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jueves, 21 de enero de 2021

El extraño 1962 meteorológico: las inundaciones del Vallés y la nevada de Barcelona en El Confidencial

 



La semana pasada dediqué mi artículo del Confidencial al extraño 1962 meteorológico. Puedes leerlo aquí

jueves, 18 de junio de 2020

25 años de La Haine en El Confidencial



La semana pasada escribí en El Confidencial sobre los 25 años de La Haine, de nuevo de actualidad por debate racista surgido en Occidente tras el asesinato de George Floyd. Puedes leerlo aquí

domingo, 17 de febrero de 2019

Literatura y clase en el Laberint de Wonderland



Ayer en el Laberint Marc Hernández y servidor hablamos de escritores procedentes de clases humildes. Empezamos con Charles Dickens, seguimos con Jean Genet y rematamos la faena con Juan Marsé y Javier Pérez Andújar. Puedes leerlo a partir del minuto 25 del enlace clickando aquí

viernes, 30 de junio de 2017

Lunes 10, La literatura de Javier Pérez Andújar en Nollegiu



El lunes 10 despedimos el ciclo dedicado a la novela de Barcelona en Nollegiu. Para clausurarlo abordaré la literatura del último pregonero de las fiestas de la ciudad, Javier Pérez Andújar.

domingo, 26 de marzo de 2017

Historias literarias de barrio en el Laberint de Wonderland




Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de historias literarias de barrios barceloneses. Empezamos con el Senyor Joanet del Guinardó, seguimos con Paco Candel y terminamos con Paseos con mi madre de Javier Pérez Andújar. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 35 del enlace clickando aquí

viernes, 4 de noviembre de 2016

Gelatina dura en El Confidencial




Hoy he escrito en El Confidencial sobre Gelatina dura, la exposición que esta semana se ha inaugurado en el MACBA sobre los relatos artísticos escamoteados de los años ochenta. Si quieres puedes leerlo aquí

jueves, 22 de septiembre de 2016

El día del pregón


El día del pregón, por Jordi Corominas i Julián
Hay una serie de detalles minúsculos, en cierto sentido invisibles y por eso más notorios, que conviene remarcar. No había banderas entre el público presente en la plaça de Sant Jaume, como si supieran que el magnífico pregonero de las fiestas que ha sido Javier Pérez Andújar no mencionaría la palabra Catalunya a lo largo de su parlamento.

No había necesidad alguna porque su discurso estaba destinado a Barcelona. Meter cualquier otro elemento en medio carecía de sentido. No seré yo quien repita lo que muchos a lo largo de estas horas han dicho hasta la extenuación. Basta con leer el canto de amor a la ciudad medio oculta para entender el impacto de sus palabras.

En Gràcia tenemos muchas plazas. Una de ellas es la del Gato Pérez. Está justo debajo de la del Raspall, epicentro de la comunidad gitana de la antigua vila. De no ser por la placa del callejero nadie sospecharía que ese pequeño rincón es un homenaje al gran rumbero, sólo unas filigranas algo guitarreras del suelo parecen indicar guiños. Lo demás es imaginación y fantasía, por eso es tan importante que luchemos por hablar siempre de todas las Barcelonas entre ríos, Rius y los infinitos legados de una capital que en la actualidad atesora los ingredientes para recuperar una identidad colectiva que integre y nunca margine.

Quizá también por eso me ha emocionado escuchar tantas veces el nombre de mi barrio de origen, el Guinardó. Es una suerte haber nacido allí. El único ruido molesto es el del camión de la basura. Mi casa de infancia tiene dos metros a menos de cinco minutos, pero ni con esas nadie se atreve a visitarlo porque la pereza supera cualquier curiosidad. Está muy lejos, no, no he ido nunca, no lo conozco.

El ejemplo del Guinardó es el de tantos barrios y ciudades alejadas del centro. Son nombres en un mapa. No cuentan porque el relato privilegia el entramado burgués y olvida lo demás, cuna de culturas populares, tradiciones e infinitas leyendas que son la sal condal.

En un momento del pregón el autor de Paseos con mi madre dijo un nada casual dejadnos reír en paz. Puede aplicarse a cualquier esfera de la existencia y debe tomarse en consideración en comparación con el bochorno de la alternativa en forma de carnaval grotesco protagonizado por Toni Albà vestido de Borbón, una patética mascarada repleta de críticas poco constructivos, velados insultos y el apoyo de los medios públicos de este país, tan imparciales, permítanme la ironía, que dieron en su canal 24 horas más cobertura a la bufonada que al acto oficial, algo lógico si se considera cómo los informativos de la nostra, que cada vez es más la seva, siempre tienen una bala en su mirilla para criticar cualquier iniciativa de Barcelona en Comú, desde el proyecto de la súper-illa hasta el día sin coches, algo europeo, sostenible y muy necesario si queremos tener una verdadera cultura cívica urbana. Hoy en las noticias titulaban que el pregonero  rehuyó la polémica. A veces se cree el ladrón que todos son de su condición. Uno de los matices de la elegancia estriba en ser señor y comportarse com déu mana según lo que te han encomendado, con sobriedad y savoir faire. El hombre de la camisa roja y pantalón negro, muy CNT, lo ha cumplido a rajatabla en el acto del Ayuntamiento.

Plantear un pregón alternativo no debería ser ninguna afrenta si se planteara en términos correctos. En principio todos apreciamos la diversidad y defendemos la libertad de expresión. El problema es que si se ha montado ese show grotesco es porque los que acaparan el discurso oficialista, que no mayoritario, no aceptan puntos de vista opuestos a su engranaje. Ese ha sido el motivo de la farsa que sin pies ni cabeza ha recurrido al imaginario de 1714 en una fecha con otro significado. Haciéndolo ahondan en una brecha divisoria de una sociedad cansada, tanto que el respeto y los aplausos en Sant Jaume en realidad contienen una partícula muy importante.

Durante todo este largo lustro he escrito sobre el Procés sobiranista en periódicos y en mi página personal. Simplemente soy contrario al mismo porque en estos tiempos hay cosas mucho más importantes que crear fronteras en un mundo que debería hacerlas desaparecer. La crisis económica, social y política supone un cambio de época que ha venido para quedarse, destrozando los sueños de muchas personas mientras nos condena a una ruindad casi esclavista. Pensar en independencias para camuflar mil trapos sucios es un insulto a la comunidad que ha funcionado de maravilla en muchos puntos que van del merchandising a la tapadera para ocultar, con escaso éxito, no ya el mal gobierno, sino la nefasta inoperancia del mismo.

Por decirlo, por hablar siempre a favor de la pluralidad de Catalunya, he recibido todo tipo de improperios. Me han tildado de fascista, han insinuado que iba a presentarme en las listas de Ciutadans y hasta algún que otro energúmeno se ha atrevido a decir que soy menos catalán por defender lo que defiendo. En realidad soy una persona que juzga imprescindible una educación de categoría para que cada habitante del Planeta sea autocrítico, pues es la única manera de mejorar lo presente. Soy de izquierdas y federalista, pero eso no es relevante, como tampoco lo sería si Pérez Andújar compartiera mis postulados. Ante todo somos personas que expresamos con libertad nuestras ideas y soñamos con vivir en paz sin monotemas ni imposiciones.

Respirar cada jornada es un premio maravilloso. Me gusta leer, pasear por Barcelona, reírme con mis amigos, salir de noche y enriquecerme cada día entre descubrimientos propios y ajenos. Una bandera es un trapo con mucho colorido y poca sustancia, sobre todo si se ondea para marcar una línea divisoria que genera acritud, molestias y una cierta enfermedad, porque al fin y al cabo empecinarse en una quimera sin respuestas es un absurdo de primera categoría.

Ada Colau, Javier Pérez Andújar y yo mismo creemos, cada uno a su aire, en algo llamado bien común. Para la alcaldesa significa gobernar para todos los barrios. Para el escritor de Sant Adrià tendrá otro sentido, donde supongo tendrá trascendencia reivindicar, como demuestra su obra, la existencia de aquello que muchos desprecian porque ni siquiera quieren ver, como su discurso de hoy. Si buscan en Twitter encontrarán que muchos independentistas se niegan siquiera a leer su texto porque ya han dictado sentencia, hacen aquello que siempre dice mi amigo José Luis: son máquinas de prejuzgar, juzgar y condenar. Así les va, y así surgen odios, que siempre son cortos de miras y por lo tanto muy peligrosos.


En mi caso creo en el bien común desde muchas perspectivas. Para Barcelona deseo una ciudad más humana que respete mucho más el magnífico crisol que contiene y deje de ser una fachada para preocuparse por el interior del domicilio hasta poder incluir en su cuerpo todas las ciudades que ha sido, es y será. Lo mismo quiero para Catalunya en la utopía de la igualdad de oportunidades, el cosmopolitismo con sentido y el diálogo como única bandera. Esa sí la quiero.


Con el pregón de Javier Pérez Andújar todos hemos crecido un poco. Decía hace escasas semanas que los soberanistas se asustan con los comunes. No es sólo eso. Si se impone la lógica el panorama se despeja y el único Quijote sonriente es el literario. Sabemos demasiado bien que luchar contra molinos es delirante. Conviene palpar la realidad y enderezarla. Ya veremos si lo conseguimos, o si nos dejan. 

La normalidad

La normalidad, por Jordi Corominas i Julián
A estas horas de la tarde las personas vuelven a sus casas tras la múltiple manifestación de la Diada, la quinta masiva en muchos años, lo que demuestra sin lugar a dudas la gran capacidad de movilización de la ANC y Òmnium, siempre respaldada por los medios de comunicación públicos y un monotema que, sin embargo, parece mutar de forma y rebajar hasta cierto punto el grado de sus reivindicaciones.

A diferencia de otros años parece que la tensión haya disminuido. Las redes sociales bullen menos de frases hechas y tener el horizonte despejado de comicios o referéndums cercanos como ocurrió en las dos últimas ediciones ha producido un bajón en el furor colectivo por mucho que por vez primera el President haya asistido, posicionándose en una línea que lo excluye de la totalidad ciudadana, convirtiéndolo en el representante de un solo grupo de los habitantes de Catalunya.

Aún, ya llegarán, no hay cifras. No me parecen importantes. Seguramente se mencione el millón de personas. En 1906 la Festa de l’homenatge de Solidaritat Catalana llenó el passeig de Sant Joan con ciento veinticinco mil personas, una cifra impresionante para la época. No creo que la de hoy sea mucho más superior. Si sumamos las de Berga, Salt, Tarragona y Lleida hablar de centenares de miles será una fórmula correcta que ya no sorprende a nadie.

Y no lo hace porque ya llevamos un lustro de días históricos y la situación, quizá lo más preocupante de todo el asunto, se ha cronificado, como si asumiéramos que el once de septiembre toca organizar una reivindicación festiva que llena de ilusión a muchos y cansancio a otros tantos.

Asimismo hay ciertas novedades. Los gritos siguen siendo los mismos de siempre, pero hasta en los partidos independentistas la idea de una consulta consensuada parece que cuaje a sabiendas de su dificultad dada la actual situación de desgobierno en ambas partes. En Catalunya por la ausencia de leyes útiles que no sean fuegos de artificio en el Parlament a lo largo del último lustro y en España por el vergonzoso bloqueo de los cuatro partidos con representación nacional.

El recurso a un acuerdo entre las partes implicadas cobra fuerza es porque este último año las dos elecciones legislativas han hecho irrumpir con fuerza a un nuevo actor. En Comú Podem ha participado en la celebración general desde la segunda fila, sin hacer ruido porque durante las jornadas anteriores y la misma mañana de este caluroso domingo había propuesto otro tipo de concentración que en esencia recordaba la primera Diada tras la muerte de Franco, la unitaria de Sant Boi de 1976.

El viernes Podem, ERC y la CUP juntaron fuerzas en un acto que abre la posibilidad de un tripartito de izquierdas que para ser efectivo debería activar los mecanismos de pacto, abandonar maximalismos que de nada sirven dada la situación actual y actuar desde el trabajo para la comunidad. Este mitin casi tiene más trascendencia que lo vivido a lo largo de esta última tarde porque insinúa, aunque sea con mucha levedad, un hipotético cambio de vertiente para superar enroques. Mientras tanto en Barcelona y otras localidades se hacían marchas con antorchas, algo que debería eliminarse del simbolismo de estas fechas porque por mucho que nos pierda la estética es de pésimo gusto. Está claro que uno y otro grupo tienen un discurso basado en la Historia que difiere hasta en sus formas retóricas, por eso sería maravilloso que en vez de fuego usáramos razonamientos para encontrar vías válidas que generen un nuevo marco.

La normalidad del once de septiembre en su vertiente siglo XXI debería ser un motivo de preocupación al mostrar una sociedad dividida que asume con cierta resignación el status quo de las cosas. Que ahora los líderes catalanes sean mucho más endebles, quizá hasta llegue el momento en que reconozcamos a Mas una cierta capacidad en creerse y transmitir su rol presidencialista, puede propiciar que la opción del diálogo hacia una modificación del Estado Autonómico sea la más factible, pero claro, al otro lado de la línea no hay un interlocutor y si todo sigue así puede que la herida se quede en el cuerpo sin doler y sigamos tirando con lo que tenemos sin afán por resolver el embrollo, con ineficacia en ambos lados y la lamentable sensación de vivir cada año el día de la marmota del folklore contemporáneo.

Pasó una semana y todo sigue igual pese a una marea de acontecimientos absurdos, como todo el Procés. Tantas noticias demuestran cómo lo de hace un domingo ya es irrelevante y que algunos artículos, y este es un buen ejemplo, servirán más para comprender lo ocurrido en un futuro. De lunes a un nuevo domingo proliferaron los titulares y el más destacado  es también el más estúpido. Algunos fanáticos independentistas, apoyados por la ínclita y omnisciente tieta Pilar Rahola, han montado un pregón alternativo para la Mercè con el objetivo de criticar la decisión de Ada Colau consistente en otorgar a Javier Pérez Andújar la palabra en la inauguración de las fiestas barcelonesas. La contraproposición independentista será una buena oportunidad de ver a personas disfrazadas de época mientras un señor muy contento de conocerse cree hacer reír transformado en Felipe V.

Lo del pregón es otra prueba más de la batalla por la hegemonía cultural, o si quieren la confirmación de lo dicho al principio del artículo: Barcelona en Comú si asusta a los soberanistas y por eso surgen propuestas tan ridículas, vergüenzas de kindergarten.


Como es domingo por la mañana he pensado al devorar los periódicos que Joyce tenía mucha razón con eso de la Historia es una pesadilla de la que me gustaría despertar, pero luego reflexioné y vi como a mi alrededor los escritores, salvo algunos que provocan iras nacionalistas, se mojan muy poco. Los intelectuales callan, los chicos del Procés ríen y así la normalidad cambia su configuración, instalándose en este tedio insoportable de pataletas y utopías al que ya nos hemos acostumbrado.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Unilateralidades en Catalunya Plural



Estamos en un verano de unilateralidades. Por eso titulé así el artículo que hoy apareció en Catalunya Plural, desde la desconexión catalana hasta la polémica con el pregón de Pérez Andújar. Si quieres puedes leerlo aquí

martes, 30 de diciembre de 2014

Diálogo con Joan Guerrero y Javier Pérez Andújar en El Diario



Hace unas semanas entrevisté a Joan Guerrero y a Javier Pérez Andújar con motivo de su "Milagro en Barcelona", editado por Ariel. Puedes leer la charla


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