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domingo, 29 de septiembre de 2019
Puertos en Wonderland
Hoy hemos dedicado Wonderland a los puertos. Mi aportación desde la literatura ha versado sobre Homero y Virgilio, el Albatros de Baudelaire, Joan Salvat-Papasseït y La terra trema, de Luchino Visconti. Puedes escucharlo aquí
domingo, 21 de junio de 2015
Podcast de canciones serratianas con personajes masculinos en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint hemos hablado de canciones serratianas con personajes masculinos. Siempre faltan temas en la lista. Nosotros hemos elegido los siguientes: A Joan Salvat Papasseit, Curro el Palmo, El drapaire y Vencidos. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 36 del enlace clickando aquí
viernes, 31 de enero de 2014
Hablando de versos en Número Cero
Aprovechando la publicación de Al Aire Libre los compañeros de Número Cero me han pedido que les hable de mis cinco versos favoritos. Eso es imposible, por lo que opté por una pequeña selección de fragmentos de poemas de J.S. Papasseit, Trilussa, T.S. Eliot, Jean Cocteau y una anécdota baudeleriana. Puedes leer la selección aquí
miércoles, 16 de octubre de 2013
Podcast dedicado a las placas de la ciudad de Barcelona en el Laberint
Hoy en el Laberint hemos hablado de las placas de la ciudad de Barcelona. Son poco uniformes, necesitan una buena limpieza y tener más presencia, pero obviamente hay muchas, y de todas hemos seleccionado algunas de personajes que merecen mucho la pena entre los que cabe mencionar a Joan Salvat Papasseit, Santiago Russinyol, Joan Miró, el Pescaílla y Joan Manel Serrat. Puedes escuchar el audio a partir del minuto 38 del enlace clickando aquí
miércoles, 8 de febrero de 2012
Podcast de Calles de infancia de escritores en el Laberint de Wonderland
Hoy, además de tener un verdadero programazo que recomiendo escuchar de principio a fin, hemos hablado en el Lbaerint de Wonderland de algunas calles donde transcurrieron su infancia cuatro ilustres escritores de Barcelona: Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, Josep Maria de Sagarra y Joan Salvat-Papasseit. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 38 clickando aquí
martes, 7 de febrero de 2012
Miércoles 8, Calles en la infancia de algunos escritores en el Laberint de Wonderland

Tras dos semanas moviéndonos por calles de todo tipo, hemos decidido clausurar nuestra particular trilogía visitando las casas y lugares donde transcurrieron su infancia algunos escritores catalanes. El elenco es el siguiente:
1.- Juan Marsé y la Calle Martí 104, en Gracia
2.- Enrique Vila-Matas y Roger de Llúria 108, en el Eixample
3.- Josep Maria de Sagarra y la Torre Balldovina de Santa Coloma
4.- Joan Salvat Papasseit en la Calle Urgell 93
Cada miércoles a partir de las 15h
Radio Nacional- Rne4
100.8 fm Barcelona
En directo:Rne4
domingo, 11 de diciembre de 2011
Lo urbano como urgencia y totalidad poética

Lo urbano como urgencia y totalidad poética, por Jordi Corominas i Julián
Artículo escrito para la revista mexicana "El ornitorrinco literario."
Puede parecer increíble, pero la posmodernidad literaria suele despreciar lo urbano porque prefiere exprimir la tecnología como bandera. Hace un siglo los ismos privilegiaron la ciudad como campo absoluto de la novedad. Las avenidas vibraban con una serie de elementos rompedores. Los coches y las ondas hertzianas acaparaban protagonismo y la velocidad cambiaba las coordenadas de la realidad. En nuestra centuria la metamorfosis se debe a lo virtual, amalgama de elementos que pese a estar insertados en lo cotidiano no son palpables. Internet es un Dios por su voluntad instantánea de información, tanto que hasta algunos prefieren pasear pulsando teclas y saciar sus impulsos de conocimiento en Google Earth, herramienta formidable que incita a soñar sin pisar la calle ni tomar una copa en un bar porque es más fácil mandar un mensaje privado o chatear. Maravilla y pecado que afecta a nuestra forma de representación, física y mental. La mayoría ha aceptado la sumisión a múltiples aparatitos que nos guían para asesinar lo imprevisible del entramado. En 2011 Dante no pediría ayuda a Virgilio para adentrarse en el Hades. Iría con un Iphone y sólo correría un riesgo que desbarataría sus planes: quedarse sin cobertura, indudable metáfora de ceguera.
Lo teledirigido de la contemporaneidad es una grave enfermedad para la imaginación. Muchos escritores de la actualidad han extraviado la fundamental brújula de ignorar la tradición para sumergirse en una vorágine creativa donde HTML, Gmail o Facebook son más importantes que un suspiro o un sentimiento. Renuncian a la normalidad del exterior, que ha sido desde siempre inagotable fuente de sabiduría, aprendizaje y maduración literaria, tesoro incalculable que al ser despreciado implica la violación de otra norma básica: escribir sirve para comprender el entorno. Los autores que logran universalizarlo figuran en un panteón inmortal al ser comprensibles en cualquier época y contexto porque hablan de temas que impactan sin necesidad de recurrir a modas y tendencias. Excluyendo el campo de acción al aire libre desbaratan una clave poética esencial: la epifanía. Algunos objetarán que aún podemos dar con ella navegando. Sí, es cierto, aunque seria triste comparar la fugaz mirada de una mujer en la calle, belleza que se desvanece y permanece, al placer de dar con una foto espectacular en un blog. Si llegamos a esa imagen es porque con anterioridad hemos trazado un recorrido previo de enlaces para alcanzar la sorpresa.
A mediados del siglo XIX Charles Baudelaire se convirtió en nuestro padre. Paseaba por un París ansioso de reformas, princesa de fango que ansiaba mármol. Los campos elíseos eran el paradigma. El poeta lucía su corona de laurel e intentaba cruzar mil calzadas sin manchar su distinguida figura, amenazada por carromatos, obreros y una acuciante lluvia. Esta diversidad de elementos se alió y, de repente, el autor de Las flores del mal vio caer su símbolo lírico. Feliz, sonrió. Había despojado su ego de la consabida sacralizad del bardo, ser que finalmente se atrevía a descender de las alturas para instalarse en el reino de a pie, normalidad callejera que confería a los versos otra dimensión trascendente que aceptaba despojarse de solemnidad. El abandono de la torre de marfil marca una precisa línea de compromiso con lo que nos rodea y es una victoria del hombre hacia el hombre. Con su apuesta por una poesía que afronta lo urbano, el genio francés asumía el reto de contemplar lo urbano como un perfecto microcosmos de lo visible desprovisto de mediación metafísica a la antigua. La magia, la dicha de la observación que deleita, puede estar en cualquier esquina.

Vivo en Barcelona. Mantenemos una cordial relación de amor-odio que se intensifica cuando paso largas temporadas en una casa rural, exilio voluntario que me permite recobrar energía y canalizar mis ideas gracias a la ortodoxia de las manecillas del reloj. Su tic tac en el silencio del campo no se acelera, fluye ajeno al ruido mundano . En la ciudad circulamos nerviosos y escribimos acomplejados, como si fuéramos el conejo de Alice in Wonderland y la cronología diaria fuera una impuntual pesadilla agravada por infinitos contratiempos telefónicos, laborales, ociosos y de índole doméstica. Las horas enarbolan su melodía cardíaca y, casi sin darnos cuenta, caemos otra vez en la noche y quitamos una hoja al calendario. Las prisas, impuestas por un ritmo que nos torea, sí son malas compañeras. La concentración se resiente. Sin embargo, reconozco que el trajín de la urbe es beneficioso al proporcionarnos la totalidad en miniatura, algo que intenté reflejar en mi poemario Paseos simultáneos a través de una suite de 136 poemas, resultado de la irresistible atracción que supone cerrar la puerta con llave y dejarse seducir por la calle, sin temory con las antenas bien puestas. Explico su génesis porque guarda estrecho parentesco con el tema que abordo en este modesto ensayo.

En la primera parte de Paseos simultáneos diseccioné el método y las intenciones que impulsaron mi búsqueda. Entre enero y marzo de 2008 me sentía desorientado. Venía de terminar un relato muy detallista en sentido clásico y mi cuerpo dijo basta. Enfermé y la fiebre se apuntó a la fiesta del caos. ¿Qué hacer? Una libreta roja tenía la respuesta. Empecé a tomar notas compulsivamente, apuntando palabras sueltas que me regalaba la calle, ocurrencias de amigos y pequeñas minucias significantes que adquirieron universalidad al ser Barcelona una ciudad global, Babel proclive a la fusión de culturas. El poema de apertura avisaba con el anhelo de tener todos los balcones para remediar el crimen de no mirar más allá de la ventana. Mezclé idiomas y aspiré a una concreción diáfana que el poema Visión sintetiza, fórmula meridiana para desprenderse de tanta sabiduría y volar ingenuo entre los muros del sitio que me vio nacer.
El otro día vi
un lenguaje sin ataduras
que respiraba calle, bar
mente, paseos de todo
tipo mezclados en verbo
colectivo,
La unión de vocablos
lleva a la plasmación
de la realidad sin adornos,
como la escucho, la visiono
la concibo, la invento
por deformación y vuelo
con inéditas gárgolas.
Me importa el todo, uno no sirve
si no es
plural.
Me muevo y escribo.
La continuidad estructural del poemario hace que cada una de sus partes dependa de las demás, circularidad que pretende igualar el vaivén ciudadano, donde hay pausas pero nunca son definitivas porque la llama no se apaga, siempre hay eterno retorno con variaciones que deben su diferencia a que nunca nos bañamos en el mismo río. La simultaneidad, ya anunciada en el título, del paseo gana peso al enmarcarse en un período histórico con metrópolis que acogen en su interior una pléyade inagotable de sucesos y tramas. Del yo observador pasé al colectivo en el papel porque con anterioridad lo había catado con mis ojos en la superficie tras vislumbrar que el poeta es Teseo y lo urbano una invitación a enfrentarse con el Minotauro.
El cigarrillo de
entrada a
Barcelona es
mero miedo
al laberinto.
Desentrañarlo es nuestra misión. Las armas para conseguir nuestra meta están en el cerebro y en la flexible disciplina del paseante. En mi caso elegí aprovechar con plenitud los intervalos muertos que regulan las actividades de la jornada. Si debo dar una clase a las seis y media opto por programar mi agenda para caminar cuarenta y cinco minutos y llegar al centro educativo con puntualidad británica. Durante ese lapso de tiempo, relajante hasta extremos insospechados, aconsejo olvidar los auriculares en su cajita y emprender la marcha aprisionando los prejuicios contra la monotonía de la normalidad. No hay que creer en la línea recta. Los enlaces se revelan al pasar página e ir de un punto a otro no es un mero tránsito, sino un misterio donde toparse con hileras de sostenes que el viento ha depositado en cien metros, graffitis que se alían con frases infantiles, sonidos estrambóticos, colores inesperados, el placer de extraviarse y la conjura privada que predica con devoción el arte de querer asombrarnos con la pura libertad de juzgar el ambiente como un ente ilimitado del que extraer una incalculable cantidad de jugo. En ocasiones somos tan perezosos con la calle que ni siquiera alzamos la cabeza para completar el conjunto con techos, pájaros, estatuas o aviones, belleza que atiende paciente una llamada al vacío que llenamos con insaciable curiosidad.
Los formatos de lo urbano en poesía: cuadrar el círculo.
La poesía en catalán tuvo la fortuna de ver enrolado en sus filas a un chiquillo que por las noches vigilaba el puerto y abrazaba la luna en sus ensoñaciones. Se llamaba Joan Salvat-Papasseit y era más inteligente que los demás literatos de su generación. Absorbió con fruición las influencias del vanguardismo e incluyó en sus poemas items de modernidad que iban desde las luces de neón hasta el caligrama que Guillaume Apollinaire retomó en Francia. Su alumno catalán, que también incorporaba a sus versos léxico extranjero, quería experimentar y presentar temas que transpiraran actualidad. En este sentido son encomiables su versos de la chica del tranvía, estética estática siempre en movimiento salvo en las paradas. En una de ellas la joven se baja y finiquita el hechizo.

Asistimos a una brutal época de grandes transformaciones socio-históricas, comparable sin ningún atisbo de duda a las primeras décadas del siglo XX. La belle èpoque, cretina en su optimismo descuidado, donaba al Planeta un legado con claroscuros. Las distancias eran más cortas y la tecnología brindaba férrea seguridad en el progreso. ¿Les suena? Lo que otrora se manifestaba en forma de automóvil y teléfono ha adquirido otras dimensiones que Internet aúna como maná del ingenio tecnológico transportable por tierra, mar y aire, herramienta de contacto que almacena periódicos, mapas, correos electrónicos, fútbol online, bitácoras, sexo, enciclopedias y un interminable etcétera al gusto del consumidor. A partir de su consolidación, la informática y la red han capturado a muchos pescadores que han caído rendidos a su reclamo, que garantiza estar en la cresta de la ola. Agustín Fernández Mallo, quizá el más coherente en su postura, ha reproducido un viaje virtual en Google Earth que repite un paseo de Robert Smithson. De este modo el autor de El hacedor de Borges (Remake) inventa una excusa para tratar el Land Art y el arte conceptual. En otro fragmento del libro inserta un código con datos incomprensibles que recogen mensajes, llamadas y e-mails de las Torres Gemelas el funesto once de septiembre de 2001. Otros poetas han introducido emoticones en sus versos para escandalizar desde un gamberrismo muy inocente porque sólo pretende ser efectista.
El problema radica en abusar. Desde que el mundo es mundo los nuevos recursos se han combinado con los pretéritos para mejorar las formas representativas de la realidad. Es legítimo usar sólo unos u otros, pero quien practique la exclusión quedará fuera de la partida al no saber asimilar las mutaciones que han aterrizado para quedarse entre nosotros.
jueves, 23 de junio de 2011
Avantguarda literària al segle XXI: L'exemple de Joan Salvat Papasseit en la Revista Benzina

Avantguarda literària al segle XXI?: L’exemple de Joan Salvat-Papasseit, per Jordi Corominas i Julián
“M’exalta el nou
i m’enamora el vell”
(J.V. Foix)
Som a una època de grans transformacions que van més enllà de l’esfera econòmica, tragèdia que a vegades sembla creada per a ocultar metamorfosis decisives per al nostre futur. Joan Salvat-Papasseit visqué un temps on el món deixava el silenci i la pau del passat, vençut per un seguit d’innovacions tecnològiques que empetitiren l’univers i permeteren als humans creure’s invencibles just quan el segle XX començava a donar les seves primeres passes.
Un segle després donem la raó a Karl Marx: la Història es repeteix. Internet, la telefonia mòbil i els múltiples aparells que maten la privacitat i exalten els egos derrotats han alterat el panorama, i no només en el camp de la comunicació. De mica en mica sorgeixen nous llenguatges que a nivell literari es tradueixen en un veritable ventall de possibilitats. Ben aprofitades podrien donar el fruit d’una avantguarda que recordés a l’encetada pels nostres besavis, entusiastes que llegiren bé els recursos fins al punt de desafiar la tradició i fer entrar l’art a una dimensió desconeguda que després molts han volgut imitar.
I no és suficient. Sóc poeta, i observant el panorama espanyol em trobo amb pocs intents nobles i altres més desoladors. El remake mana i corrobora la feble originalitat al camp on tothom, mitjançant la reducció de l’escriptor a mediàtics focs d’artifici, vol fer creure als altres que ha trobat la pedra filosofal. Entre tanta banalitat, que fins i tot s’atreveix a plagiar versos de Ginsberg com a fals reclam generacional, sobresurten excepcions com Agustín Fernández Mallo, qui per la seva condició professional de físic té més capacitat per a mesclar propostes novedoses amb formes clàssiques com bé ha demostrat, i no deixa de ser significatiu, a la seva darrera obra, El hacedor (Remake) de Borges.
Ara tenim Xarxa, chat, Html, missatges abreviats, Techno, rap, Ipod, Iphone, Google Earth, sèries televisives, americanismes, fragmentació, superheroïs, hikikimoris i un llarg etcètera. Molts literats nacionals abusen d’aquests temes i formats creient que així aconsegueixen un impacte definitiu. En realitat cometen un gran error consistent, ja ho digué Enrique Vila-Matas, en una entrevista recent, en menysprear l’acadèmia pensant que qualsevol novetat aplicada de manera extensiva genera un discurs trencador que no contempla entendre que per a crear quelcom inèdit primer hem d’alimentar-nos del llegat deixat pels nostres antecessors.
Abans trens, bicicletes, tramvies, telèfon, telègraf, fox trot, psicoanàlisi, fotografia, avions, electricitat, cinema, motor, submarins i un llarg etcètera. Els pares fundadors de la modernitat copsaren la revolució perquè havien entès els límits. Charles Baudelaire deixà caure el llorer al fang del Camps Elisis just abans d’entrar a un bordell. Renunciava a la solemnitat poètica perquè sabia que un art incapaç de copsar la normalitat perd el contacte amb la realitat i cau al pou d’un elitisme amb massa melic i nul cos. Pablo Picasso y James Joyce trencaren la frontera amb convicció pionera donant a les seves criatures una dimensió personal on l’univers mental, l’afirmació del jo, volava més enllà d’una la simple recreació de la superfície.
I Papasseit? Perquè Joan Salvat-Papasseit?
El poeta avantguardistacatalà és un exemple perfecte de com conjugar tradició i modernitat, quelcom necessari si la literatura vol evolucionar cap a confins desconeguts. La seva formació fou sens dubte anòmala. Entendreix imaginar l’home entusiasta quan no sabia llegir i patia volent desxifrar les lletres dels cartells de botigues barcelonines. Ho aconseguí, i des d’aleshores la màgia no l’abandonà perquè ell volgué augmentar-la amb versos, crítica, edició i prosa. La primera premissa que fa del nostre protagonista un mirall és el seu específic amor al carrer, escenari fonamental on hom podia trobar els darrers avenços i conviure amb històries eternes d’amor, mar i vida. El tret diferencial de Salvat-Papasseit és doble. D’una banda deixa enrera les temàtiques pròpies de la poesia catalana precedent. Per l’altra, conjuga amb naturalitat l’antic amb l’acceleració del present. Ho veiem de manera subtil a Encara el tram, on el proverbial motiu amorós es trasllada al tramvia, mitjà de transport que aleshores simbolitzava la modernitat. La via pública té més al·licients recents que van més enllà dels rails. El lèxic incorpora paraules estrangeres que esdevenen d’ús comú. El poeta les incorpora al seu vocabulari líric, i el mateix fa amb els invents que fan vibrar Barcelona. El paradigma és Marxa nupcial, genialitat amb clowns, mallots, Charlot i fins i tot llums de neó dibuixades que il·luminen la paraula Edisson, digne d’entrar junt amb Chaplin a la glòria del cel.
El mateix poema podria ajudar-nos a introduir el segon punt que fa de Salvat-Papasseit un referent de plena actualitat. La forma és important i durant el període de les avantguardes, precedides a nivell poètic per Arthur Rimbaud, es creuà un llindar. El poeta de L’irradiador del port i les gavines begué de l’influencia futurista i cubista. Practicà el collage, posà paraules en majúscula, adoptà el vers lliure, subratllà mots, emprà com ningú a la nostra terra el salt de falla, jugà amb el haiku i esdevingué un notable devot del cal.ligrama, entre els que destaquem Les formigues, Romàntica i Cal.ligrama 2 de El poema de la rosa als llavis. La seva aposta per formes transgressores arribà en part gràcies al treball de Salvat com a responsable de la llibreria de les Galeries Laietanes, on podia llegir les revistes avantguardistes de tota Europa i descobrir les proeses poètiques de Guillaume Apollinaire, Vladimir Maiakovski i Filippo Tommasso Marinetti.

El tercer aspecte modèlic de Papasseit es basa en una exaltació de l’amistat relacionada amb una insaciable voluntat d’aprenentatge. El bar del Centro, just enfront del Carrer Ferran, li donà bones oportunitats d’entaular conversa amb móns aliens a l’escriptura. De les cabareteres i toreros de la primera etapa evolucionà cap a tertúlies refinades amb noms prestigiosos d’altres disciplines com Rafael Barradas o Joaquim Torres-Garcia, pintors que de ben segur li feren veure com la poesia podia ser un llenç en blanc a omplir sense pors ni prohibicions inconscients. El diàleg amb altres arts i la permanent connexió amb els seus semblants amplià la seva perspectiva cap a un infinit d’esguard dual que, i així ho demostrarà a la seva darrera etapa, no oblidava el passat, però tampoc li rendia pleitesia.

El darrer particular sembla senzill. No ho és perquè llegim texts dels nostres contemporanis, almenys d’aquells que diuen ser més moderns que els moderns, i només trobem fredor sense passió. La mancança d’esperit crític pot deure’s a l’aburguesament de la societat, contenta amb el plat a la taula i el consum de tonteries. Papasseit provenia de la classe obrera i hagué de treballar el seu pervindre amb lluita, vocació i esforç. Des de ben petit manifestà un fort interès per assumptes polítics, i algunes de les seves poesies s’impregnen de l’ideal que estomaca les injustícies. Marxa Nupcial torna a ser un bon exponent amb el seu èpic ESCOPIU A LA CLOSCA PELADA DELS CRETINS, brillant i sintètic, majestuós en comparació amb el nostre 2011, on sembla quimèric criticar quan hauria de ser la norma. Segueixin a Joan Salvat- Papasseit, savi de mort prematura. Podeu rimar, però sigueu poetes. Poetes en majúscula, altius, valents, heroics i sobretot sincers.
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miércoles, 6 de abril de 2011
Miércoles seis, Ruta Joan Salvat Papasseit en el Laberint de Wonderland (Rne4)

En mi humilde opinión Joan Salvat-Papasseit ha sido es y será el mejor poeta catalán del siglo XX. Vivíó treinta años, de 1894 y 1924, y en tan poco tiempo fue socialista,anarquista,vanguardista y catalanista, pero sobre todo poeta, poetavanguardistacatalà.

Este miércoles en el Laberint de Wonderland recorremos varios lugares emblemáticos de su existencia, empezando por su casa natal, situada en el número 93 del Carrer Urgell hasta llegar a la Parroquia de la Santa Madrona en la Calle Tapioles, casualmente al lado del local poético La papa.

Después nos desplazaremos a la Rambla. Justo enfrente de la Calle Ferrán se hallaba el Bar del Centro, local bohemio donde se reunía la pandilla del poeta. El antro fue pionero en la introducción de la cocaina en la ciudad condal, además de servir como lugar de tertulia para bohemios y cabareteras.

Otro sitio emblemático para Papasseit fue el moll de la fusta.En 1915 trabajó durante seis meses de vigilante,rodeado de estrellas y olas, a las que estaba acostumbrado desde bien pequeño al ser su padre marinero, lo que le llevó a estudiar en el Asilo Naval y enamorarse de la Barceloneta, barrio en que se casó y al que siempre guardó gran fidelidad.

Terminaremos nuestro recorrido en las Galerias Laietanas, en la Gran Via 613. El poeta trabajó durante 7 años en su sección literaria, entrando en contacto con numerosos clientes de postin y conociendo las vanguardias a través de las publicaciones que el local recibía.
El laberint a Wonderland
Cada miércoles a partir de las 18h
Radio Nacional- Rne4
100.8 fm Barcelona
En directo: Rne4
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