sábado, 6 de abril de 2013

Diálogo con Mathias Enard en Sigueleyendo





Diálogo con Mathias Enard, por Jordi Corominas i Julián
Conozco la obra de Mathias Enard desde Zona, y en ella intuí a un narrador que más allá de la prosa sabe introducir ideas que son de su tiempo y saben ir más allá. Por eso cogí su última novela, Calle de los ladrones, con ganas, que se incrementaron cuando descubrí que el titulo se relaciona con una de las vías más turbulentas de mi ciudad, llena de putas, drogadictos e inmigrantes que malviven en pleno centro de la ciudad, en el Chino que ahora al Ayuntamiento le ha dado por llamar Raval por eso de incrementar el turismo y potenciar el parque temático.
Enard es inteligente y ha construido una pequeña gran historia mediterránea de nuestra época, de Marruecos a Barcelona, de las revueltas árabes a la crisis europea. Llegué puntual a la cita, y llevo tanto trabajo encima estas últimas semanas que pensé haberme equivocado de lugar. Nadie me esperaba y la calle, bien cercana a los escenarios de la novela, estaba desierta, muy de lunes por la mañana.
Finalmente apareció Mathias junto a la jefa de prensa. Hablamos un rato en catalán, mareamos la perdiz en busca de una mesa aislada para que no nos molestara el sonido ambiente y, como siempre, encendí la grabadora.
Jordi Corominas i Julián: Leí Habladles de batallas, de reyes y elefantes y al leer Calle de los ladrones entendí que tienes una preocupación muy fuerte en torno a la relación Occidente-Oriente y viceversa.
Mathias Enard: Es una de las grandes preguntas del mundo de hoy, si las relaciones entre el mundo islámico con la Europa Cristiana pueden prosperar y avanzar hacia otras sendas.
¿La idea del libro te vino por la primavera árabe o ya tenías un plan de ruta trazado con anterioridad?
Es un cruce de varias cosas. Hacía tiempo que quería escribir una novela policíaca, de aventuras e iniciación, una mezcla entre El guardián en el centeno y una novela de Vázquez Montalbán. Cuando estallaron las revueltas árabes me interesó mucho el tema. Pasé meses siguiendo todo por internet y empecé a escribir esta novela, que toma como marco la actualidad de los acontecimientos más recientes.
A partir de los movimientos del personaje cubres todo el arco mediterráneo de la crisis.
Hay esta coincidencia espacio temporal de las revueltas árabes con el brote indignado, reivindicaciones callejeras que en ambos casos tienen que ver con la crisis.
Hablas de Montalbán y de la novela negra. Por una parte el libro me recuerda mucho, de manera más interiorizada, a Partir de Tahar Ben Jelloum y también a una especie de resituación de Giacomo Casanova en el siglo XXI.
Ese es un aspecto de la novela extraño, pero me hizo gracia. Quería recuperarlo en varios aspectos, y creo que es el representante de Europa, de las ideas, de una Europa sin fronteras en una época bastante dura, de hecho acaba en la cárcel varias veces.
Una de ellas fue la Ciutadella de Barcelona. Obviamente tu novela también evoca a Genet.
Claro, por el título, el diario de un ladrón, que lo medio escondí. El narrador no podía asumir todo porque es muy joven, no podía ponerle todas mis lecturas, me tuve que limitar a coincidencias sin hacer menciones directas.
¿Qué elementos te interesaba remarcar de Lakhdar, el protagonista? Lo digo porque es un personaje símbolo.
Detrás del narrador hay muchos personajes reales, que conocí aquí y en Tanger. Me contaron de su vida y sus historias, lo que me permitió definir mejor el marco general de Lakhdar, como se mueven y como ven el mundo. Lo importante era estar atento. Es un personaje extraordinario, en el sentido original de la palabra: fuera de lo normal, pero no podía darle todas mis lecturas, había que apostar por otro camino.
Pero metes tus inputs a partir de su evolución. Él, pese a todos los problemas que tiene, no deja de ser un personaje muy positivo.
Exacto, muy positivo, quizás el más positivo de todos mis personajes.
Y tiene la voluntad de intentar conjugar Oriente y Occidente.
Él no ve en ningún momento la contradicción, pero es que no la hay.
Exacto. Ve la mezcla de culturas como algo rico que puede proporcionarle cultura y aprendizaje, pero tiene como primer punto de choque la familia…
Choca con las costumbres, el lado más duro de las convenciones sociales. El honor de la familia es rígido. Lo rechazan, y esa patada en el culo lo lleva rodando hasta Barcelona, la negación le provoca una energía para irse.
Como segundo punto tenemos el fanatismo islámico de su mejor amigo, que enlaza con toda esta problemática, tan propia del principio del siglo XXI.
Es uno de los temas más delicados, y me gusta que hayan dicho que lo traté de manera justa.
Muchas veces es un riesgo tratar este tema por el peligro de caer en la exageración y tú lo abordas sin caer en tópicos.
La distancia entre la violencia y la simple política es siempre borrosa. No entendemos si esa gente actuará, ni cómo. A ese nivel el libro intenta ser realista, muestra el funcionamiento de esta gente.
A partir del islamismo vemos, como quien dice, la verdadera chispa de las revueltas árabes, que tienen tantos matices que es importante mostrar todos, sin excepciones.
Una revuelta es complicada de analizar, hay muchas cosas que fluyen ahí, también el lado más fuerte del islamismo radical, porque se pasaron décadas en la clandestinidad. Salieron a la luz en las revueltas árabes, pero eso es algo que todo el mundo sabía.
Lakhdar ocupa el puesto de librero de un centro islámico, cargo en el que se percibe su impotencia.
Más bien su encerramiento. Su recorrido va de encierro en encierro. Es un viaje, pero siempre acaba encerrado.
Como si su destino fueran las cápsulas.
Exacto, de la mezquita librería transita hasta su ordenador, luego en el barco, el hotel… cada encierro es un símbolo.
En la mezquita tiene el golpe de suerte del hombre que le hace transcribir los textos, y ahí empiezas a jugar con los verdaderos significados simbólicos de la novela.
Sí, hay una parte simbólica que se vuelve siempre más importante.
Los muertos de la Primera Guerra Mundial, Giacomo Casanova…
Ese lado simbólico se traslada también a los personajes mismos, que se vuelven símbolos de lo que es el ser en general, y pienso en Basam, que casi desaparece en la realidad por ser el símbolo del lado oscuro de cada uno.
Y con los muertos de la Primera Guerra Mundial se remarca de manera indirecta la inocencia de estos muertos, enviados a la muerte de manera absurda.
Si tú lo ves así, imagínate desde el otro lado del Mediterráneo. Murieron muchos de ellos. ¿Qué tenían que ver? Absolutamente nada. Todos los argelinos o senegaleses que murieron en la Primera Guerra Mundial…
Es algo que me hizo pensar mucho. Lakhdar transcribe muertos.
Me fascinó la idea de saber que hay gente que se dedica a transcribir esto, es increíble, pero real. Estas empresas no están en Marruecos, suelen ubicarse en Madagascar. Pasan a máquina libros y datos enteros.
Un trabajo que suele ser inimaginable.
Sí, pensamos que lo hacen máquinas, pero no, es trabajo humano.
Es como pensar en quien envasa los pollos del supermercado.
Es exactamente lo mismo.
Además, mientras muestras el recorrido de Lakhdar, plasmas los diferentes tipos de explotación de la globalización.
Un proletariado totalmente explotado por estas empresas, que suelen ubicarse en zonas francas para no pagar impuestas, nuevas formas económicas que funcionan hoy en día.
Y Tànger para un europeo huele a ideal de bohemia multicultural, pero al protagonista le llega la esperanza por la mujer occidental.
El sueño de la mujer occidental es muy real, también la esperanza que eso pueda cambiar una vida. La Judith que sale en el libro existe, en el sentido que podría ser  uy bien una estudiante cualquiera de la universidad. Enviamos gente a la facultad de traducción del Rey Fahd. Una doble curiosidad, otra vez Oriente-Occidente.



La libertad.
Para ella es la libertad del viaje, conocer el objeto de sus estudios, algo que también es muy importante.
Y para él es la posibilidad de cruzar el estrecho y tener algo que valga la pena y refuerce la idea de Occidente como algo bueno.
Él al principio no piensa en emigrar, ve Tánger como su mundo, ve lo occidental como algo mágico, y sabe que en España la vida no es fácil, tiene acceso a la televisión española y de hecho casi ve Europa con sus ojos, está muy cerca.
Muy cerca y muy lejos, eso es parte del juego. Otro símbolo son los barcos que vienen y van, con sus tripulantes casi imposibilitados para pisar tierra.
Cuando hay huelga los trabajadores pueden pisar suelo extranjero, pero no pueden adentrarse en el país por la cuestión del visado.
Quedarse en el limbo.
Quedarse entre dos lugares, lo imaginé así. Además llega a la muerte, y a la muerte se llega en barco.
Caronte. Llega a la muerte y vuelve a encerrarse. Su lucha genera un delirio de incomprensión. Llega a España y se encuentra con Cruz, un personaje que vive por y para la muerte.
Un personaje muy inquietante. Es casi mitológico. Se podría analizar el libro como algo bastante muy importante para mí, que es la relación con la mitología. Al fin y al cabo las novelas son actualizaciones de los mitos, como el personaje de Kurtz de Conrad, que aparece en la cita inicial, es un gran mito, está en el barco y la selva es como el reino de la muerte.
Cruz como Kurtz.
Exacto.
El destino de Lakhdar es Barcelona, ciudad que resume muy bien gran parte de las problemáticas de nuestro tiempo.
Perfectamente, porque Barcelona es muchas cosas a la vez. Es la capital de Cataluña, pero también una gran ciudad española, un puerto mediterráneo, un centro turístico y al mismo tiempo una ciudad europea por la creación. Estas identidades múltiples se corresponden unas con otras, no se superponen del todo. Lo que ve el protagonista es una ciudad que se tambalea entre su lado más turístico, otro más de mediterráneo pobre y otro más europeo con símbolos como la Torre Agbar, que casi encuentra ofensiva.
Me parece interesante, por una cuestión de narrativa reciente, observar como hay una cierta incapacidad de reflejar la crisis, pero con unos ojos extranjeros sí se logra esa objetividad.
Ésa es una de las ideas fundamentales del libro. Siempre necesitamos a un viajero para entender mejor donde estamos, y utilizo estos ojos sobre Barcelona porque son cercanos pero mantienen la distancia.
Él sabe discernir a la perfección, pero no deja de ser un chaval de veinte años bastante ingenuo, con lo cual cuenta las cosas de manera más simple, y por lo tanto más comprensibles al lector.
Es la ventaja del veinteañero joven y extranjero, su juventud hace que cuente las cosas tal como las ve.
La calle donde vive es el infierno en Barcelona. Lakhdar circula por la ciudad y observamos sus varios compartimentos.
Que no comunican casi nunca de hecho. Ahora se han creado zonas que casi no pertenecen a la misma ciudad. La Rambla es un no lugar, con pakistaníes que te venden chorradas y turistas que acuden a despedidas de soltero, absurdos.



Judith vive en Gracia y le da pereza bajar al centro de la ciudad, notas el contraste entre lo burgués progre y los bajos fondos.
Eso ha cambiado en los últimos años, pero muy poco. Siempre parece que putas y drogatas siempre que vayan a desaparecer, pero no ocurre.
Eso se ve en Caligrafía de los sueños de Marsé. Aparece la Calle de Robadors y se aporta el dato que la prostitución existe en la zona desde hace trescientos años, es una realidad física y simbólica de Barcelona.
Sí, es cierto. Ahora han puesto la Filmoteca en el Raval para contagiar el barrio de espíritu burgués, lo mismo con el Hotel Barceló, de cuatro estrellas, para ver si el dinero genera dinero, es un juego de urbanistas en un mundo perfecto, como si los ciudadanos fuéramos legos.
Hasta querían dejar las fachadas tal cual y reformar los interiores para gentrificar la zona.
El Raval ha cambiado mucho en los últimos veinte años, de forma brutal, pero no deja de basarse en lo que siempre le ha caracterizado: inmigración, prostitución y crimen.
Lakhdar siempre tiene miedo cuando pasea. Tiene miedo a que le vean, pero ignora que es ignorado.
Hay un tema que no trato en exceso en el libro, que es el racismo. Él es transparente, no lo ve nadie, por lo tanto no puede estar sujeto al racismo. No es desprecio, es ignorancia.
Y al mismo tiempo esta ignorancia se complementa, a partir de la Judith que vemos en Barcelona, con el hecho de ser ignorado por una sociedad que está completamente enferma.
La enfermedad de Judith es simbólica, como la sociedad catalana desarrolla una especie de virus, y tiene que ver con la ciudad, y con el aspecto mítico que comentábamos antes. El libro, si bien está compuesto sobre la actualidad, tira hacia otra dimensión, que es más atemporal.
De todos modos da la sensación, tanto por la progresiva paranoia del protagonista como por la enfermedad de Judith, que retratas un presente sin esperanza.
También hay esperanza hasta en la muerte de Basam, es liberarse de un yo oculto, de una de las caras de la misma moneda. Es asesinar el lado oscuro, y en este aspecto hay liberación, vira hacia un encierro más liberado.
Así como En Habladles de batallas, de reyes y elefantes Michelangelo va a Estambul y se topa con la imposibilidad de construir el puente que le han encargado, aquí vemos que Lakhdar tampoco puede erigir el suyo por otros motivos.
Es muy interesante lo que dices porque no le había pensado en absoluto. Son novelas opuestas porque son simétricas. Novela histórica versus novela actual, pero se parecen mucho en el hecho que ambas cuentan un viaje que supone enfrentarse a la alteridad e intentar cruzar el famoso puente y no lograrlo.
El puente se queda en un proyecto.
Hay la intención del puente, pero la realidad es otra cosa.
No es por los protagonistas que no se construye el puente, más bien el fracaso es por las circunstancias que les rodean. Son víctimas del contexto.
Sea de un lado o de otro están fuera de juego, no deciden, no tienen una sociedad que los acoja plenamente y les permita desarrollarse y vivir como quieren. Lakhdar no es nadie en Marruecos y en España tampoco, porque no tiene ni trabajo ni papeles, está siempre en un limbo.
¿Y cómo tenderías ese puente en la realidad?
Por otro lado creo que la imagen que tenemos de la distancia entre Oriente y Occidente es una ilusión, somos la misma cosa, pero con modalidades distintas. Lo que hay que entender es que está frontera no existe, pero mientras no seamos capaces de hacerlo real fracasaremos.
Aquí irrumpe otra vez Giacomo Casanova como ideal de ser humano que prescinde de la frontera.
Exacto, porque decide deshacerse de ella, que no exista, y de este modo crea otro mundo.





viernes, 5 de abril de 2013

Monsieur Proust de Celeste Albaret en Literaturas


Por Jordi Corominas i Julián
/ Autor.- Céleste Albaret
Edita.- Capitán Swing
Traducción.- Esther Tusquets y Elisa Martín
Nº de paginas.- 413
/ Céleste Albaret fue una privilegiada con decencia. Durante una década fue algo más que la chica para todo de Marcel Proust. Una amiga y confidente, enfermera y testigo de un anómalo prodigio metido en una cama,monsieur proustescribiendo incesantemente con la obcecación de quien quiere recuperar el tiempo perdido desde la memoria para conseguir la obra, algo que debería escribir en mayúsculas.
La autora del libro que recupera Capitán Swing calló durante cincuenta años, justo hasta que sintió cercana la muerte y decidió que sus vivencias eran útiles para los demás como justo homenaje al hombre que admiró entre cuatro paredes. Quién le iba a decir que de su pueblo natal cruzaría fronteras simbólicas hasta alcanzar la habitación del detalle supeditado a su inquilino del que, al fin y al cabo formaba parte de su trabajo, captó todos los matices, recogidos en este espléndido volumen.
Primero nos desplazamos al Boulevard Haussmann, donde aprendemos los ritmos del brillante paciente, inquieto hasta los topes, siempre con una petición en su cartera verbal, desde una carta que mandar hasta un capricho que satisfacer. Celeste se acostumbró a sus hábitos. La noche era para estar despiertos entre escritura, esporádicas visitas para corroborar matices y dejar que las plumas cayeran del lecho mientras la escritura avanzaba.
Dicho esto podríamos pensar que la autora se limita a narrar la humareda del despertar para combatir el asma, registrar las filias de su amo y llorar su pérdida. Pues no. Como si se imbuyera del estilo del monumento de su protector, Céleste plasma en su prosa la precisión del maestro, lo que lleva a entender un microcosmos que surgió de forma definitiva con el estallido de la Primera Guerra Mundial, momento en que París pierde el aura de la belle époque y queda como una especie de isla para pocos adeptos. Llegado ese instante, constatado el fin de una época, Proust decide clausurarse y así adquirir la paz necesaria para afrontar su desafío. Mientras tanto come poquísimo, como si fuera una máquina obcecada que no requiere siquiera de un croissant para su calmada y furibunda energía creativa.
Su existencia entre sábanas no era simple. El famoso abrigo hacía las funciones de un batín. Se lo ponía para salir de la habitación, algo que sólo acaecía en situaciones excepcionales porque tenía clara su misión. Ir al Ritz o frecuentar sus antiguos círculos de amistades eran labores de investigación, pruebas para apuntalar datos y perfilar personajes. En este sentido algunas de las amistades que visitaban su hogar eran más bien víctimas incautas, fuentes informativas inconscientes que eran retratadas por el ojo del genio, bien ayudado por su asistenta, inventora entre otras cosas de un método para añadir correcciones al gran borrador, historia de nunca acabar que pedía a gritos acordeones de papel para mantener un cierto orden en la inmensidad.
Las anécdotas abundan, como si ello fuera producto de un reloj congelado donde la rutina se vestía de imposible. Entre ellas recuerdo vivamente algunas que definen el carácter del protagonista, que no era huraño, sí exigente, siempre desde el perfeccionismo. Su irascibilidad era frustración de agonía. Sabía contenerla hasta cierto punto por elegancia. Lo aprendió André Gide, que con su petulancia rechazó el manuscrito para Gallimard. No sabía que su autor averiguaría que ni siquiera lo abrió a partir de unas pesquisas basadas en el lazo del paquete. Nadie lo había tocado. Uno de los monstruos de la literatura del siglo XX fue desdeñado como un diletante por otro grande de las letras. Ver para creer. El hecho hizo que la ironía fuera el factor dominante en la relación entre ambos, la ironía y la sutil mala leche del pálido enfermo que amaba y detestaba a Cocteau a partes iguales, ideal para unas risas, cansino por su constante exhibicionismo.
El empecinamiento de Proust era de una claridad meridiana. Se metió entre ceja y ceja que el único valor seguro para su inmortalidad era terminar su templo. Por eso, ya en la rue Hamelin, su último suspiro parecía hasta deseado. Un absurdo resfriado mal curado fue su colofón hacia la tumba. Renunció a la salvación porque ya había conseguido lo que quería. Impresiona el ritual fúnebre. El reposo, la exaltación del santo laico con el cuerpo incorrupto, Man Ray y la foto del cadáver, el entierro y el adiós que fue un desalojo de inventario que quien quiera puede también apreciar en El abrigo de Proust de Lorenza Foschini.
El defecto de la narración de Albaret radica en un pudor para con la homosexualidad del maestro. Sus amantes aparecen como amigos, nada se habla de las relaciones que pudo tener a lo largo de sus días. Para mi gusto, que ese aspecto no aparezca me sugiere un todo incompleto que no desluce el conjunto. El disfrute radica en conocer la intimidad del ídolo, analizar sus teselas, sentirte en el interior de ese domicilio y derribar mitos demasiado bien instalados en mentes de personas que sólo conocen la leyenda y no han abierto La recherche porque, dicen, es muy larga. En principio no es una obra para un siglo veloz, una centuria de videoclip, pero quizás la lectura de Monsieur Proust sea el acicate necesario para que caigan esos estúpidos velos del convencionalismo.

jueves, 4 de abril de 2013

Miqui Otero habla del gorro soviético de Loopoesía en La garsa del Cabaret Elèctric de ICat fm









Hoy en su sección La garsa del Cabaret Elèctric de ICat fm Miqui Otero ha hablado del gorro soviético de Loopoesía, el que llevo en los shows de Loopoesía 2013, en honor de Alexei Gori Gori, uno de los Lotófagos del libro que vertebra nuestro espectáculo de este año.



Podcast de clásicos irrepetibles en Todos somos sospechosos: La muerte de Barcelona, El Sandor y el Marsella

 La semana pasada hablamos en Todos somos sospechosos sobre la lenta muerte de Barcelona a través de la desaparición de sus bares, dos polos opuestos se despiden: El Sandor y el Marsella, burguesía y solera que quizá digan adiós como símbolo del clima que aturde la Ciudad Condal.  Puedes escuchar la charla entre Laura González y servidor a partir del minuto 19 del enlace clickando aquí

miércoles, 3 de abril de 2013

Poema "La mazorca"



La mazorca, por Jordi Corominas i Julián
El aire de la Historia
desmorona la escaleta
de noticias a la velocidad del sonido,
En Chile un hombre lee Los detectives
 salvajes en un árbol a la luz del alba,
las mujeres deberían cantar el estrépito
en el mercado, pero ahora sólo
notificamos la redundancia en redes,

corazas que dan la mano,
sin pisar unidos lo importante.

Cierran los bares tradicionales, solera
regada con agonía, el gris instala
su campamento en la atmósfera
urbana, paralizada en la pausa
del movimiento, encapsulada
en el paréntesis de incertidumbre
que resuelva la intriga del desenlace,

hago añicos el presente,
escucho música del siglo XX
engullendo referencias de encuadre
en el proceso de la Musa
y su comprensión plena, una morena
baila desaforada en el disfrute
de la comprensión y el juicio,
matemática que mastica
compresiones para digerir la pincelada,

dejarse llevar y asumir la trama
en la reclusión de cada agujero,
ventanas abiertas al espectáculo.

No por más atendida
es menos sabrosa
la mazorca dinamitada,
Clío roe sus granos
con
macabra parsimonia, eficacia del hilo,
han imputado a la infanta, cocaína
en la nevera, han apagado la boca
de incendios hasta nuevo aviso
de una escalera con peldaños
de gelatina, cómoda en su cantinela
de lo cotidiano, donde el agua diaria
mantiene su temperatura y la fiebre
aguarda para apuntalar su estallido
hasta el vértice de la pirámide.

Los vástagos suelen ser como los padres
hasta que encajan rompecabezas de errores,
sepultan radios de la Fuente Castalia
y llenan baldosas de inédito contenido,
conscientes de alimentar la tierra
con los restos del naufragio,
carroña que abona el paisaje,
absuelto de limes y casquería. 

Podcast sobre magia y literatura en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de magia y literatura pasando por varios campos, desde La Ilíada sin dioses de Baricco, pasando por el mago Merlín, Giacomo Casanova y culminando el recorrido con Mario y el Mago de Thomas Mann. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 38 del enlace clickando aquí

Miércoles 3, Magia y literatura en el Laberint de Wonderland





Este miércoles en el Laberint nos hemos decantado por la magia en literatura, y no, no seremos cursis y trazaremos una evolución cronológica basada en los siguientes temas:


1.- La Ilíada sin Dioses: Homero/Ilíada de Alessandro Baricco

2.- El Mago Merlín

3.- Giacomo Casanova y la alquimia

4.- Mario y el mago de Thomas Mann




Cada miércoles a partir de las 15h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo:Rne4

martes, 2 de abril de 2013

Diálogo con Sergio Álvarez en Revista de Letras


Diálogo con Sergio Álvarez, por Jordi Corominas i Julián

Por  | Portada | 2.04.13
Es jueves por la mañana y me preparo para entrevistar a Sergio Álvarez, autor colombiano que ha retratado un largo trecho de Historia de su país en 35 muertos (Alfaguara), ambiciosa novela, cascada de situaciones y vivencias que debería ser una de las novedades más deslumbrantes del año por su endiablada capacidad narrativa y la virtud de contar los caprichos de Clío desde la superficie, sabiendo que la épica acaece en lo cotidiano.
Llego al hotel de turno, espero unos segundos y aparece Sergio con una sonrisa. Nos damos la mano, intercambiamos pocas palabras, nos sentamos al lado de la ventana que ha contemplado mil entrevistas y procedemos a iniciar la nuestra. Enciendo la grabadora.
Sergio Álvarez (foto © Fotosíntesis, Lucho Mariño/Alfaguara)
Sergio Álvarez (foto © Fotosíntesis, Lucho Mariño/Alfaguara)
Cuéntame el proceso de elaboración del libro. Por su extensión deduzco que fue largo y supuso mucha preparación.
Primero se me ocurrió el libro. En Colombia vemos demasiado en corto, nunca en perspectiva, como si lleváramos siempre anteojos, como si evitáramos lo real y nos inventáramos excusas. A España le pasó lo mismo conAznar, que decía aquello de España va bien cuando en realidad la estaba destrozando. En Latinoamérica sucede un poco lo mismo, siempre contándonos historias para no vernos.
Como si el realismo mágico fuera una tapadera.
Eso es, tal cual. Me parecía importante construir una perspectiva clara de lo que había pasado durante estos años. Primero porque la sociedad colombiana necesitaba este tipo de perspectiva, y segundo porque en un país tan violento como el nuestro uno carga con esta violencia. Quería saber cómo cargaba ese poso de manera personal, no sólo colectiva.
En algún momento de la novela se lo dicen al pelao, que se le leen todos los muertos que carga en los ojos.
Sí, esa frase resume bien el hecho de que la novela también fue un proceso personal, que no asumí con afán, sin prisas. Era una catarsis. Cuando empecé con el trabajo me di cuenta que por mi carácter y mi forma de ser nunca me ha gustado la Academia. No encontraría el libro que quería en universidades ni periódicos. Por aquel entonces vivía en Barcelona, así que decidí volver a Colombia algunos meses, recorrer sus pueblos e intentar entender mi país desde la superficie, porque lo de arriba sólo son cifras e ideologías que se cruzan. Los intelectuales viven pensando en cosas demasiado alejadas de la calle. Hice un proceso de investigación lento, complicado y caro.
Tardaste nueve años.
Casi diez. Una vez terminó el proceso me puse a escribir, y finalmente encontré lo que quería contar. En ese momento no estaba bien económicamente, así que tocó el proceso de ir escribiendo y buscar financiación para mi supervivencia personal. Atravesé muchas crisis personales y familiares que afectaron en el desarrollo de la novela. Me cansé. Dejaba el libro dos meses, lo retomaba, leía lo que había escrito y me animaba de nuevo: debía terminarlo.
Eso es lo que nunca sale en las páginas del libro, esas pausas que nadie sabe, pero que son importantes en la elaboración.
El libro se salvó a sí mismo. Merecía ser terminado.
¿Esa elaboración tan larga ha incidido en la sensación de vértigo que transmite 35 muertos?
No, eso es más una cuestión de estilo.
Entiendo que el estilo parte de lo que me has dicho, que esta historia no podía ser contada de modo académico.
Esto corresponde a una cuestión colombiana. Nuestra sociedad es muy violenta y la muerte está siempre presente. Eso provoca que se viva de manera muy intensa, como si el mundo terminara mañana mismo. Quería transmitir el vitalismo desde la violencia y una intensidad irracional, porque así vivimos.
Se percibe una alegría subterránea por el sexo y la música.
Nadie sabe lo que es la muerte. La gente contrapone la vida ante eso. Hay que echar todos los polvos posibles.
Aquí en Europa a veces pecamos de no hacer eso, como si no tuviéramos prisa.
García Márquez refleja muy bien lo que digo con lo de “polvo que no echas, se pierde para siempre”. Las cosas hay que hacerlas ya, porque de otro modo desaparecen.
Carpe diem.
Eso es, y aquí entra un aspecto formal que me parecía fundamental: quería que cada capítulo fuera como un instante completo, como si cada uno fuera un puño.
Ráfagas de vida.
Exactamente, por eso si te fijas casi no hay puntos y aparte.
Y de hecho la estructura respira a partir de que cada sección está dividida por un verso musical. ¿Lo pensaste desde el inicio?
Eso lo encontré caminando el país. Al vivir mucho tiempo en Europa me había habituado a la memoria escrita, y en Colombia construimos los recuerdos a partir de la oralidad y los recuerdos sentimentales, que casi siempre tienen algo que ver con la música. Te cuentan una historia y la vehiculan con una canción. Me empecé a dar cuenta que la música como vehículo de la memoria es fundamental en Colombia. Al principio titulaba los capítulos, pero a medida que avanzaba tuve claro que la música hilvanaba mejor la estructura.
Puedes entenderlo desde un doble sentido: el libro como una gran canción y las canciones para mostrar cómo evoluciona la sociedad.
Sí, porque las canciones suenan en la época que está contando el libro.
35 muertos, 35 años.
Exactamente.
35 muertosLos europeos conocemos la situación colombiana desde una profunda superficialidad. ¿El pelao es un personaje prototípico de tu país?
Sí, lo es. Los colombianos que emigraron a España pensaron que habían encontrado la estabilidad, y por desgracia no es así. Colombia es un país desestructurado donde la gente al final sobrevive con lo indispensable, y para encontrarlo se hace de todo, desde moverse hasta trabajar de cualquier cosa. Hay mil historias, y lo que le pasa al pelao no es lo que a todos los colombianos, pero sí a muchos.
Tiene una capacidad de adaptación increíble.
Y además somos un país de desplazados, en Colombia hablamos de dos o tres millones de desplazados internos.
De ahí ese perpetuo vagabundeo del pelao, un errar continuo.
Porque es un país en guerra que al pobre lo desplaza y lo mata. Todo esto, que te puede parecer raro, en realidad es normal. Cuando te acuestas con una prostituta en Bogotá ella te cuenta que ha estado en mil países. Son nómadas de su profesión. En lo paramilitar es lo mismo. Los soldados se cambian de chaqueta para mantener un trabajo y un sueldo.
El pelao es comunista, pero no tiene problema en cambiar de chaqueta, porque de la hoz y el martillo viaja por mil y un oficios, y hasta flirtea con el fascismo, baila al son de lo que le pongan.
No hay ideología, hay necesidad.
Cuando veo al pelao con los fascistas alucino, porque como lector europeo me parece sorprendente. La novela ya me había generado una empatía con el personaje, no sé si por entender el contexto o por el hecho de asimilar esa necesidad fundamental de sobrevivir.
Ser aceptado, el sentido de pertenencia porque se siente rechazado y es un huérfano eterno. En las mujeres busca una madre que nunca tuvo. Las circunstancias de la vida en una sociedad de este tipo provocan equívocos. Crees buscar una cosa cuando en realidad estás a la búsqueda de otra.
Su historia es como un tobogán.
Me ayudó mucho a estructurar el libro la forma en que Colombia vive las elecciones. Llegas en ese momento al país y hay una euforia de cambio que desaparece tras las votaciones. Llega la depresión y luego retorna la falsa ilusión de nuestra democracia, llena de esperanza. No construimos la ilusión a partir de la realidad, sólo a partir de la misma ilusión. Un poco pasó lo mismo en España con Europa.
El pelao se metamorfosea y no aprende.
Es que es un mito eso de que golpeándote aprendes. El conocimiento es otra cosa, no tiene nada que ver con ir por el mundo tropezándote, tiene que ver con otros factores que no son la mera supervivencia. Por eso, entre otras cosas, el país no ha resuelto sus conflictos en doscientos años, no se solucionan las cosas matándose.
Pero si fuera un personaje normal no podría reflejar ni la historia del país ni concebir ese vértigo que transmite.
Sin el pelao tendría una de sus novelas que abundan ahora sobre América Latina donde todo es estable y maravilloso, algo que nunca haré.
La novela tiene un sinfín de episodios con gran polifonía de voces.
Esto tiene que ver con algo real: en un país inestable las relaciones son fugaces. Me aterró al llegar a Barcelona eso de saber que mucha gente tiene los amigos desde su época escolar.
No te creas, yo soy de aquí y también me aterra.
Si eres un personaje en eterno exilio construyes relaciones muy efímeras. No son intensas ni profundas. El pelao emprende un largo viaje y por lo tanto se cruza con muchos personajes.
En Europa lo efímero puede verse con otros matices, en cambio en tu novela la polifonía inicialmente te descoloca, pero claro, el errar genera un encuentro de trotamundos. A partir de las voces configuras un mosaico.
Me interesa mucho la narración como tal, contar historias y que sean interesantes. El personaje del policía aparece tres párrafos, pero para mí es uno de los grandes personajes.
Y hay personajes femeninos que llenan mucho el texto, como Cristinita o Natalia, que cuando desaparece del relato parece que deba volver sí o sí.
Los personajes van y vienen, muchos secundarios tienen una novela en su cuerpo. El titiritero me encanta, un viejo comunista que finalmente se convierte en traficante de armas.
La apariencia como valor de confusión.
Las peores personas posibles son las personas asustadas. Talía, la hija del titiritero, se traiciona por el miedo, carga el miedo con la dimensión de la inseguridad, que lleva a la traición. Una de las historias más metafóricas del libro es la del narco: con la oportunidad que le dan paga con su dignidad.
En 35 muertos no podemos olvidar la importancia que tienen el sinfín de mujeres que aparecen, que en realidad son la misma de distintas formas.
Exactamente. Las relaciones entre hombres y mujeres están basadas en el equívoco y la incomunicación. Distintas búsquedas que conducen a desastres. Las necesidades afectivas de cada persona difícilmente encajan con las de los otros. Al pelao le ocurre, no hay una coincidencia de búsqueda.
La mujer como esperanza por la belleza.
Y el mito católico de la salvación a través de la pareja.
La presencia de Dios en el libro es casi nula.
La religión en Colombia es un espacio refugio. Una vez cometes todos los errores toca rezar. No importa la religión porque no es trascendental salvo si cargas demasiadas culpas.
Pero la novela tiene algo de parábola que remite indirectamente al catolicismo.
Aunque nosotros parezcamos occidentales tenemos profundas raíces atávicas y la influencia negra que llegó con los esclavos. En apariencia somos esclavos, pero las cargas espirituales que nos mueven van por otro lado. La relación de los colombianos con la iglesia es, en verdad, muy superficial.
La literatura latinoamericana ha puesto filtros a la realidad, en cambio tú apuestas por un texto descarnado. Su estructura e intención huelen más a literatura europea.
La novela en su esencia y origen es algo europeo. Me parecía entrar en esa tradición porque, entre otras cosas, el Quijote sigue siendo un referente. La estructura de la novela es occidental y racional, pero no quería entrar en lo que ahora en narrativa se considera correcto, desde el lenguaje plano hasta una supuesta sofisticación que nunca terminé de entender.
Antes me decías que en Colombia prevalece la oralidad.
El aparato es occidental, pero quería que lo demás reflejara la realidad de la cual surgía. La gente no va con sutilezas en la calle. El lenguaje es coloquial porque recupero el punto de vista popular. Los personajes no reflexionan, no se dedican a hacer ensayos sobre su condición. El ritmo narrativo es otro. Vestí la novela en correspondencia con la realidad que retraté.

lunes, 1 de abril de 2013

Crónica loopoética de Coruña Mayúscula 2013



Del 21 al 24 de marzo estuve presente en Coruña Mayúscula de la mejor manera posible. Primero con un recital inesperado y autonómico. Después presentando el show loopoético del año pasado a 500 niños y finalmente el sábado con Loopoesía 2013 y Los lotófagos, con un espectáculo en un escenario brutal y un público fantástico. Me sentí tan a gusto que acepté encantado la petición de mi editor de escribir una pequeña crónica de esos días. Puedes leerla aquí