras el barrio descubría desde el puerto la cocaína y el jazz, destacaban las tres chimeneas de la Canadenca, fábrica que durante decenios fue la mayor productora y distribuidora de energía eléctrica en el área metropolitana de nuestra ciudad. Este skyline compite en el recuerdo colectivo con el de Sant Adrià del Besós, salvado mediante un referéndum popular del que informamos en su momento. La diferencia principal entre los dos sitios es que en el del Paralelo tenemos un ejemplo de lucha que el Ayuntamiento dirigido por Xavier Trías intentó cancelar sin éxito hace bien poco.


Barcelona es una ciudad con muy pocas placas conmemorativas en comparación con otras capitales europeas, algo curioso si pensamos en la mentalidad que se nos atribuye a los catalanes, más germánicos que latinos, disciplinados y concienzudos con el recorrido de nuestros antepasados. ¿Seguro? No, más bien en este aspecto parecemos los vagos del sur, que diría Angela Merkel. Hay escasos rótulos que informen de hechos pretéritos.


Si somos precisos matizaremos mejor la poca vergüenza, y el miedo que implica su acción, del gobierno del hombre que erre que erre pronuncia esa letra con peculiar dicción. Para apreciar la estafa que se quería perpetrar conviene penetrar en la Plaza de las tres chimeneas, foro público con bancos de cuarta mano y un escenario al que, obviamente, no se le da uso útil. Mientras vislumbramos la platea avanzaremos y el siempre informativo nomenclátor nos comunicará que estamos en el Passatge de la Canadenca. Si leéis la explicación comprobaréis que sí se alude a la huelga de 1919 que paralizó la ciudad durante dos meses y propició por la presión obrera la consecución de las ocho horas laborales, un triunfo proletario que venía reivindicándose desde finales del siglo XIX.


Y diréis vale, está muy bien que el paseante pueda retener datos de suma importancia. El problema es que el 19 de mayo del presente año EL PAÍS publicó un artículo del polipoeta Xavier Theros, quien cada verano nos deleita con su sabiduría de las partículas elementales de Barcelona. El texto era brillante y comentaba el cambiazo. Durante una cantidad de meses que no podemos cifrar con exactitud, entre otras cosas porque nadie comunicó el cambiazo, desapareció de la placa del Passatge de la Canadenca la mención a la huelga revolucionaria y como contrapartida surgió una explicación más que neutra donde se especificaba que la emblemática fábrica fue fundada en 1911 por Frederick Stark Pearson, un señor fallecido en el hundimiento del Lusitania al que ya se rinden honores en la zona alta con una estatua y una conocida avenida de Pedralbes.


Pearson no es la cuestión. El tema es la manipulación del nomenclátor por parte del Ayuntamiento para anular y borrar del mapa una molestia de la curiosidad, como si cancelando la ineludible referencia al conflicto de 1919 este desapareciera también para siempre, por el bien del parque temático y su pavor, pueden estar tranquilos, a que los jóvenes decidieran imitar a sus abuelos.

El caso es que ardía en deseos de relatar a mis queridas señoras la sibilina maniobra. Mi decepción fue tremenda. Tras el eco que tuvieron las reflexiones de Theros, el ayuntamiento, en otro gesto cargado de secretismo, aceptó que había hecho el ridículo y volvió a colocar la placa original. Aquí no ha pasado nada. Total, sólo un periodista y sus seguidores se han cabreado con la chapuza, gravísima por su maquiavélica voluntad ideológica.




¿Por qué es básico con la que cae recordar a los héroes de 1919? Los empresarios catalanes se lucraron con la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial. Cuando cesaron las hostilidades su burbuja se deshinchó y la crisis por la disminución de ese maná de trinchera comportó en la empresa Riegos y fuerzas del Ebro, filial de la compañía canadiense, modificaciones en las condiciones laborales del personal de facturación. Se recortaron sueldos y los trabajadores pidieron asesoría al Sindicato único de agua, gas y electricidad de la CNT. La empresa reaccionó a la presión con ocho despidos. Los obreros siguieron acudiendo puntualmente a su tarea, pero aumentaron la apuesta con una huelga de brazos caídos que comportó ciento cuarenta despidos más. El reto llegó a su paroxismo cuando, finalmente, todos los asalariados abandonaron sus puestos y Barcelona se vio sumida en la más completa oscuridad. Los tranvías dejaron de funcionar, muchas fábricas tuvieron que cerrar y un apagón informativo, porque las rotativas estaban inhabilitadas, cuadró el círculo.


El gobierno, estupefacto ante la deriva de los acontecimientos, reaccionó tarde y mal. Encarceló a tres millares de valientes y la huelga específica pasó a ser general en toda Catalunya. Lo local adquirió dimensión nacional y se armó el rosario de la aurora que engendraría, pese a la conclusión feliz de este tramo de la disputa, la semilla que crecería hasta 1923 en la ciutat on es matava pel carrer porque la Patronal no se quedó parada y lanzó un ordágo que hizo de Barcelona un Chicago europeo donde el capital contrataba sicarios para ajustar cuentas con los que se oponían a su fascismo económico.

Pero eso ocurrió más tarde. La lección de la huelga de la Canadenca fue plantar cara a los malos de la película con pacifismo y un temple sensacional. Dos meses de paro total, no tonterías de una jornada con pancartas y tambores. Y en estas Xavier Trías o quien sea de su consistorio aprieta un botón y con su matamoscas aplasta al insecto estático que amenaza con volver si alguien lo lee.

El ardid no ha surtido efecto y han imitado a los cangrejos, lo que no evita que les hayamos pillado- primero con la metamorfosis, luego con la restauración del contenido inicial de la placa- con las manos en la masa en su fechoría de querer liquidar lo acaecido. En la era de la desinformación por exceso de fuentes no estaría de más enhebrar un manual que nos ayude a comprender las gestas y las actitudes de los que nos precedieron. Así seria más fácil darle razón a Karl Marx y gritar bien alto, por mucho que les fastidie a las autoridades, que sí, que la Historia, en mayúsculas, se repite.

jueves, 24 de mayo de 2012

Estimat Gregor Samsa en Bcn Mes





Estimat Gregor Samsa, by Jordi Corominas i Julián


De cop i volta el correu del meu ordinador rep instruccions amb tres paraules clau. Consum, individualisme i responsabilitat. Evidentment tot va ben lligat i m’he proposat lligar tots els punts sense problema. És ben senzill. Només podrà evitar-ho el pensament d’un dijous on crec que si el Pep Guardiola diu que se’n va em sentiré trist. En cas contrari serà com quan esperes un notable a un examen i el treus. No et sorprens i el camí s’allarga sense sobresalts de cap tipus.


La reflexió sobre l’entrenador del Barça demostra la victòria d’un determinat model d’identificació col·lectiva que els humans solem relacionar amb una vessant sentimental que a casa nostra és esportiva i, quelcom que sempre m’ha semblat un xic absurd, nacionalista. Al cap i a la fi ambdues expressions també tenen vincles que beuen del consum, l’ individualisme i la responsabilitat. El primer omple les tendes de la ciutat mitjançant un esquer anomenat merchandising, darrer mecanisme d’un capitalisme que primer oferí béns de la llar que mai s’espatllaven i produïen benestar familiar. Consolidat el nucli tradicional, consumat l’engany, s’engegà la maquinària infernal del detall, del gust particular. L’efecte de veure aparadors i cossos plens dels colors de l’equip de la ciutat la jornada després de la derrota neix d’una elecció personal triada per una majoria. Et voilà. La matemàtica és excepcional i mostra que sota la nostra suposada llibertat molts confonen conceptes i vesteixen una bandera que, malgrat meravelli, és absurda.


Ara tocaria emprenyar-me i mencionar la fotesa de patir per la sort de vint-i-dos milionaris. Vint-i-dues persones dotades d’un do de circ, estètic per una assumpció cultural, que enamoren i constaten la pèrdua de rumb d’un determinat sector social. Sóc del Barça i no puc descriure amb paraules la joia i l’adrenalina, una descàrrega infantil com poques, pel KO del Reial Madrid a la Champions League. Crits i rieres de riure a dojo.


No confundamos el culo con las témporas. La preocupació, l’indret on vull arribar, és perquè la fusió del triumvirat que encapçala aquest article només reforça una unió que no és nova, un eix indestructible propiciat amb una catapulta d’ones pels mitjans de comunicació. Ens encanta dir que la premsa manipula i distorsiona la realitat. I és ben cert. El Twitter i el Facebook informen i són fonts d’il·lusió futura, però fins ara, al món, les revolucions s’han fet al carrer. De res serveix opinar en una xarxa social per trencar ordres imperants. Les frases es registren i volen les piulades mentre les manifestacions circulen arreu del planeta. El teclat crema i els contenidors són barricades del segle XXI.


Som el 99% és una estadística que ha esdevingut eslògan. Part d’aquest percentatge és conscient de com retallen els seus drets i protesten, asseguts. No al terra de la plaça, no pas. Seuen a la seva habitació. No són culpables de res, més aviat la seva xacra és ser víctimes d’una comoditat indignada feta amb finestres que van del match online a la compra del darrer caprici i l’amistat d’un click. A les 18:35 actualitzo el TL. Protestes a Ronda Sant Pere. A les 18:36 el diari parla d’una batanada made in Mourinho. Un minut després una noia penja una foto i et torna boig. M’agrada. M’agrada. Al cap d’un instant una oferta de viatge de cap de setmana et fa treure la targeta del moneder. Tot es meravellós. Play it again, Sam. Consum, individualisme i responsabilitat.


No em costaria gens continuar fins a l’infinit i encara més enllà. La vida m’ha dut a passejar dones grans per Babilònia. Sempre que ho comento matiso la feina que faig. No sóc cap gigoló. Els hi explico la història dels barris i a moltes de les rutes parem a zones on la lluita obrera tingué moments d’esplendor. El mes d’agost de 1917 fou cèlebre per la vaga general. Durà cinc dies i no hi hagueren tambors ni balls. La gent combaté a la Rambla perquè volien pa i millores que afluixessin les cadenes que sempre hem portat. Una protesta d’estiu, com tantes altres fonamentals abans de les vacances pagades i la fi del deliri estiuenc. Donant festa calmaven ànims i evitaven el perill d’una suor farta.

Dos anys més tard l’estació era l’hivern i el focus de la revolta la fàbrica de la Canadenca, on romanen des d’aleshores les tres xemeneies del Paral·lel. Uns acomiadaments portaren al conflicte, preludi de pistoles i Primo de Rivera. Babilònia restà sense llum. La vaga durà dos mesos. S’obtingueren les vuit hores diàries. Una proesa.

Ara, i he de plegar, la mateixa velocitat i la domesticació del consum han sedat la veu del poble. No hi ha fam, o això pensem. El somni d’una queixa perllongada s’esvaí amb les acampades, anàrquiques des d’un sentit modern. Des d’aleshores uns quants, que haurien de ser molts més, surten quan es fixa una data. Pels que no els acompanyen ja s’ha tornat costum saber d’una manifestació diària. El hábito hace al monje. I li treu importància. Ser espectador sembla la perspectiva preferida, i la llar, que no és on vius sinó el gran edifici on tots remem al vaixell dels súbdits, és molt aficionada a ensarronar-te amb una felicitat de duros a quatre pessetes que amaga la teva metamorfosi, estimat Gregor Samsa.

lunes, 25 de julio de 2011

El búho, Jaime Gil de Biedma y las corbatas en Se fue al otro barrio de Bcn Week


El búho, Jaime Gil de Biedma y las corbatas, by Jordi Corominas i Julián
Paz Vega se ha impuesto en la Puerta del Sol por altura y porque mi querido rótulo de Tío Pepe tiene algún que otro achaque y necesita una buena restauración para seguir brillando como siempre. Por otro lado el 15M hubiese degenerado mucho si en vez de pancartas con el nombre de la actriz nos hubiese dado a todos por beber Jerez compulsivamente. La creación de símbolos espontáneos permite una algarabía que da humor a las revueltas, y por eso desde aquí propugnamos la creación de chapas pop de Felip Puig. Llevadla en vuestras camisetas, lucidla con descaro y os ganaréis el cielo, porque al fin y al cabo conviene combatir al enemigo con la risa, de otro modo su seriedad impregnará el ambiente y convertirá el todo en algo más cansino, monótono y aun más desagradable de lo que ya es desde que los sordos con corbata son ciegos que desean ahogarnos mediante la imposición de una norma establecida con tijeras y oligarquía.

El príncipe Felipe, ese jovenzuelo que quizá algún día sea Jefe del Estado, habló hace poco del minuto de gloria. Usó el término mostrando su ignorancia de la máxima con evidente prepotencia. Sin duda el Borbón, volvamos a las bebidas de alta graduación alcohólica, se confundió de número. Warhol habló de un cuarto de hora, fracción insuficiente que muchos desean haciéndose fotos y olvidándose del compromiso para con la sociedad. Bien harían en pisar más la calle y alejarse de su enajenación para abrazar principios que van más allá de lo personal y exhiben su diferencia por una inextinguible voluntad humana de reivindicar lo que es justo para la anónima mayoría, víctima de un olvido al que también se ven sometidos mil espacios de cualquier ciudad del planeta.


Hace poco comentamos el maleficio de la mariposa. Hoy cambiamos de animal y saltamos a una zona que nos encanta, punto insulso con mucha vida. Ya saben. A las ocho de la noche, a las nueve de la tarde como Messi en Verdaguer. En la esquina de Paseo San Juan con Diagonal un búho contempla un panorama desolador. La estatua de un poeta catalán le acompaña, pétrea y fálica, con una verticalidad que indica grandeza e imposición de unos parámetros líricos que alaban clásicos de la nación entre los que figuran palabras que bien podría emplear Fernando Verdasco en su anuncio donde guarda un cierto parecido con Ken. Nois, de Cristianos Ronaldos el món n’és ple. El mochuelo no escribe odas ni despotrica contra los viandantes, si bien en sus años mozos lanzaba con sus ojos amarillentos círculos concéntricos de pura psicodelia . En 2003 el Ayuntamiento le perdonó la vida y cortó esa iluminación beatífica que nos drogaba con aires positivos. La fantasía de su fuerza, producto de la empresa Rótulos Roura, radicaba en hechizar y violar el tedio. Al quitarle su preciado don eliminaron lo auténtico para museizarlo, en un paso más hacia el parque temático sin atributos, como si de este modo las pupilas del pájaro se igualaran a la cabellera de Sansón. No nos sirven de nada los rostros bonitos sin acción ni palabra, la pasarela es una banalidad, goce de los poderosos hacia el vacío de la despersonalización.


Barcelona y sus dirigentes no tienen ningún tipo de interés en preservar las cimas creativas anómalas de la capital catalana. En Plaza Molina un cartel pintado del Brandy Terry observa desconsolado el trajín de otro epicentro del caos. Sus letras aluden a Julio Iglesias con un me va que suena a carpetovetónico, lo que le da modernidad si cumplimos dos de los impulsos que pueden mover nuestra energía hacia otra dimensión. Mirar hacia arriba es sinónimo de sorpresa. Ese licor nefasto, amante de la peor de las resacas, recuerda a otro grande despreciado con una metáfora que seguramente le provocaría una enorme carcajada. En Contra Jaime Gil de Biedma hay maravilla y un sótano más oscuro que la reputación del rapsoda de breve producción y gran intensidad. Tal habitáculo se hallaba en el número 520 de la calle Muntaner, lugar ocupado en la actualidad por una peluquería que por suerte no es canina, si bien su nombre, Naf, apunta a nuevas onomatopeyas de animalización. Del ladrido a lo suave y carcamal para sedarnos, ponernos guapos, salir a la calle y conquistar el bienestar de nuestro ego a través de lo efímero de un peinado que atraiga. La libertad nos la dejan para el diccionario. Léanlo, paseen, fíjense en los signos minoritarios y fúndanse en el enjambre para atisbar una unidad auténtica. Serán abejas reinas, se sentirán mejor y hasta les llamarán Kale Borroka. El búho es de Minerva, aprendan de ella y exploten la sabiduría hacia un canal benéfico que ejecute metamorfosis. Cuando inauguremos el monumento a la corbata de antaño podremos dar por cerrado el ciclo.

Ilustración: Nil Bartolozzi

miércoles, 20 de julio de 2011

Jueves 21 de julio, Fiesta de presentanción del Fanzine ¡Organización! dedicado al 15M


El jueves 21 de julio a las 21:00 tendremos finalmente todas las copias del fanzine una vez terminemos de darle al ciclostil esta madrugada… De modo que hemos preparado una modesta presentación en el Bar Las Guindas (Carrer Sant Pau 126, Metro Paralel – L3) en la que pincharán Dani Cantó y Uri Amat.

¿Que qué pondrán? Pues qué sé yo: cosas de soul, rithm and blues, jangly pop, punk y todo lo que en general los jóvenes de hoy llaman música “antigua” (eso que para nosotros podría ser Glenn Miller o Rafael Farina…).

Regalaremos fanzines y pasaremos la gorra para financiar el asunto así que estírense y no sean, como se dice en Venezuela, manitas de caimán (¡pobre aligator, no le llegan las manos a los bolsillos!).

La entrada será gratuita y se realizará en estricto orden de llegada. Sean respetuosos.

Recuerden: jueves 21 de julio a las 21:00 horas. Bar Las Guindas. Metro Paralel.

domingo, 17 de julio de 2011

Goethe en el manicomio en el fanzine ¡Organización! dedicado al 15M


Goethe en el manicomio, por Jordi Corominas i Julián

La plaza es un estado mental al que algunos intentaron desprender de su esencia. Lo demuestran algunos ejemplos contemporáneos. En Barcelona la Plaza de les dones del 36 cierra sus puertas a las ocho de la noche para permitir la tranquilidad de los vecinos, fomentar un supuesto civismo meramente monetario y aumentar el control ciudadano hasta con la prohibición de jugar a pelota, es mejor verla por la tele, en esos recintos que tan bien simbolizan la convivencia humana. El 15M ha resucitado la idea de espacio con cuatro esquinas abiertas a todo el mundo para facilitar el debate y la comunicación entre iguales. El ágora y el foro de la Antigüedad han vuelto, pero los tiempos han cambiado y el ritmo de los acontecimientos aconseja medir los pasos para que ciertas iniciativas no caigan en el saco del despropósito.
Los devotos que llegaban a Delfos para consultar a la Pitia quedaban impresionados con la máxima que presidía el recinto: conócete a ti mismo, punto de partida, y eso es de nuestra cosecha, para poder comprender mejor a los demás. Los primeros días de las múltiples acampadas repartidas a lo largo y ancho del Estado Español siguieron el consejo oracular hasta que sucumbieron al delirio del ombliguismo, olvidando el porqué de su cometido para centrarse en la necesidad de permanecer estacionados en una nube que de la esperanza pasó a lo tóxico hasta que amaneció el 19J y se demostró que era posible pasar del entusiasmo inicial a la concreción de acciones válidas para ampliar el consenso social del movimiento.

Sin embargo algunos defectos oscurecen el horizonte. Toda aventura debe transmitir bien su relato para llegar mejor al espectador. De nada sirve que las encuestas manifiesten un apoyo mayoritario, porque no siempre llegarán policías que aticen ni políticos que intenten engañar con su paranoia. Conviene explicarse bien, y durante las primeras semanas de la revuelta se discutió mucho en las redes sociales sobre la conveniencia de alcanzar un consenso de mínimos entre todas las asambleas que articulara mejor los objetivos. Sí, en las redes sociales. Las infinitas comisiones de los acampados ignoraban en muchos casos la cuestión, pues casi importaba más figurar y cumplir comportamientos contemporáneos de feroz egocentrismo y protagonismo de pacotilla propio de cualquier hijo de papá que de repente se despierta revolucionario. Es bonito llevar un cartelito con la pertenencia al núcleo que discute contenidos, pero aún lo es más avanzar hacia propuestas y no empantanarse en si es necesario plantar huertos o discutir utopías que en nada cambiaran el sistema.

Escribo lo anterior desde el clima que he respirado en la Ciudad Condal. El domingo 22 de mayo se convocó un recital poético en Plaza Catalunya. Acudimos cuatro rapsodas. Recitamos, recibimos el apoyo de la concurrencia y nos fuimos a casa frustrados por la nula respuesta de nuestros semejantes, más interesados en dormir la resaca que en reivindicar metamorfosis que a todos nos conciernen. ¿Dónde están los intelectuales de mi generación? Tengo treinta y dos años, por lo que supongo estar englobado en un grupo que llega hasta las cuarenta y cinco primaveras. También creo que este colectivo disperso es el mejor preparado de la Historia de mi país, por lo que me cuesta mucho entender cómo pocos son los que reaccionan ante la que está cayendo, un tristísimo espectáculo de cinismo y arrogancia de unos pocos que perjudican a muchos.

Una posibilidad sería que su actitud fuera un suicidio que certificara la muerte del intelectual comprometido, aquel personaje que sí pisaba la calle y emitía juicios de valor útiles para comprender el contexto en que se enmarcaba su actividad cultural. Ahora esas opiniones destacan por su ausencia entre un sector joven más preocupado en etiquetar sus fotos en Facebook para recibir ovaciones en forma de me gusta, vacuo honor que demuestra lo efímero de su arte, abocado hacia la fachada, y su nulo apego a la realidad, pues de ahí parte la clave que asemeja su figura con la de ciertos elementos del 15M. El capitalismo es una bestia que sabe muy bien el proceso para devorar y anular a sus hijos, un Saturno posmoderno que dirige la orquesta con infinita mala leche. En los cincuenta surgió la cultura adolescente y las amas de casa norteamericanas se emocionaron con un impresionante surtido de electrodomésticos. En Europa tal algarabía fue completada en 1975, justo cuando empezó a declinar el Estado del Bienestar. Ya tenéis lavadoras y demás utensilios, ahora toca mimaros, y por eso hemos inventado el consumo específico, para que la masa pueda ser feliz en la especialización del gusto, que también afectará a lo laboral. De este modo, vuelvo a ser yo, la exclusividad se erigió en una bandera que enarbolar, un imbécil toque de distinción que afectó al tejido social hiriéndolo y enajenándolo como bien avisó en su trilogía de la alienación Michelangelo Antonioni. Las avenidas quedaron desiertas mientras las luces seguían en su puesto, amenazantes.

Al fin y al cabo no deberíamos extrañarnos de la pasividad de los intelectuales jóvenes. Nacieron entre mayo de 1968 y el pútrido ascenso al poder de Juan Pablo II, Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Nuestros criticados son hijos de su tiempo. Eso no es excusa para su comportamiento. Sus predecesores también lo fueron y supieron manifestar su descontento y ayudar a los desfavorecidos con sus textos y pensamientos. A nivel crítico podríamos esgrimir el abandono de la realidad por la disertación sobre periferias virtuales que demostrarían su aislamiento del meollo. No estamos sólo en esas, hay más y de más calado porque se trata de comprometerse y expresar un apoyo con trascendencia, pero quizá su reino ya no sea de este mundo. Tienen a su disposición infinitos métodos para hacer oír su voz, desde la clásica columna periodística hasta tweets con los que agitar el cotarro y erigirse en firme apoyo de millones de indignados. Quizá no se den cuenta que con su actitud potencian su marginación de un sistema que también les toma el pelo porque ellos mismos han desdeñado una de las más importantes funciones de su trabajo para acomodarse en las cálidas habitaciones del manicomio creativo. Contentarse con palmaditas en la espalda es de necios. El fast food no sabe de permanencias. Se lucha con la palabra y la palabra ego cobra sentido cuando abandona el cuerpo y apuesta parte de su talento en beneficio de los demás.

Este artículo está publicado en el Fanzine ¡Organización!, dedicado al análisis del 15M

viernes, 15 de julio de 2011

¡Organización! Un fanzine sobre el 15M descargable



Y con mucha buena gente entre la que cabe mencionar a Silvia Nanclares, Miqui Otero, Miguel Brieva, Kiko Amat, Guillem Martínez, Martí Sales, Roberto Herreros, yo mismo y un largo etcétera. Lo podéis descargar aquí




Me parece escuchar a ese squarehead de vuestro curro: oh, pero qué estás leyendo, por Dios… ¡¿un Fanzine sobre el 15M?!, pero seamos realistas, ¿del 15M qué queda? ¿Qué queda, eh?
¿Que del 15-M qué queda? ¡Pues queda todo! ¡TODO! Queda toda la razón que carga, queda todo lo que ha denunciado (ahí están los embates del Gran Dinero contra los “estados periféricos” de Europa), queda gente en la calle (¡a las asambleas!), queda un barrio echando a la policía, queda gente deteniendo deshaucios, queda, en definitiva, ilusión, y lo mejor, es que esta no es una esperanza basada en lo que puede materializarse “en las próximas elecciones”, sino esperanza en lo que podemos conseguir Nosotros.
Además de todo esto, queda este humilde fanzine que nace con el único ánimo de echar algo de leña al fuego. ¡Porque no queremos que se apague! Y porque en este brete en el que andamos, escribir y difundir, una de las pocas cosas que hacemos medio bien, se convierte en casi una obligación… aunque no está de más aclarar que lo que realmente hagamos, lo haremos en la calle, y aunque se twitee a lo loco y #felippuigsubnormal se convierta en trending topic global y elaboremos mil fanzines más como este, tenemos bien claro que las hostias, las conquistas, las risas y los fracasos se vivirán de nuevo en la calle.
Y por eso les dedicamos este opúsculo a la toda la gente que has superado su esclerosis social y ha salido ahí afuera: va por los que se han movilizado y a los que siguen en las asambleas. Keep up the good work!!

lunes, 23 de mayo de 2011

Una reflexión sobre el futuro del movimiento 15M



Ayer recité en Plaza Catalunya junto a Abel Cantero, Mag Márquez y Dani Gómez. Naturalmente me hizo mucha ilusión, pero ése no es el tema. Fue una experiencia sensacional, válida por su significado, que sin embargo puede verse enturbiado si el entusiasmo de las acampadas, comprensible en sus primeras horas, no vira hacia la absoluta coherencia de proponer un manifiesto conjunto entre todas las asambleas. Puede ser de mínimos, mejor, o de máximos. Lo importante es que se haga, porque de otro modo una iniciativa tan maravillosa puede correr el riesgo de perder la conexión con la realidad y extraviarse en banalidades que a nadie interesan.

Voy casi a diario a la plaza, sin escuchar en ningún momento la posibilidad que planteo. Y es tan simple como pensar, sentarse y ver claro. Mediante la formulación de unos puntos concretos bien consensuados se gana fuerza, porque de por sí las varias asambleas independientes no pueden caminar atomizadas, hay que ir de la mano, redactar un manifiesto que verdaderamente exprese lo que quiere el pueblo y presentarlo al congreso, que siempre será el órgano referencial democrático. De este modo se gana credibilidad y para nada se claudica, pues lo que sugiero significaría la activación de una verdadera democracia participativa.

Espero que alguien me escuche