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miércoles, 31 de julio de 2019
Houston Stewart Chamberlain, yerno de Wagner en El Confidencial
El pasado domingo escribí en El Confidencial sobre Houston Stewart Chamberlain, el yerno de Wagner que empezó el malentendido del clan con el nazismo. Si quieres puedes leerlo aquí
miércoles, 9 de abril de 2014
Podcast del Laberint dedicado a envidias literarias
Hoy en el Laberint hemos hablado de envidias literarias desde varias vertientes. Empezamos con la dualidad Nietzsche/Wagner, seguimos con el enfrentamiento de los surrealistas con Cocteau, continuamos con el pique absurdo entre Dalí y García Lorca y finalizamos con la envidia que es ignorancia a través de Unamuno. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 42 del enlace clickando aquí
sábado, 13 de abril de 2013
Doble ración wagneriana en Revista de Letras
Richard nunca se fue: “El cas Wagner”, de Friedich Nietzsche y “Aspectos de Wagner” de Bryan Magee
Por Jordi Corominas i Julián | Destacados | 8.04.13El cas Wagner. Friedrich Nietzche
Traducción y edición de Jaume Creus i del Castillo
Edicions de 1984 (Barcelona, 2012)
Aspectos de Wagner. Bryan Magee
Edición revisada y ampliada
Traducción de Francisco López Martín
Acantilado (Barcelona, 2013)
En este año de conmemoraciones, no está de más recordar una anécdota de 1913. Por aquel entonces se celebraba en todo el mundo el centenario del nacimiento de Richard Wagner. El Liceu aprovechó la efeméride para estrenar en Barcelona Parsifal. La noche fue sonada, y cuentan los periódicos de la época que la anécdota que simbolizó el fenómeno fue la carga extra de trabajo a la que se vieron sometidos los camareros del restaurante Can Marten. Estaba enfrente de las Ramblas y se vio desbordado tras la conclusión del primer acto. Era 31 de diciembre y los asistentes a la Ópera necesitaban cenar. El restaurante no daba abasto, pero enriqueció sus arcas por culpa del genio alemán, muerto en Venecia, otra inspiración, más acicates.
La función terminó a las cinco de la mañana. Una centuria después Richard Wagner levanta pasión y odio, como si fuera imposible ser unánimes con su talento. Parte del debate nace porque la Historia deja cadáveres y el Novecientos fue pródigo en arrastrarlos bajo doctrinas ideológicas con el terror en su impronta. El antisemitismo pasa factura y en el caso del compositor teutón la culpa es compartida entre el tópico y la manipulación hitleriana.
Si volvemos al Cas Wagner, en él hallaremos un berrinche lírico, la conclusión de una disputa, el compendio de textos de un amor correspondido hasta que la envergadura del maestro precipitó la liberación del alumno, inteligente en grado sumo y por ello dotado para emprender un vuelo libre con un poso de amargura, que es la que denotan sus palabras, donde se recoge la idolatría por Wagner, incomparable en su revolucionaria versatilidad, mezclada con el odio del que se siente desposeído y tiene ganas de proclamar su verdad.
A nivel teórico es innegable al recuperar la fusión de las artes, huérfanas de unión tras el fenecer de la tragedia griega. Su mérito de hilvanarlas en la ópera no es sólo una recuperación, es superar ese punto de partida para generar otra forma acorde con su contemporaneidad. Este matiz muestra cómo su herencia aún es válida en nuestra era, pues no veo nada más lógico que juntar piezas de manera coherente para dar luz a nuevas formas de expresión. Eso es lo que hizo Wagner. Su lección y ejemplo afectaron positivamente a un sinfín de genios, entre ellosGustav Mahler.
La relación del compositor de El holandés errante con los judíos ha sido discutida y el tema no dejará de provocar controversia. Magee observa que fue el primero en apreciar que tras la apertura de los ghettosera comprensible que el genio encerrado de los hijos de Israel saliera a relucir. Hasta el Ochocientos sóloSpinoza lo había logrado, pero a partir de lo dicho las cosas cambiaron y proliferaron nombres, muchos de ellos vieneses, que forman parte con todo merecimiento del gran bagaje que a todos nos concierne. Wagner era antisemita sí, no podemos refutarlo, aunque no estaría de más, porque muchas veces se habla por hablar, buscar las razones, claramente personales, que le llevaron a ello en París, templo de su más importante fracaso de juventud.
Baudelaire le admiraba y otro poeta como T. S. Eliot le rindió homenaje en la estructura y los versos de su La tierra baldía. Pintores como Cézanne repitieron la operación y por supuesto una pléyade de músicos le veneró y veneran hasta el extremo, reconociendo una influencia que nunca se marchita, y no lo hará mientras suenen sus melodías, siempre más accesibles por la democratización de la música clásica a través de discos, conciertos e interpretaciones de sus partituras, tempos y ritmos. Muchos directores de orquesta interpretan sus óperas a distinta velocidad por una voluntad de hacerlas suyas y llevar las riendas de un testamento que puede analizarse desde múltiples prismas, que es lo mismo que hace Magee en su ensayo.
En horas de discursos manidos y vana palabrería es importante ir al meollo, penetrar en el contenido y mirar al pasado con voluntad de aprender. Wagner es un sempiterno estímulo y en nuestra mano está aprovecharlo.
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