miércoles, 13 de octubre de 2010

Suites imperiales de Bret Easton Ellis en Revista de Letras


Veinticinco años después en la inercia: “Suites imperiales”, de Bret Easton Ellis
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 8.10.10


Suites imperiales. Bret Easton Ellis
Traducción de Aurora Echevarría
Mondadori (Barcelona, 2010)

Es importante reparar en la fecha de nacimiento del lector. En 2005 cayó en mis manos Less than zero de Bret Easton Ellis, publicado veinte años atrás. Me hubiese gustado trasladarme a ese momento para poder captar su corrosividad, lo salvaje que erosionaba por un sinfín de referencias escandalosas que el paso del tiempo diluyó por mimesis, aceptación del producto y reiteración, en múltiples lenguas y relatos, de la historia, vieja conocida que en los setenta plasmó con más soltura, y su habitual elegancia contundente, Martin Amis en Dead babies. El debut de su colega americano desmenuza la típica vivencia de unos cuantos hijos de papá descarriados que, pese a sus quejas, aceptan el orden establecido y se lo beben en una vorágine autodestructiva propiciada por el aburrimiento del Hollywood de los ochenta. El impacto que causó la breve novela sólo puede entenderse en su contexto histórico, donde el alboroto fue notable porque se criticaban los muy asentados valores de una sociedad conservadora capitaneada por Ronald Reagan. El despiece se ejerció con magistral pericia y esas migajas en el camino de crispación al abordar temas tabú como la homosexualidad, infiltrada en el texto con mucha naturalidad a través de una desnudez estilística que reforzaba más aún la visibilidad de las lacras, ocultas entre ricas paredes para no manchar el plácido exterior del sueño estadounidense. Esta idea vertebra parte de la obra del californiano, fiel y crudo notario de la personalidad más sucia del país de barras y estrellas. La cima fue American Psycho, donde los postulados de Less than zero ganaban en profundidad y se expandían hasta el infinito a través de un personaje mítico, Patrick Bateman, hombre que al tener todo sin esfuerzo lucha por vencer su sopor asesinando , impune por su traje de yuppie y una frialdad a prueba de bombas, desatado con niños, putas, mendigos y compañeros, egocéntrico vengador darwinista que su creador transforma en un símbolo individual de una mentalidad colectiva que flota en la feliz sordidez acumulativa de marcas, detalles banales y un culto a la imagen que catapulta la máscara al más alto pedestal, por lo que podemos intuir sin mucha dificultad que el autor, y así lo corrobora su trayectoria, se gusta desvelando ambientes reales donde nada es lo que parece.





Lo mismo ocurre con su última y esperada novela, Suites imperiales, en la que reaparecen los personajes de Less than zero cinco lustros después, y no crean que han cambiado mucho. Easton Ellis los conoce demasiado bien. Aviso para navegantes. Mondadori ha editado los dos volúmenes, y seguramente convendría sumergirse en el primero para entender mejor el segundo. Las pinceladas son útiles para quien tiene referencias previas, no así para el neófito que compre el libro y sienta cierta desorientación por una excesiva síntesis en la construcción de Clay, Blair, Julian, Rip y compañía. Sus vidas han seguido un perfil previsible. Clay lleva la voz cantante desde su deriva de éxito en el microcosmos del séptimo arte. Escribe guiones, reside en un apartamento de lujo y domina el arte de seducir con promesas de pacotilla a actrices desesperadas que se venden al mejor postor. Cada noche es una fiesta, rutina de exceso ansiosa de la repetición de la novedad. Sin embargo, el narrador es muy consciente que con esas premisas poco puede ofrecer, por lo que exprime la maquinaria introduciendo los justos elementos que enganchen. El suspense surge de un seguimiento automovilístico que levanta sospechas, ulteriormente confirmadas cuando comprueba que su lujoso pisito ha sido visitado por alguien con la clara intención de hacer notar su invisible presencia, inquietante por omnisciencia y mensajes de texto calcados a un GPS de pasos marcados. La siguiente estratagema de impacto es la chica, una rubia despampanante intuida en otro sarao y materializada porque así, nunca mejor dicho, lo requerían las circunstancias del guión. La joven quiere obtener un papel en una película The listeners, donde Clay es influyente. Cherchez la femme. Por interés te quiero Andrés. Semanas de vicio y follar a diestro y siniestro. Tranquilidad en el acoso. Cesan los pitidos telefónicos hasta que, de repente, Rain Turner- porque ése, y no otro, es el nombre de la pésima actriz con formas de modelo- coge sus maletas y se despide durante una semana rumbo a San Diego, tramo temporal repleto de imanes que convergen en encuentros de los antiguos camaradas del instituto, desperdigados en una cercana lejanía de movimientos ajedrecísticos de alto voltaje. Esta primera parte del libro mantiene la tensión y destaca por su dominio de la condensación ambiental. La meca del cine y sus relaciones son un pueblo de dimensiones estratosféricas que se conectan entre sí por marujeos y tecnología. Julian, Blair, Rip y los demás han seguido una senda paralela, tan sólo diferenciada en el grado de celebridad y números en la agenda, similar por sus hojas en blanco al rompecabezas subterráneo que la trama hilvana sin exhibir hasta el tramo final de su recorrido, cuando explote la traca y los aficionados al artefacto se relaman con secuestros, snuff movie, burdeles, crímenes, juego sucio, sueños premonitorios, pistas, infidelidades y obsesiones guiadas por un estúpido y poco creíble enamoramiento que en ocasiones parece dotar a la historia de un toque negro característico de ciertos roles del género, muy en boga en el cine de los cuarenta, que sucumbe por la precipitación vertida en las últimas páginas, veloces y muy confusas, aceleradas en una secuencia de acontecimientos que mantienen la intriga sin tener muy clara la resolución ni el vínculo que existe entre ellos, como si el batiburrillo se generara para acumular situaciones extremas para épater le bourgeois y ser bestia hasta el disparate, trasgrediendo por normalidad estilística sin que ello signifique brillantez, sino más bien un territorio trillado, campo de minas sorteables porque ya conocemos su ubicación.

Sorprende constatar como un escritor proclive a la genial extenuación de la minucia se deje llevar por la inercia y dilapide el crédito de Suites imperiales por querer cerrar el asunto en un abrir y cerrar de ojos confiando en tópicas tretas para asegurar el tiro y mantener usos representativos de su narrativa. Los adeptos poco exigentes estarán contentos. Los que creemos en el crecimiento continuado de un escritor esbozaremos una mueca agridulce, porque Easton Ellis, pese a tener en su pluma la posibilidad de una novela a reseñar, sigue demostrándonos cómo se embarranca en las distancias cortas, con lo que quizá su tan cacareada economía se resuma sólo en lo austero de su prosa, necesitada de kilómetros para encajar las piezas.

lunes, 11 de octubre de 2010

Martes 12, 22 horas, Delaonion+Loopoesia en el Elèctric de Gràcia




El martes 12 termina el puente, y para clausurarlo ofrecemos una doble sesión poética. Los datos son los siguientes.

Delaonion+Loopoesia en El Bar Elèctric
Travessera de Gràcia 233 Barcelona
Metro Joanic L4
Contribución a los artistas: 3 euros


De 22 a 23 horas Delaonion con los siguientes poetas

- Álex Chico
- Jordi Corominas i Julián
- Iván Humanes
-Laia López Manrique
- Juan Salido-Vico


De 23h15 a la medianoche Loopoesia en su último show antes de su misa el mismo día que el Papa de Roma celebre la suya en Barcelona. Jean Martin du Bruit, Lola Farigola y el Pony loopoético os esperan para liarla, una vez más.


domingo, 10 de octubre de 2010

El primer lost weekend de John Lennon (1968-1970) en Standdart




El primer lost weekend de John Lennon: Desbarajustes de un ser en búsqueda de su identidad (1968-1970) por Jordi Corominas i Julián

En 1980 John Lennon murió asesinado y se convirtió en santo. Sus pecados anteriores quedaron enterrados con su cuerpo. Se le recuerda como defensor de la paz y genio musical. Los estereotipos siempre ocultan tormentos y partes oscuras que conviene estudiar si queremos ser justos con la verdad. La historia canónica del chico de Woolton cita dos años de locura durante el primer lustro de los setenta, bienio conocido como The Lost Weekend por borracheras, desmanes y una falsa desmotivación que no fue tal. Hubo tiempos peores. La ruptura de The Beatles en la historiografía dedicada al cuarteto de Liverpool está mal estudiada y aún falta un texto que enmarque los hechos con precisión científica. A lo largo de estas páginas intentaremos entender como su primer líder se hundió entre 1968 y 1970. Precipitó los acontecimientos acompañado de una famosa japonesa. ¿La culpa es de Yoko Ono? La artista nipona activó resortes, pero los adultos somos responsables de nuestros actos.



Sexy sadie, what have you done: un hombre a la deriva.

El 12 de abril de 1968 John Lennon regresó a Londres acompañado de su mujer Cynthia, George Harrison, Pattie Boyd y el chiflado griego Alex Mardas, quien les convenció de que el Maharishi utilizaba su posición en el ashram de Rishikesh, donde llevaban dos meses en un curso de meditación trascendental, para obtener favores sexuales de las alumnas. El colapso de la paz afectó a Lennon. Durante el viaje se emborrachó y confesó a su esposa todas sus infidelidades. La rubia sumisa respiró aliviada y dejó pasar la tormenta creyendo que la retahíla de nombres era un retorno a la antigua confianza. Se equivocaba. El principio del fin asomaba por la ventanilla del avión.
Las cosas se calmaron durante un mes en la casa de Kenwood. John se drogaba como siempre y consumía televisión como un atontado. Faltaba poco para un viaje a Nueva York con Paul para promocionar Apple, el sello multidisciplinar de The Beatles con el que pretendían fundar el comunismo de occidente por el que cualquier persona con inquietudes tendría la posibilidad de publicar sus creaciones. La visita estadounidense fue como la seda. Ambos socios se compenetraron a las mil maravillas. La única diferencia entre ambos fue el naciente amor que el bajista sentía por la fotógrafa Linda Eastman. Lennon observó, camino del aeropuerto, como su compañero cogía la mano de la estadounidense de manera especial. Se alegraba y padecía porque su existencia iba por otros derroteros. Su ardor compositivo había cedido y, a diferencia de los inicios, ya no llevaba con firmeza el timón de la nave Fab Four. Paul era adicto al trabajo y se organizaba mejor: tenía siempre las ideas claras. Sin embargo, quedaban dos consuelos: Sus cócteles de pastillas y Yoko Ono, quien le mandaba cada dos por tres misteriosas notas que acrecentaban su curiosidad y le empujaban, sin saberlo, hacia un renacimiento cargado de dolor.



El dúo estelar de la música pop aterrizó en Heathrow el 16 de mayo. Dos días después Lennon convocó al grupo en la sede de Apple. Les iba a anunciar un mensaje de suma importancia: era Jesucristo. Los demás, hastiados por sus excentricidades, escucharon y callaron. No podían intuir que esa reunión era la última que iban a tener como verdadera unidad. El 19 de mayo John estaba solo en su mansión. Había mandado a Cynthia de vacaciones y se aburría como una ostra. Llamó a la japonesa, le pagó el taxi y la invitó a entrar. Le enseño varias cintas con sus grabaciones y decidieron registrar una que fuera sólo suya, publicada posteriormente bajo el título, menos famoso que la portada, Two Virgins. Transcurrió la noche, hicieron el amor al amanecer y al día siguiente Cynthia llegó y se encontró a su marido y a la extraña inquilina enfundados en sendas batas blancas. Love is free, free is love. Se inauguraba una historia de amor que liberaría a Lennon de muchas trabas y le sumiría en peligrosas adicciones con las que intentó superar la agonía de estar más que nunca ante los focos de la opinión pública mientras sonaban campanas de boda y su vieja banda se disolvía en pleno esplendor creativo.





The White Album y la anulación del individuo: John Lennon se transforma en John and Yoko, y viceversa.


El 30 de mayo la rutina volvió a Abbey Road con el inicio de las sesiones de grabación del álbum blanco, doble LP para el que Lennon llegaba preparado con más de quince nuevas composiciones y otro hallazgo más especial. El estudio 2 ya no era el dominio infranqueable de cuatro hombres y su productor George Martin. Yoko irrumpió para quedarse. Los chicos se consternaron. Paul intentó ser diplomático, pero George y Ringo se lo tomaron mucho peor, sobre todo cuando entendieron que la pareja de su compañero emitía opiniones sobre cómo tocaban los temas arguyendo que al conocer bien la música clásica tenía mayor capacidad auditiva para entender cuando un instrumento sonaba mal. Es increíble pensar lo fuerte que era la unión de The Beatles. Aguantaron eso y hasta dejaron que la japonesa participara en tres temas: Revolution 9, The continuing story of Bungalow Bill y Birthday. Asimismo Paul fue generoso y les dio todo su apoyo, dejando que vivieran en su casa de Cavendish Avenue hasta que se colapsó viendo la pasividad de los enamorados, quienes devoraban televisión y se drogaban a mansalva. Aún así estuvo con ellos la noche del 18 de junio, cuando todo el conjunto asistió a la representación teatral de los antiguos libros humorísticos de John en el Old Vic Teather. La prensa obtuvo la carnaza deseada. Por aquel entonces los prejuicios racistas eran numerosos en el Reino Unido. La bomba estalló y fue incontrolable. Las fans se histerizaron. Los rotativos se frotaron las manos. El infierno puede que sea eso y la heroína. Las tensiones entre los integrantes del cuarteto se incrementaron de la noche a la mañana. El trabajo se volvió un suplicio, con continuos enfrentamientos causados por el inusual comportamiento de John, celoso por otro éxito de Paul con Hey Jude ,que relegó Revolution a la cara B del primer single del sello Apple, y por la independencia de su principal partenaire artístico, obstinado en dirigir a sus amigos para salvar lo que George Martín, frase que sólo podía emitir un antiguo piloto de la RAF, definió como excesiva indisciplina mental. Ringo abandonó el grupo el 20 de agosto tras una estúpida discusión por el relleno de un tom-tom. A su regreso halló su batería ornada con flores. Las aguas se calmaron hasta el 9 de octubre, vigésimo octavo cumpleaños de Lennon, cuando la atmósfera se hizo irrespirable al grabar McCartney el tema Why Don’t we do it in the road sólo con la ayuda de Starr. Era una composición muy del gusto de John y ello provocó su ira, como si su otrora hermano lo hubiese dejado de lado. En realidad no hacía nada de eso. Había un plazo de entrega para el disco y tocaba meter toda la carne en el asador para completar la épica compilación de treinta canciones en las que, si se analiza la labor de cada beatle, John fue avaro para con los demás al no tocar en varios temas de George Harrison y desdeñar varios esfuerzos de McCartney, como sucedió con la controvertida, porque para gustos los colores, Ob-la di, ob-la da, donde no obstante contribuyó con el alegre piano de apertura.



Drogas, divorcios, peleas y descomposición.

La armonía retornó durante veinticuatro heroicas horas entre el 15 y el 16 de octubre, cuando junto a Paul y George Martin montó las cuatro caras del álbum blanco. Dos jornadas más tarde fue detenido junto a Yoko Ono en Montagu Square, calle en la que Ringo les dejó una casa para que convivieran. La intervención policial, de la que habían sido advertidos con anterioridad, precipitó el aborto de Yoko y la obtención de la custodia de Julian Lennon por parte de Cynthia, pues John admitió el adulterio. El juicio por posesión ilícita de resina de cannabis se saldó con una multa de 150 libras y el pago de 20 guineas por las costas del juicio. Mencionamos la sentencia porque será decisiva en el futuro norteamericano de Lennon, dado que el gobierno Nixon se basó en ella para negarle la carta verde de residente en Estados Unidos.

Como pueden entender, las condiciones no eran las más propicias para emprender un nuevo proyecto Beatle. El álbum blanco se vendía como rosquillas, las críticas eran excelentes y había margen para descansar. El cúmulo de circunstancias era demasiado fuerte. A todas las ya mencionadas desgraciadas se unió, por conservadurismo e hipocresía de aquel tiempo histórico, la campaña de destrucción causada por la portada de Two Virgins con la inseparable pareja fotografiada tal como vino al mundo. Les llovieron los reproches y ellos, inasequibles al desaliento, siguieron consumiendo heroína. El 18 de diciembre aparecieron en el Royal Albert Hall, que seguía sin sus cuatro mil agujeros vaticinados en A day in the life, dentro de un gran saco blanco, acto inaugural de sus locuras que revolucionaron el planeta por su vanguardista actitud para pedir la paz, actividades que tuvieron su apogeo entre 1969 y 1970 con el bed-in, la canción Give peace a chance y el famoso cartel War is over if you want.

Paul McCartney era incapaz de entender la palabra reposo.

Su vida eran The Beatles. Creía en el grupo y desde hacía un tiempo rabiaba por volver a pisar un escenario y demostrar al mundo que el cuarteto seguía siendo todo un espectáculo en directo. Algunos historiadores opinan que el gran error de los de Liverpool fue no anunciar el fin de las giras cuando dieron su último concierto el 29 de agosto de 1966 en el Candlestick Park de San Francisco porque mantuvieron la expectación de un retorno a las giras, algo que el bajista aprovechó para convencer a sus amigos de volver a los orígenes, prescindir de todos los arreglos de producción, apostar por la simplicidad y grabar un único concierto como colofón de un documental que se completaría con los ensayos previos al show. Ese proyecto, supuesta ruina de desentendimiento, se título Get Back y fue dirigido cinematográficamente por Michael Lindsay- Hogg, quien poco podía suponer que estaba asistiendo al desmoronamiento de uno de los mayores mitos del siglo XX. Del vuelve se paso al déjalo estar. Let it be. Fueron sesiones muy productivas que dieron para un LP, publicado en 1970, y un sinfín de canciones que servirían tanto para Abbey Road como para los primeros trabajos en solitario de los integrantes de la banda.
Las sesiones comenzaron el dos de enero de 1969 en situaciones más bien poco agradecidas. The Beatles estaban acostumbrados a trabajar en horarios nocturnos y adaptarse a levantarse por la mañana y a las luces psicodélicas instaladas para el rodaje en Twickenham fue un íncubo incrementado por el comportamiento de John, acompañado de Yoko hasta para ir al baño. Varias fueron las gotas que colmaron el vaso. El 8 de enero George, crecido por un reciente viaje a EE.UU donde pasó varias semanas con Bob Dylan, y su antiguo ídolo de adolescencia llegaron a las manos; el diez el guitarrista dejó el grupo víctima de la tensión, rematada por la actitud marimandona de McCartney, quien le decía cómo debía tocar su instrumento. El desbarajuste alcanzó cotas surrealistas cuando el 13 John decidió que Yoko seria su portavoz. Al día siguiente lo entrevistó la televisión canadiense y apenas podía balbucear por el efecto de la heroína. Palidez mortal, habla atropellada, pensamiento confuso. ¿Quieren más? El 18 Lennon declaró que Apple estaba a punto de quebrar. Paul pudo arreglarlo, pero el daño estaba hecho. Quedaba la música, donde Lennon apenas contribuyó con Don’t Let me down, obras menores como I dig a pony y viejas canciones de 1968 como Across the Universe, aunque el esfuerzo de ese turbulento enero dio sus frutos con la génesis de una de las composiciones más importantes e hipnóticas de la historia del grupo: I want you, completada meses más tarde durante las sesiones de Abbey Road.




¿And in the end the love you take is equal to the love you make?: Beatledammerung.

Toda ruptura tiene un preludio. En el caso de The Beatles la muerte de Brian Epstein, acaecida el 27 de agosto de 1967, fue la mecha que prendió el fuego. Tras el éxito del Pepper los chicos se sentían los dioses de la contemporaneidad. Jugaron todo al rojo y creyeron que podían autogestionarse. Apple resultó ser una interesante iniciativa que descubrió artistas de relumbrón, pero se les fue de las manos, y su generosidad tuvo mucho que ver en el asunto. Sus amigos de toda la vida tomaron la sede de Savile Row n3 como una Babilonia en miniatura. Se acumularon facturas astronómicas hasta que entendieron que necesitaban un coordinador que pusiera orden. John eligió a Allen Klein, de quien Mick Jagger comentó que estaba bien si les gustaban ese tipo de cosas. Klein era un tipo rudo hábil en los negocios que contrastaba con la opción elegida por Paul McCartney: Lee Eastman, padre de su novia Linda y futuro pilar de la fortuna económica que el compositor de Eleanor Rigby cimentaría a lo largo de las siguientes décadas. Lennon y Yoko se aliaron con el burdo norteamericano hasta desquiciar a Eastman en una reunión en el Hotel Claridge. Ringo y George estaban presentes y aceptaron a Klein, lo que no estaba dispuesto a hacer Paul. Aguantó hasta el 9 de mayo, día en que una acalorada discusión, McCartney quería que el nuevo manager se llevara un porcentaje menor de representación, cerró la puerta al acuerdo colectivo. Esos no fueron los únicos problemas económicos. La actitud irreverente de John hizo que las acciones de Northern songs se tambalearan en el parqué de la bolsa londinense. Sin avisar a nadie Dick James vendió el 23% de sus acciones a Lew Grade, que con estas sumaba el 35% del total, pues su conglomerado televisivo ya poseía un 12%. El magnate hizo una oferta para comprar el resto de la sociedad. The Beatles, esta vez bajo la dirección conjunta de Allen Klein, decidieron ir a por la mayoría de acciones. John y Paul tenían un 15% cada uno y los otros dos componentes del grupo tenían un 16%. Faltaba poco para obtener la mayoría de capital y casi alcanzaron un acuerdo con los representantes de un consorcio de la City que tenían en su haber el 14% de las acciones. En una de las reuniones Lennon perdió los nervios y gritó que estaba harto de que siempre le anduvieran jodiendo los mismos tíos de corbata sin mover el culo de sus poltronas. Esos señores cambiaron de bando y todo se fue al garete, desde un acuerdo para prolongar su compromiso creativo con Paul más allá de 1973 hasta la propiedad de Northern Songs y sus perlas en forma de canciones.

La desbandada general podía salvarse. McCartney llamó a George Martin para pedirle si quería producir con ellos un disco como los de antes, es decir, con una producción correcta y colaboración en equipo. Todos estaban de acuerdo y esa aventura terminó llamándose Abbey Road, LP donde se trabajó en buena sintonía salvo en determinados momentos. Justo antes de empezar las sesiones John, que tenía el carné pero apenas sabía conducir, tuvo un accidente el primero de julio de 1969 mientras circulaba por Golspie, en el norte de Escocia. Se recuperó antes que Yoko, quien fiel a su hábito asistió a las horas de estudio sentada en una cama que hicieron transportar desde Harrod’s.



Las crónicas dicen que ese verano fue tranquilo. Otros, entre ellos Geoff Emerick, dicen que The Beatles se comportaban con muchas ínfulas. ¿Qué grupo es capaz de realizar tres excelsas piezas de arte durante un año de crisis? Saben la respuesta, pero si Abbey Road es tan soberbio se debe en parte a su montaje, casi estropeado por el egocentrismo de Lennon. Algunos de sus ataques anti-McCartney incluían dividir las dos caras del LP para que no coincidieran sus canciones con las de su antiguo socio, líder del cuarteto e impulsor junto a George Martin de la espléndida cara B, suite sinfónica en la que nuestro protagonista participó con una canción nueva, Sun King, y dos trozos recuperados del viaje a la India: Mean Mister Mustard y Polythene Pam. Tan grande era la tensión que Ian MacDonald recoge en su espléndido Revolution in the head que en una ocasión Lennon persiguió a McCartney hasta su casa y rompió uno de sus cuadros favoritos que él mismo le había regalado. Las fotos del 23 de agosto de 1969, tres días después de terminar su colaboración, hablan por si mismas. Las sonrisas escasean y todos evitan mirarse, lo que se traduciría en la ruptura definitiva del 20 de septiembre de 1969, cuando, tras actuar en Toronto con la Plastic Ono Band, John pidió el divorcio a Paul, mantenido en secreto hasta el diez de abril de 1970, cuando McCartney, harto del desdén de sus compañeros y del deliberado sabotaje por parte de Phil Spector en la producción de The Long and winding road, publicó su primer trabajo en solitario, que contenía en su interior una entrevista dirigida donde se anunciaba el fin de la mítica colaboración que transformó la historia de la cultura popular del siglo XX.

Durante ese período Lennon prosigue con su crisis, disimulada por su activismo y un mínimo brillo musical. Renunció a su título de Baronet del Imperio Británico por la guerras de Biafra, Nigeria y Vietnam y porque Cold Turkey había bajado en las listas, se cortó el pelo, fue elegido hombre de la década y personaje ridículo de 1969 y, finalmente, saldó su combate con la adicción y la inseguridad a través de un libro que le dio luz y le llevó a la terapia primal de Janov, elemento imprescindible para entender una obra tan sincera y carente de artificio como su John Lennon- Plastic Ono Band. The dream is over.

sábado, 9 de octubre de 2010

La música de la finestra en Bagant


La música de la finestra per Jordi Corominas i Julián

Cada estiu porta una sorpresa. Arribo al poble, desfaig les maletes i surto poc de casa, concretament per anar a la piscina i passejar abans de sopar. M’agrada anar amunt i avall del Remei i sentir la calor humana que implica un simple salut, quelcom anòmal a Barcelona, on les presses de la gent són masses i la comunicació i el desig es perden entre mirades fugisseres que fan somniar en impossibles. Per desgràcia l’anonimat també s’instal•la de mica en mica al poble, i la mostra més fefaent del que dic l’he trobat a una finestra del Carrer Major on abans hi vivien unes senyores grans que sempre, i ja fa vint-i-nou anys que rondo per Palau, veia igual, com si el temps les conservés en formol. Ara hi resideixen immigrants, bons perquè donen un nou ímpetu que els seus fills recolliran quan creixin i s’integrin amb els altres habitants, però fins que arribi l’instant on això passi tinc moltes preguntes que només puc respondre amb intuïcions que em converteixen en novel•lista del misteri, d’un anonimat amb una màscara de cortines que traspassen els sons d’una minicadena.

La tradició diu que el rostre és el mirall de l’ànima. Les frases recullen veritats que sempre es poden ampliar. La finestra que em porta de corcoll és una ràdio perpètua, torno de la Font Martina i sempre escolto melodies. La música és una eina vàlida per a conèixer com són les persones. Jo sóc molt fan dels Beatles, i això fa que molts amics associïn el meu gust musical amb un tarannà optimista que vol somriure a la vida. No s’equivoquen pas. Quan un va a una festa multitudinària percep des dels altaveus com els organitzadors no s’han escarrassat massa a la recerca de les cançons, doncs com desconeixen el gust de la majoria opten per emetre els èxits del moment, que normalment satisfan a tothom. Ara bé, l’home de la finestra del Carrer Major sembla l’esquizofrènia portada al límit per la varietat d’estils, des del jazz fins al rap passant pel heavy. Qui és l’home que selecciona aquest repertori? Qui és l’individu que sens cap tipus de respecte envaeix la pau dels meus dominis? L’imagino gros i amb el cap de dimensions desproporcionades, una bèstia que no contempla que la seva individualitat ha de conviure amb el col•lectiu, i potser per això fa esclatar de disgust els timpans aliens. La seva absència de rostre no significa un forat negre de foscor i secretisme. La música el representa, li atorga unes característiques potents que no reben una descripció física perquè l’home s’amaga vessant el seu plaer a les nostres orelles, fent brollar el seu ego com si així hipnotitzés als demés, que per sort, i per això recullo l’anècdota, tenen el dret de pensar diferent sense màscara, útil al Carnaval i mal educada a la quotidianitat , on amb quatre parets ja tenim prou per embriagar els sentits amb allò que ens agrada.


foto: JCJ

miércoles, 6 de octubre de 2010

Leviatán o la ballena en Revista de Letras



Un ensayo diferente, original y cercano: “Leviatán o la ballena”, de Philip Hoare

Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 3.10.10


Leviatán o la ballena. Philip Hoare
Traducción de Joan Eloi Roca
Ático de los Libros (Barcelona, 2010)


“Para escribir un gran libro, debes elegir un gran tema”.
(La ballena fósil, Moby Dick).

En mi infancia las ballenas eran animales simpáticos que asociaba con sonrisas, agua y plástico, quizá por los patitos de goma de la bañera, donde me sumergía con la esperanza de encontrar algas y bichos raros. Una noche, cuando ya tenía ocho o nueve años, emitieron por televisión Moby Dick, la inestimable adaptación cinematográfica que John Huston hizo de la novela de Herman Melville. Supongo que me sacudió, porque de otro modo, no recordaría con tanta nitidez la mirada de Gregory Peck en el rol de Ahab, capitán obstinado en su meta titánica, el blanco cetáceo, Leviatán invencible, burla a la persistencia del empecinamiento humano contra lo imposible. Ése estímulo para la imaginación permaneció y volvió a cruzarse en mi camino durante una visita a las catacumbas de Santa Priscila en Roma. Jonás y la ballena, tres días en el inmenso vientre del monstruo, oración y vómito. Es posible que mi trilogía de recuerdos sea el estereotipo común que todo individuo tiene de este asombroso mamífero que se siente como pez en el agua. En el caso de Philip Hoare los tópicos requirieron más concreción. Una maqueta gigante le sedujo, y desde ese instante las ballenas fueron su pasión, descubriendo sin mucha dificultad que el mito estaba en las profundidades del conocimiento, por lo que decidió subsanar tal error penetrando en el fascinante mar de estas misteriosas criaturas para escribir su historia, una biografía en la que desgraciadamente las peores virtudes de nuestra especie cobran especial protagonismo.

Leviatán o la ballena, editado excepcionalmente por Ático de los Libros, es una obra total. Partiendo de la premisa de la ignorancia surca fronteras otrora desconocidas y logra que cualquier lector se interese por un tema que, en principio, puede considerarse anómalo, fuera del alcance del gran público, que corre el peligro de caer en una trampa de seducción basada en un estilo cercano al que se le han atribuido las propiedades de la no ficción, y no es cierto del todo, pues si bien el autor narra muchas experiencias propias y ha visitado los lugares clave para entender mejor los datos y acontecimientos que pueblan su texto, la verdad es que el mismo debe considerarse como un ensayo especial que goza de cercanía por la implicación del escritor británico, quien así confiere a su material un tono alejado de lo enciclopédico pese a la infinita información que aporta con abundantes imágenes, punto de apoyo que genera empatía y facilita la comprensión del relato. Otro factor a tener en cuenta es la estructura del manuscrito, dividido en dos partes separadas por la inmensidad del Océano. El primer tramo introduce cuestiones básicas para adentrarse con suma elegancia en Estados Unidos retrocediendo en la cronología hasta el siglo XIX, como si de este modo su búsqueda tuviera un pistoletazo de salida virgen hermanando el camino de Melville hacia Moby Dick con el de Hoare y su proeza de disipar cualquier duda sobre los cetáceos. El escritor de Nueva York nutrió a su celebrado monumento de un realismo que sólo pudo salir de un contacto directo con un microcosmos ubicado en las tierras de los padres fundadores, la Nueva Inglaterra de costas repletas de oportunidades para generar fortuna. Los balleneros estaban hechos de una pasta especial que se correspondía en las calles de ciudades como New Redford o la mítica isla de Nantucket, con forma similar a la víctima favorita de sus habitantes, inagotable fuente de dólares mediante el esfuerzo en embarcaciones que, si volvían al hogar, descargaban barriles y más barriles de oro aniquilado a base de arponazos. Melville se enroló en varias expediciones y así recorrió mundo en compañía de tipos duros que se enfrentaban a una leyenda para acumular aceite, semen y barbas, hombres de toda condición y color unidos, antes de la abolición de la esclavitud, en un esfuerzo heroico que el romanticismo ha encumbrado, idealizándolo sin contar las verdaderas repercusiones que el negoció tenía a nivel económico. Ese petróleo, válido para iluminar y hasta para la estética de las señoras, atrajo a muchos de los nombres más ilustres de la primitiva literatura norteamericana, y así comprobamos como la fuerza de Hawthorne pudo ser un catalizador para transformar Moby Dick de invento comercial a cumbre literaria mientras nos sorprendems con los comentarios de Thoreau sobre los cetáceos o su papel en el Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe. No obstante, lo inteligente del armazón de esta parte de Leviatán es que su autor presenta las dudas que atenazaban al genio de Bartleby, el escribiente para, de este modo, avanzar en la disección del fenómeno y enterrar falacias que pervivieron demasiado en el inconsciente colectivo.



Del espíritu aventurero al sentido práctico de un exterminio: usos y costumbres de la Pérfida Albión.

“Un décimo de las rentas ordinarias del rey es el derecho de los peces reales, que son la ballena y el esturión, los cuales, cuando son arrojados a tierra o apresados cerca de la costa, pertenecen al Rey”.
(Blackstone, Extractos de un sub-sub-bibliotecario).

Los hijos de los padres peregrinos tomaron la delantera a sus primos ingleses durante siglos en el asunto que nos concierne. Se prefiguraba el futuro orden mundial y el afán pionero superaba a la corona británica por mucho que sus monarcas se ungieran en su coronación con aceite de la bestia. La relación de Gran Bretaña con las ballenas oscila entre la plena comprensión de sus beneficios, el don de la taxonomía científica, la flema de las islas y una desmedida orgía exterminadora. Una máquina necesita combustible para funcionar, y las múltiples propiedades de los cetáceos eran una tentación merecedora de un salvaje despliegue. Miles de barcos navegaron el Planeta con la consigna de clavar el arpón y traer un buen botín. Las anécdotas son importantes porque resumen nuestra crónica estupidez. Los museos se adornan con esqueletos gigantes que fueron disminuyendo de tamaño a medida que progresaba el exterminio de un mamífero que se exhibía en condiciones grotescas para disfrute del público y los nobles con ínfulas que decoraban salones de la campiña con huesos del animal, inofensivo pero maltratado, singular y ninguneado pese a su imán de amor. Muchos capitanes languidecieron al retirarse, y su actitud, además de expresar una nostalgia que no deja de tener ciertas dosis de repugnancia, demuestra el vicio de la muerte alentada con adrenalina que siempre creció más y más. Artistas como Turner plasmaban en sus lienzos la hermosura de la ballena mientras otros incrementaban incesantemente el ritmo de las ejecuciones porque así lo exigía el engranaje del capitalismo. Ello sirve a Philip Hoare para mover ficha hacia el siglo XX y aturdirnos con la organizada corporación del genocidio ballenero en cada uno de los mares, tragedia reconducida en parte a través de los movimientos ecologistas en su tarea de concienciar a la Humanidad del tremendo error que supone acabar con una diosa mucho más parecida a nosotros en sus comportamientos de lo solemos pensar. La situación actual permite un mínimo respiro hacia la esperanza de una tolerancia, odioso vocablo, que propicie una coexistencia pacífica, lo que sería normal si consideramos que la ballena es más antigua, tiene un espacio propio que devora a la velocidad del rayo y adora su anonimato con el estómago lleno de calamares. Puede resultar gracioso contemplar a una orca, y retornamos a la pubertad con la querida Ulises del zoo de Barcelona, realizando piruetas, pero ésa también es una tortura que coarta libertades e invade preciadas intimidades. A nadie le gusta ir paseando y que le peguen un mamporro letal. Lo mejor sería hacer como Hoare y nadar con ellas, abrazándolas sin palpar entre las dos mitades que centran el libro. Las Azores y su fuerte aroma literario concluyen el texto con un canto a la armonía, colofón con matices poéticos para fundirse con la ballena, que de poder leer seguro se reiría gustosa con el sinfín de efemérides recogidas que he obviado a lo largo de la reseña porque creo justo que Leviatán sea un perfecto surtidor para todos aquellos lectores que aman el perfume sin saber que en su esencia hay mierda cetácea.

Filmación de la entrevista de Sopa de poetas a Delaonion


sopa de poetes entrevista a los poetas delaonion (parte 1)
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martes, 5 de octubre de 2010

Miércoles 6, Fernando Clemot en mi sección el Laberint del programa Wonderland de Rne4




El miércoles seis en Wonderland contaremos con la visita de Fernando Clemot, con quien hablaremos de su trayectoria hasta la fecha, sus proyectos futuros y su inminente aterrizaje en Turín para participar en el Festival I luoghi delle parole.






El laberint a Wonderland

Cada miércoles, salvo en esta edición, a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

lunes, 4 de octubre de 2010

Crónica del show loopoético en el Macondo bar, 3 de octubre de 2010



Crónica del show Loopoético en el Macondo Bar: Domingo 3 de octubre de 2010

Ocho de noche, nueve de la tarde, como Messi en Verdaguer. Los dos loopoetas supervivientes quedan en el metro de Guinardó. Lola Farigola está esplendida acompañada de un eminente navarro. Jean Martin du Bruit soporta su catarro. Piensa en comerse el escenario, pero de momento le pesan las bolsas con todos los utensilios. El Pony atiende entre trompetas, guitarras, piernas, muñecas fascistas y crucifijos. Amamos los chiringuitos chinos. La cita del domingo tres de octubre era en el Macondo. Nos daba miedo el día. Cada vez adoramos más al público, aunque sólo les pediríamos, por el bien de nuestra salud, que fueran más puntuales. El Macondo es magnético. Llegamos pronto, montamos el tinglado y esperamos. A las nueve y media el Barça era un insulto. Nada, aquí no viene ni Cristo. Se abre la puerta. Jean Martin se chuta un espiriten, o cómo leches se llame, y resucita. Oremus Papam. Loopoesia es amor…se cierran las luces y la sala, de repente, se ha llenado. Magníficos presagios. Vamos a divertirnos.
Y así fue. Por segunda vez el inicio fue atronador. Un loop de piggies, que más barroco no se puede, alternado con coros de Girls and Boys encendió la mecha. Farigola anticipa la tormenta. Jean Martin sale distraído, se rasca la cabellera y dale a los saltos. Caaarmen. El micru oculto emitía voces eufóricas. Ellos lo saben todo. La primera parte va cómo la seda. El enmascarado se marca un vals con el navarro, casi lo tira a un sofá, corre, fornica con el Pony, dice que talibanes tallados en tullidos tulipanes tiemblan tiernamente en tétricas tazas tartamudas travestidas en tísicas tisanas de las tinieblas. Flexiones con la costilla fisurada, mucha energía compartida. Aprovechar el espacio, muy reducido, parecía harto complicado. ¡Qué importa! No cuesta nada rezar unos segundos, venerar la pierna de Paul. Yo soy Isabel la Católica. Nos estamos gustando. Irrumpen las lágrimas con Chopin mientras los poemas grabados marcan el tempo. Semejantes a los modernos. Farigola again. Rechazo de Du Bruit. Aceptación, flirteo de tres segundos en el aire y el ataque de epilepsia. Os juro que el suelo estaba duro. Botes, relajación, espasmos y al gallinero. En el escenario Lola Farigola lo borda, se sale literalmente y el respetable lo aprecia muchísimo al tiempo que una voz distante te inspira mentando a Carmina Ordoñez, la madre de Jim Morrison, la pionera del dopaje, España de charanga y pandereta. Elecciones. Nocheviejas del patriarca. Velocidad endiablada del verso que combina con los movimientos de Lola y la composición al revés con risas de terror, Mozart y morsas. La actuación pasó volando, fue un instante maravilloso. Retumba el gong y Jean Martin vuelve al ruedo, entusiasmado. Se aplaude a rabiar a Farigola. Hay una pequeña pausa, las carcajadas se diluyen. Todo está a punto de caramelo. Se anuncia la oración hindú y el tipo del traje violeta con la camisa rosa entra en trance hasta que da con la trompeta, calibra con sus orejas si está en forma y entona, envuelto en el silencio de la sorpresa, I’m a Barbie girl in a Barbie world. ¿Más? Claro, la adrenalina se desborda con el jaleo de Rasputin. La intensidad se mantiene en los versos, las sardanas surrealistas y la tranquilidad que proporciona saber que es una jornada especial, tanto que hasta un cerebro de plástico circula por la sala para saludar a una amiga. A otra le robamos el sombrero y Jean Martin recita en plan galán del cine mudo. Las bromas terminan con el aviso de decapitación. Sí, muñeca fascista, ha llegado tu turno, histeria de ciento veinte segundos. El cuerpo se arquea, arrodillándose para clavar el tridente en el mal, operación necesaria en cada performance porque, por desgracia, el fascismo nunca muere, aunque el subidón del piano y la exhibición de la testa producen una sana euforia. Con el mundo más libre llega la hora de volver al hogar. Se suceden los gemidos. Para sentir tu humedad, que es mi calor. Un órgano se alía con una botella de vino y una batería refuerza el sonido. Jean Martin fabrica sus piruetas, calcula el amanse de la pieza y efectúa su genuflexión de agradecimiento. Ha sido sencillamente increíble y la energía se expande hasta muchas horas después de la finalización del espectáculo. Gracias a todos. Loopoesia es amor.


Martes 5, entrevista con Delaonion en Sopa de Poetes





Sopa de Poetes, con Óscar Solsona, Pep Maiques y Mariano Martínez
Martes de 20 a 21h. - El Prat Ràdio 91.6 FM
www.elpratradio.cat (emisión por internet)
sopadepoetes@yahoo.es
www.sopadepoetes.com
sopadepoetes.blogspot.com


Y así lo presentan los mágicos soperos:

Segunda y concurrida entrevista sopera de la nueva temporada. Este curso el programa se emitirá todos los martes.

Delaonion es un colectivo cuyos recitales poéticos son un viaje, en el sentido psicodélico del término, una experiencia que surge de la química que destila el grupo, que aunque heterogéneos encuentran sus vínculos en la pasión poética, en el contacto con el público, en el humor chorra con el que se ríe...n de sí mismos, lo que no significa que no se tomen muy en serio su poesía (o su no-poesía), inspirada en ocasiones por el mundo real -el de la calle- o por el virtual, y ciertamente, por la propia escritura, cada uno de ellos es un monstruo en su laberinto, la suma: un espectáculo que viene asolando los más reputados antros de la ciudad. Delaonion es:

•Laia López: Pálido fuego (http://palidofuego.wordpress.com/)
•Ivan Humanes: Últimas palabras (http://ivanhumanes.blogspot.com/)
•Jordi Corominas i Julian: Blog de Jordi Corominas i Julian (http://corominasijulian.blogspot.com/)
•Álex Chico: Isla de Elca (http://iselca.blogspot.com/)
•Juan Salido-Vico: Improntuario (http://improntuario.blogspot.com/)

Poetas a los que se unirá telefónicamente Sofía Castañon (Mundo Iconoclasta http://mundoiconoclasta.blogspot.com/)


¡Salud y poesía!

Sopa de Poetes, con Óscar Solsona, Pep Maiques y Mariano Martínez
Martes de 20 a 21h. - El Prat Ràdio 91.6 FM
www.elpratradio.cat (emisión por internet)
sopadepoetes@yahoo.es
www.sopadepoetes.com
sopadepoetes.blogspot.com

sábado, 2 de octubre de 2010

Domingo 3 de octubre, Loopoesia en el Macondo Bar




Loopoesia en el Macondo Bar

Domingo 3 de octubre, 21h 30 minutos

C/Conca 21 Barcelona

Metros: L4 Guinardó, L5 Camp de l'Arpa

ENTRADA GRATUITA