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viernes, 2 de marzo de 2018
El quinto jinete del apocalipsis o el centenario de la gripe española en El Confidencial
Hoy en El Confidencial Cultura hablé del centenario de la gripe española a partir del estupendo ensayo El jinete pálido, publicado en Crítica. Si quieres puedes leer el artículo aquí
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domingo, 31 de enero de 2016
Podcast de literatura y juego en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint hemos hablado de juego y literatura.Hemos empezado con el juego y lo climático con La Regenta, donde se nos ha ido la olla entre Galdós y Clarín. Hemos continuado con la ludopatía de la madre de Apollinaire per continuar amb 24 horas en la vida de una mujer de Stefan Zweig y culminar con Casino Royale de Ian Fleming. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 35 del programa clickando aquí
domingo, 22 de noviembre de 2015
Nos vamos de copas con....en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint hemos hablado de escritores de todos los tiempos con los que nos iríamos de copas, por eso han pasado por la sección Ovidio, François Villon, Guillaume Apollinaire y Carlos Barral. Puedes escucharlo aquí
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martes, 10 de noviembre de 2015
Marcel Duchamp en Todos somos sospechosos
Esta madrugada Laura González y servidor hemos hablado en Todos somos sospechosos de Marcel Duchamp, pionero de tantas artes que para ser justos con él hubiéramos necesitado diez programas. Si quieres puedes escuchar nuestra charla aquí
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miércoles, 18 de junio de 2014
Podcast de amistades multidisciplinares en el Laberint
Hoy en el Laberint hemos hablado de amistades multidisciplinares. Por nuestra sección han pasado cuatro duplas excepcionales: Delacroix-Chopin, Manet-Mallarmé, Freud-Mahler y Picasso-Apollinaire. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 38 del enlace clickando aquí
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jueves, 22 de mayo de 2014
El robo de la Mona Lisa, de Darian Leader
El robo de la Mona Lisa: lo que el arte nos impide ver, de Darian Leader, por Jordi Corominas i Julián
Darian Leader, El robo de la Mona Lisa: lo que el arte nos impide ver, Madrid, Sexto Piso, 2014
Traducción de Elisa Corona Aguilar
Hilvanar las piezas es la clave de todo buen ensayo. Casi siempre es más importante en una historia lo que no se cuenta, los entresijos ocultos que la vertebran en su esencia. Con El robo de la Mona Lisa ocurre a rajatabla.
Darian Leader podría haberse conformado con una minuciosa investigación sobre Vincenzo Peruggia, el hombre que en 1911 robó el famoso cuadro de Leonardo, pero en vez de eso ha preferido captar ciertos detalles básicos que le permiten, desde su posición de psicoanalista, hurgar en los aspectos fundamentales de un caso que más allá de la anécdota esconde muchas claves sobre la mirada, el arte y nuestro entorno.
El autor británico parte de lo convencional y se adentra en un apasionante laberinto de relaciones. El robo se glosa con simplicidad, pues sólo es el punto de partida de un tejido bastante más complejo. La desaparición de la mujer sonriente mató tres pájaros de un tiro. El primero, desarrollado por Leader muy levemente, muestra la escasa seguridad del museo más importante de Francia a principios del siglo pasado. Unos años antes Géry Pieret había robado varias cabezas ibéricas y nadie se había percatado del hurto. Resultaba sencillo coger una estatua, disimularla entre los pliegues de la gabardina y salir del recinto expositivo.
En segundo lugar la ausencia del lienzo, descubierta un día después de su sustracción por el pintor Louis Bèroud, propulsó su fama universal. Hasta 1911 la Mona Lisa era importante, pero la efeméride hizo que personas de todo el mundo la elevarán hasta los altares de la máxima celebridad. Esto conecta el tercer disparo de tan particular revólver. La gente acudió en masa para contemplar el hueco que había dejado el caco transalpino. Miles de seres humanos olvidaron, si es que las conocían, las consignas de los futuristas y pasaron por delante de la Victoria de Samotracia antes de llegar a la sala del delito. Miraban absortos la madera del muro, extasiados por el misterio, felices por decir que estuvieron ahí.
Y con esa pirueta llegamos al puerto de algunos de los significados del arte en la contemporaneidad. Esos espectadores deseaban contar a sus semejantes la primicia de estar en el sitio de los hechos. Les daba igual el fondo asimétrico de Leonardo: sólo querían afirmarse en la actualidad, así como constatar el morbo de lo que escapa al ojo a partir de la pérdida del objeto de moda.
Quizá ahora hemos invertido la ecuación y por eso algunos artistas avispados se divierten con una operación contraria a la que abordamos. Depositar un cuadro que no corresponde a la colección de un museo es una boutade, una provocación y un alterar las normas que sigue la premisa de lo desconcertante, aunque desentona porque la novedad carece de valor. Precisamente la valía del lienzo aporta otra interesante reflexión. Era imposible que el hurto fuera producto del impulso de beldad de un pobre desgraciado que nada sabía de Leonardo. La mayoría imaginó que el destino de la Gioconda era el domicilio de un rico que quería tenerla para su exclusivo disfrute. Sin embargo Peruggia la tuvo durante dos años en su domicilio, sin que nadie supiera de su hazaña. Cuando la transportó a Florencia arguyó que su proeza era patriótica, algo totalmente descabellado porque la Mona Lisa nunca estuvo en Italia, se concibió para que la gozara la monarquía gala.
Aquí accedemos a otro par de cuestiones. El cine ha rendido buena cuenta de la fascinación del millonario esteta, como acaece en el caso de Thomas Crown. Por otra parte la visión solitaria es una rareza porque el museo, desde que la Revolución francesa lo democratizó, es la acumulación intensiva que desbarata el placer de la concentración, dispersando la mirada hacia infinitos puntos inasibles.
Picasso podría decirnos algo de ese privilegio. El artista necesita sublimar determinados problemas mediante la creación, y asimismo prefiere centrar sus esfuerzos en la tranquilidad de lo único. Tanto el malagueño como Apollinaire sabían de los tejemanejes de Pieret y las cabezas ibéricas, que probablemente configuraron alguna inspiración para las señoritas de Aviñón. Perdonen la rima. Ambos fueron llamados a declarar como sospechosos y el mito del siglo XX negó tener relación su gran amigo, el poeta que pidió el retorno de Orfeo.
Vincenzo Peruggia no conocía a genios ni lo pretendía. Pese a ello tenía en su haber un antiguo trabajo en el Louvre. Los investigadores le interrogaron y toparon con un culpable escurridizo que se escabulló de una segunda ronda de preguntas. Tenían, algo vanguardista para la época, sus huellas digitales. No las cotejaron y de este modo postergaron cruzar la meta con antelación. Pasaron dos años y durante este tiempo el inmigrante, uno de tantos en la ciudad de la luz, campo a sus anchas. Es bonito dibujar su habitación y notar un desorden con lo que todos buscaban en un ángulo, como si lo más preciado fuera mínimo e irrelevante, una minucia más entre la inmensidad.
Darian Leader aprovecha lo argumentado, que al fin y al cabo es una excusa, para inmiscuirse en la urgencia del ojo, en la senda del recoveco de la mirada, donde, ya lo apuntábamos al principio, lo narrado es una superficie que enmascara prismas que ni siquiera soslayamos.
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